Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

domingo, 9 de junio de 2013

Bajo la lupa- Brasil y su duda: ¿cómo votará la nueva clase media?- Las elecciones en el Cono Sur


Bajo la lupa
¿Disimulado G-2 de Obama y Xi?: hacia un nuevo tipo de relación militar-militar
Alfredo Jalife-Rahme
Foto
Xi Jinping y Barack Obama ayer en Rancho Mirage, California
Foto Ap
 
Tras haber instituido el espíritu de Chichén Itzá en Yucatán –el diálogo de civilizaciones milenarias china y maya mediante el poder cultural que trasciende la vulgaridad mercantilista–, el mandarín Xi concluyó su asombroso periplo a Latinoamérica y el Caribe, supuesto patio trasero de EU (John Kerry dixit), para acudir a la cumbre del destino con su homólogo Obama en Sunnylands, donde se define el tipo de relación entre las dos superpotencias, una en decadencia (EU) y otra en ascenso (China).
Según China Daily (6/5/13), la cooperación económica, la ciberseguridad y la península coreana están en lo más alto de la agenda de la cumbre informal. Otros asuntos a tratar serán las disputas territoriales en Asia Pacífico y las acciones militares de EU y China en la región.
 
 
Ruan Zongze, vicepresidente del Instituto de Estudios Internacionales de China, divulga la serie de nuevas características que han emergido en las recientes relaciones sino-estadunidenses ( China US Focus, 5/6/13) cuando en su charla del 14 de marzo pasado Obama y Xi acordaron establecer un nuevo tipo de relación entre las grandes potencias caracterizada por una asociación cooperativa basada en una competencia saludable (sic) en lugar de una rivalidad estratégica, con el fin de desafiar en un ambiente de desarrollo pacífico el estereotipo histórico de que un país poderoso buscará definitivamente la hegemonía.
 
 
El desafío será pasar de los juegos suma cero a una inédita cuan idílica coexistencia competitiva de suma positiva.
 
 
Ruan cita al premier chino, Li Keqiang, quien comentó que el vasto océano Pacífico tiene suficiente espacio para acomodar a las dos superpotencias cuando el desarrollo de las relaciones bilaterales en los pasados 40 años mostraron que los intereses comunes prevalecieron sobre las diferencias, por lo que el futuro debería ser testigo de una mayor convergencia de tales intereses. Desde luego, pero EU y China no son los mismos 40 años después. Ruan sugiere que sea de importancia sobresaliente esbozar un mapa de ruta que determine la orientación del desarrollo futuro de las relaciones bilaterales mediante un nuevo modelo de interacción y comunicación.
 
¿Podrá perdurar en el traspacífico una armónica coexistencia competitiva en la mentalidad darwiniana transatlántica consustancialmente bélica?
 
De la agenda bilateral, la cooperación económica es la más negociable: la interdependencia de las dos superpotencias geoeconómicas es tal que su colisión hundiría el mismo navío en el que se encuentran”, como acentuó Hillary Clinton, ex secretaria de Estado.
 
Cuando China dispone ya de la supercomputadora más veloz del mundo que desbancó a EU (RT, 8/6/13), el asunto de la ciberseguridad se ha vuelto una obsesión del gobierno Obama tanto sobre el exterior –en la que acusa al Ejército de Liberación Popular de China de hurtar secretos ultrasensibles y de sabotear sus nodos cruciales– como en el interior, con su escándalo Prisma, donde todo usuario de Google, Facebook, Verizon y Apple somos espiados por el orwellianismo de un Estado ciberpoliciaco global.
 
Es en referencia a Norcorea donde se ha gestado mayor afinidad de intereses, ya que China ha apretado las tuercas mediante medidas coercitivas al gobierno de Pyongyang para promover la desnuclearización peninsular y la reanudación de las negociaciones con Sudcorea.
 
Visto así, pareciera, engañosamente, que China está cediendo antes de sentarse a negociar cuando se desconoce cuál será el quid pro quo de EU que no tiene más que conceder parte de su poder hegemónico.
 
A cada quien su radar. Llama la atención que la prensa británica denote una angustia extrema desde The Financial Times hasta The Economist, que describe en su sarcástica portada el amasiato secreto ininteligible para el resto del mundo entre Obama y Xi: Brokeback mountain / Secreto en la montaña. ¿Se trata de un disimulado G-2 que no se atreve a pronunciar su nombre?
 
