Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

domingo, 21 de julio de 2013

Bajo la Lupa- Las frágiles bases del gobierno de Rousseff- Brasil o el retrato de Dorian Gray

Bajo la Lupa
Bursatilización encubierta de aguas profundas/shale gas de México, según WWC/ITAM
Alfredo Jalife-Rahme
Foto
Vista de la refinería de Minatitlán, Veracruz
Foto Notimex
 
Los 18 firmantes del reporte Un nuevo comienzo para el petróleo mexicano (http://es.scribd.com/doc/154397472/ Las-personas-en-esta-lista-contribuyeron -a-la-discusion-y-a-las-conclusiones-de -este-reporte) están encabezados por el estadunidense Duncan Wood, anterior profesor del ITAM y director del Instituto México del Centro Woodrow Wilson (WWC), con su sorprendente consejo consultivo (http://es.scribd.com/doc/154786178/ WWC-Mexico-Institute-Advisory-Board).
 
Primera anomalía: un consejero (sic) de Pemex (¡uf!) figura entre los firmantes, en los que no podía faltar Juan Pardinas Carpizo, polémico director del Imco, de proclividad fascistoide, quien ha amenazado imponer por la fuerza la privatización, pese al repudio ciudadano (ver Bajo la Lupa, 30/6/13, 3, 7, 10, 14 y 17/7/13). ¿Dónde quedan consulta ciudadana y democracia?
 
El hiperviolento Juan Pardinas Carpizo firma lo que sea con tal de privatizar, sin importunarle sus burdas imprecisiones: en el Imco firma que el shale gas (gas esquisto) de México es la sexta reserva, mientras en el reporte WWC/ITAM rubrica que es la cuarta, cuando es la tercera. Ja ja ja.
 
El reciente extravío de Pardinas Carpizo: incrementar ISR, IVA e impuesto predial para liberar de la carga fiscal a Pemex. El Imco desea asfixiar a los mexicanos con tal de privatizar Pemex como sea.
 
Otro signatario, el británico David Shields, está vinculado a los intereses petroleros de la City.
 
Las dos posturas, de WWC/ITAM e Imco (su apéndice terrorista privatizador), bajo la batuta del estadunidense Wood, condensan las exigencias de Estados Unidos/Gran Bretaña para descolgar los máximos beneficios mediante el desmantelamiento de Pemex. ¿Quién defiende los intereses de México?
 
El nuevo comienzo de Wood/WWC/ITAM/Imco (http://www.wilsoncenter.org/sites/
default/files/wood_new_beginning _mexico.pdf) significa el inicio del fin de la libertad/independencia/seguridad energética de Pemex/México.
 
 
¿Por qué el desmedido interés del WWC, ya ni se diga de su excrecencia el ITAM (el Imco juega el papel del cañón suelto), por la privatización de los hidrocarburos ajenos?
 
Su obsesión se centra en el cambio a la Constitución y la exigencia para privatizar/bursatilizar Pemex con actores extranjeros (¡supersic!) y privados.
 
 
Si se trata de las aguas profundas/ shale gas (gas esquisto), ninguna empresa mexicana posee la tecnología llamada madura ni la capacidad financiera para una inversión de 50 mil millones de dólares al año.
 
 
La decapitación de Pemex como modelo fallido es catastrofista en el mejor de los casos: Wood/WWC/ITAM/Imco exageran que en la presente tasa de extracción, la nación tendrá suficiente petróleo por solamente nueve años. ¿Y qué tal si es de 20 años, según otras fuentes?
 
 
¿A poco Pemex, mientras aprende la transferencia tecnológica en un mínimo de dos años, no puede iniciar ya la exploración en aguas profundas alquilando tecnología madura a los múltiples servidores del planeta?
 
 
Wood/WWC/ITAM/Imco se equivocan en el porcentaje de alrededor de (sic) 30 por ciento del ingreso federal, cuando es de 40 por ciento. Aquí un 10 por ciento de diferencia, es decir, 12 mil 500 millones de dólares al año, es una fortuna, lo cual (en)marca su mala fe anticipada.
 
Wood/WWC/ITAM/Imco engañan con las caídas gemelas en reservas y producción, cuando fueron para favorecer un bajo precio del barril que benefició unilateralmente a Estados Unidos en detrimento de los ingresos nacionales, mediante la inyección demencial de nitrógeno, lo cual fue la tónica de los gobiernos neoliberales desde Miguel de la Madrid: seis presidentes ininterrumpidamente petrofóbicos.
 
