Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

domingo, 30 de junio de 2013

Mucho más de 3 millones de niños trabajan como esclavos

Mucho más de 3 millones de niños trabajan como esclavos

   
En lo que va del peñismo ha habido unos 20 cambios a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que sumados a los 680 de sexenios anteriores, la han modificado con reformas, contrarreformas, adiciones y supresiones; los cuales son bienvenidos en tanto sean para mejorar los fines de la Ley Suprema. Dentro de todas estas reformas, el señor Peña Nieto y sus asesores y secretarios del despacho presidencial dispusieron una para que los niños puedan ser contratados para trabajar a partir de los 15 años de edad. Antes la ley permitía que lo fueran a los 14 años. De nada sirve la propuesta peñista. Pues se trata de que los niños sólo deben ser enviados a la escuela en sus diferentes grados de estudio, y bajo ningún concepto obligarlos a trabajar. Y menos como esclavos de patrones explotadores, de empresarios salvajes y de quienes, en el narcotráfico, los utilizan para delinquir.
 
Invariablemente las cuentas alegres del gobierno y de instituciones temerosas de decir la verdad dicen que apenas poco más de 3 millones de niños trabajan en labores familiares con sus padres y madres que van al campo a labores de siembra y cosecha, a fábricas o a maquiladoras; cuando en realidad son muchos más, llegando a no menos de 5 millones, los niños entre 7 y 17 años, que en jornadas de más de 15 horas al día y de domingo a sábado, realizan esas duras tareas; estando mal pagados, mal comidos (¡una vez al día!) y sin descanso. Son los esclavos de empresarios agrícolas, ganaderos, avícolas y de pesca. Y no asisten a la escuela más elemental. Los gobiernos de todos los niveles permiten esa explotación como una continuidad del porfiriato, como si este país no hubiera tenido una Revolución social, que cortó de un tajo legal y político, lo que en la realidad persiste: nuevos peones encasillados desde los 7 años hasta que llegan a viejos.
 
Mienten en el Instituto Nacional de Estadística y Geografía y sus repetidores cuando afirman que apenas son 3 millones los niños contratados a partir de los 14 años para trabajar como esclavos. Y aunque así fuera, es un crimen político que los gobernantes lo permitan, ya que para robar, abusar del poder y favorecer a sus cómplices en el empresariado, pasan por encima de la ley. En cambio, para hacer trabajar a los niños se dicen muy cumplidores de ella y desde los 14 años los envían a los más rudos y sucios trabajos.
 
El iluso peñismo creyó que aumentar un año la edad para que los niños trabajen es una propuesta racional. Pero siendo niños hasta los 18 años, cuando inician su mayoría de edad, el gobierno está obligado a otorgarles las máximas facilidades para llevar a cabo su formación escolar. El peñismo se ha comportado como Pilatos lavándose las manos con su ridícula reformita y se comporta como el Herodes asesino de niños. De esta manera modernizada, se está llevando a la muerte a los niños mexicanos que son obligados a trabajar como esclavos desde los 15 años, para seguir alentando el capitalismo salvaje del devastador neoliberalismo económico.
 
*Periodista


Fuente: www.contralinea.com.mx Periodismo de investigación http://contralinea.info/archivo-revista/index.php/2013/06/30/mucho-mas-de-3-millones-de-ninos-trabajan-como-esclavos/

Fuente: www.contralinea.com.mx Periodismo de investigación http://contralinea.info/archivo-revista/index.php/2013/06/30/mucho-mas-de-3-millones-de-ninos-trabajan-como-esclavos/

El Mundial que viene

 



Fuente: www.contralinea.com.mx Periodismo de investigación http://contralinea.info/archivo-revista/index.php/2013/06/30/el-mundial-viene/

Fuente: www.contralinea.com.mx Periodismo de investigación http://contralinea.info/archivo-revista/index.php/2013/06/30/el-mundial-viene/

Tribunal Universitario sanciona a más de 3 mil 600

Tribunal Universitario sanciona a más de 3 mil 600

 
   
Más de 3 mil 600 alumnos y una treintena de académicos de la UNAM han sido sancionados por el Tribunal Universitario desde 1999, cuando detonó la última huelga general estudiantil. Las sentencias más recientes se ejercieron este año contra alumnos del bachillerato, críticos de la reforma al sistema CCH. El 97 por ciento de los casos que revisa el organismo terminan en sanción: todo aquel estudiante, profesor o investigador acusado ante el Tribunal sabe que sus posibilidades de resultar absuelto se reducen casi a cero. En 1990 el Congreso Universitario aprobó, por unanimidad, la supresión del órgano inquisitivo. Sin embargo, luego de 2 décadas, la institución sigue operando entre los cuestionamientos de los sectores críticos universitarios, quienes aseguran que no castiga las violaciones a la legislación universitaria sino la disidencia y la organización política
 
 
 
La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), a través de su Tribunal Universitario, ha sancionado entre 1999 y lo que va de 2013 a, al menos, 3 mil 643 alumnos y académicos. De éstos,  2 mil 595 fueron suspendidos; 538, expulsados; 482, amonestados, y 28, sujetos a extrañamiento.
 
En respuesta a las solicitudes de información F8 529 y F8532 a F8544, la UNAM, a través de su Unidad de Enlace, comunicó a Contralínea que de 1999 a 2012 el Tribunal Universitario atendió 3 mil 740 casos. De éstos, 3 mil 704 son de alumnos, en su mayoría adscritos al bachillerato universitario.
 
Durante estos 14 años, el órgano presidido por el miembro más antiguo de los profesores del Consejo Técnico de la Facultad de Derecho, actualmente Luis Eduardo Feher Trenschiner, suspendió a 2 mil 591 personas, expulsó a 533, amonestó a 480 y emitió 28 extrañamientos. A estos números deben agregarse las cinco expulsiones, cuatro suspensiones y dos amonestaciones conocidas que se emitieron en 2013 contra estudiantes de bachillerato.
 
