México, DF. Cinco personas murieron y 6 más resultaron
heridas luego de que un camión que transportaba a 33 integrantes de infantería
de la Marina volcó tras impactar con un vehículo de carga en avenida
Insurgentes, al norte de la ciudad. Xinhua
Astillero
La verdad, según (¿san?) Felipe
Lo real y lo jurídico
Corrupción de clase mundial
Jolivudismo choricero
Julio Hernández López
ENCUENTRO EN EL CASTILLO DE CHAPULTEPEC. Genaro García Luna,
titular de la SSP; el presidente Felipe Calderón y el rector de la UNAM, José
Narro, durante el diálogo entre representantes de la casa de estudios y
funcionarios federales sobre la política de Estado en materia de seguridadFoto María Luisa Severiano
En días recientes –justo cuando se agudiza en Los Pinos el sabido
síndrome del fin de sexenio, que suele potenciar los rasgos más negativos del
paciente en turno– el licenciado Felipe Calderón ha dado en difundir como credo
imperativo su peculiar teoría de la verdad en sus dimensiones real y jurídica,
cansado, se dijo ayer, de estar haciendo las cosas bien una y otra vez (casi hasta el infinito), mientras los otros, los malos, los no verdaderos, los que piensan, juzgan y actúan distinto, le echan a perder las cosas.
Tales fórmulas de golpismo conceptual pintan de cuerpo entero lo que ha sido
el ejercicio calderónico del poder público: la verdad es verdadera en función de
lo que él y su equipo piensan y deciden. Todo lo que se ajuste a esa verdad
revelada corresponde al plano defendible de lo real, mientras todo aquello que
se oponga ha de ser considerado solamente formal, acaso impecable en términos de
técnica jurídica pero inaceptable, combatible, conforme a los trazos definidos
por el (mal) iluminado sexenal. Extraño es que ese abierto llamado a mandar al
diablo las instituciones provenga de alguien que haiga sido como haiga sido juró
cumplir los preceptos constitucionales en términos sustanciales y procesales,
pero aún más extraño es el silencio de los titulares o responsables de esa
institucionalidad agredida.
Silencio peligroso que convalida arranques no sólo sin fundamentos sino
incluso con efecto bumerán incluido: Felipe se enoja porque un juez dejó libre
bajo caución al grandísimo defraudador Néstor Moreno, que estuvo durante años en
la CFE en posición de robar y al que ahora se ha acusado de un delito,
enriquecimiento ilícito, que permite esa salida fácil de la cárcel y que es una
minucia comparado con el monto de las corruptelas de un funcionario de tercer o
cuarto nivel que seguiría impune y en su cargo si Estados Unidos no lo hubiera
exhibido. Candil de los jueces y oscuridad de la Secretaría de la Función
Pública. Ver la paja en el ojo judicial y legislativo sin ver la viga en el
ejecutivo. Enojos y exabruptos autoritarios, predictatoriales, en busca de tapar
con el dedo de un expediente mal armado el sol de la corrupción campeante en el
gabinete de los grandes negocios (muchísimo más que un yate y un Bruno, perdón,
un Ferrari).
Pareciera que los ánimos belicistas del comandante Calderón han llegado, a
pocas semanas de que su poder de por sí minimalista entre en declive real, a
extremos en los que de serle posible echaría al bote de la basura lo
institucional que le es ajeno o adverso y emprendería una purificación nacional
por la fuerza, desde arriba, desde su personalísima concepción de las cosas,
destituyendo y encarcelando a jueces corruptos y a legisladores flojos e
irresponsables, generalísimo en franco combate contra los que piensan diferente,
civil militarizado con ganas de instaurar una santísima junta de gobierno que
queme a los malvados e impíos y se solace en la recreación de sus verdades
verdaderas, las propias, las únicas.
Menos complicado, Enrique Peña Nieto ha cedido buena parte de su porción
declaratoria de presuntas verdades a su fuente sabida y comprobada de poder: la
pantalla. Dejad que los videos hablen por mí, sentenció el saliente gobernador
del estado de México en lo que fue su último informe de labores y el virtual
arranque de su campaña por la Presidencia de la República. Videocracia con aires
de entrega de los Quique: danza de millones convertida en bonitas filmaciones a
las que el maestro de ceremonias del espectáculo copetón daba paso mediante
palabrería menor, pues una imagen dice más que mil demagogias: te lo filmo
aunque te lo incumpla.