Arvind Subramanian, becario del Peterson Institute for International Economics, conjetura que es muy probable un gran arreglo ( Financial Times, 4/6/13), lo cual requiere que EU ceda algo de su poder omnímodo en el FMI/BM; a mi juicio, muy desahuciados cuando EU ha perdido el control de la OMC, ya no se diga de la FAO, en beneficio del BRICS. Subramanian sueña con que Xi se conformará con las migajas de los organismos internacionales caducos, cuando el nivel de relación alcanzó ya el sensible grado de negociación militar, como expuso el flamante secretario del Pentágono, Chuck Hagel, en su ponencia en el reciente Diálogo de Shangri-La, en Singapur –patrocinado por el IISS, think tank británico–, al ubicar el nuevo marco referencial de la relación bilateral como militar-militar: justamente pa­ra no caer en errores de cálculo y de equivocadas percepciones de las intenciones.
 
Jamil Anderlini, del Financial Times (6/6/13), rememora que hace cinco años China rechazó la propuesta de un G-2 y juzga que tal idea ha sido adoptada y cambiada tranquilamente con otra marca por Pekín mediante un nuevo tipo de relación entre las superpotencias que significa la copia pirateada (sic) de la propuesta de Obama, lo cual marca un inmenso giro en la forma en que China intentará tratar con el mundo en adelante.
 
Anderlini conjetura que el peligro del enfoque de China en el exclusivo nexo con EU creará fricciones por doquier debido a que su optimización unilateral a un nivel de relaciones iguales entre las superpotencias ha degradado simultáneamente su vínculo con los demás y juzga que bajo la cosmogonía de un nuevo G-2 inspirado por China, los demás países fuera de EU no son grandes potencias por definición y, por tanto, son desechables (¡supersic!) y pueden ser ignorados. ¿De dónde saca tal cosa Anderlini en la era multipolar? ¿Dónde queda Rusia, en estado de perplejidad frente al G-2 disimulado? ¿Qué advendrá del BRICS? ¿Se gesta un G-2 disimulado con traslapes multipolares y mutidimensionales?
 
Conclusión: el verdadero desafío consistirá en derrotar el determinismo histórico del surgimiento de una potencia que desplaza a la decadente potencia hegemónica: plasmado en el factor Tucídides (el temor de Esparta ante el ascenso de Atenas que provocó la Guerra del Peloponeso, más de 2 mil años atrás; Bajo la Lupa, La Trampa Tucídides, 3/6/12) y en el ascenso de Alemania que perturbó a Gran Bretaña hace más de 100 años (Bajo la Lupa, El memorándum Crowe, 24/4/13). ¿Quién posee el antídoto para desintoxicar a los belicosos multimedia de EU, a mi juicio, la variable más descontrolada? ¿Podrá la empatía personal de Obama (muy débil internamente, en su ocaso gestionario) y Xi (muy poderoso en el frente doméstico, al alba de su década gerencial) frenar a sus maquinarias frente a las contingencias imponderables? Los factores personales cuentan mucho, pero los factores estructurales de las maquinarias multimediáticas y militares a los dos lados del traspacífico pueden resultar ­indomables.

Brasil y su duda: ¿cómo votará la nueva clase media?

Eric Nepomuceno
En Brasil se dice que Luiz Inacio Lula da Silva anda comentando con amigos que está un tanto arrepentido por haber adelantado la campaña política para las elecciones que, en octubre de 2014, decidirán si Dilma Rousseff permanece en la presidencia o si es sucedida por algún opositor.
 
En Brasil –bueno: en realidad, en todas partes– se rumora mucho sobre lo que dicen que andan comentando los políticos. Pero la verdad es que hay una cierta lógica en lo que se rumorea. El ambiente está tenso, y ya empiezan a ser trazadas las estrategias con la mirada puesta en 2014, principalmente en la oposición.

Acorde a la legislación electoral, la campaña empieza en julio del año que viene, tres meses antes de las elecciones. ¿Por qué Lula se anticipó un año y medio? Para terminar con otro rumor, que decía que él sería el candidato del Partido de los Trabajadores, el PT. Frente al riesgo de que tal rumor debilitara al gobierno de Dilma Rousseff, Lula da Silva quiso aclarar el escenario.

Resulta difícil imaginar que con su habilidad y, principalmente, intuición, Lula no haya sopesado los riesgos. Quizá por esa experiencia acumulada en décadas del quehacer político siga aparentando tranquilidad frente a la tensión que impera entre los partidos de la esdrújula y muy desigual alianza de gobierno, de un lado, y la presidenta de otro.

Tampoco aparenta inquietud por la contundencia del postulante del Partido de la Social Democracia Brasileña, el mismo PSDB del ex presidente Fernando Henrique Cardoso, el senador Aécio Neves, único hasta ahora declaradamente candidato.

