Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

domingo, 16 de junio de 2013

Bajo la lupa- Las tramas civiles de los golpes de Estado en AL

Bajo la lupa
Ciberespionaje financiero por Prisma/NSA/Israel/Grupo Carlyle
Alfredo Jalife-Rahme
 
El superescándalo or­we­lliano Prisma –hurto de datos privados sin el obvio consentimiento de los inermes ciudadanos globales mediante la colusión cibernética entre EU e Israel (Bajo la Lupa, 12/6/13)– ha ultrajado a muchos países afectados, como India, China y la Unión Europea (UE).
 
Hasta ahora no ha salido ninguna protesta informal, menos formal, del México neoliberal itamita cooptado con la presunta presencia de un topo en Cofetel bajo la ignominiosa ley Telecom que entrega la ciberseguridad nacional al cibercomando de EU, cuyo director es el mismo de la NSA: encargada del desciframiento criptológico de datos sensibles, que incluyen la base de datos funancieros susceptibles de alterar el curso de las cotizaciones bursátiles. El ultraje global hace bola de nieve y el nuevo ciberhéroe Edward Snowden vuelve a atizar el superfuego de Prisma al revelar el ciberespionaje de Estados Unidos (EU) a varios sitios estratégicos de China ( Foreign Policy: 10/6/13; SCMP: 12/6/13, y Global Times/ People’s Daily: 13/6/13), en colusión con la mafia china Tríada, lo cual profundiza las acusaciones mutuas que se han desencadenado entre Washington y Pekín.

Mientras el gran periodista Glenn Greenwald, de The Guarͭdian (que desató la tormenta perfecta), promete mayores revelaciones estrujantes, una parte del escándalo orwelliano de Prisma que versa sobre la captura de los secretos financieros, ha sido poco abordada debido a su carácter especializado y que ya había adelantado con la instrumentación del SOPA/CISPA (“Ciberseguridad: ‘Momento Pre-11/9’, según el Pentágono”, Bajo la Lupa, 21/10/12) y el manejo oligopólico de las supercomputadoras y sus cotizaciones en nanosegundos mediante el llamado high frecuency trade (HFT: mercado de alta frecuencia) del que dependen 60 por ciento los intercambios accionarios en EU y la UE: hoy instantáneamente preprogramados con algoritmos.

En mi ponencia premonitoria La Internet: el control geopolítico de EU en la UAM-X (Ba­jo la Lupa, 21/10/12) advertí que “el senador demócrata Ron Wyden condenó a CISPA por crear un ‘complejo ciberindustrial’ que permitirá al gobierno y al big business lucrar con la información personal (sic) de cualquier ciudadano con conexión a Internet”. Wyden afirmó que la industria de ciberseguridad se beneficia del miedo y secuestra los datos privados de los ciudadanos. Snowden, tras haber laborado para la CIA, acaba de ser despedido de la sede en Hong Kong de la misteriosa consultora Booz Allen Hamilton, asentada en Virginia (no muy lejos de la matriz de la central de espionaje) –que no pocos señalamos como excrecencia de la legendaria CIA– que asesoró a los gobiernos panistas de la entreguista dupla Fox/Calderón.

Ahora resulta que el polémico Grupo Carlyle –firma de inversiones ( equity firm) que maneja 176 mil millones de dólares (¡uf!) a mayoría texana controlada por el nepotismo dinástico de los Bush con el ex premier británico John Mayor, a quien se le deben muchos favores militares globales–, es el principal tenedor de las acciones (69 por ciento) de la misteriosa consultora Booz Allen Hamilton (Dealbook/NYT, 10/6/13; The Washington Post, 11/6/13 y The New American, 13/6/13).

Llama la atención que el polémico Luis Téllez Kuenzler, presidente de la Bolsa Mexicana de Valores –donde han ocurrido varias interrupciones extrañas del sistema operativo que naturalemente benefician a alguien y perjudican a otros en sus cotizaciones volátiles– haya pertenecido al siniestro Grupo Carlyle. ¿Forman parte del operativo Prisma tanto Téllez como Cofetel con su presunto topo muy expuesto y entrenado en Israel?

