Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

miércoles, 12 de junio de 2013

Astillero- Ensanchar la desigualdad- Constantino en Monterrey- Productividad y reformas estructurales

Astillero
Reiteraciones sospechosas
Del 1DMX al halconazo
PRI, peor ahora: priísta
Durango, un ejemplo
Julio Hernández López
Foto
EN LA AVENIDA JUÁREZ. Manifestantes marchan al Zócalo para demandar la libertad de 22 jóvenes detenidos el pasado lunes y protestar por la actitud represiva de los gobiernos federal y local
Foto Carlos Ramos Mamahua
 
El gobierno capitalino parece decidido a repetir esquemas policiacos desafortunados frente a protestas de tintes previsibles. El uno de diciembre del año pasado el regreso del PRI al poder federal significó en la capital del país la reinstalación de confusos episodios en los que, mezcladas la infiltración y la provocación con la legítima protesta política, se dio el banderazo de salida a un proceso de amedrentamiento y confusión en la sede de la máxima oposición social y electoral a ese retorno del dinosaurio de tres colores.
 
A pesar de la enorme cobertura mediática del asunto, de la existencia de un costoso sistema de vigilancia mediante cámaras de video y de las redes de inteligencia del gobierno capitalino, los verdaderos responsables de un vandalismo nunca antes cometido en áreas tan céntricas pudieron fugarse y hasta ahora no han sido identificados y procesados específicamente por tales hechos, aunque a manera de compensación, como si el propósito fuera otro, decenas de personas sin vinculación con esa violencia fueron detenidas, golpeadas y consignadas a las autoridades correspondientes, aunque luego en su enorme mayoría quedaron en libertad.
 
Los sucesos del llamado 1DMX, bajo el mando de quien en ese momento ocupaba la jefatura de gobierno, Marcelo Ebrard, no parecieron dar demasiadas lecciones al siguiente mandatario, Miguel Ángel Mancera, a quien se ha seguido reprochando la sostenida opacidad respecto a lo que sucedió ese día y la falta de castigo a quienes violaron garantías constitucionales y derechos humanos. A pesar de que apenas unos días después de ese 1DMX ya se conocían las identidades de la mayoría de quienes cometieron tal vandalismo, la decisión política fue la de no actuar judicialmente, para no calentar más el ambiente político, a sabiendas de que esos grupos y esos hechos violentos volverían a expresarse en coyunturas siguientes.
 
En la conmemoración del 10 de junio correspondiente a este año, los emplazamientos fueron los previstos: grupos de jóvenes, muchos de ellos encapuchados o con pañuelos en el rostro, preparados para enfrentar a las fuerzas policiacas que, a su vez, recibieron instrucciones de resistir las acometidas violentas hasta que decidieron comenzar a realizar aprehensiones que en muchos casos no se dirigieron hacia los ejecutores sabidos e identificados de la violencia, sino a partícipes en la protesta política y en el recuerdo de lo sucedido en San Cosme en 1971.
 
La reiteración de esquemas mueve a preguntar si el uso de la provocación y los infiltrados corresponde a un proyecto de desestabilización política en el Distrito Federal permitido o tolerado por las propias autoridades tan de fofa consistencia ideológica que parecen ir creando las condiciones para que la izquierda pierda posiciones de poder.
 
El PRI está haciendo todo para ganar a fuerza, poniendo las instituciones al servicio de las instituciones y el gobierno y no del interés general, actuando de manera mafiosa y metiendo miedo a todo mundo y en especial a quien piensa, habla o actúa de manera diferente, según ha denunciado en Durango el diputado Luis Enrique Benítez Ojeda, legislador local del Revolucionario Institucional, con 27 años de militancia en este partido.
 
En el PRI estamos peor que en los ochentas cuando había fraude electoral, robo de urnas y tache ilegal de boletas, dijo el legislador priísta. Ahora, las cosas se hacen bajo pedido a las instituciones: es tanto el miedo que tiene el gobierno de perder las elecciones que ha caído en excesos, obstaculizando todos los días a la coalición de PAN y PT, con el instituto electoral al servicio del gobierno mediante Rafael Herrera Piedra (primo del gobernador Jorge Herrera Caldera) como enlace, una especie de Don Corleone que baja las instrucciones.
 