El polémico Luis Téllez Kuenzler, secretario de Energía con Zedillo, promovió el urgente desprendimiento de Pemex bajo el pretexto erróneo de que el precio se desplomaría a 6 dólares el barril: 17 años después, el precio se multiplicó más de 17 veces. ¿A quién creer: a la realidad o a las supercherías de los propagandistas catastrofistas, los mismos fracasados de ayer, quienes hoy desean deglutir la última riqueza nacional?
 
El núcleo entreguista/pactista/catastrofista dirigido por el estadunidense Wood repite su cacofónica retahíla desinformativa de que Pemex carece de recursos técnicos y tecnología, y confunde tramposamente lo privado: entre doméstico (que carece de tecnología y de capacidad financiera), y foráneo (el exclusivo dúo anglosajón). Por cierto, el privado anglosajón no es el único imperante. La competencia también es global.
 
Pemex no puede invertir en exploración/producción porque la Secretaría de Hacienda lo tiene deliberadamente asfixiado/hipotecado con un descomunal 67.4 por ciento de carga fiscal, que no tienen Noruega (19 por ciento) ni Colombia (11 por ciento) y que Wood/WWC/ITAM/Imco dan como modelos a seguir, pero se olvidan de lo fundamental: su benigno tratamiento fiscal.
 
Wood/WWC/ITAM/Imco se cargan, como todo Estados Unidos, a la controvertida “revolución del shale gas”, sin importarles su daño ambiental, y no analizan el amplio abanico de posibilidades de Pemex para obtener financiamientos, usuales en el mercado entre las grandes potencias petroleras ( v. gr. las Nuevas Siete Hermanas Estatales).
 
No me cierro, incluso, a las inversiones de la banca de Wall Street/la City, pero no como copropietaria industrial de las aguas profundas/ shale gas (que requiere de inmensas cantidades de agua, lo cual tampoco es abordado por los entreguistas/pactistas/catastrofistas).
 
Otra superchería del núcleo Wood/WWC/ITAM/Imco: Pemex carece de la capacidad independiente (¡supersic!) para invertir en su futuro y se encuentra técnicamente quebrado (¡supersic!) debido al inmenso peso de su deuda. No especifica la cifra de la deuda (se deduce que han de ser los fondos de pensiones del sindicato del PRI y las compras alocadas del PAN para beneficiar a España: más de 9 por ciento de la disfuncional Repsol). ¿Cómo puede estar quebrada la empresa 36 del ranking mundial, que ingresa más de 125 mil millones de dólares al año? Nonsense!
 
El deseo primordial de Wood/WWC/ITAM/Imco es obscenamente cleptomaniaco: dejar que otros operadores (sic) entren al sector mediante trucos semiótico/contables de teleología bursátil entre contratistas y operadores. La enajenante frase clave: un contratista (sic), aunque reciba honorarios por sus servicios, no puede contabilizar (sic) las reservas de gas y petróleo, ni puede reclamar la propiedad (¡supersic!) de los hidrocarburos que ayuda a explotar, mientras el operador (¡supersic!) sí lo puede hacer. Traducción hierática: imponer el concepto de los operadores para contabilizar/bursatilizar las reservas de gas/petróleo y reclamar su propiedad (¡supersic!). Aquí subyace la gran trampa de exigir los cambios a la Constitución.
 
Bajo la bursatilización encubierta con una nueva técnica contable para los operadores, en forma paradójica, México acabará siendo importador-rehén de sus propios petróleo/ shale gas cedidos insensatamente a las trasnacionales anglosajonas.
 
No aprenden las lecciones: sucedió en Rusia con Boris Yeltsin y en Argentina con Carlos Menem.
 
