Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

sábado, 15 de junio de 2013

Turquía para principiantes- Sembrando vientos y semillas de esperanza- Debate sobre el desarrollo-

Turquía para principiantes

Claudio Lomnitz
Foto
En la plaza Taksim, turcos se manifestaron ayer en recuerdo de los caídos durante las protestas recientes
Foto Ap
Hay bastante prejuicio que escombrar para pensar lo que está pasando hoy en Turquía.
 
Lo primero: ya chole con la metáfora de las primaveras en la región levantina.
 
La imagen primaveral tiene dos grandes problemas: primero está lo que podríamos llamar la teleología de la imagen (es decir, que así como la primavera sigue al invierno e inaugura la dulzura del verano, los movimientos políticos de Medio Oriente marcarían el final de la dictadura y el nacimiento del gobierno popular); el segundo tiene que ver con las cualidades mismas de la primavera, frente a las realidades políticas de los países en que se han dado estos movimientos.
 
Así, por ejemplo, las primaveras tunecinas y egipcias llevaron al gobierno a partidos islámicos, más o menos neoliberales en cuanto a su orientación económica, y, en el caso de Egipto, con alguna vocación autoritaria y bastante tradicionalismo ante los derechos de la mujer. Si en México se hubiera tumbado al PRI en 1988 y entregado el poder al Yunque, con una importante mayoría electoral, poca gente estaría hablando de primaveras.
 
En ese caso, lo que estorba de la metáfora de la primavera no es tanto la teleología invierno-primavera-verano (aunque la dirección que tomarán Egipto y Tunes está en veremos), sino la cualidad misma de la imagen primaveral, frente a la elección de gobiernos socialmente conservadores. Como imagen, la primavera usualmente viene asociada con el perfume sensual de las flores, con mujeres y hombres vestidos gazas de color pastel, y de preferencia con poca ropa. No tiene demasiado que ver la regulación piadosa del uso del espacio público ni tampoco con nacionalismos que sospechan de las consecuencias culturales de la globalización a la par de que se apoyan en un empresariado igualmente capitalista pero de signo conservador.
 
Y eso que los alzamientos egipcios y tunecinos fueron las primaveras más primaverales: la primavera Libia fue una guerra civil cruenta que tumbó al dictador, sí, pero que no dejó un Estado servible en su lugar, sino a bandas armadas que procedieron a desestabilizar la democracia en Malí. La primavera Siria, por su parte, ha dejado, según la ONU, 93 mil muertos en dos años, y a miles de refugiados...
O sea, más vale el agnosticismo ante la imagen primaveral: tenemos en la región movimientos populares, sí, dirigidos contra dictaduras o contra figuras autoritarias, también. Pero eso dice poco tanto de las cualidades internas de los movimientos como de la dirección histórica que llevan.
 
Ahora bien, el caso de Turquía es distinto de todos los anteriores. A diferencia de Túnez, Egipto, Siria y Libia, Turquía tiene un gobierno elegido democráticamente. El primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, ha sido relecto tres veces, cada vez con más votos, y es un hombre que goza de una base de apoyo dura y mayoritaria. Además, a diferencia también de los países de la primavera árabe, Turquía es un potencia económica a la que le ha ido muy bien en años recientes –el hecho de que Turquía no haya entrado a la zona del euro le permitió esquivar las políticas recesivas que han golpeado el sur de Europa; mientras que el islamismo de Erdogan y de la burguesía turca ha facilitado que Turquía vuelva a conseguir una posición de liderazgo político y económico en el levante.
 
Por otra parte, se trata de una economía y una sociedad que ha crecido a un ritmo galopante, cosa que tiene sus contradicciones. Cuando conocí Estambul, en 1975, la ciudad tenía alrededor de dos y medio millones de habitantes, hoy tiene 14 millones. La prosperidad del boom turco ha consolidado sectores medios, educados, con aspiraciones democráticas.
 