La principal conducta sancionada fue la ingesta, uso, venta y/o distribución de alcohol y drogas. Le siguen agresión; alteración del orden; daño al patrimonio; extorsión, robo y amenaza; falsificación de documentos; portación de armas y mutilación de libros. Las autoridades universitarias aseguran que no se sancionan las actividades políticas.
 

Desaparición del Tribunal, acuerdo incumplido

 
El 14 de mayo de 1990, en el frontón cerrado de Ciudad Universitaria –ubicada al Sur de la capital– se instaló el Congreso Universitario, encargado de la reforma que entonces vivió la Universidad Nacional Autónoma de México.
 
Al acto asistieron 864 delegados electos que, durante un mes, discutieron y resolvieron sobre distintos aspectos del quehacer de la máxima casa de estudios del país. El proceso arrojó casi 400 acuerdos, mismos que quedaron plasmados en el Diario del Congreso, documento de carácter oficial que obra en el Archivo Histórico del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación.
 
Uno de ellos, identificado con la clave M-X G-13, refiere la desaparición del Tribunal Universitario creado en 1945. El órgano encargado de conocer y resolver las faltas a la legislación universitaria del personal académico y de los alumnos sería sustituido por comisiones jurisdiccionales.
 
La mañana del 25 de mayo de 1990, los delegados de la Mesa de Trabajo 10: Gobierno, Administración y Legislación aprobaron por unanimidad (74 votos a favor, cero en contra y cero abstenciones) la siguiente redacción: “Se propone la supresión del Tribunal Universitario. Se crearán comisiones jurisdiccionales en todas aquellas dependencias académicas que cuenten con Consejo Técnico. En el caso de los sistemas de investigación se crearán comisiones jurisdiccionales: una para la investigación científica y otra para humanidades. Habrá una comisión jurisdiccional para el área de difusión cultural.
 
“Las comisiones jurisdiccionales estarán integradas por representantes de los consejos técnicos, de los profesores y de los estudiantes.
 
“Sólo el personal académico y los estudiantes serán responsables ante las comisiones jurisdiccionales.
 
“Las comisiones jurisdiccionales serán órganos de equidad y resolverán en conciencia las controversias que se les presenten. La Comisión de Honor del Consejo Universitario resolverá en segunda instancia las apelaciones que se presentaran por decisiones de las comisiones jurisdiccionales.”
 
Han transcurrido ya 23 años desde aquel proceso de reforma y el acuerdo M-X-G-13 es letra muerta. El Tribunal Universitario sigue operando, no obstante que la convocatoria general para el desarrollo del Congreso Universitario estableció que las propuestas que se constituyeran en acuerdos deberían asumirse en un plazo de 90 días.
 
Ni siquiera José Narro Robles, actual rector de la UNAM y quien en 1990 formó parte de la Comisión de Actas y Acuerdos del Congreso Universitario, ha mostrado interés en hacer efectiva la supresión de este órgano y la consecuente instalación de las comisiones jurisdiccionales.
 

“Tribunal de la Santa Inquisición”

 
“A finales del siglo XX existe un Tribunal de la Santa Inquisición en la UNAM”, así se titula una de las ponencias presentadas durante el Congreso Universitario de 1990. Los argumentos que el documento esgrime contribuyeron a que los delegados de este Congreso se pronunciaran por la supresión del Tribunal Universitario.
 
Los autores, entonces alumnos de la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán, aseguraban que “este Tribunal se parece más bien a los de la Santa Inquisición, en donde cualquier profesor o estudiante que no piense igual a ellos y que intente expresar libremente sus ideas será sancionado”.
 
 Para ejemplificar lo anterior, referían el caso de los estudiantes de la carrera de ingeniería agrícola, quienes en 1986 emprendieron un movimiento por el respeto a sus prácticas escolares y la mejora de sus condiciones de estudio. Como consecuencia de este hecho, asegura el análisis, cuatro de ellos fueron consignados al Tribunal Universitario quien decidió suspenderles sus derechos estudiantiles por 3 años.
 
Los cuestionamientos en torno al actuar de este órgano disciplinario resurgieron 9 años después. El detonante: las sanciones en contra de algunos participantes de la huelga estudiantil de 1999-2000, encabezada por el entonces Consejo General de Huelga como respuesta a la imposición de un Reglamento General de Pagos.
 
Como lo documentó Contralínea en diciembre de 2004, desde el fin de esta huelga hasta entonces, casi 300 estudiantes habían sido expulsados y 748 suspendidos de la UNAM. “Las autoridades rechazan que exista represión contra los disidentes políticos, pero la mayoría de los sancionados fueron activistas durante el conflicto que paralizó las actividades académicas“, se lee en el número 33 de este semanario.
 
 
Hoy los reflectores se posan nuevamente sobre el Tribunal Universitario. Esto a raíz de las sanciones de que fueron objeto algunos de los estudiantes que han manifestado su rechazo hacia el Documento base para la actualización del plan de estudios: 12 puntos a considerar, la columna vertebral del proceso de actualización curricular por el que atraviesa el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH).
 
El 23 de abril de 2013 el Tribunal Universitario hizo pública la expulsión definitiva de cinco de estos alumnos, la suspensión de cuatro y la amonestación de dos. De acuerdo con la versión oficial, estas resoluciones se derivan de los hechos del 1 y 5 de febrero pasados, en los que se presume que un grupo de jóvenes, en estado de ebriedad, agredieron física y verbalmente a trabajadores del CCH Naucalpan.
 