Pemex/México no deben perder la propiedad ni el control ni la regulación extractiva.
FUENTE: LA JORNADA OPINION

Las frágiles bases del gobierno de Rousseff

Guillermo Almeyra
Como en casi toda América Latina, en Brasil no existen partidos estructurados, disciplinados, con una base ideológica distintiva, sino agrupamientos informes y heterogéneos de caudillos locales e intereses que saltan sin problemas de una a otra organización según sus conveniencias. El Partido de los Trabajadores, que nació mediante la acción común de los movimientos campesinos, de las Comunidades de Base, de los gremialistas combativos y luchadores contra la burocracia sindical progubernamental y de los restos de las diversas izquierdas, revolucionarias o no, fue rápidamente absorbido por el sistema e integrado al gobierno a partir, sobre todo, de la llegada de Luiz Inacio Lula da Silva a la presidencia del país e igual cosa le sucedió a la Central Única de Trabajadores (CUT) que el PT dirige y hoy no es una excepción ni tampoco una vía para canalizar la movilización popular.
 
Lula representó en el PT al centroderecha, se apoyó en los dirigentes sindicales y llevó al partido a la concertación con los más corruptos líderes y organismos de la posdictadura para lograr una mayoría parlamentaria, y aplicó una política esencialmente neoliberal y extractivista muy favorable a las grandes empresas, el agronegocio y el capital financiero, cubierta por una acción asistencial para los más pobres que, por importante que sea para quienes la reciben, tiene muy escasa incidencia en los gastos del Estado (por ejemplo, los vuelos ilegales de políticos en aviones oficiales absorben más recursos que la ayuda alimentaria a los pobres).

La historia brasileña, por otra parte, no conoció jamás un movimiento de masas independiente, y tanto Lula como su sucesora, Dilma Rousseff, no hicieron nada por una reforma agraria ni llamaron nunca a una movilización para imponer leyes favorables a las mayorías populares y para romper el monopolio capitalista oligárquico de los medios de comunicación y de las instituciones parlamentarias.

Como ya hemos dicho en artículos anteriores, la extensión que fue adquiriendo la lucha contra el aumento del precio del transporte que inició el grupo juvenil Pase Libre terminó por desnudar la impopularidad de una vida político-oficial basada en partidos totalmente ajenos a la ciudadanía y repudiados o ignorados por la mayoría de ésta, así como la fragilidad de la política gubernamental de alianzas políticas sin principios y pagadas con la corrupción para poder formar una mayoría parlamentaria que no permite, sin embargo, controlar ambas cámaras. Dilma, por ejemplo, propuso un plebiscito para aprobar un proyecto limitadísimo de reforma política que al menos hiciera a los partidos menos dependientes de los aportes de las empresas, pero el boicot del Parlamento congeló su proyecto y, de paso, impidió atender siquiera algunos de los reclamos de los manifestantes. Por si fuera poco, los parlamentarios, que gozan de enormes y odiados privilegios, se tomaron vacaciones de invierno y se declararon en receso, dejando al gobierno a merced de futuras movilizaciones. En lo inmediato, por consiguiente, la próxima visita del papa Francisco podría tanto darle una tregua al gobierno como ser utilizada para presionarlo con manifestaciones masivas como parecen indicar los sucesos en Río de Janeiro.
 
Mientras tanto, la situación económica sigue siendo difícil y sigue bajando la popularidad de Dilma Rousseff –candidata a la relección presidencial–, lo cual hace que en el mismo PT crezca la preocupación y se empiece a hablar de una nueva elección de Lula. Éste, mientras rechaza esa posibilidad, de hecho se coloca como pieza de reserva, insinuando su disponibilidad, y logra popularidad por contraste, incluso con el gobierno, declarando que los manifestantes tienen razón y sosteniendo que hay que reformar al Partido de los Trabajadores (que él formó, deformó y castró durante su liderazgo y sus sucesivos gobiernos).
 
Se refuerzan así las bases de un cesarismo particular verde-amarillo, verbalista y demagógico, que trata de asegurar mayor estabilidad a los sectores capitalistas más importantes y concentrados y de impedir que lo que queda de la izquierda del PT se reorganice, aplique medidas populares (ahora, por ejemplo, la gratuidad del transporte urbano) e intente dar un cauce político a la protesta democrática popular.
 
Al mismo tiempo, ya están surgiendo los Berlusconi brasileños que dicen que todos los partidos son iguales y que todos los políticos, sin excepción alguna, son corruptos. Aprovechando el bajo nivel cultural, político y organizativo de los trabajadores brasileños, estos políticos que gritan contra todos los políticos (son jueces o periodistas) y que son profundamente conservadores, persiguen dos objetivos a la vez: desestabilizar el gobierno del PT, Lula y Dilma y ganar influencia en las fuerzas armadas, cuya dirección está irritada con la presidenta por la intención de investigar los crímenes de la dictadura, y en la rosca formada por el agronegocio, el gran capital y Washington, los cuales quieren en el Mercosur y la Unasur un Brasil muy moderado.
 