The Washington Post señala que las revelaciones de NSA colocan a Booz Allen Hamilton y al Grupo Carlyle bajo una inconfortable luz pública. Grupo Carlyle se nutre del sector militar y se consagra a comprar y vender de todo: desde refinerías hasta ferroviarias. La principal característica de la dupla Booz Allen Hamilton/Grupo Carlyle: convierten los secretos del gobierno en ganancias. ¡Así cualquiera!
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Edward Snowden, el domingo pasado en Londres
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Booz Allen Hamilton, con 24 mil 500 empleados (¡supersic!), que acaba de abrir una oficina en Abu Dhabi (Emiratos Árabes Unidos) para la lucrativa venta de armas en el Golfo Pérsico, fue adquirida en 2 mil 540 millones de dólares por Grupo Carlyle en medio de la crisis de 2008 y obtuvo ingresos por 5 mil 800 millones de dólares al cierre del reciente año fiscal. Son evidentes los nexos del ciberespionaje Prisma con los complejos militares de EU e Israel.
 
Ya repasamos el control de Ve­rint por el complejo cibermilitar de Israel, mientras Narus, otra trasnacional israelí implicada en Prisma, fue cofundada por Ori Cohen –anterior vicepresidente de VDONet–, cuenta con una supercomputadora instalada en el gigante de telecomunicaciones AT&T y tuvo como su director a William Crowell, anterior vicedirector de NSA, lo cual exhibe la ciberbidireccionalidad de EU/Israel. Narus fue comprada por Boeing, firma mayúscula del complejo militar-industrial de EU.
 
En forma perturbadora, Business Insider (12/6/13) expone cómo la elite de mercaderes de acciones tienen acceso a los datos antes que nadie. La agencia británica Thomson Reuters, en connivencia con la Universidad de Michigan, suple varios parámetros a sus selectos suscriptores mediante su latencia ultrabaja de información privilegiada de cinco minutos (sic) antes de que llegue al público cuando dos segundos (sic) en el tiempo de HFT es una eternidad. Moraleja: la divulgación selectiva de datos secretos privados/públicos capturados ilegalmente por el ciberespionaje dual de EU/Israel Prisma (Googgle, Face­­book, Yahoo, Microsoft, Skype, AOL, Apple) gracias a las hazañas y sañas de la CIA/NSA/Mossad ostentan además un valor descomunal agregado y multiplicado por la azorante tecnología de las supercomputadoras que cotizan mediante su imbatible HFT con sus fulminantes dados y dedos cargados.
 
Dedefensa.org (11/6/13), think tank europeo que ha consagrado mucho espacio al superescándalo Prisma –quizá el mayor de la historia de la humanidad por sus alcances totalitarios de orwelliana ciberpolicía global– expone el singular punto de vista de Max Keiser, anterior mercader de Wall Street que brinda su célebre Reporte Keiser para Russia Today (que tiene una audiencia excepcional en Youtube).
 
Dedefensa presenta a Keiser como “especialista de tecnologías virtualistas y del dinero virtual del circuito financiero (nota: el inescrutable bitcoin) y asesor de la prospectiva de los mercados bursátiles”. Keiser juzga que el asunto Prisma/Snowden es el momento Cronkite de la guerra contra el terror con sus consecuencias”. Cronkite fue el célebre comentarista de CBS quien definió en la primavera de 1968 que EU no podía ganar la guerra en Vietnam, lo que obligó al presidente Johnson a una graciosa fuga en do mayor.
 
En forma similar, a juicio de Keiser, la develación de Prisma socava la confianza en la capacidad de Obama para conducir su política interna/externa con la afectación concomitante del volátil mercado de Bonos del Tesoro.
 
