Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

miércoles, 12 de junio de 2013

El gran reto de Emilio Lozoya



 

 
Emilio Lozoya Pemex
La llamada revolución del shale gas está convirtiendo a
 
Estados Unidos en una nueva potencia energética. Para
 
México, sin embargo, esa transformación –mientras
 
Petróleos Mexicanos (Pemex) sólo se mantiene como un
 
productor de petróleo crudo– representa nuevos retos pero
 
también muchos riesgos.  El cambio ya comenzó y la
 
tendencia decreciente que muestra la exportación de crudo
 
mexicano al mercado estadunidense es una clara señal. No
 
sólo eso, México se perfila ya como un importador de gas
 
natural estadunidense. Los papeles se cambian a una gran
 
velocidad.
 
Carlos Capistrán, economista en jefe para México de Bank of
 
America Merrill Lynch (BofA-ML), asegura que el reciente
 
descenso del precio del petróleo, la débil producción
 
industrial de Estados Unidos y la baja en la generación de
 
crudo de Pemex en años recientes, no explican por completo
 
la fuerte caída de las exportaciones petroleras del país.
 
 
 
La clave se encuentra en los nuevos proyectos de shale gas
 
en los cuales ya participan compañías mexicanas como Alfa.
 
Los avances tecnológicos en Estados Unidos han permitido
 
que este país se aproxime a la independencia energética, al
 
menos en la producción y distribución de gas natural. Las
 
estrategias de Merrill Lynch  pronostican que la
 
independencia petrolera será alcanzada en 2024. Y será
 
entonces, de no registrarse una transformación en el modelo
 
de negocios de Pemex, cuando se presenten mayores
 
riesgos. Una de las implicaciones es que las  importaciones
 
netas de energía de Estados Unidos cayeron 60 por ciento
 
desde 2008.
 
Desde 2011, la Unión Americana muestra un descenso
 
sostenido en las importaciones de crudo, lo cual explica en
 
casi 7 por ciento la variación total de las exportaciones
 
petroleras mexicanas desde ese año.
 
 
 
 
En la medida que Estados Unidos continúe avanzando hacia
 
la independencia energética, ese factor seguirá reduciendo
 
la exportación de crudo mexicano.
 
Así, en febrero pasado las exportaciones totales de México
 
al mercado estadunidense disminuyeron 2.9 por ciento, en
 
términos anuales.
 
 
 
 
 
Por ello, al frente de Pemex, Emilio Lozoya Austin, un
 
economista, financiero y abogado, tiene el reto de
 
transformar  –con o sin reforma constitucional– el modelo de
 
negocios de Pemex; consolidar las alianzas estrategias
 
necesarias para obtener el conocimiento y la tecnología
 
necesarias para explorar pozos en aguas profundas, pero
 
también para darle valor agregado al petróleo crudo de sus
 
reservas. Para lograrlo, una reforma fiscal integral deberá
 
liberar a la paraestatal de una renta petrolera tan onerosa;
 
de la carga de las pensiones de más de 70,000 trabajadores
 
jubilados, pero sobre todo de las restricciones para lograr
 
alianzas estratégicas.
 
 
Una nueva estructura corporativa también será necesaria. El
 
proyecto del gobierno de Enrique Peña Nieto incluye la
 
desaparición de los organismos mediante los cuales se
 
divide la operación de Pemex.
 
 
 
 
Así se concluiría la gestión independiente de Pemex
 
Refinación, Pemex Gas, Pemex Exploración y Producción y
 
PMI Comercio Internacional. El objetivo sería concentrar y
 
acelerar la toma de decisiones y no depender de consejos
 
independientes de administración sino de un consejo
 
general.
 
 
Para analistas en la materia,
 
 
 la clave se encuentra en impulsar una reglamentación que
 
garantice la soberanía del Estado sobre el petróleo, pero que
 
permita atraer inversión privada al sector petrolero, sobre
 
todo de las grandes compañías petroleras que ya cuentan
 
con tecnología de punta. El objetivo sería reducir el monto de
 
recursos que en efectivo se entrega a contratistas y que
 
durante muchas décadas han provocado, junto con la renta
 
petrolera –los impuestos que se pagan al Estado–
 
descapitalizar a Pemex.
 
 
En el Congreso, la reforma energética espera su turno. Por
 
ahora los legisladores están concentrados en la reforma a la
 
Ley de Telecomunicaciones. Después, el Pacto por México,
 
firmado por el gobierno de Enrique Peña Nieto con los
 
partidos políticos representados en el Congreso de la Unión,
 
dará prioridad a la reforma hacendaria, un paso
 
indispensable para liberar a Pemex del pago creciente de
 
impuestos.
 
  
 
 
Para Pemex el premio es oro, inversiones y modernización.
 
 
Para los consumidores mexicanos es la oportunidad de
 
contar con mejores costos y una paraestatal que se
 

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