Astillero
Provocación rupturista
Saludar, remover
En busca de alianza 2012
Casino Nuevo León
Julio Hernández López
El jefe del Gobierno capitalino (como los demás ocupantes de los
poderes ejecutivos en México) tiene la libérrima facultad de designar o remover
a sus funcionarios, pues a fin de cuentas éstos no se sustentan en ningún
mandato proveniente de urnas, sino en la misma voluntad cambiante del que sí ha
sido electo por votos. Desde ese ángulo, la destitución de Martí Batres no
debería adquirir especial relevancia, a pesar de lo inusual que resulta el
anuncio de una remoción directa en el retorcido catálogo de hipocresías y
eufemismos de la política mexicana.
Pero el despido tronante del secretario de desarrollo social del Gobierno
capitalino adquiere una significación trascendente por cuanto tiene como causa
el expreso cambio de postura del titular, Marcelo Ebrard, respecto a puntos
clave para entender a la izquierda electoral actual y para definir su futuro
inmediato: al despedir a Batres porque éste había criticado el incongruente
saludo de mano a Calderón, el enojado Ebrard camina a contrasentido y traiciona
al movimiento social que constituyó su llave de acceso al poder que hoy ejerce
no por fuerza política propia sino como derivación de un proceso que, entre
otras cosas, estableció un tajante rechazo a reconocer legitimidad a quien es
señalado por ese movimiento como producto de un fraude electoral histórico (se
puede estar en favor o en contra de esa sentencia, pero tal fue la emitida por
el movimiento que lo llevó a la jefatura de Gobierno, y a ella, en esos
términos, se avino sin protesta y con aparente convencimiento absoluto en los
primeros años, hasta desembocar en el giro legitimador que se perfiló con más
claridad a partir de las alianzas del PRD y el PAN en ciertos estados, y ahora
en el saludo y la sonrisa durante el informe privado de labores de
Calderón).
El cambio de actitud de Ebrard con Calderón tiene, además de las
implicaciones de tipo personal entre el funcionario capitalino y el movimiento
social que lo llevó al gobierno, un ingrediente altamente peligroso para la
continuidad de la izquierda electoral en el poder capitalino y para la
definición del posible candidato de unidad en 2012. Ebrard pareciera decidido a
romper cualquier posibilidad de entendimiento con el segmento lopezobradorista,
no por la vía de las declaraciones o de la discusión de los detalles sobre
encuestas de opinión para decidir la máxima candidatura del año entrante, sino a
través de hechos contundentes, tajantes e ineludibles: aun cuando el futuro
desposado obtuviera un triunfo inequívoco en las encuestas de opinión que habrán
de realizarse por instrucciones del PRD, es evidente que Andrés Manuel López
Obrador y el Morena han quedado inhabilitados por el propio Ebrard para acabar
apoyándolo hacia la Presidencia a partir del envenenado saludo de mano que
significa reconocimiento a la legitimidad política de Calderón.
No ha de pensarse, sin embargo, que la tardía vocación rupturista de Ebrard
proviene de un arrebato o un mal cálculo. A Ebrard le conviene arrinconar a AMLO
y a su movimiento en el masivamente bombardeado terreno marginal de la defensa
de los principios políticos, entre ellos la negativa al reconocimiento de quien
se considera robó la Presidencia del país. El astuto Marcelo quiere parecer
moderno, dialogante, ajeno a pugnas del pasado y dispuesto a tender puentes,
para así convertir en
positivoslos juicios
negativosque se atribuyen a López Obrador por su terquedad política. Además, su objetivo no está en las eventuales encuestas perredistas de opinión ni en esa candidatura del sol azteca en sí ni de la trinidad que supuestamente podría formar con el PT y la ex Convergencia. Marcelo busca que el proceso de alianzas PRD-PAN en los estados se corone con la consecuente postulación de un candidato aliancista a la Presidencia de la República. Por ello está empeñado en mantener las vías de comunicación política que se ensancharon a partir de las alianzas electorales estatales y en dar muestras de colaboración con el calderonismo, específicamente al jugar el disminuido papel de jefe Diego del perredismo, dispuesto a legitimar de facto al antes acusado de fraude electoral al que ahora se ve como viable aliado electoral. Ayer mismo, por lo pronto, una de las casas
encuestadorasque prepararon el fraude electoral de 2006 anunció que Ebrard lleva ya una ventaja de 19 puntos sobre AMLO rumbo a 2012.
