Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

martes, 11 de junio de 2013

Días sin sol: procuración de justicia- Desenlace- Enrique Lizalde y su ceremonia del adiós

Días sin sol: procuración de justicia

Jorge Carrillo Olea
No es el reciente fenómeno meteorológico, Bárbara, el responsable. Esta nublazón es el arrastre de años –décadas– de ineptitud, corrupción y negligencia sin límite, sin logros ni menores y consecuencialmente casi sin esperanza. En 25 años, desde Salinas a la fecha, 12 procuradores han pasado por la PGR. Los más sin nivel, otros sin convicción ni compromiso y otros con prisas. La falta de proyecto y los cortísimos plazos fueron sus peores adversarios. Hubo uno de cinco meses. Esto es una revelación del desinterés de los presidentes.
 
Hoy la definición de Enrique Peña sobre la materia, en lugar de alentar cayó en el total desinterés. Es el producto de haber pronunciado 200 discursos en seis meses. Como cosa antes poco vista, véase que la nota presidencial de su acto del 30 de mayo, referido a la procuración de justicia, se publicó en la página 9 de un periódico nacional de obligada referencia. No se le dio ninguna primera página.

Ese día dijo: Es indispensable contar con un estado de derecho sólido y eficaz donde la ley se cumpla sin excepciones, sin preferencias y sin demoras. Esto demanda una restructuración a fondo en todas las procuradurías. Debemos alentar la especialización, tener investigadores con renovadas capacidades científicas y técnicas, contar con servidores públicos más comprometidos con su responsabilidad social.

Sus discursos ya no penetran, es muy lamentable reconocer su intrascendencia. Retóricamente pueden ser impecables pero sencillamente no transmiten nada, no se identifican con la realidad. En una procuraduría la verdad es que hay poco que restructurar, ateniéndose al significado estricto de la palabra. Sus funciones están sumamente delimitadas por la ley: Integrar y consignar averiguaciones, representar a la sociedad en los juicios y atender problemas conexos, como son amparos, derechos humanos, atención a agrupaciones, etcétera. Concentren o separen esas responsabilidades como quieran.

Esa predeterminación de funciones irremediablemente conduce a estructuras semejantes, llámeseles como se quiera. Se brinca de llamar al Ministerio Público como fiscal, o ministerial a la policía judicial, o los eufemismos de policía científica, o de investigación. Nos satisfacemos con llamar fiscalía a una subprocuraduría y otros juegos inútiles que son simples transas idiomáticas. Han sido sólo artimañas que hemos visto cada día más. La verdad sigue siendo la misma, llámenseles como se les llamen a sus componentes: el quid está en que en una inmensa mayoría, el hombre, su ineptitud, corrupción y negligencia es el eje de toda disfunción.
 
El fondo de las cosas, y aquí topan los señores procuradores con el verdadero hueso del problema, son los recursos humanos. De ser probos y eficientes funcionarían con cualquier estructura. No lo son. Los ministerios públicos, peritos y policías, personajes estos clave con el nuevo sistema de justicia penal acusatorio y hasta el personal administrativo, que vende copias o substrae pruebas y expedientes; simplemente no funcionan ni funcionarán con una simple restructuración, sea ésta la que sea y se usen en ella las licencias lingüísticas que se quieran para dotar de nuevos nombres a las mismas personas y prácticas burocráticas.
 
Y se vuelve al problema obsesivo: la recomendación presidencial de contar con servidores públicos con responsabilidad social está destinada al olvido. ¿De dónde saldrían los nuevos ministerios públicos o fiscales, peritos o expertos, policías judiciales o ministeriales para dotar a las procuradurías o fiscalías, o como les quieran llamar, si no existen instituciones educativas suficientes para su formación?
 
¿Y los policías del nombre que se quiera son lo más grave? Los institutos estatales en general son técnicamente débiles, no tienen estructura ni atención política; son un simple subterfugio; muchos son claramente una simulación. Véase así que no puede haber respuesta a la convocatoria presidencial.
 