En la página electrónica del Comité Cerezo México, organización dedicada a la defensa de los derechos humanos, se encuentran las relatorías de cinco de estos casos, presentadas bajo el título Expulsados y juzgados por motivos políticos ante el Tribunal Universitario. En éstas, los inculpados niegan las acusaciones que se les imputan. Manifiestan, en contraste, que a raíz de la respuesta estudiantil organizada que emergió con el “intento de imposición de la reforma al plan de estudio de los CCH”, las autoridades del plantel Naucalpan, “en contubernio con los empleados administrativos de bajo rango”, iniciaron una campaña de hostigamiento, amenazas y agresiones físicas en su contra.
 
Desde hace años, Eduardo López Betancourt, profesor de la Facultad de Derecho y actual consejero universitario, ha sumado su voz a la de quienes rechazan la existencia del Tribunal Universitario. Y es que, explica, está “hecho a modo para servir a la autoridad, para que se cumplan sus deseos, lo que lo hace carente de legalidad y autoridad moral”. Agrega que se trata de un “órgano parcial, que actúa bajo consigna y que no garantiza una justicia correcta, adecuada, a quienes juzga”.
 
 
Respecto de los hechos ocurridos en el CCH Naucalpan, que derivaron en la sanción de 11 estudiantes, el abogado de formación dice que aunque la violencia es criticable, los es también la “ineptitud” de las autoridades universitarias quienes, al no establecer los mecanismos de consulta adecuados para la participación activa de los estudiantes, motivaron esta situación.
 
Por eso llama a no empecinarse en “satanizar” y “sancionar de manera incorrecta” a los estudiantes supuestamente involucrados en los hechos violentos; además, a considerar la posibilidad de sancionar a los directivos de la máxima casa de estudios del país. “Tal vez van a expulsar a los jóvenes, van a sancionarlos… ¿Y a la autoridad, qué? ¿La van a premiar por haber cometido el error de tratar de imponer un plan de estudios que no estuvo debidamente solventado? Aquí debe quedar muy claro que la autoridad que no cumplió con su deber, debe ser motivo también de sanción”, explica López Betancourt.
 
Para José Enrique González Ruiz, quien por más de 30 años se desempeñó como docente en la UNAM, el Tribunal Universitario “es más un órgano de punición y represión que un órgano de justicia”. El ahora coordinador del posgrado en Derechos Humanos de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México subraya que este tribunal, que “es como una reminiscencia del fuero universitario que existió en el Medievo”, constituye un “mecanismo para aplicar sanciones casi siempre con motivaciones políticas a miembros de la comunidad universitaria, pero sobre todo al sector estudiantil”.
 
En relación con las sanciones que este órgano dicta, el también doctor en ciencias políticas comenta que son “normalmente muy drásticas”, como la expulsión, a la que equipara con la “cadena perpetua”, puesto que las personas expulsadas jamás podrán reingresar a la UNAM. González Ruiz recuerda a los jóvenes que fueron expulsados como consecuencia de su participación en la huelga estudiantil de 1999-2000: “Les arruinaron la vida; muchos de ellos no han podido culminar sus estudios”, dice.
 
Como lo demuestran las respuestas a las solicitudes de información F8529 y F8532 a F8544, durante los últimos 14 años el Tribunal Universitario sancionó el 97 por ciento de los casos que atendió, es decir, 3 mil 632 de un total de 3 mil 740. La expulsión definitiva ocupa el segundo lugar en la lista de las sanciones más recurrentes; antes se ubica la suspensión, que acapara el 69 por ciento de los casos.
 

Tribunal Universitario, “juez y parte”

 
En el Tribunal Universitario las autoridades acusan, juzgan y sentencian, es decir, son juez y parte. Éste es uno de los principales argumentos en contra de la existencia de ese órgano, previsto en el Título Sexto del Estatuto General de la UNAM, referente a las responsabilidades y sanciones.
 
De acuerdo con el artículo 99 del mismo, el Tribunal Universitario estará integrado, para todos los casos, por un presidente (el más antiguo de los profesores del Consejo Técnico de la Facultad de Derecho), un vocal permanente (el investigador de mayor antigüedad del Consejo Interno del Instituto de Investigaciones Jurídicas), un vocal académico (el profesor o investigador más antiguo del Consejo Técnico o Interno de la entidad de que se trate el asunto) y un secretario (el abogado general de la Universidad). Si el acusado es estudiante, se agregarán además los dos consejeros técnicos alumnos del plantel al que pertenece el inculpado.
 
En la actualidad los integrantes fijos del Tribunal Universitario son Luis Eduardo Feher Trenschiner, presidente; José Ovalle Favela, vocal permanente; y Luis Raúl González Pérez, secretario.
 
A partir del análisis de esta composición, José Enrique González Ruiz concluye que “es un tribunal donde son los propios miembros de la burocracia universitaria los que lo integran”. Se trata, dice, de un circuito de poder que atraviesa todas las estructuras de decisión de la UNAM.
 
En el mismo sentido se pronuncia Eduardo López Betancourt quien, a su vez, pugna por la creación de órganos disciplinarios autónomos y democráticos. Para el doctor en derecho, es claro que la UNAM tiene un “retraso patético” en materia de democratización de sus estructuras de gobierno. “Los universitarios no somos considerados mayores de edad ante las leyes que rigen la UNAM”, lamenta.
 

Tribunal “anticonstitucional”

 
En 2002, la Primera Sala de la Suprema Corte de Justica de la Nación (SCJN) analizó el amparo 337/2001 relativo a la expulsión de la UNAM de Alejandro Echavarría Zarco, estudiante y activista universitario, a quien durante la huelga estudiantil de 1999-2000 se le conoció como el Mosh. El alumno de sociología acudió a esta instancia con el objetivo de apelar el fallo que le impediría obtener el título de nivel licenciatura a pesar de haber sido merecedor de la medalla Gabino Barreda, distinción que otorga la máxima casa de estudios del país a la excelencia académica (y que rechazó por el contexto político en el que aconteció la entrega). Echavarría Zarco había concluido sus estudios de licenciatura con promedio de 10.
 