Neves parece dispuesto a realizar lo que el sociólogo y ex presidente Cardoso viene defendiendo desde hace tiempo, hasta ahora en vano: entender que su PSDB no tiene cómo disputar con el PT el electorado más pobre. Sus propuestas son mejor digeridas y defendidas por las clases medias. Son su mejor platea. Cualquier intento de conquistar el voto de los pobres resultará inútil.

Ahora bien: a lo largo de los últimos 10 años Brasil experimentó una extraordinaria ola de inclusión social. Alrededor de 50 millones de brasileños ingresaron en la clase media. Es verdad que integran la llamada ‘clase C’, o sea, la baja clase media, el último peldaño. Pero ya no se sienten pobres. Tienen otras demandas, otras exigencias y expectativas.

Son el resultado de un intenso programa social llevado a cabo por el PT, primero con Lula y ahora con Dilma. Los estrategas del PSDB pretenden lanzarse a un juego tan osado como arriesgado: dejar claro, a la clase C, que el PT es perfectamente capaz de solucionar los grandes dramas sociales del país, pero muy poco capaz de dar los pasos siguientes.
 
Es decir: incapaz de asegurar crecimiento económico y desarrollo, neutralizar el dragón de la inflación, garantizar las conquistas alcanzadas por esos mismos millones de brasileños. El PT es bueno para emergencias, pero malo para asegurar lo conquistado.
 
El liberal PSDB tiene a su favor la estabilidad monetaria alcanzada en 1994: fulminó el fantasma de la hiperinflación y llevó a Fernando Henrique Cardoso a la presidencia por dos veces consecutivas. Pretende mostrar ahora que tiene mejor capacidad de gestión que el PT, y que está mejor habilitado para retomar el crecimiento de la economía, mantener y ampliar la oferta de empleos y proyectar el futuro con bases sólidas.
 
Es una apuesta de altísimo riesgo. La popularidad de Dilma Rousseff sigue por encima de 60 por ciento de la población, acorde a las encuestas más recientes. Lula continúa siendo un formidable transferidor de popularidad. El carisma que falta en Dilma sobra en Lula.
 
La estrategia de Dilma pasa por varios puntos. Todo dependerá, en buena medida, de la economía. Este año hay consenso: el crecimiento será pequeño, inferior al 3.5 por ciento del PIB inicialmente proyectado. Y la inflación podrá, una vez más, situarse alrededor de 6 por ciento anual.
 
No es el mejor cuadro. Crecimiento flojo e inflación fuerte son el plato favorito de la oposición. Por esa razón Dilma dio un giro fuerte en su política económica: decidió dar combate abierto contra la inflación y esperar que la retoma de la economía empiece a ganar impulso a partir del cuarto trimestre del año, avanzando con fuerza en 2014, el año clave.
 
El PSDB parece dispuesto a apostar todas sus fichas en un escenario que sea el inverso del previsto por Dilma y el PT.
 
Queda, entonces, la gran duda: ¿cómo reaccionará la nueva clase media? ¿Esos 50 millones de brasileños defenderán el proyecto que los sacó de la pobreza, o defenderán los intereses de los que siempre les pidieron que esperasen un poquito más porque su hora ya llegaría?
Bueno, su hora ya llegó, ¿y ahora, qué?
FUENTE: LA JORNADA OPINION
 
Las elecciones en el Cono Sur

Guillermo Almeyra
En varios países del Cono Sur se realizarán –en un lapso relativamente breve– elecciones muy importantes. Sobre todas ellas pesa la sombra de la muerte dramática de Hugo Chávez y la incertidumbre respecto al curso posterior del proceso bolivariano, que crea la difícil situación económica en que se encuentra el gobierno de Nicolás Maduro, socio de todos esos países en el Mercosur y la Unasur.
 
Si tuviésemos que resumir al máximo el análisis, se podría decir que en Bolivia, Brasil, Uruguay y Argentina los futuros gobiernos estarán en una situación más difícil que en el pasado y entrarán en un periodo de turbulencias, y que sólo Chile estará mejor, ya que es casi segura la derrota de la derecha en la sucesión del gobierno desastroso y conflictivo de Sebastián Piñera.

En primer lugar, los que por profesión o masoquismo intelectual se dedican a echar incienso a los gobiernos progresistas, sólo ven cuando hay que encontrar excusa a una mala noticia nacional, debe ser considerado, en cambio, como un factor fundamental para el análisis de las perspectivas. Me refiero al curso probable de la economía mundial, del cual ellos prescinden en sus proyecciones como si sus respectivos países estuviesen situados en Marte y no en este atribulado planeta en crisis económica política, social y ecológica.

