Menem, sentenciado
Un tribunal de Buenos Aires condenó ayer al ex presidente Carlos Saúl Menem, quien gobernó entre 1989 y 1999, a siete años de prisión inconmutable por haber contrabandeado armas entre 1991 y 1995 con rumbo a Ecuador y Croacia. El proceso culminó también con una sentencia de cinco años y medio de cárcel para su ministro de Defensa. El delito es condenable en sí mismo, y tiene varios agravantes: uno de ellos es que fue cometido al amparo del poder presidencial; otro, que constituyó una traición al país y a su política exterior, por cuanto Argentina fungía como mediador en el conflicto que mantenían Perú y Ecuador por una disputa territorial y que llegó incluso al punto de los enfrentamientos bélicos; por añadidura, el ex mandatario violó el embargo internacional de armas decretado por los organismos internacionales para los países de la región balcánica.
Sin embargo, al amparo de esa coartada se perpetraron saqueos monumentales, turbios y corruptos, y se cometieron un sinnúmero de irregularidades administrativas, fraudes e ilegalidades diversas, desde apropiaciones indebidas de recursos públicos hasta severísimas violaciones a los derechos humanos y colectivos.
En esta perspectiva, el proceso contra Menem da pie al inicio de una revisión histórica de lo que ha sido llamado
el saqueomenemista. Tras los juicios contra numerosos integrantes de las dictaduras militares (1976-1983), empezando por los que se realizaron –entre otros– contra el recientemente fallecido Jorge Videla, es claro que la nación sudamericana debe llevar a cabo un minucioso proceso para esclarecer las irregularidades perpetradas por la administración menemista y las otras del ciclo neoliberal.
Según puede verse, en la nación pampera están dadas las condiciones políticas y sociales para esa tarea. En México, en cambio, habrá que esperar circunstancias más propicias para echar luz sobre el cúmulo de negocios sospechosos realizados durante el ciclo neoliberal, desde las privatizaciones de empresas públicas realizadas en el sexenio salinista y el
rescatebancario emprendido por Ernesto Zedillo, hasta los dudosos manejos presupuestales del gobierno de Vicente Fox y los malos negocios energéticos efectuados por el gobierno calderonista.
Penultimátum
Debacle en Suazilandia
Suazilandia es un pequeño país situado entre Sudáfrica y Mozambique. Debe su nombre a la tribu suazi y de lo que allí ocurre suelen ocuparse los medios. Especialmente por la forma extravagante como gobierna desde 1986 su rey, Mswati III, educado en Inglaterra y porque 40 por ciento de su población padece sida. Luego de dejar de ser una colonia inglesa y gozar ciertos años de democracia, Suazilandia es desde 1982 una monarquía absoluta y parte de la Comunidad Británica de Naciones.
Que sea el país con mayor índice de personas con sida en buena parte se debe a la iniciación sexual temprana, de la que su rey da mal ejemplo. La última de sus esposas la escogió entre 50 mil candidatas que participaron en el Baile de la Caña, ceremonia tradicional de los suazis para celebrar la feminidad y la virginidad, hoy desvirtuada por Mswati III. La elegida, apenas tenía 16 años y vive en su propio palacio rodeada de lujos y guaruras. Los allegados al monarca defienden que tenga tantas esposas porque es una tradición suazi que, junto con el Baile de la Caña,
cimenta la identidad nacional.
La tradición también permite que el rey tenga una nueva esposa cada año. Hoy suman 13. Pésimo ejemplo, señalan organizaciones defensoras de los derechos de la mujer y de la salud, pues ante el problema del sida debía estimularse que las adolescentes retarden su iniciación sexual y eviten tener sexo con hombres mayores que ellas.
Para mantener su tren de vida, Mswasti recibe del erario más dinero que el destinado a la educación. También colecciona coches de lujo. Recientemente cumplió 46 años y las fiestas en su honor no tuvieron el brillo de las anteriores porque la economía del país está en la ruina, con una burocracia excesiva, en parte al servicio del monarca. De todas formas recibió de regalo 42 BMW. Y como con el jet privado que le dieron en el del año pasado, se desconoce el nombre del donante. Se calcula que la fortuna personal del rey suma más de 200 millones de dólares.