El quejoso argumentó, entro otras, la inconstitucionalidad del Tribunal Universitario, el órgano que lo juzgó, pues “posee facultades que contravienen preceptos constitucionales y violan garantías individuales”. Y es que se trata, según su propia exposición, de un tribunal especial de esos que están  prohibidos por el Artículo 13 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que establece que “nadie puede ser juzgado por leyes privativas ni tribunales especiales”.
 
Amparados en el principio de autonomía universitaria, los ministros de la SCJN ratificaron la expulsión del entonces estudiante de la UNAM. Determinaron que “las universidades e instituciones de educación superior tienen una autonomía normativa y orgánica plena, lo que les permite expedir su propia legislación e instituir sus propios órganos de gobierno”.
 
 
El dictamen del máximo tribunal del país fue recibido con beneplácito por las autoridades de la Universidad Nacional Autónoma de México pero desató la inconformidad de algunos sectores de la comunidad universitaria. A principios de 2002, poco después del fallo de la SCJN, María Esther Navarro Lara, profesora de la UNAM y exconsejera universitaria, envió una carta al Correo Ilustrado de La Jornada, titulada “Tribunal Universitario, ilegal”.
 
En su escrito, publicado el 9 de febrero de 2002, se lee: “Los cinco ministros que integran la primera sala de la SCJN dictaminaron que el Tribunal Universitario no es ‘especial’ porque su ámbito de competencia comprende a toda la comunidad. Se equivocan, ya que sólo castiga a estudiantes y profesores que se manifiestan abierta y explícitamente contra las autoridades, y no incluye a éstas.
 
 
 
“También se equivocan cuando dicen que no es ‘ilegal’. Lo que es contrario a derecho es ilegal porque va contra sus más elementales principios, que son la justicia y la imparcialidad en un juicio. Todos los miembros del Tribunal Universitario son autoridades porque son consejeros, de modo que es la autoridad la que acusa. Esa misma autoridad juzga; y esa autoridad expulsa o aplica ‘la pena de muerte en lo académico’ a los estudiantes que se le oponen.
 
“Las autoridades montaron una exposición conmemorativa a los 450 años de la UNAM en el Museo Universitario de las Ciencias y las Artes (en la Facultad de Arquitectura), ahí se lee en una grandiosa pared: ‘La Universidad gozaba de algunos privilegios, como tener tribunales propios’, refiriéndose al Tribunal Universitario, cuyas características y orígenes históricos se remontan a la época del oscurantismo religioso en que existía el tribunal de la Santa Inquisición.
 
“Así como se ‘equivocaron los santos hombres de la Iglesia’ en ese tiempo, así los ministros de hoy tendrán que admitir a futuro, cuando se transforme democráticamente la UNAM, que no se puede conservar un tribunal sobre el cual los universitarios discutieron y aprobaron en el Congreso de 1990 su desaparición.”
 
Para la realización de esta investigación se solicitó entrevista con el presidente del Tribunal Universitario, con el rector y con el abogado general de la UNAM. El trámite se realizó desde el 27 de mayo pasado, a través de la Unidad de Enlace y Relaciones Públicas, de la Dirección General de Comunicación Social. A pesar de la insistencia, hasta el cierre de esta edición no hubo respuesta. También se acudió a la oficina del Tribunal Universitario, ubicada sobre la carretera Picacho-Ajusco, donde se negó el acceso  bajo el argumento de que cualquier trato con los medios de comunicación debe ser previamente consensuado con la Rectoría universitaria.
 
 
 
 
 
                
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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A 6 meses del “Pacto Antiméxico”

A 6 meses del “Pacto Antiméxico”

   
Hace 6 meses, tras la brutal provocación y represión del 1 de diciembre –día del regreso del Partido Revolucionario Institucional (PRI)– , se aprobó el 2 de diciembre el Pacto por México, que calificamos desde un inicio como Pacto Antiméxico. La razón de ese calificativo es que el Pacto cupular, firmado por tres partidos: PRI, Partido Acción Nacional (PAN) y Partido de la Revolución Democrática (PRD) se saltó al Congreso de la Unión y jamás se puso a discusión pública.
Es una clara imposición de las grandes corporaciones extranjeras y nacionales que vulnera la soberanía nacional y popular y los derechos colectivos e individuales de los mexicanos.
 
 
El principal objetivo del Pacto es la privatización del sector energético: dicen que buscan “abrirlo a la competencia”, principalmente la refinación, petroquímica, transporte de hidrocarburos. Pretenden que la renta petrolera beneficie a las corporaciones privadas y para compensar buscan la reforma fiscal. El objetivo es subir el impuesto al valor agregado (IVA) y meterlo a alimentos y medicinas.
 
Están preparando el terreno. Mientras tanto, han comenzado los golpes con las reformas educativa, financiera y la de telecomunicaciones.
 
La reforma educativa tiene como objetivo el negar los derechos laborales y la permanencia en su empleo a millones de maestros y de cargar los costos de la educación a los padres de familia, con lo que han llamado “autonomía de gestión”, que niega la educación gratuita y, por lo tanto, el Artículo 3 de la Constitución. El objetivo es la privatización de la educación y la destrucción de la educación pública.
 
La reforma de telecomunicaciones está de espaldas a las necesidades de las comunidades de pobladores, culturales, universitarias, profesionistas, asociaciones para acceder a los medios de difusión masiva; sólo busca que grandes corporaciones extranjeras accedan a los tiempos y espacios telecomunicativos, permitiendo el ciento por ciento de inversión extranjera directa en telecomunicaciones y comunicación vía satélite y hasta 49 por ciento en radiodifusión, y que dos o tres grandes corporaciones nacionales (Televisa, Tv Azteca, Telcel y Iusacell) tengan oportunidad de acceder a televisión o telefonía e internet.
 
