Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

lunes, 5 de septiembre de 2011

Liberación, descrédito y responsabilidad

Astillero

Marcelo se toma la foto

Felipe acera el puño

Chente se radicaliza


Polarización electoral

Julio Hernández López

ADVERTENCIA. Los fraccionamientos Los Olivos, Puente Grande, Santa Bárbara y Pueblo Viejo se encuentran inundados por el desbordamiento del río Cuautitlán, en el estado de México. Ayer, unos 200 vecinos de San José Puente Grande cerraron temporalmente la autopista México-Querétaro para exigir a las autoridades que retiren el agua que mantiene inundadas mil 700 viviendasFoto Víctor Camacho

Luego del casino Royale se ha acelerado la polarización social en ruta electoral. Bombardeado de propaganda gubernamental que celebra falsos logros nacionales, inducido al continuismo bélico y a la condescendencia con el oficialismo por las grandes cadenas de televisión, el ciudadano de a pie es empujado a definir si está a favor o en contra de los ejes narcotraficantes del mal, si apoya la lucha heroica que los comerciales relatan y los asimilados lectores de noticias encomian, o si acepta ser considerado un mal mexicano, una suerte de aliado o cómplice de los malos”, así sea en términos meramente virtuales, pasivos.

 

Es como un ensayo electoral o un referendo tramposo: Fox decía que no debía cambiarse de caballo a mitad del río, para impulsar la idea de que se siguiera votando por el PAN en 2006; ahora Felipe Calderón acera el discurso y cancela opciones pacificadoras (como hizo en su reciente informe privado de labores en un emblemático museo habilitado para una celebración retórica con invitados personales), porque pretende reducir las opciones electorales de 2012 a una sola posibilidad admitida, tolerable: la de seguir adelante con las operaciones bélicas, es decir, no cambiar de tanque de guerra a mitad de la batalla.

En torno a ese punto central se van rediseñando los caminos electorales. Vicente Fox Quesada sabe que en la mira de la sección de artillería pesada relacionada con los casinos está el pálido Santiago Creel, que ya recibió una primera llamada en Tijuana, con el Grupo Caliente, y ahora sabe que lo de Monterrey le lleva a él entre otros destinatarios. Felipe ya le tumbó a Fox la carta rasposa de Manuel Espino y ahora va por Santiago. Por ello es que el héroe de los Tratados de Puente Grande se ha levantado en armas declarativas contra su nunca bien apreciado sucesor, el chaparrito, pelón y de lentes (Chapelén), y en uno de esos giros tragicómicos de la política mexicana se está convirtiendo en crítico de la militarización y de las constantes violaciones a los derechos humanos y, en general, de la política felipilla de seguridad nacional.

El antecesor se aleja y un aspirante a sucesor se acerca. Marcelo Ebrard pudo haber saludado de mano a Felipe Calderón desde el primer momento en que asumió la gubernatura de la capital del país, como lo hicieron otros mandatarios de “izquierda” bajo el entendible argumento de que sus funciones públicas obligaban a entablar diálogo político y a sostener trato protocolario con el ocupante de Los Pinos, más allá de las consideraciones que tuvieran sobre la manera en que éste se hubiera hecho del poder. Pero Ebrard decidió negarse a reconocer aunque fuera gráficamente la legitimidad de Calderón, y practicó durante años toda suerte de tretas (algunas, rozando el infantilismo, como llegar y retirarse fuera de tiempo a actos con FCH, o ponerse tapabocas en una reunión sobre virus magnificados para enfatizar que sólo por eso estaba allí), enfatizando su decisión infranqueable de no dejar que fuese tomada una fotografía que significara alguna forma de aval al impugnado panista.


Toreando con la vista puesta en los tendidos, necesitado de aceptación y calidez en la zona brava de sol (azteca, pero más propiamente lopezobradorista), Ebrard cumplió dos tercios de faena sosteniendo su terno inicial (bordado en colores tabasqueños, aunque cada vez más diluido), pero en el último tramo comenzó a cambiar de casaca, sobre todo frente a bureles estatales de rara embestida, provenientes de campos de tres colores, a los que la empresa de Los Pinos negoció fueran enfrentados mediante paños polícromos, marca Alianza. De allí en delante todo ha sido un libreto previsible: declaraciones de abierto apoyo a la “guerra” calderónica, coqueteos con el tema de una candidatura PRD-PAN para 2012, primer saludo de mano dos meses atrás (pero sin gráfica), hasta desembocar en el quinto informe privado de labores, los aplausos a la estrategia bélica y el sonriente saludo de mano ante cámaras que es la expedición del certificado marcelo-camachista de legitimidad en busca de esa candidatura presidencial “no partidista” que según los estrategas compartidos sería la mejor, casi la única manera de enfrentar con posibilidades de éxito al desbordado Peña Nieto que está a dos semanas de dejar el poder estatal y lanzarse de lleno a buscar el federal.

