El gran reto de Emilio Lozoya
Editorial Monday, June 10th, 2013
La llamada revolución del shale gas está convirtiendo a
Estados Unidos en una nueva potencia energética. Para
México, sin embargo, esa transformación –mientras
Petróleos Mexicanos (Pemex) sólo se mantiene como un
productor de petróleo crudo– representa nuevos retos pero
también muchos riesgos. El cambio ya comenzó y la
tendencia decreciente que muestra la exportación de crudo
mexicano al mercado estadunidense es una clara señal. No
sólo eso, México se perfila ya como un importador de gas
natural estadunidense. Los papeles se cambian a una gran
velocidad.
Carlos Capistrán, economista en jefe para México de Bank of
America Merrill Lynch (BofA-ML), asegura que el reciente
descenso del precio del petróleo, la débil producción
industrial de Estados Unidos y la baja en la generación de
crudo de Pemex en años recientes, no explican por completo
la fuerte caída de las exportaciones petroleras del país.
La clave se encuentra en los nuevos proyectos de shale gas
en los cuales ya participan compañías mexicanas como Alfa.
Los avances tecnológicos en Estados Unidos han permitido
que este país se aproxime a la independencia energética, al
menos en la producción y distribución de gas natural. Las
estrategias de Merrill Lynch pronostican que la
independencia petrolera será alcanzada en 2024. Y será
entonces, de no registrarse una transformación en el modelo
de negocios de Pemex, cuando se presenten mayores
riesgos. Una de las implicaciones es que las importaciones
netas de energía de Estados Unidos cayeron 60 por ciento
desde 2008.
Desde 2011, la Unión Americana muestra un descenso
sostenido en las importaciones de crudo, lo cual explica en
casi 7 por ciento la variación total de las exportaciones
petroleras mexicanas desde ese año.
En la medida que Estados Unidos continúe avanzando hacia
la independencia energética, ese factor seguirá reduciendo
la exportación de crudo mexicano.
Así, en febrero pasado las exportaciones totales de México
al mercado estadunidense disminuyeron 2.9 por ciento, en
términos anuales.
Por ello, al frente de Pemex, Emilio Lozoya Austin, un
economista, financiero y abogado, tiene el reto de
transformar –con o sin reforma constitucional– el modelo de
negocios de Pemex; consolidar las alianzas estrategias
necesarias para obtener el conocimiento y la tecnología
necesarias para explorar pozos en aguas profundas, pero
también para darle valor agregado al petróleo crudo de sus
reservas. Para lograrlo, una reforma fiscal integral deberá
liberar a la paraestatal de una renta petrolera tan onerosa;
de la carga de las pensiones de más de 70,000 trabajadores
jubilados, pero sobre todo de las restricciones para lograr
alianzas estratégicas.
Una nueva estructura corporativa también será necesaria. El
proyecto del gobierno de Enrique Peña Nieto incluye la
desaparición de los organismos mediante los cuales se
divide la operación de Pemex.
Así se concluiría la gestión independiente de Pemex
Refinación, Pemex Gas, Pemex Exploración y Producción y
PMI Comercio Internacional. El objetivo sería concentrar y
acelerar la toma de decisiones y no depender de consejos
independientes de administración sino de un consejo
general.
Para analistas en la materia,
la clave se encuentra en impulsar una reglamentación que
garantice la soberanía del Estado sobre el petróleo, pero que
permita atraer inversión privada al sector petrolero, sobre
todo de las grandes compañías petroleras que ya cuentan
con tecnología de punta. El objetivo sería reducir el monto de
recursos que en efectivo se entrega a contratistas y que
durante muchas décadas han provocado, junto con la renta
petrolera –los impuestos que se pagan al Estado–
descapitalizar a Pemex.
En el Congreso, la reforma energética espera su turno. Por
ahora los legisladores están concentrados en la reforma a la
Ley de Telecomunicaciones. Después, el Pacto por México,
firmado por el gobierno de Enrique Peña Nieto con los
partidos políticos representados en el Congreso de la Unión,
dará prioridad a la reforma hacendaria, un paso
indispensable para liberar a Pemex del pago creciente de
impuestos.
Para Pemex el premio es oro, inversiones y modernización.
Para los consumidores mexicanos es la oportunidad de
contar con mejores costos y una paraestatal que se
mantenga como el motor de la economía.
http://revistafortuna.com.mx/contenido/2013/06/10/el-gran-reto-de-emilio-lozoya/
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