Bien hecho, por lo demás, que Peña Nieto redujera lo más que le fuera posible
su riesgosa exposición al problema de las ideas y su difusión pública. El
discurso de despedida estuvo lleno de lugares comunes y su, ejem, plataforma
filosófica e ideológica fue tan profunda y elaborada (un gobierno eficaz, como
si fuera antiácido efervescente) como la conducción de un programa de concursos
de la matriz intelectual peñanietista, la televisión. ¡Un carro!, podría haberse
escuchado como premio luego de la producción videográfica de ayer, pero los
asistentes más bien aspiraban, por lo pronto, a hacerse presentes para ir
integrando la lista de aspirantes al futuro reparto de la piñata soñada. Allí
estaban 16 gobernadores priístas y el
opositorÁngel Aguirre, compadre de Peña Nieto y carta de éste por el PRI para Guerrero que gracias al marcelismo-chuchismo acabó conquistando por la vía del PRD y anexos. Atrasito del Primer Copete del País (PCP), en las butacas, el garante de los tratos corleónicos entre Carlos Salinas y el partido de blanco y azul, el radiante jefe Diego.
No todo fue gel sobre hojuelas: al fasto del jolivudismo choricero habría de
oponerse la terca realidad verdadera de las inundaciones en parte del valle de
México, en especial en Cuautitlán. La desgracia tantas veces repetida, y tantas
veces anunciada como ya irrepetible, emitía imágenes verdaderas que contrastaban
con las verdades formales, discursivas, del estudio televisivo donde rifaban
futuro político.
Al sentencioso Calderón tampoco se le acomodaron bien los planetas. Peña
Nieto y su nuevo programa de variedades le ganaron audiencia notablemente, de
tal manera que el ya un poco repetitivo chou de Chapultepec no tuvo tanto jalón,
a pesar de que se incorporó parte de un elenco universitario en busca de que su
jefe sea electo para un nuevo periodo y de que, de ser posible, asome en alguna
candidatura el
ciudadanoantecesor en la rectoría. Tampoco le salió bien el numerito de los presuntos diálogos libres con ciudadanos: la primera entrega se grabó con decenas de cómodos asistentes que supuestamente planteaban preguntas espontáneas; ayer ya nomás fue acompañado por un afelpado
entrevistadorfrente a una pantalla de la que se leían preguntas cómodas, y tal vez en el siguiente episodio salga Felipe frente a un espejo, exhortando a preguntarse libremente lo que él ni se imagine. ¡Hasta mañana!
Fax: 5605-2099 • juliohdz@jornada.com.mx
¿Los logros de Calderón?
René Drucker Colín
En su Informe, Calderón señaló que sus
logrosen lo que va del sexenio se han visto opacados por la preocupación ante la inseguridad. Quizás ése haya sido su mayor y quizás casi único logro. En la televisión aparece todos los días señalando los diversos avances que gracias a su gestión han favorecido a la mayoría de los mexicanos. Entre ellos está la cobertura universal en salud, cuya realidad está lejísimos de lo que Calderón manifiesta, y los logros en educación superior, que igualmente son declaraciones desprovistas de sustento. Es sobre esto último que quisiera argumentar. Para mí está claro que Calderón y su gabinete simplemente no entienden bien lo que es la educación superior, pues impulsar ese rubro no es sólo
crear 96 universidades, como presume. Las universidades están íntimamente ligadas a la investigación científica y la tecnología. Universidad que no tenga y produzca ciencia no es universidad; sólo es una escuelita que regurgita lo que ya se sabe. Y si su profesorado no tiene buen conocimiento, hasta puede regurgitar mal y educar mal a los jóvenes, quienes, por tanto, saldrán con deficiencias. Las buenas universidades en el mundo lo son porque la mayoría de sus profesores son también investigadores, o sea científicos que están en la frontera del conocimiento. Esto es muy importante, porque desde siempre, pero hoy más que nunca, el conocimiento es un valor
intangibleque aprovechado al máximo es el factor de mayor impacto para el desarrollo económico de las naciones. De hecho, la generación, el uso y/o aplicación del conocimiento van íntimamente ligados a una política educativa hacia las instituciones de educación superior, donde se asegure que en ellas se coloque al mayor número posible de científicos y en paralelo se promuevan y faciliten las estrategias para que interactúen de manera efectiva con empresas de cualquier tamaño para generar innovación. Hoy día, el primer paso para asegurar un futuro prometedor para la economía mexicana es el desarrollo sostenido de la innovación, y esto último forzosamente pasa por universidades y/o centros de investigación, donde se produce la ciencia básica que genera los nuevos conocimientos que derivarán en nuevos productos o procesos.