Tal vez por eso el movimiento social que comenzó hace unas semanas en Estambul recuerda en algo el 68 mexicano: es un movimiento heterodoxo–juvenil, igualitario, iconoclasta, anti-autoritario, en el que se mezclan la contracultura, la izquierda y un malestar difuso. Enfrentados todos a un gobierno que tiene las riendas del poder firmemente en la mano, pero que está ensoberbecido por sus éxitos (el México de Gustavo Díaz Ordaz era también el del milagro mexicano).
 
Hay también otros paralelos con el 68 mexicano. La Turquía de Erdogan está en medio de una serie de apuestas internacionales delicadas (que incluyen no sólo el procurar las Olimpiadas para Estambul para 2020 y la eventual entrada de Turquía a la Unión Europea, sino también el apoyo de Erdogan a la revuelta en Siria, el surgimiento de Turquía como potencia regional que compite en influencia con Irán y Arabia Saudita, la construcción de un arreglo con la minoría kurda en Turquía para consolidar las relaciones con la región kurda en Irak, que, gracias a un nuevo oleoducto, quedaría prácticamente como una dependencia de Turquía). Esa situación, aunada a la fuerza de Erdogan (quien usualmente se refiere a sí mismo hablando en tercera persona, cosa que, en un político, es señal infalible de megalomanía), llevó a que el primer ministro respondiera al movimiento urbano con brutalidad. Hasta ahí los paralelos con el 68 mexicano.
 
La protesta popular en Turquía comenzó con un movimiento modesto de defensa del parque Gezi, uno de los últimos espacios verdes de Estambul. La protesta se puede apreciar en Youtube y tenía al principio un cierto sabor a Woodstock –clases medias y populares protestando, porque se iba a derrumbar el parque para construir un centro comercial en un edificio que iba a ser réplica de un cuartel otomano del siglo XIX. Esa clase de obra pública megalomaniaca ha proliferado en tiempos de Erdogan, que ha favorecido proyectos que aúnan beneficios a la burguesía nacional a la vez que apuntalan la ideología patriótica neo otomana y el islamismo (relativamente light) del régimen.
 
La cuestión es que el gobierno de Erdogan respondió a la protesta del parque Gezi con una represión brutal, que hasta ayer había dejado tres muertos y más de 4 mil heridos. Fue precisamente esa represión la que multiplicó la escalada de la protesta, que se convirtió en la protesta civil más importante de la historia de la república turca, y que consiguió adhesiones que van mucho más allá de los grupos ambientales, feministas o secularistas y estudiantiles con que se inició la ocupación del parque Gezi. Así, por ejemplo, la población alauí de Turquía (que representa cerca de 20 por ciento) ha estado muy preocupada por el apoyo que Erdogan ha brindado a la rebelión en Siria, porque el presidente sirio es también alauí y la guerra de Siria se ha transformado en un conflicto sectario. Muchos alauitas se unieron a la protesta.
 
Por otra parte, Turquía tiene más periodistas presos que cualquier otro país de su tamaño y la televisión turca ha estado coludida con el gobierno de Erdogan (de nuevo, resuena con el 68 mexicano). Así, mientras los policías reprimían las manifestaciones en Gevi y en la plaza Taksim, la televisión pasaba documentales sobre pingüinos. Ese autoritarismo llevó a que importantes grupos sindicales se unieran a la protesta.
 
En un gesto también algo diazordazesco, Erdogan no ha dejado de decir que los que protestan están siendo manipulados por intereses extraños. A diferencia de Díaz Ordaz, quien le echaba la culpa al comunismo internacional, Erdogan habla de terroristas y de intereses del capital financiero (que lo apoyado en buen grado hasta ahora) como la supuesta fuerza motriz del movimiento.
 
Afortunadamente, ayer los manifestantes llegaron a un arreglo con Erdogan, quien detendrá la destrucción del parque y llevará el asunto a la Corte, quizá a plebiscito. Claro, a estas alturas el parque es sólo una pequeña muestra de los problemas que inflaman a una minoría turca que se siente atropellada por el autoritarismo democráticamente electo.
 