Benítez fue diputado federal de 2006 a 2009, formó parte del equipo del ex gobernador Ismael Hernández Deras y sus adversarios aseguran que ha acerado la crítica luego que el actual mandatario le cerró la puerta para ser candidato a presidente municipal de la capital del estado. Otros tres personajes priístas pararon en la cárcel en un episodio de disenso respecto a la línea del gobernador Herrera: el ex alcalde de Gómez Palacio, Octaviano Rendón; el ex diputado Hipólito Pasillas y el dirigente campesino Javier Colchado, a quienes se acusó de despojo y robo en oficinas de la Confederación Nacional Campesina.
 
Según el diputado Benítez, la fiscal fabricó en ocho horas todo un historial para meterlos a la cárcel “porque no piensan igual que el gobernador o el gobierno (...) Estamos regresando al fascismo, al nazismo, a la época de los cristeros (...) lo de Rendón nos debe apanicar a todos, pues la regla ahora es ‘te sales del huacal y así te va’”. Nadie dice nada, todos tienen miedo: Los medios callan, les interesa más la lana a los dueños. Los empresarios, cooptados... los profesionistas... los estudiantes, todos andan allí, arreglados. A mí no me van a contar, tengo 27 años en esto, sé cómo se las gasta mi partido, sé lo que han hecho, lo que hemos hecho... pero hoy hay excesos, el pri no necesita todo eso (...) andan los funcionarios metidos, hay recursos públicos, en horas de trabajo, están obligando a los funcionarios a hacer redes, a hacer reuniones para los candidatos, a fuerza, y si no los corren (en video: http://bit.ly/10a8Uhw).
 
Y, mientras los debates entre candidatos a puestos de elección popular llegan a niveles de agresión física como la sufrida ayer por Julio Saldaña, ex panista ahora postulado por el PRD a la presidencia municipal de Veracruz, entre acusaciones de traición, corrupción y otras linduras lanzadas a los abanderados por parte de grupos de PRI, PAN y PRD, que a su vez se atacaron entre ellos, ¡hasta mañana, con diputados perredistas que en Morelia se enfrentaron a policías que finalmente aprehendieron en el congreso michoacano a cuando menos 11 estudiantes de telebachillerato que protestaban en ese recinto donde fue activado un extinguidor de incendios, a causa de lo cual fue suspendida y luego reanudada la sesión legislativa!
Twitter: @julioastillero
Facebook: Julio Astillero
Ensanchar la desigualdad

Luis Linares Zapata
Sin importar el ya trágico fracaso del modelo neoliberal como ruta única del poder establecido en México, se continúa, bajo su égida y sin miramientos, ensanchando la desigualdad imperante. Paso a paso, sin descanso ni dudas, y hasta de manera acelerada, se acumulan tanto la riqueza como las oportunidades en ciertos grupos y personas. Y, como su obligada consecuencia, la precariedad y la miseria se instalan entre las mayorías. La evidencia empírica así lo muestra ya sin tapujos que valgan, tanto aquí como en casi todo el mundo. La caída del poder adquisitivo de los salarios, en el último cuarto de siglo (1987 a 2013) es de 80 por ciento. Sólo la acción concertada entre distintas clases de elites (bajo el mando financiero) y los medios de comunicación, han podido disfrazar los devastadores efectos de tal fenómeno. Una colección de académicos y difusores, bien apoyados por los beneficiarios de tan grotesco sistema, acuden presurosos para proclamar, de todas maneras, la inminente república del progreso prometido.
 
Esta perversa forma de gobernanza se inició en los centros hegemónicos allá por los años ochenta. La llegada a la presidencia de Ronald Reagan fue el punto de quiebre con el estado de bienestar antes imperante. A partir de ese momento la andanada contra los trabajadores y, en versión más abarcadora, contra todo aquel que no derive ingresos de su capital se inició a escala global. Antes de esos fatídicos años, el régimen impositivo para lo que se llamaba Corporate America era de 52 por ciento sobre los beneficios. Fueron aquellos los mejores tiempos de expansión económica y de bienestar creciente para los estadunidenses. Pero Reagan bajó los impuestos hasta 35 por ciento. Introdujo además variados subterfugios y desregulaciones que, aprovechados, han resultado en tributaciones de cuando mucho 17 por ciento. En la práctica hay empresas que pagan bastante menos que esa cantidad: Amazon (6 por ciento), Boeing (7 por ciento), Carnival (0.6 por ciento). Otras, como las listadas en la bolsa mexicana, aprovecharon la ola y ni siquiera pagan eso: todo lo eluden. Así, la aportación del capital a los ingresos del fisco estadunidense que era, antes de los ochenta, de un tercio del total (33 por ciento), empezó rápidamente a declinar. En consonancia con las reformas neoliberales su contribución se redujo hasta llegar, con las adicionales desgravaciones de Bush hijo, a ser de un raquítico 8 por ciento. El financiamiento de la inversión y el gasto público recayó, desde entonces y de manera inclemente, sobre el factor del trabajo, que ya aporta 80 por ciento del total. El efecto sobre la desigualdad, por tanto, ha sido monstruoso. El argumento para desgravar al capital fue el de inversiones crecientes y, derivado de ello, la creación de empleo. Ninguna de las dos cosas sucede de ese modo: las utilidades se van a la especulación y la precarización y el desempleo aumenta.
 