La crisis mundial y regional estimula y acelera la lucha política y los enfrentamientos de clase. Tanto la estructura tradicional de la política y del Estado en Brasil como la dominación capitalista en el país pasan así por una nueva fase que es muy probable que se exprese en el interior del PT, el más partido de los no-partidos brasileños y en las relaciones entre gobierno y sindicatos petistas. La modernización salvaje de la economía y la sociedad, primero con el Estado Novo varguista, después con la brutalidad del supuesto desarrollo de la dictadura y, por último, bajo el progresismo neoliberal y de Lula-Dilma, dio como resultado una relación de fuerzas sociales más compleja y, en adelante, nada será igual que antes. Por fortuna.
FUENTE: LA JORNADA OPINION
 
Brasil o el retrato de Dorian Gray

Marcos Roitman Rosenmann
Foto
Brasileños observan los trabajos de construcción del palco donde el papa Francisco presidirá un encuentro en Copacabana. El pontífice visitará el país sudamericano del 23 al 26 de este mes
Foto Reuters
 
El narcisismo y el mito de la eterna juventud le pasaron factura a Dorian Gray, personaje de la novela de Oscar Wilde. Ocultando sus miserias bajo su retrato, Gray contemplaba que la pintura envejecía y emponzoñaba, absorbiendo sus vicios, mientras él permanecía lozano. Así, vivía entre la mentira, la cobardía, la corrupción y el asesinato. Buscó salida bajo una fórmula sencilla, reconoció, con la boca chica, sus debilidades, pero el cuadro seguía putrefacto. Harto y desesperado, en un ataque de ira, acuchilló su imagen. El resultado no pudo ser más funesto, mientras la pintura retomaba su forma original, Gray envejecía hasta la muerte, quedando su cuerpo irreconocible.
 
No creo que el gobierno y la élite política brasileña cambien. Sin duda, harán reformas, pactarán y abrirán canales de diálogo, todo ello con la boca chica. Tampoco se suicidarán. Brasil sufre el síndrome de Dorian Gray. Se quiere demasiado, sufre de narcisismo y autocomplacencia. La mayoría de los análisis, salvo excepciones, se ubican en este terreno. O bien presentan las movilizaciones sociales como resultado exitoso del modelo, o sólo se fijan en las protestas como un caldo de cultivo para desestabilizar, desde la derecha y la izquierda inconformista. En este caso, llaman a cerrar filas con el gobierno de Dilma Rousseff para evitar el retorno de una derecha cavernícola. En el fondo, ambas interpretaciones ocultan las contradicciones de un proyecto concentrador, se quiera o no, generador de nuevas y profundas desigualdades, apoyado en una clase política, a cuya mayoría no le incomoda vivir con altos niveles de corrupción, cohecho, tráfico de influencias, abuso de poder y enriquecimiento ilícito.
 
Entre las primeras reflexiones que avalan esta manera de enfocar la crisis se encuentra José Sarney, ex presidente de Brasil entre 1985 y 1990. Su tesis no tiene desperdicio. En un artículo periodístico, titulado El tsunami de Brasil, escribe: “Los datos macro y micro económicos son buenos..., en 10 años el sueldo mínimo subió 330 por ciento, el crédito se expandió de 22 a 54 por ciento del PIB y tras el ascenso a la nueva clase media de 42 millones de personas el consumo explotó. El gobierno tiene 65 por ciento de aprobación. El grado de felicidad con la vida también es muy alto. Los encuestadores preguntan: ¿Brasil es un buen lugar para vivir? Respuestas: bueno u óptimo, 76 por ciento; regular, 18 por ciento; malo o pésimo, 5 por ciento. En el sector externo las reservas cambiarias son de 378 mil millones de dólares y Brasil es el cuarto destino mundial de la inversión de capitales, con 65 mil millones de dólares en 2012. Su conclusión es un elogio a la desvergüenza. Sarney apunta: Las protestas tienen dos frentes..., no son 20 centavos de real, sino el tráfico (...), la tardanza de tres horas al día para llegar al trabajo respirando aire contaminado..., llenos de estrés y sufriendo la lentitud de 18 kilómetros de medio por hora en el tránsito, como carrozas de la Edad Media, y el segundo: La inseguridad y el miedo. 78 por ciento de los brasileños dejan sus casas con mucho miedo a ser asesinados. De este modo, la población de las grandes ciudades posee automóviles, llega a sus casas y encuentra un televisor, heladera, radio, todo tipo de equipos domésticos, pero pierde 10 por ciento de su tiempo, diariamente, en trasportarse, asombrada por el miedo y el estrés. Los brasileños, dice, han descubierto una infelicidad feliz. Se sienten insatisfechos, por una democracia harapienta; exigen más.
 