Sin oposición visible pues los partidos políticos están proscritos; apalancado por los intereses europeos, con Inglaterra a la cabeza, y por miles de sus compatriotas que creen que su rey
FUENTE: LA JORNADA OPINION
es un regalo de Dios,
el sol que brilla sobre la tierra,
la boca que no dice mentiras, en Suazilandia se esperan cambios debido a que la crisis económica mundial lo sumió más en la pobreza y a que Inglaterra no puede darse ya el lujo de seguir apoyándolo
FUENTE: LA JORNADA OPINION
Una ligera transgresión-Magú
Sí, extrañaremos a Ajmadineyad, pero no mucho
Robert Fisk
Lo extrañaremos. Su sonrisa insolente, sus ojos de ardilla, la barba como de la Armada española, el loco presidente que alguna vez afirmó que una nube surgió por encima de su cabeza en la ONU, para luego negar haber dicho tal tontería, y después confesar que sí lo dijo cuando se le obligó a enfrentar la grabación de su santa expresión.
A veces sentía uno pena –lo cual no es nada fácil– tanto por el ayatola Alí Jamenei, el
líder supremode la necrocracia iraní, como por Benjamin Netanyahu, el primer ministro de Ese País. Ambos eran racistas: Ajmadineyad contra los judíos y Lieberman contra los árabes y ambos avergonzaron a sus países.
Ajmadineyad sabía cómo enfurecer a los estadunidenses; Israel hacía lo propio con los rusos, los iraníes en el exilio y Estados Unidos, todos al mismo tiempo.
El actual presidente iraní dijo que el Holocausto era una exageración, que el
régimen israelídebía ser
borrado del mapa. Todavía hay quienes discuten la traducción que recibieron estas afirmaciones, independientemente de lo que digan los israelíes. Ajmadineyad también aseguró que Teherán seguiría desarrollando su tecnología nuclear, sin importar cuántas veces Tel Aviv y Washington amenazaran con bombardear Irán. Por lo menos las leyes iraníes prohíben que se lance a un tercer mandato estilo Roosevelt.
Todos sabían que Ajmadineyad jamás tendría permiso de poner el dedo en ningún botón nuclear; muchos dudaban de que supiera la diferencia entre la física nuclear y la corriente eléctrica, pero logró con eficiencia volverse una figura tan odiada como Kadafi y otros delirantes líderes de Medio Oriente y dañó, de paso e irremediablemente, la reputación que tenía Irán como Estado serio e histórico.
Claro que esto tiene su lado menos evidente. Mientras nosotros lo odiábamos, no le prestamos atención a la popularidad que Ajmadineyad tenía con los pobres. Que levante la mano quien sepa del prestigio que logró al instituir pensiones para miles de mujeres que quedaron ciegas a los 40 años debido a su profesión de tejedoras de alfombras.
Con todo, quién podría olvidar el horror, la tortura y los asesinatos que siguieron a su disputada relección en 2009, y que sorprendió incluso a sus simpatizantes del clero. Su simplicidad parecía ser el medio de contención de su cinismo cobarde.
Cuando le pregunté, tras dicha relección, si podía garantizar que ninguna joven volvería a ser ahorcada como aquella muchacha de 22 años que fue arrastrada a la horca mientras gritaba y pedía ayuda a su madre por su teléfono celular, me miró con esos ojos gentiles y dijo:
Personalmente, yo no lastimaría ni a una mosca. Y luego me dio toda una lección sobre la independencia del sistema judicial iraní.
Sí, lo extrañaremos, pero no tanto. Un amigo mío me contó que a Ajmadineyad lo espera un puesto académico como catedrático en planeación urbana. Bueno, al menos eso lo mantendrá alejado del departamento de física nuclear.
© The Independent
El desproporcionado encanto de la Alianza del Pacífico
Raúl Zibechi
Las elites empresariales y mediáticas echaron las campanas al vuelo con la séptima cumbre de la Alianza del Pacífico, realizada en Cali (Colombia) entre el 20 y el 24 de mayo. El encuentro convocó nutridas delegaciones de directores de grandes empresas y a los presidentes de los cuatro países que la integran: Enrique Peña Nieto, Sebastián Piñera, Ollanta Humala y Juan Manuel Santos. Además, asistieron el primer ministro de Canadá y los presidentes de España, Costa Rica, Panamá y Guatemala.
Se trató de un encuentro para aceitar negocios y potenciar las exportaciones de commodities que el presidente de Colombia se empeña en denominar
integración, como hizo un año atrás en Antofagasta al asegurar que estamos ante
el proceso de integración más importante que ha hecho América Latina( El Espectador, 6 de junio de 2012). Sin que nadie se lo hubiera preguntado, destacó que la alianza
no es contra nadie, aunque es evidente que está orientada contra el Mercosur y la Unasur y, más en concreto, busca aislar a Brasil.