Ahora bien, la levísima recuperación de la economía estadunidense tiene bases muy frágiles, y el único sector al que realmente le va bien es el financiero, precisamente el causante de la crisis. Por su parte, las economías china y la de India, cada vez más importantes para Venezuela, Brasil y Argentina, tienen ahora un crecimiento inferior al de hace unos años (China crece cerca de 6 por ciento, contra el 8 considerado mínimo para evitar graves conflictos sociales, y muy lejos del 10 de hace un lustro). Por consiguiente, las cuantiosas inversiones, sobre todo chinas, y las compras masivas de bienes primarios, si bien no pueden disminuir demasiado, dado el tamaño que han logrado esas economías, de todos modos podrían estancarse o incluso disminuir. La recesión europea, al mismo tiempo, perdurará y se agravará en el periodo próximo y Estados Unidos está sustituyendo el petróleo que importa con el que extrae de los exquistos bituminosos, lo que disminuye, tendencialmente, su dependencia de Venezuela (y también tendencialmente hace temer por los excedentes venezolanos de la venta de petróleo que han servido para sostener el Alba, Petrocaribe y los planes en Unasur). En cuanto a Caracas, estamos en la hora del ahorro y del reordenamiento de una economía que gasta más de lo que obtiene vendiendo su petróleo, tiene deudas que hay que pagar y deberá recurrir a la racionalización económica, si no al racionamiento de muchos productos de consumo esencial que deben ser pagados en divisas cada vez más escasas.

En segundo lugar, la luna de miel de gobiernos como el argentino o el boliviano con las mayorías dejó el paso a un casamiento de interés, o sea, al apoyo a gobernantes que empiezan a aparecer no como salvadores, sino como los menos peores. No hay duda de que el kirchnerismo ganará las elecciones parlamentarias de octubre próximo y muy probablemente mantendrá su mayoría en ambas cámaras, pero 54 por ciento de los votos que obtuvo Cristina Fernández posiblemente se reducirá a 35 o 40 por ciento, lo que convertirá al kirchnerismo en la primera minoría, agravando sus tensiones internas, con vistas a las presidenciales de 2015.
 
Igualmente, la sucesión de José Pepe Mujica –casi seguramente por un segundo mandato de Tabaré Vázquez– marcará una oscilación hacia la derecha en el Frente Amplio y en el país, y agravará la posibilidad de nuevos conflictos con Argentina y de acercamientos a Estados Unidos.
 
En Bolivia, por su parte, Evo Morales sin duda reafirmará su mayoría con el apoyo de los campesinos, pero en las ciudades –con el Movimiento Sin Miedo y la Central Obrera Boliviana y su partido de los trabajadores– tendrá una oposición de izquierda, y ya no una de derecha, porque la misma está hecha trizas. Los conflictos sociales y ecológicos estarán a la orden del día y Bolivia agravará su dependencia de los mercados brasileño y argentino, y de la exportación de gas y minerales para la industria ajena.
 
En Chile, en cambio, la candidatura de Michelle Bachelet, que cuenta con el apoyo del Partido Comunista, probablemente, si la futura presidenta cumple sus promesas sobre la educación estatal, gratuita y laica, canalizará hacia el aparato estatal parte de la protesta social urbana y rural, lo cual dará relativa paz y oxígeno político al gobierno reformista y tibio de Bachelet, pero habrá que ver qué cambios se producen en la política exterior de Chile y si el país se acercará al Mercosur y reforzará la Unasur o mantendrá su alianza privilegiada del Pacífico con Perú, Colombia, México (y Estados Unidos). La piedra de toque será próximamente la posición chilena ante el conflicto marítimo con Perú y ante la reivindicación boliviana de su salida al mar.
 
En todos los partidos y grupos que apoyan a los gobiernos del Cono Sur se están tejiendo y retejiendo a toda máquina alianzas externas e internas, pues también estarán en juego gubernaturas, diputaciones, bancas de senador y alcaldías, o sea, poderes locales.
En todas partes las oposiciones, como en Argentina, son muy heterogéneas y están muy desunidas como para presentar en las urnas una alternativa creíble. Por ese motivo recurrirán cada vez más brutalmente a su poder de facto, a los medios de información, que funcionan como partidos de opinión, y a las palancas económicas que dominan en el campo financiero o de la exportación. En resumen: dada la falta de una alternativa de izquierda, la lucha en el establishment será aún más dura en este periodo de vacas flacas.
FUENTE: LA JORNADA OPINION

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