La reforma financiera pretende ampliar la cartera de clientes y deudores para las corporaciones bancarias extranjeras (cerca del 90 por ciento de los activos bancarios son extranjeros) y legalizar el negocio de la usura para facilitar el cobro a deudores morosos a costa de su patrimonio y el despojo de sus bienes, con métodos agresivos.
 
Las becas a estudiantes y madres solteras, y los estímulos a los productores, las pensiones a los ancianos, que suman miles de millones de pesos, serán depositados en la banca privada y engordarán su cartera. Todo esto aumentará sus altas utilidades (por cierto, ni siquiera realizan el reparto de utilidades entre sus trabajadores, dado que la mayoría son subcontratados).
 
La Cruzada Nacional contra el Hambre, además de su clientelismo para beneficiar al PRI y de que deja fuera a los 800 municipios más pobres, apoya la expansión en México de corporaciones extranjeras como Pepsi Cola y Nestlé. Las becas, ayudas a madres solteras y pensiones van a engordar a la banca privada. Por otro lado el número de municipios a atender en la primera fase se redujo de 400 a 80, con lo que impacta sólo a 365 mil personas en extrema pobreza y no a los 7.4 millones que eran la meta inicial en esta etapa, todo para tener algo que presumir el 1 de septiembre, día del informe presidencial.
 
Junto con estas reformas se han promovido otras medidas antinacionales como la venta de playas y terrenos cerca de las fronteras, que son verdaderamente nocivas para los mexicanos y una verdadera traición, pues se entrega al extranjero nuestro territorio, tan sólo pensemos lo que puede suceder con la península de Baja California, que de por sí ya ha sido invadida por propietarios estadunidenses que de manera ilegal se han ido apoderando de nuestras tierras. Ahora quieren legalizar la entrega y venta de México. Esta reforma al Artículo 27 constitucional que hicieron los diputados es inadmisible, y esa es la dinámica que ha implementado el Pacto Antiméxico, que es sumamente nocivo y antipopular, firmado por los cómplices de ésta dictadura neocolonial disfrazada de “democracia”. Por eso hemos de organizarnos y oponernos a su implantación. Ahora lo más importante es detener las reformas energética y fiscal.
 
Recientemente Enrique Peña Nieto declaró en Inglaterra que buscará en los próximos meses poner fin “a un tabú de casi 8 décadas al abrir el sector de hidrocarburos a la inversión privada y la competencia”. El gobierno espera que la decisión atraiga inversiones de miles de millones de dólares. La idea de los prianistas es que compañías privadas compartan con el Estado las ganancias a costa de nuestras reservas de energía en depósitos de crudo en aguas profundas (y en tierra también) al permitirles producir crudo y gas esquisto a través de acuerdos de ganancias compartidas para que se beneficien de nuestra renta petrolera, así como entregar la petroquímica a las corporaciones extranjeras. ¡No permitamos que se nos despoje a los mexicanos de nuestra riqueza! ¡El petróleo es de todos!
 
Hemos de movilizarnos para frenar los planes contra la nación. Al respecto hay que tener claro que desde el 1 de diciembre se trata de criminalizar las movilizaciones y, en particular, a los jóvenes. Esto volvió a hacerse patente el 10 de junio en la Ciudad de México, cuando se dio una provocación y se detuvo a inocentes. Necesitamos una amplia movilización a nivel nacional que saque a las calles primero a miles y luego a millones de mexicanos para combatir la reforma energética de Peña, el Pacto Antiméxico y todos los planes del PRIAN. El descontento y la indignación crecen y el potencial para efectuar grandes manifestaciones también. Entonces, lo que ha aplicado el gobierno es un esquema de infiltración y provocación que consiste en introducir a un grupo de seudoanarquistas enmascarados que realizan actos vandálicos, queman, atacan a la policía y generan disturbios. El blanco principal del gobierno de Peña son los jóvenes. Estos actos de los vándalos son publicitados por televisión y otros medios para justificar la acción policiaca y ganar respaldo social como base para posteriormente atacar y detener a decenas de manifestantes inocentes que se manifiestan pacíficamente. Con estas acciones que difunden ampliamente los medios crean un efecto social de repudio a las manifestaciones, miedo y parálisis a quienes evalúan su asistencia a una manifestación o la de sus familiares y generan la desmoralización general, además de criminalizar la protesta social y a los jóvenes. Por eso es imprescindible informar ampliamente la realidad y romper el cerco informativo.
 
Ante la perspectiva de actos de provocación en una movilización, una de las salidas es no asistir o alejarse, pero precisamente esto es lo que quiere el régimen. La otra salida es movilizarse ampliamente de forma organizada y planificar las acciones para neutralizar a los provocadores, aislarlos y evitar sus desmanes. Y sobre todo desarrollar ampliamente el movimiento democrático y patriótico en México.
 
Callarse e ignorar la realidad es contraproducente. Tenemos derechos y hay que defenderlos abiertamente. La movilización organizada y pacífica puede y debe garantizar que nuestro derecho a la libre expresión se respete por las autoridades, quienes dividen para vencer. Estas provocaciones buscan marginar de la mayoría de la población a quienes protestan y en particular a los jóvenes. La única salida para el movimiento democrático es la unión y la organización que implemente las medidas necesarias que eviten desvirtuar las manifestaciones masivas.
 
La libertad de expresión y movilización es un derecho irrenunciable; los derechos no se mendigan, se ejercen. Es precisa la más amplia unidad popular para frenar los golpes del malgobierno. Estamos en emergencia nacional y hay una gran resistencia, pero el movimiento de resistencia de diversos sectores está atomizado y debe unirse por encima de diferencias. Electricistas, mineros, maestros, campesinos contra los transgénicos, indígenas, familiares de víctimas y desaparecidos, jóvenes, comunidad lésbico-gay-transexual, estudiantes, deudores. Las demandas de un movimiento son las demandas de todos. Para lograr avances es preciso que el movimiento se proteja a sí mismo de la represión gubernamental y sus provocaciones orquestadas. Hoy es imprescindible orquestar la movilización. Es la única salida. Entonces no podemos permitir que se impidan las manifestaciones. El movimiento contra la privatización del petróleo y el aumento del IVA debe nutrirse de un amplio movimiento social por los derechos de todos y apoyar este movimiento, dentro del que se encuentra el movimiento en defensa de la Ciudad de México y de los derechos democráticos en el Distrito Federal, en primer lugar el derecho de manifestación y de libre expresión (que son derechos constitucionales).
 