Esta situación de penuria hacendaria, similar a la de cualquier país, es la que, en efecto, viene generando el denostado déficit fiscal. Situación que no sólo afecta a Estados Unidos, sino a casi la totalidad de la Unión Europea, África, o a América Latina. La mediatización imperante inclina las culpas a la intervención del Estado en áreas no convenientes (económicas) o se le adjudica el mal al sindicalismo, al Estado obeso o, peor aún, al gasto social: léase pensiones, vivienda, educación, cultura o salud. Hasta la investigación científica resulta afectada y se recortan las cruciales inversiones en estas áreas. Las únicas entidades que se salvan de la chamusquina son las bancarias. A éstas se les rescata a costa de todo.
Tan injusta y maligna situación se enseñorea por todos lados bajo el férreo control del gran mundo de las finanzas con sus bancos centrales y los organismos multilaterales (FMI, BM) como brazos ejecutores y propagandísticos. México ha sido, en esta práctica, un alumno adelantado. Las aportaciones del capital al fisco aquí son por demás ralas, no llegan a 4 por ciento del PIB. Se suplen, de manera insuficiente, imponiendo un régimen de gestión (exportar crudo) e impositivo por demás perverso a Pemex. Bien se puede decir, con justicia y sin demagogia ni exageración alguna, que la riqueza petrolera del país se viene usando para subsidiar a todo aquel que extrae sus ingresos del capital a su disposición. Un grupo por demás minúsculo de la población del país.
 
Las razones, esgrimidas desde la casi totalidad de las tribunas, para castigar de tal manera al grueso de la población son varias. Todas, sin embargo, van mostrando sus garrafales fallas de lógica y justicia. Se asegura que la legislación laboral recién aprobada incrementará el empleo. Para ello es necesario precarizarlo vía la destrucción del actual. El régimen de pensiones privatizado acaba de perder 80 mil millones de pesos. Se dice que se recuperará. Posiblemente lo pueda hacer, pero será en el largo plazo. Mientras, pasarán años y los haberes de los trabajadores resentirán el faltante al momento de hacer efectivas las pensiones. Es por este tipo de razones que los suecos, después de privatizar (Afores) su régimen público de reparto, han retornado a él. Similar ruta siguieron los argentinos. Los chilenos, progenitores del sistema, lo han modificado sustancialmente ante el fracaso ya experimentado. La salud privada resulta sustancialmente más cara que la pública. De ello pueden dar pruebas contundentes los estadunidenses y su insostenible sistema de salud apoyado en aseguradoras privadas. Las lecciones que pueden extraerse se expresan en una narrativa que reza: una gran parte de los mexicanos ya no aceptan ser gobernados de esta, poco transparente, manera. Y, en contraparte, el poder establecido ya no puede gobernar como antes lo hizo.
FUENTE: LA JORNADA OPINION
 

Otro caso-Helguera

Constantino en Monterrey

Carlos Martínez García
Para información de la alcaldesa de Monterrey no se trata de la visita de algún cantante grupero a la capital de Nuevo León. No, el Constantino al que nos referimos es el emperador romano que en el siglo IV cambió el estatus de la Iglesia cristiana, que por decisión suya transitó de ser perseguida a transformarse en la fe oficial del imperio romano.
 
Margarita Arellanes Cervantes es militante del Partido Acción Nacional. En un acto convocado por la Alianza de Pastores de la capital neoleonesa, el sábado pasado la alcaldesa se sintió con la autoridad suficiente como para tomar la iniciativa de entregar Monterrey a Nuestro Señor Jesucristo para que su reino de paz y bendición sea establecido. Abro las puertas de este municipio como la máxima autoridad.