En el flanco panista, mientras tanto, el improbable Cordero se esfuerza en jurar que si llega a ser presidente de la República mantendrá intacta la estrategia guerrera de su jefe actual, y la diputada federal nunca bien vista en el circulito íntimo de Los Pinos, Chepina Vázquez Mota, anuncia que dejará su curul este martes para dedicarse de tiempo completo a tejer su presunta candidatura a la que el súbitamente amable Felipe la empuja más con la idea de hacer contrapeso a Cordero, y eventualmente descalificarlos a los dos, a Ernesto y a Josefina, si es necesario abrir paso a una candidatura “externa”. Cordero no levanta y Josefina no es confiable para el jefe mínimo, de tal manera que, en términos estrictos, y considerando que Creel está en camino de pagar sus errores en el manejo de juegos y sorteos, el PAN sigue sin tener una carta fuerte, creciente, indeclinable. Todo sigue quedando en el puño del Señor de la Guerra y sus extraños juegos políticos dislocados de última hora.

En ese contexto, en el que todo tiene intención y sentido electoral, el casino Royale se convierte en ficha de una ruleta que paga en blanco y azul o en tres colores. En manifestación dominical en Monterrey, activistas de derecha pretenden culpar solamente al priísta Medina y al panista no calderónico Larrazabal, mientras priístas con ánimos calientes demandan la salida de Felipe Calderón y la no inclusión del minigobernador de Nuevo León en esa lista negra. Duelo de pancartas, mantas, gritos y partidismos. Polarizar, en ruta electoral.

Y, mientras en horas ha salido bajo fianza un alto funcionario defraudador sabido y demostrado, de clase mundial, ¡hasta mañana!

Fax: 5605-2099 • juliohdz@jornada.com.mx

Liberación, descrédito y responsabilidad

Aunas horas de haber sido detenido por elementos federales en el aeropuerto de Toluca, el ex directivo de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) Néstor Moreno Díaz, acusado de enriquecimiento ilícito por 33 millones 99 mil 292 pesos, fue liberado la madrugada de ayer, luego de que una juez en el Distrito Federal decidió no dar por cumplida la orden de aprehensión en su contra, por considerar que seguía vigente un amparo emitido por un juzgado de Monterrey. Por su parte, la Procuraduría General de la República (PGR) sostuvo en un comunicado que el citado amparo había quedado sin efecto desde antes de la captura, por lo que no existía motivo legal que impidiera detenerlo”, y anunció que impugnará la liberación de Moreno Díaz “para que enfrente el proceso penal por el delito que cometió”.

 

Con independencia de los vericuetos legales y de la viabilidad jurídica de que la PGR logre la reaprehensión del ex funcionario, el hecho de que éste haya sido liberado a unas horas de su captura constituye un nuevo fracaso de esa dependencia, la coloca en una nueva sima de descrédito frente a la población, y alimenta el escepticismo ciudadano ante las autoridades federales de procuración de justicia, que en otras ocasiones han quedado exhibidas por su deficiencia en la integración de acusaciones y expedientes, por la irregularidad en que suelen llevarse a cabo las aprehensiones y por su papel de gestoras de revanchas y golpeteos contra opositores políticos.

 

En el caso que se comenta, ese descrédito es justificado si se toma en cuenta que el ex funcionario liberado ayer arrastra un largo historial de acusaciones por corrupción: desde 1998, Moreno Díaz –quien entonces se desempeñaba como coordinador de Proyectos de Transmisión y Transformación de la CFE– había sido inhabilitado como servidor público por “diversas irregularidades cometidas en el desempeño de sus funciones”; sin embargo, permaneció en su cargo. Posteriormente, en 2000, fue presentada ante la PGR una denuncia en contra de Moreno Díaz y otros funcionarios de la CFE por un quebranto de 16.2 millones de pesos, pero las investigaciones correspondientes determinaron que no era responsable, y permaneció en su puesto. Dos años más tarde, el ex directivo de la CFE fue acusado por diversos ilícitos contra la paraestatal por el grupo parlamentario del PAN en la Cámara de Diputados, al que por entonces pertenecían los actuales titulares de Gobernación, Francisco Blake, y del Ejecutivo federal, Felipe Calderón. En ese mismo año, sin embargo, Moreno Díaz fue ascendido a la Subdirección de Generación de la CFE y, posteriormente, a la Dirección de Operaciones de la paraestatal, en 2007, bajo la gestión de Alfredo Elías Ayub.

Fue necesario que en una corte de Estados Unidos se demostrara que Moreno Díaz aceptó millonarios sobornos de una empresa trasnacional –entre los que se incluyen un auto de lujo y un yate– a cambio de contratos en la CFE, para que el funcionario solicitara licencia a su cargo y la PGR atendiera las inveteradas acusaciones de corrupción en su contra e iniciara las pesquisas correspondientes.

 

En más de una ocasión, ante los episodios de excarcelación de personajes impugnados y de presuntos infractores de la ley, el presidente Felipe Calderón ha señalado ineficiencia e incluso corrupción en el Poder Judicial. Tales dichos resultan improcedentes por partida triple: porque no es propio del titular de uno de los poderes de la Unión denostar en abstracto a los representantes de otro; porque, al no señalar casos concretos, las acusaciones se quedan en el terreno de la insinuación, y porque con afirmaciones como ésas pareciera que el jefe del Ejecutivo quiere eludir responsabilidad por la conducta cuando menos errática, omisa y descuidada con que se ha conducido el Ministerio Público en episodios como éste, lo mismo en administraciones pasadas que en la actual.

 

La deriva que acusa en la hora presente la procuración e impartición de justicia constituye un lastre fundamental para las perspectivas de un restablecimiento pleno del estado de derecho en el país, y eso no podrá corregirse mientras los responsables continúen culpando a otros ante la evidencia de su propia incapacidad.

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