¡No a la criminalización de la protesta social! ¡Protestar es un derecho! ¡Reprimir es un delito! ¡No a las reformas estructurales! ¡Amplia unidad ante las reformas que atentan contra el pueblo de México!¡No al Pacto Antiméxico!
 
*Politólogo y urbanista; vocero del Congreso de la Soberanía y dirigente de Mexteki
 
 
 
 
Fuente: Contralínea 341 / junio 2013


Fuente: www.contralinea.com.mx Periodismo de investigación http://contralinea.info/archivo-revista/index.php/2013/06/30/6-meses-del-pacto-antimexico/
 

Modernización

30. junio, 2013 Avilés Caricatura, cs



Fuente: www.contralinea.com.mx Periodismo de investigación http://contralinea.info/archivo-revista/index.php/2013/06/30/modernizacion/

Fuente: www.contralinea.com.mx Periodismo de investigación http://contralinea.info/archivo-revista/index.php/2013/06/30/modernizacion/

El Despertar- «Dogmas y falsos nacionalismos»- Frontera militarizada

El Despertar
La quiebra del PAN
José Agustín Ortiz Pinchetti
Diego Fernández de Cevallos le avergüenza lo mal que anda el PAN. Dice que los panistas de hoy han traicionado los ideales originales del partido, aunque habría que añadir que pocos personajes han sido tan eficaces para devastar los principios éticos del PAN como él. Los fundadores fueron de distintas vertientes. Algunos filofascistas, como señala Rafael Barajas El Fisgón, pero otros católicos-liberales, maderistas, conservadores moderados, y muchos limpios y valientes: me consta. Se propusieron combatir al cardenismo, denunciar las inmoralidades del PRI y proponer como meta de la política el respeto al sufragio. Una cosa es predicar y otra hacer política: tardó 50 años en obtener una gubernatura. El PAN atrajo a devotos moralistas, no a verdaderos profesionales, que se proponían gobernar a México: desagradable tarea que quedó en manos del PRI.
 
En 1988-89 cayeron en la trampa de Carlos Salinas. No pudieron resistir sentirse incluidos por primera vez en el juego. ¿No se dieron cuenta de que Salinas los estaba utilizando para frenar a la izquierda? Se conformaron con una democracia selectiva: les reconocía sus triunfos y se los negaba a los neocardenistas, incluso con extremos ridículos como las concertacesiones.

El PAN se corrompió porque muchos de sus miembros (algunos advenedizos) introyectaron la prepotencia, el descaro y la corrupción del PRI. Así, cuando alcanzaron el poder, apoyados por la oligarquía y también por el pueblo (en el caso de Fox), no dudaron en utilizar los mismos mecanismos del PRI que habían criticado durante cinco décadas. Eran muchas contradicciones. El PAN mostró el cobre cuando, a pesar de que muchos de sus miembros estaban en desacuerdo radical con el desafuero de Fox contra AMLO, lo cohonestaron con su silencio. Luego encubrieron también el fraude que llevó a Calderón a la Presidencia y al desastre que fue su administración.
 
No puede darse por muerto al PAN porque tiene a nivel local, en varios estados clave, grupos, recursos y bastiones, porque el PRI lo necesita como aliado y también la oligarquía. No hay duda de que el desgaste de los panistas es una oportunidad para la corriente reformista. Morena y sus aliados pueden construir un poderoso núcleo y quizá llegar a convertirse en alternantes de la derecha, pero no será fácil: tendrán que mejorar su organización y a la vez hacer de la honestidad su oferta y convencer de que va en serio. Y esto sólo se demuestra con los hechos. Es muy grande la responsabilidad de aquellos que nos proponemos regenerar a México.
Twitter: @ortizpinchetti
FUENTE: LA JORNADA OPINION
Dogmas y falsos nacionalismos

Arnaldo Córdova
Foto
“Manlio Fabio Beltrones afirma que se debe terminar con el ‘falso debate’ de que se quiere entregar el petróleo a inversionistas particulares; César Camacho Quiroz plantea que no hay por qué tener miramientos con ‘los dogmas y falsos nacionalismos’”
Foto Carlos Cisneros y María Luisa Severiano
 
Cuando ahora los priístas quieren negar su propia historia, su propio pasado, siempre recurren a las más desvergonzadas descalificaciones. Cuando empezaron a dudar de los principios y de la herencia ideológica y política de la Revolución Mexicana, allá por los últimos años 70 y 80, comenzaron a hablar de un agotamiento del sistema, pero nunca llegaron a embestir de frente contra esa herencia, negándola y repudiándola. Su desencanto con aquellos principios históricos era evidente, pero le mostraban respeto.
 
Aquella era una época en la que todavía tenía vigencia cierto orgullo de sus propias instituciones. Todo eso se acabó cuando Miguel de la Madrid llegó al poder, en medio de una crisis. Entonces los priístas se afanaron por desacreditar la economía mixta, el nacionalismo revolucionario y las políticas populares que habían signado todo el siglo XX mexicano. No hallaban cómo negarlos y se atrevían muy poco a hablar en contra de ellos. Pero sentían que esos principios ya no eran los suyos y que, más bien, les eran extraños.
 