Arellanes Cervantes se suma con su acción a los gobernadores de Veracruz (Javier Duarte), que consagró el estado al Doloroso e Inmaculado Corazón de María, y al de Chihuahua (César Duarte Jáquez), que tuvo a bien consagrar la entidad al Sagrado Corazón de Jesús. Ambos mandatarios coincidieron en celebrar sus actos consagratorios con la bendición de las autoridades católicas de su respectivo estado.

La diferencia de lo realizado por la alcaldesa de Monterrey con las consagraciones de los gobernadores de Chihuahua y Veracruz estriba en que ella no hizo su entrega de la ciudad a Jesucristo ante algún arzobispo u obispo católico romano, sino en un acto en el cual estuvo rodeada de pastores evangélicos. El marco de la ceremonia fue la campaña Monterrey ora, auspiciada por liderazgos evangélicos de la llamada Sultana del Norte.

Ante las críticas que su acción ha desatado en varios medios, Margarita Alicia Arellanes ha ratificado que ella es católica, aunque siempre dispuesta a participar en actos convocados por personas de otros credos que buscan el bienestar de Monterrey. También ha subrayado que su entrega de la urbe a Jesucristo la hizo a título personal y no como funcionaria. Esto queda desmentido por el video en el que claramente dice abro [a Jesucristo] las puertas de este municipio como la máxima autoridad. Luego entonces, para desmarcarse de su piadosa ofrenda, ha incurrido en una flagrante mentira.

Cuando los políticos en público hacen ostentación de su religiosidad hay que dudar de que lo hagan movidos por una fe sincera y cristalina. En ellos y ellas siempre está presente el cálculo de costo-beneficio en la imagen. Lo realizado por la alcaldesa de Monterrey es un constantinismo sui generis, porque mientras el emperador Constantino tuvo el poder para hacer que sus gobernados se convirtieran en cristianos so pena de ser considerados enemigos de la poderosa Roma, ella nada más dejó constancia de su buena intención que no tendrá repercusión alguna en la vida cotidiana de los ­regiomontanos.
 
No obstante, la carencia de repercusiones que hemos apuntado no debe llevarnos a banalizar la entrega de la ciudad a la idea que de Jesucristo tiene quien gobierna la capital de Nuevo León. A veces la frontera entre un acto piadoso y el mesianismo es muy tenue, y es mejor no intentar cruzarla. Porque una vez adentrados en el mesianismo uno de sus resultantes es considerar las críticas como ataques directos a la divinidad, cualquiera que sea la imagen construida que tenga de ésta el político en turno que se cobija bajo ella.
 
El Jesucristo de los evangelios, que tal vez no sea el mismo al que Margarita Arellanes ofrendó la ciudad, reiteró a sus discípulos y discípulas que la forma en que debe evaluarse las creencias de las personas es mediante sus actos y no a través de melosas palabras con que una y otra vez se hacen grandilocuentes confesiones de seguir la voluntad de Dios.
 
En el Nuevo Testamento el profeta que más veces se cita es Isaías. Cuando Jesús inicia su ministerio público, de acuerdo con el evangelista Lucas, en la sinagoga de Nazaret lee una porción de Isaías: El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, a pregonar el año del favor del Señor (Lucas 4:18-19). Después Jesús dijo a sus oyentes que con él se cumplía lo escrito por Isaías, y les dio una lección poniendo de ejemplos a los paganos, personificados en una viuda de Sarepta, Sidón, y a Naamán el sirio. Los reunidos en la sinagoga se enfurecieron contra Jesús, lo expulsaron del pueblo e intentaron arrojarlo a un precipicio.
 
Deslizo que muy probablemente el Jesucristo al que la alcaldesa consagró la ciudad de Monterrey tiene muy poca relación con el que describen Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Este Jesús ridiculizó a los poderes político, económico y religioso de su tiempo. Y dejó muy en claro que nadie puede decretar la cristianización de la sociedad desde el poder. Seguirle a él es un acto voluntario, y no una resolución de políticos inspirados que confunden la esfera gubernamental con el ámbito de las conciencias de los ciudadanos. Así que es necesario exigirle a la conmovida alcaldesa que no violente lo normado por el mismo Jesús y por las leyes que marcan la laicidad del Estado mexicano.
FUENTE: LA JORNADA OPINION
 
Nueva semántica política-Fisgón
Productividad y reformas estructurales

Alejandro Nadal
En los últimos meses el gobierno mexicano ha insistido en que la productividad ha mantenido una tendencia negativa durante muchos años y que el remedio se encuentra en las reformas estructurales. Este planteamiento es muestra de una extraordinaria ignorancia sobre teoría y economía aplicada.
 