SESIÓN PLENARIA. Registro de asistencia, este martes,
durante la sesión plenaria de la Cámara de Senadores –presidida por el panista
José González Morfín–, donde se leyeron las conclusiones del grupo de trabajo
sobre el Acuerdo Comercial AntifalsificacionesFoto José
Antonio López
En esas tandas de oportunismo galopante es posible ver cómo las muertes en un
casino de Monterrey se han convertido en material para ajustes de cuentas
políticas y electorales. El cuarto de guerra de Los Pinos ha hecho que la visión
pública gire de los 52 muertos y la desgracia en sí, a la historia del hermano
incómodo del presidente municipal de la capital de Nuevo León y sus fabulosos
quesos, hasta llegar al punto en que el cúmulo de complicidades,
irresponsabilidades y corrupción ejercidas por funcionarios de los tres niveles
y de PRI y PAN está desembocando en la metralla política contra el alcalde
panista pero no calderonista, Fernando Larrazabal, y, desde luego, el gobernador
priísta Rodrigo Medina, al que José Natividad González Parás impuso como sucesor
a contrapelo del berrinche felipista porque no pudo hacerse de esa plaza
estratégica. Ayer, en un pronunciamiento taimado, el PAN solicitó al alcalde
Larrazabal que dejara el cargo por 30 días para dar paso a una indagación
profunda de sus presuntos nexos con la mafia de los casinos, a lo que el
impugnado respondió que hoy tomará una decisión. Pero la jugada de blanco y azul
pretende catapultar esa solicitud de licencia de su correligionario indeseado,
Larrazabal, hacia el priísta Medina, a quien se exige similar separación del
cargo. El mapa electoral del año entrante se está dibujando con rojo.
Y, mientras Calderón formaliza la procuraduría de atención a las víctimas que
va causando, y el Consejo de la Judicatura Federal dice que atenta contra la
estabilidad nacional quien acusa a jueces
sin fundamento, por consigna y más aún, sin pruebas, ¡hasta mañana, con las escuelas de Acapulco
blindadas!
Fax: 5605-2099 • juliohdz@jornada.com.mx
Mal y de malas-Hernández
El informe virtual del señor Calderón
Luis Linares Zapata
Precedido por un alud propagandístico sobre sus logros y magnas
intenciones, el señor Calderón volvió a organizarse un selectivo informe a la
nación. Dicho acto, y el concomitante mensaje personal, resultó una defensa a
ultranza de su belicosa postura contra el narcotráfico. A los demás temas les
dedicó la otra mitad del tiempo en su, pretendidamente, esforzado y firme
discurso. Escala de prioridades que refleja las urgencias para dejar algún
rastro defendible de su gestión. Tarea en la que ha sido sujeto, repetidamente,
a fuerte crítica opositora y amplia controversia. Pocos, si existen en verdad,
lo han escuchado con beneplácito. El resto de los comentarios ha transcurrido,
de lo negativo para con sus alegatos, a lo insustancial de sus pretensiones de
presentarse como fiero timonel en medio de adversidades ajenas. La mayoría, en
cambio, vio un Calderón sitiado, abrumado por la ingobernabilidad, rijoso y
empeñado en seguir, hasta el último día de su periodo, atado a esa su decisión
original que ya ha costado decenas de miles de vidas.
La campaña publicitaria previa fue, en verdad, intensa hasta rayar en lo
desquiciante. A las miles de cápsulas informativas, a manera de espots, que
fueron lanzadas al aire en todas las estaciones de radio y de televisión del
país habría que añadir las prolongadas y repetidas entrevistas concedidas (o
solicitadas) a diversos conductores de medios. La prensa escrita también fue
utilizada, aunque en mucha menor proporción. Del costo no se informará pero, con
seguridad, alcanzará varios cientos de millones de pesos, tal vez bastante más
que eso. El centro de tal derroche lo ocupó el Seguro Popular, el barco insignia
de sus mentidos alcances en el bienestar colectivo. Programa diseñado para
evitar, para saltar, para disfrazar la actual incapacidad gubernamental de
cumplir –atendiendo a la infraestructura vigente– con el explícito mandato
constitucional: la obligación de prestar servicios de salud a quien lo
requiera.