Keiser devela el desprendimiento de buena parte de sus bonos por Bill Gross, director de Pimco (mayor tenedor de bonos del mundo), quien confesó haber participado en la ingeniería de una puerta trasera para la base de datos y la información sensible (sic)de 50 empresas de EU para los manipuladores del mercado y el uso de HFT con el fin de alterar las cotizaciones a conveniencia. ¡Demoledor!
 
El crimen muy bien organizado de la plutocracia global, apuntalado por el ciberespionaje dual de EU/Israel, gobierna las bolsas mundiales: otro totalitarismo financierista.
Twitter: @AlfredoJalife
Facebook: AlfredoJalife
 
Las tramas civiles de los golpes de Estado en AL
Marcos Roitman Rosenmann
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Efraín Ríos Montt, durante una audiencia en marzo pasado
Foto Ap
 
La muerte del dictador argentino Jorge Rafael Videla y el enjuiciamiento fallido de otro, el guatemalteco Efraín Ríos Montt, nos retrotraen a una de las etapas más negras de la historia de América Latina: la guerra contra la subversión, el socialismo-marxista y el comunismo. Para llevarla a cabo se fortaleció la alianza cívico-militar entre las clases dominantes y las fuerzas armadas, convirtiendo a la institución castrense en el partido político de la burguesía. Ya no se trataba simplemente de reponer a las viejas oligarquías en el sillón presidencial. Se buscaba asegurar el proceso de acumulación de capital dentro de una nueva versión del capitalismo trasnacional, cuya esencia suponía desarticular los partidos políticos de izquierda, los sindicatos de clase, los movimientos sociales y también a las burguesías de corte nacionalistas. Quienes pensaron en esta perspectiva tenían claro que se trataba de inducir una revolución para refundar el orden político. Era obligado soltar lastre, deshacerse del sobrepeso contenido en el discurso seudodemocrático de las burguesías desarrollistas de corte keynesiano y, sobre todo, quebrar la ciudadanía, fomentando la despolitización y persiguiendo a militantes, sindicatos de clase e intelectuales de la izquierda política y social. En esta guerra se declararon ilegales las formaciones políticas de ideario marxista y socialista. De esta forma se profundizó el combate hasta el exterminio, si era posible, o en su defecto hasta conseguir una derrota total de todo cuanto oliese a socialismo. La doctrina de la seguridad nacional sirvió de anclaje y la geopolítica del fascismo dependiente le facilitó el encuadre teórico.
 
El Estado, cuerpo vivo, se encontraba amenazado por fuerzas que buscaban su destrucción bajo la égida de una ideología, el marxismo y el comunismo, cuyo objetivo era esclavizar a los pueblos y convertir los estados latinoamericanos en satélites de la Unión Soviética. Identificado el problema, se procedió a depurar el cuerpo social de sus enemigos internos. Gustavo Leigh, general de las fuerza aérea chilena, miembro de la junta militar constituida el 11 de septiembre de 1973, fue muy gráfico al señalar el motivo que inspiró el golpe: Había que extirpar el cáncer marxista de raíz. Y Videla, en Argentina, habló de una acción de salubridad pública. Así, las fuerzas armadas se transformaron en actores relevantes, ocupando el sitio político que les cedía, de buen grado, una timorata burguesía, que prefería lavarse las manos ante la represión y pasar a un segundo plano, no importándole en absoluto los métodos que se debían utilizar para llevar a cabo la tarea. Las fuerzas armadas eran la institución idónea para tal función quirúrgica. Constituyen una organización jerárquica, tienen el monopolio legítimo de la violencia y gozan de superioridad en las maneras de emplear la fuerza.
 
La guerra contra la subversión y el socialismo marxista fue definida como una guerra global y permanente. El general brasileño Golbery do Couto Silva, ideólogo de la geopolítica latinoamericana, fue claro al señalar que de estrictamente militar, la guerra se ha convertido en una guerra total, una guerra económica, financiera, política, sicológica y científica..., de la guerra total a la guerra global y de la guerra global a la guerra indivisible, y, por qué no reconocerlo, a la guerra permanente.
 