Cualquier reflexión o discusión se vuelve un ritornelo aburridor. No hay para qué hablar de profundas, sesudas, impactantes reingenierías, como también es costumbre decir. Ninguna de ellas será eficaz si no se sabe resolver el tema de la ineptitud, corrupción y negligencia. Es de tales magnitudes el problema que bien haríamos, colectivamente, como sociedad, en acompañar a los señores procuradores en esta preocupación. ¿Cómo cambiar a las instituciones sin cambiar a sus hombres?
hienca@prodigy.net.mx
FUENTE: LA JORNADA OPINION
 Modesta proposición-Fisgón
Desenlace

José Blanco
El primer desenlace de Enlace: acusaciones de fraude por la venta de exámenes, rechazo y quema de documentos.
 
No resulta inverosímil que el trasiego de trampas tenga lugar por profesores miembros del SNTE, pues nacieron y se formaron al amparo de la extrema corrupción en que ha navegado por más de medio siglo ese sindicato.

La información oficial dice que Enlace es una prueba objetiva y estandarizada, de aplicación masiva y controlada; que emplea una metodología de calificación precisa, que proporciona referencias de comparación nacional; ofrece un diagnóstico de los estudiantes a nivel individual; es una prueba centrada en el conocimiento; evalúa el resultado del trabajo escolar contenido en los planes y programas oficiales.

La prueba consta de un cuadernillo de preguntas y de una hoja de respuestas. Está conformada por reactivos de opción múltiple, 50 como mínimo y 70 como máximo para cada asignatura. Cada reactivo sólo puede tener una respuesta correcta.

Los exámenes estandarizados de opción múltiple, aplicados masivamente en materia educativa, no tienen utilidad efectiva para nadie. No resulta extraño que en muchos medios escolares los alumnos los llamen de confusión múltiple. Cualquier persona observadora que conozca la República conoce la amplia variación en el uso del español en las distintas entidades federativas. Un niño yucateco de seis, ocho, 10 o 12 años que oiga hablar a un niño zacatecano o sinaloense de la misma edad, entenderá una proporción reducida de lo que oye y a la inversa ocurrirá lo mismo. Pero el español de Enlace es estandarizado; da por hecho que todos los millones de niños mexicanos entienden exactamente del mismo modo la redacción de los reactivos.

Ha habido quejas de ambigüedades y sintaxis oscura en los mismos, que empeoran la situación referida, a los niños de cualquier parte. Si además las opciones contienen distractores (opciones similares a la buena), el asunto empeora.

Uno de los desenlaces más deplorables de Enlace, es que ha tendido a convertirse en el currículo que los profesores enseñan. Si se pretende educar a un niño enseñando a responder Enlace, se está haciendo lo que sea menos educarlo.

Más: existen estudios realizados en distintos países que muestran la alta correlación estadística positiva entre el nivel de niños con un alto nivel de vida, frente a los del primer decil de la distribución del ingreso. Los tests estandarizados sirven si se aplican a poblaciones (conjuntos de lo que sea) con características homogéneas. No es el caso de la educación de los niños mexicanos.

Los tests estandarizados pueden servir, por ejemplo, para medir la cantidad de glucosa en la sangre de cualquier persona. En educación sirven para poco. Es útil, por ejemplo, en el examen Toefl (siglas en inglés de test of english as a foreign language), por cuanto se basa en la capacidad de comprensión auditiva y lectora a nivel superior intermedio y evalúa la precisión en el reconocimiento de errores en el lenguaje escrito. Exige una composición argumentativa desarrollada dentro de las convenciones de la lengua inglesa. El puntaje obtenido se promedia con el de reconocimiento de errores.
 
Pero, como dice el educador catalán Gonzalo Cansino, entender el aprendizaje resulta casi tan complicado como comprender el propio cerebro, una máquina biológica depurada durante millones de años para aprender y poner todo lo aprendido al servicio de la supervivencia.
 
Quizá la peor característica de Enlace es que dice al alumno: de estas cuatro o cinco opciones ¿recuerdas cuál es la buena, en relación con el reactivo que acabas de leer? Esta característica muestra a las claras que responde a un método de enseñanza memorístico. Eso no sirve. La escuela debe servir para que los niños y jóvenes aprendan a pensar por sí mismos, cada vez con mayor amplitud y profundidad. Si algo muestra Enlace es que nuestra pedagogía histórica hace decenas de años que vive en una obsolescencia inaudita.
 