El señor Calderón, sin duda, tiene la ilusión de repetir la experiencia que,
auspiciada por su antecesor (Fox), le permitió salir del agujero en el que su
candidatura se encontraba a finales de 2005 y principios de 2006. Era, en efecto
y merecidamente, el colero de la contienda. La intensa glorificación foxista de
programas de corte social (vivienda, Seguro Popular, Oportunidades y otros) hizo
el costoso milagro de auparlo. Fox y su costosísima cuan tramposa difusión de
vacíos, o de plano inexistentes, programas sociales, inyectó la mermada imagen
de una administración panista plagada de vaivenes, rencores, frívola, ineficaz y
con errores al por mayor. Imagen artificiosamente inflada que auxilió, en los
meses previos a la cuestionada elección, la candidatura del señor Calderón. El
TEPJF de esos aciagos tiempos no se atrevió a anular el proceso completo, tal
como lo exigía su propia jurisprudencia. Todo quedó en una interesada
amonestación: el presidente puso en riesgo la elección, concluyeron temerosos
los ministros.
En buena parte lo que ahora hizo el señor Calderón obedece a esas dos
pretensiones ya probadas con anterioridad. Una, para prestigiarse a él mismo y
justificar, desde la virtualidad, su accionar ante la pequeña historia del
panismo en el poder. La otra para dar un empujón al heredero de esa grey panista
que ha quedado atrapada en el pasmo, la corrupción, el mediano talento y la
hipocresía. Así, el contraste entre lo que se prefiguró, tanto en el mensaje
enviado como en el profuso despliegue difusivo que ya prolongan con desmesura,
respecto a la realidad circundante, es mayúsculo. Fuera del majestuoso recinto
del Museo de Antropología, usado para enmarcar tan insulso espectáculo, las
circunstancias en que se debate la República son de gravedad insoslayable. Lejos
quedaron, según un recuento hecho desde el oficialismo (Coneval), los muchos
millones de nuevos pobres o, desde otra perspectiva igual de cruenta, ese 70 por
ciento del total de mexicanos que sufren una o más carencias básicas. Además,
por todos lados corre un airecillo, con ráfagas dolientes y de muerte, que cala
hondo pues proviene de esa violencia ensangrentada que espanta a todos los que
por aquí se empeñan en sus quehaceres cotidianos. Ya nada escapa al desasosiego
generalizado. Enormes porciones del territorio nacional han sido sustraídas al
control del Estado por parte del crimen organizado. En ellos, tal como lo
afirmara hasta un capitoste de la iniciativa privada regiomontana, no se ha
caído más hondo en el actual desbarajuste porque así lo impiden los propios
criminales.
La administración del señor Calderón, como antes la del vaquero
guanajuatense, ha contado con un enorme caudal de recursos para financiar con
holgura sus programas. Han, también, incurrido en similares derroches, deuda
pública desbocada y exigua obra pública. El bienestar del pueblo sigue cojeando
por varios de sus lados, la educación en primerísimo lugar. La mancuerna que
ambos han hecho con la lideresa sindical (EEG) ha resultado costoso experimento.
El crecimiento económico prometido en sendos como repetidos discursos ha quedado
en simples arranques y quiebres que, al final, muestra índices raquíticos, los
peores de la inhumana época neoliberal. Es por ello que el señor Calderón
quiere, una vez más, ensayar un salto al vacío. En esta ocasión no soltó, por
cierto pudor acaso, uno más de sus famosos decálogos de acción futura. Hoy se ha
refugiado en la oferta de las televisoras para tratar de confundir al mayor
segmento posible de mexicanos. Algo ha logrado en su intentona, es cierto, pero
también mucho se le ha salido de control y quedará como remanente a la hora del
recuento de votos.

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