La suya era una posición vergonzante: no negaban abiertamente sus orígenes revolucionarios, pero ya no los podían aceptar como propios. La veneración por la Constitución revolucionaria, de la que antes hacían gala, incluso tratándose de los políticos más pragmáticos y logreros, se les apagó de pronto y comenzaron a ver en ella una carta obsoleta, irreal y pasada de moda, exactamente como los porfiristas de los años 90 del siglo XIX veían la Constitución liberal de 1857.
 
Lo que ahora se les atraganta, en particular, es el contenido del artículo 27 constitucional que hace de la nación mexicana la propietaria original y originaria de su territorio y sus recursos. Desde hace mucho que desean modificarlo o, incluso, abrogarlo (desaparecerlo por completo) y en su contenido no ven más que eso: dogmas y falsos nacionalismos. Uno se pregunta por qué no lo han hecho, cambiar ese artículo, si ganas no les han faltado. Y la razón es obvia: porque tienen miedo de echarse en contra una opinión pública que, a pesar de todos los pesares, sigue creyendo en el viejo nacionalismo.
 
Desde De la Madrid y Salinas de Gortari la divisa ha sido privatizar los recursos naturales propiedad de la nación. A eso se tiene el cinismo de llamarle modernización. Manlio Fabio Beltrones afirma que se debe terminar con el falso debate de que se quiere entregar el petróleo a inversionistas particulares. Ni él ni sus mandantes han aclarado nunca qué entienden por asociar a los privados en la explotación petrolera.
 
Si van a seguir haciendo lo que hasta ahora, vale decir, mediante contratos múltiples, permitir esa explotación a los privados, entonces se trata de privatizar y no se puede negar. Ya los privados producen más de 40 por ciento de la energía eléctrica del país, cuando la Constitución no sólo no lo permite, sino que lo prohíbe terminantemente. ¿Qué extensión de las zonas petroleras terrestres y marítimas está ya en manos de particulares (todos ellos extranjeros)? Se están privatizando nuestros recursos y todavía se habla de asociar de nueva cuenta a los privados en la producción de hidrocarburos.
 
Si eso ya se está haciendo abiertamente, la cuestión es, entonces, ¿qué más es lo que se propone y mediante qué mecanismos? ¿Para qué una reforma energética, si los fines que persigue son los mismos que ya se están llevando a cabo? ¿Qué más quieren? Beltrones dice que no se trata de compartir la renta petrolera con empresas trasnacionales, sino de asociaciones de Pemex con empresas, donde se comparten utilidades, después de impuestos y derechos que se pagan como sucede en cualquier parte del mundo (La Jornada, 27/6/13).
 
Desde el punto de vista que se le quiera ver y bajo cualesquiera consideraciones que se quieran hacer, lo que estamos viendo ya es una paulatina privatización de los energéticos. Es exactamente lo que el líder priísta dice que será el contenido de la reforma. Y si así están las cosas, lo que cabe esperar de ella no es más que la legalización de una situación de facto que es, ya de por sí, privatizadora. Ni siquiera tendrían por qué ocuparse de un eventual cambio de la Constitución si, a pesar de ella, las cosas se están haciendo de esa manera.
 
Los priístas, empero, han encontrado en el presidente de su partido, César Camacho Quiroz, un gallito de pelea que carece de vergüenzas o respetos históricos (por mera ignorancia, no porque tenga alguna idea al respecto) y que piensa, decididamente, que no hay por qué tener miramientos con los dogmas y falsos nacionalismos. Para él: “… si hoy resulta que el artículo 27 constitucional se constituye [sic] en una camisa de fuerza, no seremos las personas quienes le rinden culto a la ley, culto a la norma [sic], sino la norma es la que tiene que ser eficaz [sic] para cumplirle a las personas”.
 
Sobre la tan cacareada modernización, los priístas andan tan ayunos de ideas claras como en lo que se refiere a la privatización en curso. Recuerdo que en alguna ocasión se discutió el punto y muchos estuvieron de acuerdo en que los procesos privatizadores estaban llevando a una única perspectiva: convertir a Pemex, empresa nacional, en una no empresa o, más bien, en una administradora de contratos (la expresión es de Gershenson) con empresarios privados a los que se entregarían todos los procesos de explotación y aprovechamiento de nuestro petróleo. Pemex dejaría de estar encargado de la producción e inclusive de la comercialización de la misma.
 
El dinero de Pemex, mediante el presupuesto, se emplearía para pagar o financiar a los privados sus servicios. Eso sería una privatización en pleno. Aun si se supone que el petróleo se entregara a la empresa nacional, luego vendría su aprovechamiento manufacturero e industrial, que también harían los privados por cuenta de Pemex. Todo ello, mientras se mantiene el régimen fiscal de la empresa que es confiscatorio de sus recursos financieros. ¿Para qué invertir más por parte del Estado, si el dinero ahora lo pondrán los privados? En una situación así ni siquiera tendría Pemex necesidad de trabajadores para los procesos productivos, pues esos los pondrían los privados. ¿Y el sindicato y Romero Deschamps?
 
¡Ah!, pero no estaríamos privatizando, sino sólo haciendo participar a los privados en un proceso productivo para cuyo gasto el Estado no tiene recursos. Ya hasta los empresarios se declaran en contra de la privatización del petróleo y por el mantenimiento de la propiedad nacional del mismo. Eso sí, llaman a superar el mito de un nacionalismo ligado a un monopolio petrolero estancado por restricciones que lo asfixian. Hasta auguran que la reforma energética detonará inversiones por 300 mil millones de dólares en este sexenio (La Jornada, 26/6/13).
 