Sin embargo, las fuerzas armadas no actuaron por decisión propia. Fueron avaladas por los partidos conservadores, liberales y democristianos. No se sublevaron contra el poder civil en abstracto, lo hicieron contra los gobiernos populares que afectaban los intereses de las burguesías, las multinacionales y el imperialismo. Bajo su paraguas impusieron el orden neoliberal. Pinochet, será explícito: No hay plazos, hay metas. Todos los ministros de Economía, Hacienda, Trabajo o Justicia fueron civiles. Ellos manejaban los hilos de las transformaciones económicas, las reformas constitucionales y las políticas de ajustes.
 
No es posible entender el actual orden político neoliberal sin desentrañar el papel que cupo a los civiles en la elaboración del nuevo orden neoligárquico. La labor de limpieza política, genocidio y exterminio contó con su inestimable colaboración. Videla no se ruborizó al señalar que el asesinato de miles de ciudadanos argentinos, a manos de los servicios de inteligencia y las fuerzas armadas, fue confeccionado por empresarios, ejecutivos, profesores universitarios, jueces, dirigentes sindicales y funcionarios adscritos a la derecha peronista y las organizaciones anticomunistas. Durante la transición, los civiles tomaron distancia y se alejaron de los militares. Videla captó su alejamiento al señalar cómo “los empresarios se lavaron las manos. Nos dijeron: ‘hagan lo que tengan que hacer’, y luego nos dieron con todo. Cuantas veces me dijeron: ‘se quedaron cortos, tenían que haber matado a mil, a 10 mil más’”.
 
Los conspiradores civiles, entre otros la Iglesia católica, cuyos sacerdotes actuaban en la sesiones de tortura buscando confesiones y los empresarios de medios de comunicación que ensalzaban las razias cubrían los hallazgos de los cuerpos torturados, negando su existencia o los trasformaban en delincuentes comunes. En Chile, salvo excepciones, no hay civiles detenidos o encausados. Me refiero a ex ministros y altos cargos que durante la dictadura estuvieron vinculados con los crímenes de lesa humanidad y a la represión. La ministra de Justicia Mónica Madariaga declaró, en una especie de mea culpa, haber vivido en una burbuja y no haberse enterado de la violación de los derechos humanos. Igualmente, el primer portavoz de la junta militar, Federico Willoughby, coautor del libro blanco de la junta militar que justificó la matanza de miles de chilenos bajo un supuesto plan Z elaborado por la Unidad Popular para instaurar una dictadura comunista, lo encontramos, años más tarde, en las listas como candidato en la concertación, junto a los socialistas. Willoughby será reciclado por el presidente Aylwin como asesor de imagen. Todo un despropósito que deja a las claras la impunidad de quienes participaron en las tramas civiles de los golpes de Estado.
 
Y qué decir de aquellos países donde sin recurrir a la técnica del golpe de Estado, como México, Venezuela y Colombia, sus fuerzas armadas se cebaban contra la población campesina en la guerra contrainsurgente. En Centroamérica, el genocidio se convirtió en práctica habitual en Honduras, Guatemala o El salvador. Efraín Ríos no fue el primero ni el último en cometer genocidio en el país centroamericano. Sólo su saña, tanto como el silencio de sus aliados civiles, marca la diferencia. Fueron miles las personas que sufrieron la saña de militares y fuerzas paramilitares. Les cortaban las orejas, les quitaban los dientes, los mutilaban con una crueldad enfermiza y luego podían darse el lujo de jugar futbol con las cabezas, obligando a los sobrevivientes a presenciarlo. Guatemala es un caso de extrema violencia y de genocidio amparado por la trama civil. El mejor ejemplo es que sus fuerzas armadas siguen intactas. Al dejar sin efecto la condena por genocidio a Efraín Ríos, el poder político y el poder judicial mandan un claro mensaje: no van a permitir ningún juicio que ponga en cuestión su papel durante la guerra contra el socialismo-marxista y la subversión. Civiles y militares marcharon juntos. En eso no se diferencian de ningún otro país de América Latina.

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