Leo en un documento de una escuela primaria finlandesa: “…los estándares nacionales destacan que el objetivo principal de la evaluación es orientar y alentar la propia reflexión de los estudiantes y su autoevaluación…; los maestros proporcionan a los estudiantes informes formativos que reflejan su nivel de rendimiento en relación con los objetivos del currículo. Estos reportes deben basarse en múltiples formas de evaluación, no sólo en los exámenes… La evaluación se usa en Finlandia para cultivar en los estudiantes habilidades de aprendizaje activo…”
 
Del mismo documento reproduzco una parte de la boleta de la evaluación de invierno del niño Otto Jääskeläinen Petten, de primer grado de primaria. “Comportamiento: Cumples con las reglas del grupo y de la escuela. En general te comportas amable y respetuosamente. La cooperación fluye bien.
 
“Habilidades de trabajo: en general te concentras bien en tu trabajo. Piensa cómo tú mismo podrías ayudar a mantener tranquilidad en el salón. Trabajas de acuerdo con las instrucciones. Eres responsable de tu tarea y tus cosas. Acuérdate que necesitas levantar la mano para pedir el turno de hablar.
 
“Lengua materna. Habilidades de expresión: bueno. Alfabetización: excelente. Habilidad de la escritura: excelente.
 
“Otros puntos importantes: lees por gusto, sigue tu buen hábito de leer.
 
“Matemáticas. Habilidades para sumar y restar: excelente. Comparación de cifras: excelente. Habilidades de cálculo mental: excelente.
 
“Otros puntos importantes: estás interesado en matemáticas.
Otras materias: te gusta cantar. Eres deportivo. Te gustan las clases de arte.
 
Esta boleta abunda en otros intereses de Otto, como biología, música, arte y artesanía. En este nivel no hay calificación numérica.
FUENTE: LA JORNADA OPINION
 Dios, triste alcalde-Magú
 
Enrique Lizalde y su ceremonia del adiós

Luis Hernández Navarro
Enrique Lizalde fue un artista muy querido. Cada que ponía un pie en la calle, sus fans se le acercaban para pedirle un autógrafo o para solicitarle tomarse con ellas una foto. No parecían importar las edades. Entre sus admiradoras lo mismo había jóvenes y no tan jóvenes. En los restaurantes y cafeterías, las meseras suspiraban por él. Las más audaces le confesaban su admiración.
 
Su presencia no pasaba desapercibida. Elegantemente vestido con pantalón de casimir, medias botas, camisa siempre impecable, chamarra de cuero y lentes oscuros, inevitablemente atraía la mirada de quienes estaban alrededor suyo.

Fue un hombre de contrastes. Si­mul­táneamente primer actor de telenovelas e intérprete de teatro de vanguardia de contenido crítico, estrella de cine dotado de una vasta e inusual cultura universal, figura pública que conservó celosamente su intimidad, intelectual que dignificó el sindicalismo nacional, hombre de izquierda que trabajó largos años en la televisión privada, Lizalde hizo de su vida un complejo e intenso montaje artístico.

En muchos sentidos fue una figura by­roniana. Explosivo, culto y sensible, recio, inteligente y perceptivo, justiciero, sofisticado y educado, temperamental, íntegro, atractivo, fue uno de los últimos portadores del ethos romántico en territorio nacional.

Wikipedia señala erróneamente que nació en Tepic, Nayarit, el 9 de enero de 1937. En realidad, vino al mundo el 25 de abril de 1936 en la colonia Portales de la ciudad de México. Allí, fue compañero de escuela de Carlos Monsiváis, casi dos años mayor que él.

Hijo de Juan Ignacio Lizalde, ingeniero, dibujante y apasionado de la poesía, y de María Luisa Chávez García de la Cadena, vivió una infancia austera en distintos lugares del país. Quiso mucho a Puebla, a la que consideró su ciudad adoptiva.

Enrique Lizalde estudió ópera en el Conservatorio Nacional, donde educó su voz, dotada de un magnífico timbre. A pesar de ello, en lugar de dedicarse al canto siguió el camino de la actuación.