La pregunta quedará siempre en el aire: si las cosas están así y es lo que se quiere, ¿por qué no lo declaran abiertamente, de manera que todos podamos saber de qué se trata en verdad?
Como las vacaciones comienzan y mi salud requiere de ciertos cuidados, me tomaré unas semanas de descanso.
FUENTE: LA JORNADA OPINION
Palabras no migratorias-Hernández
Frontera militarizada

Jorge Durand
Los republicanos están obsesionados con la seguridad fronteriza y Barack Obama con resolver el asunto de la migración irregular, que pase una reforma migratoria y eventualmente asegurar la presencia de los demócratas en la siguiente administración, con el apoyo del voto latino. Obama se juega su paso a la historia, después de múltiples fracasos y encontronazos en su relación con el Congreso. Por eso acepta cualquier enmienda que sugieran los republicanos sobre el tema de seguridad fronteriza. En el fondo se trata de dinero, de gasto público al que nadie se puede oponer, aunque sea una locura.
 
Y es una locura porque hay otros modos de manejar la migración irregular sin tener que militarizar la frontera y duplicar el número de patrulleros fronterizos. La misma reforma migratoria propone una medida efectiva para impedir que puedan trabajar los migrantes irregulares. La migración que se dirige a Estados Unidos es esencialmente laboral y si no se puede trabajar no tiene sentido ir.

Pero esa es la precondición que pusieron los republicanos para empezar a hablar de una reforma migratoria. Y con esta enmienda ya no hay manera de que se echen para atrás en especial los de la Cámara de Representantes, donde hay mayoría republicana y están los más recalcitrantes oponentes a cualquier tipo de reforma.

Se propone doblar a 40 mil el número de patrulleros, de concluir el muro fronterizo, de permitir la vigilancia aérea por medio de drones y el uso de tecnología sofisticada para impedir el paso de cualquiera que pretenda cruzar la frontera de manera subrepticia.

Y al respecto el gobierno de Enrique Peña Nieto no ha abierto la boca. En realidad tiene mucho que decir. Poner un muro en las narices del vecino no es algo menor, tampoco militarizar la frontera y vigilarla día y noche. Pero este asunto empezó hace ya un par de décadas, no es de ayer y muy poco se ha podido hacer.

Paradójicamente los únicos que han dicho algo y han conseguido algunas concesiones son los ecologistas, que se preocupan por el libre tránsito de la fauna y se han dejado huecos para que pasen algunas especies menores.

En ese contexto vale la pena señalar que la Unesco hace unos días reconoció al Pinacate en el desierto de Sonora y al desierto de Gran Altar como Patrimonio Mundial. Un reconocimiento bien merecido, pero que tiene trasfondo político. En efecto, hace ya unos años se discutía la posibilidad de cerrar la frontera por parte de México, como medida para llegar a un acuerdo migratorio y mitigar los efectos del muro y una de las propuestas era declarar la zona como protegida y así tener la excusa para impedir el paso de los migrantes por esa zona. Si ese era el objetivo, llegó tarde. Ya no hay nada qué negociar.

El mutismo de México al respecto tiene su historia. Por muchos años el PRI aplicó la llamada política de la no política, la de no hacer nada y sólo reaccionar ante casos específicos de conflictos fronterizos o problemas de la comunidad mexicana en el exterior. Luego Vicente Fox fue proactivo (demasiado) y buscó a toda costa un acuerdo migratorio. Pero fue Felipe Calderón el que llevó las cosas al otro extremo y se propuso explícitamente, al comienzo de su mandato, desmigratizar la relación bilateral. En efecto, logró su cometido y narcotizó la relación con las nefastas consecuencias que todos padecemos. Por su parte, Peña Nieto no ha dicho nada y no se ha definido una política migratoria en su administración, a pesar de que en Gobernación existe una Unidad de Política Migratoria, lo que fuera antes un Centro de Estudios Migratorios.
 
Definir una política migratoria no se hace de la noche a la mañana. Y perdimos la oportunidad hace unos años, cuando se decidió dejar de lado el tema de la emigración y sólo se trató el de la inmigración, que terminó propiamente como una ley de extranjería. Se adujo que sería muy complicado trabajar con un proyecto de ley integral y ni siquiera se discutió el tema.
 
Ahora pagamos las consecuencias. No sabemos qué hacer al respecto ni qué posición tomar cuando el Congreso de EU toma una decisión soberana, pero que afecta directamente a México y complica la relación bilateral. La militarización de la frontera puede exacerbar el ambiente fronterizo, incrementar el número de conflictos y de muertes en la línea, como ya ha sucedido en repetidas ocasiones. Igualmente, se pueden originar conflictos con un número tan grande de patrulleros que no tienen nada qué hacer y que pueden exagerar sus actitudes o comportamiento, afectando directamente los derechos humanos de los migrantes.
 
Sellar la frontera militarmente implica riesgos y excesos y sobre este tema se puede hablar y negociar. Por ejemplo, el tipo de armamento que llevarán los patrulleros, algo de lo que ya se ha negociado anteriormente. Hay que preguntar acerca de los numerosos juicios contra el abuso de autoridad de los patrulleros que quedan impunes. Como el migrante asesinado Anastasio Hernández justo en el momento que iba a ser deportado, del cual hay numerosos videos. Los asesinatos que se cometen desde el lado estadunidense por disparos de los patrulleros a gente que está en el lado mexicano. El incremento de medidas coercitivas implica la exacerbación del ambiente fronterizo.
 
Por lo pronto, si ya se optó por no intervenir de acuerdo con el viejo lema mexicano de política exterior, por lo menos se puede actuar a escala local, tomar medidas de protección y defensa de los migrantes mexicanos, medidas que deben ir acompañadas de campañas de información a los migrantes y sus familias para que no arriesguen su vida y sus ahorros inútilmente. Pero sobre todo de desarrollar oportunidades laborales a nivel local. Otro tema a negociar en serio son las políticas de contratación de trabajadores temporales, sobre las cuales tampoco se ha dicho nada.
 
Finalmente, se debe definir una política con respecto a los migrantes en tránsito que van a quedar varados en la frontera o que se van a quedar en territorio nacional. Un problema que no hemos resuelto y que tiene numerosas aristas.
FUENTE: LA JORNADA OPINION