Bajo esta luz cegadora que encandila se esconde una zona de penumbra y oscuridad. A medida que nos alejamos del foco, emerge otra realidad. Durante mucho tiempo Brasil, su élite política y empresarios, jugaron al discurso de la integración, la lucha contra la pobreza, la incorporación de millones de brasileños a una nueva clase media. Sus dirigentes sacaron pecho. La derecha, la socialdemocracia y la izquierda institucional, se jactaron de tener un proyecto común. Una idea de Estado, una forma de encarar el futuro. Y lo comprobamos al ver cómo unos y otros se apoyan en los datos macroeconómicos y los proyectos sociales para derivar las protestas al campo de las insatisfacciones personales. Han desconocido las contradicciones de un proceso cuyos vaivenes transitan entre el igualitarismo keynesiano, los deseos de justicia social, la economía de mercado y las peculiaridades de un estilo de desarrollo capitalista trasnacional. Ingredientes necesarios para comprender el estallido social bajo otro prisma, el descrédito y la deslegitimación de un proceso que se agota.
 
Los megaproyectos deportivos, mundial de futbol y las olimpiadas, son el caldo de cultivo para hacer negocios, privatizar estadios, expropiar terrenos y expulsar a miles de familias de sus precarias casas, en un país cuyo déficit de vivienda alcanza 5 millones. Igualmente, la explotación de la soya y los agrocombustibles generan pingües beneficios, potenciando el latifundismo, el poder de las oligarquías terratenientes y las trasnacionales, sin olvidarnos del desastre ecológico y la deforestación, propias del monocultivo. Raúl Zibechi, en su más reciente libro, Brasil potencia, da buena cuenta de ello.
 
Frei Betto, ex confesor y amigo personal de Lula, escribió en 2006 un texto que daba cuenta de la desafección. La mosca azul. En él puso de relieve el alejamiento del proyecto inicial de Lula y su complacencia con empresarios, banqueros, empresas transnacionales y terratenientes, pasando a ser, Lula, un buen interlocutor en Davos. Hoy, en una aproximación a las movilizaciones, Frei Betto escribe: El mensaje de las calles es sencillo: nuestros gobiernos se han alejado de la base social. La sociedad política se divorció de la sociedad civil. Y más adelante: Ahora el gobierno se inventa el discurso de que sin partidos no hay política ni democracia. Pero basta con una hora de clase de enseñanza media para aprender que la democracia nació en Grecia muchos siglos antes de la era cristiana y mucho antes aún de la aparición de los partidos políticos.
 
Las reformas y los cambios emprendidos con los gobiernos de Fernando Henrique Cardoso, Lula y Dilma Rousseff han permito crear un mito: la grandeza de Brasil. Roberto Unger, quien fue ministro extraordinario de asuntos estratégicos de Lula, lo tenía claro al señalar su objetivo: De repente, Brasil se levantará..., reinventará el desarrollo en el momento mismo de relanzarlo. Democratizará el mercado, descentralizando el acceso a los recursos productivos... No aceptará tener que escoger entre un Estado que poco hace por la producción y un Estado que, en nombre de la producción, distribuye favores paniaguados. Gobiernos y empresas trabajarán juntos, sin privilegios, para identificar lo que debe hacerse.
 
No hay mucho más que agregar. Lo han hecho. Un gobierno coaligado con las empresas, que gobierna para ellas, con ellas, bajo un manto de poder corrupto. Y el pueblo, ¿dónde está? Pidiendo participación democrática. Nuevamente Frei Betto: He ahí el mensaje, gobierno del pueblo, con el pueblo y para el pueblo.
FUENTE: LA JORNADA OPINION

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