Los funcionarios mexicanos, con el secretario de Hacienda a la cabeza, señalan que la productividad total de los factores ha estado disminuyendo desde hace casi 20 años. El concepto de productividad total de factores está plagado de problemas insuperables (a nivel teórico y de medición) y debería ser abandonado. Aquí nos concentramos en la productividad del trabajo, noción que en términos generales mide las unidades producidas por horas trabajadas.

Los datos existentes sobre productividad en México no permiten construir una serie larga para hacer comparaciones rigurosas en el tiempo. La causa es que los cambios en la metodología para recabar datos los hacen incomparables. A pesar de ello, numerosos estudios revelan que las tasas de crecimiento de la productividad del trabajo fueron sistemáticamente más altas en el periodo 1950 a 1975-80 que en el periodo 1982 a 2005-08. Es decir, mientras se aplicaba la estrategia de industrialización por sustitución de importaciones la productividad del trabajo creció a ritmos superiores a 3 por ciento; en cambio, a partir de la introducción del neoliberalismo ese indicador se desplomó y mantuvo una tendencia a la baja (decrecimiento de aproximadamente menos 0.2 por ciento anual).

Desde hace mucho tiempo se sabe que existe una alta correlación entre la inversión productiva y el incremento en productividad. Es normal: la inversión es el canal a través del cual el cambio técnico conduce a niveles más altos de productividad por hombre ocupado. Por ese motivo, la evolución de la productividad depende de manera decisiva de la inversión productiva o de la formación de capital fijo (no residencial) en una economía. Así que lo primero que hay que hacer es examinar cómo evolucionó la inversión en México. Las estadísticas históricas revelan que antes del neoliberalismo la inversión total en México como porcentaje del PIB se mantuvo en niveles relativamente bajos: alrededor de 22 por ciento. Las estadísticas del FMI para el periodo posterior a 1980 indican que la inversión se sitúa alrededor de 24 por ciento del PIB. Para fines de comparación, en países como Malasia o Tailandia, esos niveles oscilan alrededor de 35 por ciento. Hay que señalar además que estos datos corresponden a la inversión total (incluyendo la residencial). Los números relacionados con máquinas y estructura directamente productiva son más bajos. Todo esto quiere decir que el mal desempeño en materia de productividad está íntimamente relacionado con los bajos niveles de inversión productiva.
 
Pero, ¿qué no se suponía que el neoliberalismo sería un catalizador para la inversión? Después de todo, el modelo neoliberal estaría basado en todas las buenas cosas que adoran los inversionistas privados: minimización de la intervención estatal, macroeconomía sana, apertura comercial y desregulación financiera. ¿Por qué no aumentó la inversión privada? La respuesta se encuentra precisamente en las contradicciones del modelo neoliberal cuya prioridad no es el crecimiento, sino la lucha contra la inflación a través de la contracción de la demanda con represión salarial, altas tasas de interés y una severa restricción fiscal. Por si eso fuera poco, en el caso de México el problema también proviene de su particular inserción como apéndice de la economía de Estados Unidos. Para decirlo en pocas palabras, la apertura comercial, la desregulación financiera y el síndrome de la industria maquiladora distorsionaron los patrones de inversión, descorazonando a la inversión productiva. Desde este punto de vista, no sorprende la deficiente evolución de la productividad.
 
La inversión pública es otro factor que favorece el crecimiento de la productividad. Pero en México la inversión pública se ha desplomado desde que en 1982 se impuso una restricción al gasto con el fin de pagar la deuda pública. Por eso México mantiene niveles bajísimos de inversión pública a lo largo de todo el periodo neoliberal (alrededor de 5 por ciento del PIB). En economías como las de Tailandia, Malasia o la India dicho indicador se mantiene cerca de 15 por ciento. El bajo nivel de la inversión pública envía una señal negativa a las expectativas de ganancias de los inversionistas privados (o lo que Keynes llamaba la eficiencia marginal del capital), con lo que se refuerza la tendencia a mantener bajos los niveles de inversión.
 
La conclusión es sencilla: son precisamente las llamadas reformas estructurales de corte neoliberal las que han provocado la caída en la tasa de crecimiento de la productividad. Los funcionarios mexicanos, tan mal informados como siempre, son incapaces de llevar a cabo un análisis serio sobre productividad. Lo único que saben hacer es desplegar en el desfile ideológico nociones que nunca han entendido.
FUENTE: LA JORNADA OPINION
Negociación regia y divina-Magú

No hay comentarios:

Publicar un comentario