Sin embargo, nunca abandonó a Eu­terpe. Poseedor de una cultura musical privilegiada, fue, o estuvo muy cerca de ser lo que Theodor Adorno llamó un oyente experto, es decir, alguien capaz de una escucha estructural, que es plenamente consciente de lo que oye y lo asimila con naturalidad.

El actor vivió envuelto por la música clásica. Escucharla, conocerla a profundidad, fue una de sus grandes pasiones. A ella invirtió mucho tiempo y dedicación. Con ella murió. Se despidió de este mundo el 3 de junio arrullado por el Réquiem de Gabriel Fauré.

Compañía afortunada. Escribió el compositor francés: Se ha dicho que mi réquiem no expresa el miedo a la muerte y ha habido quien lo ha llamado un arrullo de la muerte. Pues bien, es que así es como veo yo la muerte: como una feliz liberación, una aspiración a una felicidad superior, antes que una penosa experiencia.

En su juventud, Enrique Lizalde fue militante de la Liga Leninista Espartaco, la organización comunista creada en septiembre de 1960 por José Revueltas y Enrique González Rojo a raíz de la expulsión de los militantes de las células Marx, Engels y Junot del Partido Comunista Mexicano. La historia de esta aventura fue narrada por su hermano Eduardo Lizalde, uno de los principales animadores de este proyecto, en Autobiografía de un fracaso.
 
Lizalde saltó a la fama en 1966, al interpretar el papel de Juan del Diablo, en la telenovela Corazón salvaje. Juan del Diablo es un pirata y contrabandista que vivió en la isla de Martinica a comienzos del siglo XIX, capaz, entre otras mañas, de enseñar las delicias del amor verdadero a una monja.
 
Profesional de la actuación, hizo de ella su vida y de él mismo su propio personaje. En una entrevista realizada en la década de los noventa decía: Hay días buenos y malos como en todo, pero como actores tenemos la responsabilidad de dejar de lado nuestras cuestiones personales para convertirnos un poco en nuestros personajes, para obsequiar esa verdad en la caracterización que es el principal propósito del trabajo que tanto amamos.
 
Comprometido con la transformación política y social del país, Lizalde fue clave en la fundación del Sindicato de Actores Independientes (SAI), una de las experiencias de dignificación del sindicalismo nacional más notables de la insurgencia obrera. La lucha comenzó en mayo de 1977, cuando Lizalde y otros destacados artistas como Claudio Obregón, Óscar Chávez y Enrique Rocha organizaron un movimiento para depurar la Asociación Nacional de Actores (ANDA), encabezada por Jaime Fernández. Durante años intentaron infructuosamente democratizar el gremio y dotarse de una representación auténtica. Finalmente, en 1985 tuvieron que reconocer su derrota y firmar el acta de defunción del SAI. Lizalde nunca regresó a la ANDA.
 
Muchos de sus colegas le reconocen su empeño y congruencia en esta tarea. El pasado 7 de junio, la Asociación Nacional de Intérpretes (ANDI) organizó un homenaje a Lizalde en la sede de la organización. Allí, el actor Mario Casillas leyó una carta dirigida al fallecido. La historia del sindicalismo mexicano no podrá escribirse sin la crónica del SAI, del cual fuiste líder principal y a través del cual abrevamos algunos actores la conciencia gremial, le dijo. Nunca antes, ni después de ti, nos hemos movilizado tanto los actores alrededor de la defensa de nuestras causas gremiales.
 
Hombre de una sola pieza, siempre fue muy exigente con la calidad y el contenido de las telenovelas que grabó. Casado con la actriz Tita Grieg, padre de cuatro hijos, enfrentó a su lado años de biocot laboral muy difíciles. A pesar de ello, nunca se dobló. Sus convicciones más profundas nunca estuvieron en venta, ni siquiera sujetas a negociación.
 
Otra de las grandes pasiones de Lizalde fue la carpintería. Trabajó la madera, al punto de convertirse en un experto ebanista. Fabricar muebles fue para él una diversión, una terapia y un motivo de orgullo.
 
Actor, melómano, carpintero, sindicalista democrático, Enrique Lizalde fue un personaje único y excepcional en la industria del entretenimiento del país. Uno que se hizo querer y respetar, y despedirse con el Réquiem de Fauré.
FUENTE: LA JORNADA OPINION
 

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