Los defensores de la alianza destacan que representa 35 por ciento del PIB latinoamericano y 55 por ciento de las exportaciones de la región al resto del mundo, y que durante 2012 los cuatro países tuvieron un crecimiento mayor que el resto de la región. No aportan, sin embargo, algunos datos elementales. Es cierto que exportan más que el Mercosur (573 mil millones de dólares frente a 438 mil millones), pero sus exportaciones se concentran en minerales en bruto e hidrocarburos. Sólo 2 por ciento de las exportaciones se dirigen a los otros países de la alianza, mientras 13 por ciento de lo que exportan los miembros del Mercosur es comercio intrazona, que siempre comporta mayor valor agregado.
Si se mira un poco más atrás, los datos son aún más contundentes. El comercio intrazona de la Alianza del Pacífico creció en 215 por ciento en los últimos 10 años, mientras el intercambio interno del Mercosur se expandió 376 por ciento en el mismo lapso ( La Nación, 9 de junio de 2013). En paralelo, los cuatro presidentes de la alianza hicieron anuncios ridículos que los ponen en evidencia: crearon un fondo de un millón de dólares (250 mil dólares por país) para apoyar proyectos contra el cambio climático, a favor de la ciencia y la tecnología, las pymes y el desarrollo social.
Tiene razón Theotonio dos Santos cuando se le pregunta por la Alianza de Pacífico:
¿Qué es lo que el gobierno de Estados Unidos puede ofrecer a los países del área del Pacífico? Comercio con Estados Unidos. Y aclara:
Los países que entran en tal asociación no hacen acuerdos entre ellos, hacen acuerdos de cada uno de ellos con Estados Unidos: eso no es integración. Es más, cada uno de ellos en la relación con Estados Unidos se va a convertir en deficitario(Alai, 11 de junio de 2013).
En efecto, la Alianza del Pacífico tiene tres objetivos. Uno: sujetar a los países del Pacífico como exportadores de bienes naturales, consolidarlos como países sin industria y enormes desigualdades y, por lo tanto, con crecientes dosis de militarización interna. Dos: impedir la consolidación de la integración regional y aislar a Brasil, pero también a Argentina y Venezuela. Tres, y esto nunca lo dicen sus defensores: formar la pata americana de la Alianza Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés), que Estados Unidos pretende convertir en el brazo económico de su megaproyecto militar para contener a China.
Desde la izquierda se ha denunciado con acierto que la Alianza del Pacífico se inscribe en la política estadunidense de consolidar su hegemonía en la región, que pasa por impedir que surjan bloques fuera de su control. No explican, sin embargo, por qué el Mercosur está estancado y en crisis, al punto que el Uruguay de José Mujica se propone ingresar en la Alianza del Pacífico. No se habla, tampoco, de las razones por las cuales el Banco del Sur no avanza o lo hace a pasos sospechosamente lentos. Ni se mencionan las razones de fondo de la crónica crisis comercial entre Argentina y Brasil.
Abordar estos problemas sería tanto como someter a escrutinio las políticas de los gobiernos progresistas de la región. Quizá la limitación mayor del progresismo sea su incapacidad para confrontar, ideológica y políticamente, con las elites empresariales, sobre todo por parte de Brasil y Uruguay, pero también de Bolivia y Ecuador. Allí donde hay cierta confrontación, casos de Venezuela y Argentina, ésta se debe a las ofensivas de las derechas pero no se debaten modelos de país y se sigue apostando a un extractivismo que lleva agua al molino de la Alianza del Pacífico. Para exportar petróleo, soya, carne y lana a China no hace falta integración regional.
Las derechas hablan claro. Roberto Gianetti, de la Federación de las Industrias del Estado de San Pablo, propuso librarse de la
camisa de fuerza del Mercosury rebajarla de unión aduanera a zona de libre comercio.
No vamos a concluir ningún acuerdo teniendo a Argentina y Venezuela como socios, dijo en relación con los 14 años que lleva el Mercosur negociando un TLC con la Unión Europea.
Aécio Neves, candidato de la derecha en las elecciones brasileñas del próximo año, dijo que el Mercosur está anquilosado y propuso transformarlo en
FUENTE: LA JORNADA OPINION
una área de libre comercio que permita a cada Estado miembro firmar acuerdos comerciales con otros paísesy pone como ejemplo de dinamismo a la Alianza del Pacífico ( La Nación, 9 de julio de 2013). Lo mismo dice el inefable Domingo Cavallo, uno de los mayores responsables de la crisis argentina. Es evidente que estamos ante una ofensiva de las derechas aliadas de Washington que lanzan un desafío que las izquierdas no saben o no quieren responder. La Alianza del Pacífico no crece por mérito propio sino por las ambigüedades del progresismo.
FUENTE: LA JORNADA OPINION

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