Para mostrar la falsedad de los
logrosque dice Calderón tener en su feneciente sexenio vale la pena reproducir algunos datos recientemente publicados (2011) por el SCImago Research Group, que muestra algunos indicadores bibliométricos obtenidos al analizar el lapso 2005 a 2009, casi justo dentro de su periodo.
Este análisis genera una clasificación de universidades con base en cuatro
aspectos: 1) producción científica, 2) colaboración internacional, 3) calidad
científica promedio y 4) publicaciones en primer cuartil (o sea publicaciones en
el primer 25 por ciento de las revistas más prestigiosas del mundo). El análisis
es muy interesante y por falta de espacio me referiré sólo a los aspectos uno y
tres. En este documento se analiza un total de mil 354 universidades, incluyendo
públicas y privadas. De ésas, sólo 399 producen más de 100 artículos
científicos, y 955 (206 mexicanas) menos de 100. De esas 955, 172 (57 mexicanas)
producen un solo artículo al año. ¿Dónde quedarán las 96 de Calderón? Otro dato
interesante es para aquellos que piensan que las universidades privadas son
mejores que las públicas. Aquí se muestra que de las 20 más productivas de
México, 18 son públicas. Las dos privadas son el Tec de Monterrey,
lugar séptimo, y la Universidad de las Américas, lugar 20. El dato más grave, a
mi juicio, se refiere a la clasificación general iberoamericana. En la
producción científica de las primeras 20 universidades hay ocho españolas, siete
brasileñas, dos portuguesas, una mexicana (la UNAM), una argentina y una
chilena. La número uno es la Universidad de Sao Paulo, con 40 mil 192
publicaciones científicas, y la dos es la UNAM, con 17 mil 622. Lo increíble es
que la Universidad de Campiñas, en Brasil, una universidad relativamente
pequeña, está en tercero, con 14 mil 994 publicaciones, arriba de la de
Barcelona, que está en cuarto lugar, con 14 mil 630. Todo esto en 2010. Pero
para el periodo comprendido entre 2005 y 2009, España produjo alrededor de 204
mil publicaciones y Brasil 163 mil. México produjo poco más de 60 mil. Dentro de
todo esto, México y Brasil comparten un mismo problema. En Brasil, el sistema
universitario genera 92 por ciento del total de la producción científica. En
México, menos de 10 por ciento del sistema universitario (la gran mayoría
público) produce 85 por ciento de la comunicación científica. España, por otro
lado, produce 75 por ciento de su aportación científica a través de
universidades y 25 por ciento de otros sectores. Un punto final tiene que ver
con la calidad de la ciencia medida a través de este análisis en particular. Con
este proceso elaborado por ellos, un factor de 0.8 señala que una institución es
citada por otros 20 por ciento por debajo de la media mundial, y un valor de 1.3
indica que la institución es citada 30 por ciento más que la media mundial. Con
este análisis, la Universidad de Sao Paulo y la de Campiñas, así como la UNAM
comparten el factor 0.8, mientras la de Barcelona, por ejemplo, tiene un factor
de 1.4.
Se podrían señalar muchos datos más, por demás interesantes, por lo pronto,
con éstos se le podría señalar a Calderón y sus fabricantes de datos para el
Informe, que sus
logrosen educación superior no lo son; más bien ha fracasado, pues lo que debería haber desarrollado es una política de crecimiento y apoyo a todas las universidades públicas para que tuvieran la capacidad de crecer con ciencia en todas ellas, para que preparen a más y a mejores egresados que puedan enfrentar mejor los retos del país, dentro de los cuales está tener mayor capacidad para innovar, con el fin de crecer económicamente. Por lo pronto, tache al Informe, pues, gracias a la más baja inversión en ciencia y tecnología en la historia reciente del país, nos vamos quedando rezagados frente al nuevo gigante iberoamericano, que es Brasil.

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