Como sea, el hecho de que Erdogan se haya visto obligado a negociar puede significar que la democracia turca evolucione en un sentido positivo.
FUENTE: LA JORNADA OPINION
 
Sembrando vientos y semillas de esperanza

Silvia Ribeiro*
Desde el corazón de la tierra, que late en las milpas, en los arrozales campesinos, en los olivares, en cada puñado de semillas compartidas, en los arcoiris que forman las redes de los pescadores artesanales acariciando el sol cuando son lanzadas, en los bosques y sus pueblos indígenas, en las sierras andinas donde las campesinas hacen nacer papas de muchos sabores y colores, en los campamentos de los trabajadores sin tierra, de todos esos lugares y más, llegaron cientos de campesinas y campesinos a celebrar los 20 años de vida de La Vía Campesina. Más de mil 500 personas, incluidos aliados, amigos, voluntarios, convergieron en Indonesia del 6 al 13 de junio, en la sexta Conferencia Internacional de la Vía Campesina titulada Egidio Bruneto (en memoria de este compañero del Movimiento Sin Tierra de Brasil), precedida por la cuarta Asamblea de Mujeres de la Vía Campesina, y su tercera Asamblea de Jóvenes.
 
La Vía Campesina se ha convertido en el movimiento campesino global más grande de la historia, con más de 200 millones de miembros, de una gran diversidad geográfica, lingüística y cultural, agrupados en 150 organizaciones nacionales en más de 70 países.

La sexta conferencia internacional, su asamblea global, integró 38 nuevas organizaciones, extendiendo su red al Oriente Medio, con Palestina; y a Australia. Desde Turquía, la organización campesina de ese país trajo un saludo grabado en vivo desde las luchas que ahora mismo llevan en las calles. Todo comunicado en varios idiomas simultáneamente, gracias al trabajo solidario de setenta intérpretes de la cooperativa internacional Coati.

Cada conferencia internacional de la Vía Campesina ha tomado decisiones que han marcado el camino en las luchas sociales en el mundo. Por ejemplo, en 1996, en su segunda conferencia internacional, en Tlaxcala, México, acuñaron el concepto soberanía alimentaria, en oposición a seguridad alimentaria, que sólo contempla el volumen de alimentos a producir y no quién, cómo y para quién se producen. Desde entonces, el concepto ha recorrido el mundo, cambiando radicalmente el debate global sobre alimentación y agricultura.

En esta sexta conferencia, uno de los hitos históricos fue haber designado una mujer como coordinadora internacional del movimiento, y trasladar la secretaría internacional por primera vez a África. Elizabeth Mpofu, campesina de toda la vida, nacida en la provincia de Masvingo, Zimbabwe, liderará la secretaría que se instala en su país.

La sede de la secretaría operativa de Vía Campesina se rota por decisión de las conferencias internacionales, que también aprueba la integración de su organismo de coordinación, un comité integrado por 18 representantes, una mujer y un hombre de cada una de sus nueve regiones en Asia, África, Europa y las Américas.

El traslado de responsabilidades sucedió en una ceremonia colectiva, festiva y acompañada de cantos, música, poesía y teatro que componen la mística de la Vía Campesina, como le llaman sus integrantes. En uno de los momentos muy emotivos de esta conferencia, la coordinadora Elizabeth Mpofu, ante el anuncio de su nueva responsabilidad, se hincó en el suelo, colocando su cabeza y manos en la tierra, repitiéndolo hacia los cuatro puntos cardinales de la asamblea que la rodeaba en amplio círculo, en un gesto tradicional shona, su cultura y lengua materna. Diametralmente opuesto a la arrogancia de los que asumen cargos en la mayoría de organizaciones o partidos, Elizabeth marcó claramente su mandar obedeciendo en ritmo africano. Remarcó que no era un reconocimiento a su persona, sino al trabajo de todas y todos y que traía consigo, como su principal aporte y herramienta para la tarea a cumplir, el sentido comunitario de la vida, trabajo en equipo y lucha de las comunidades campesinas e indígenas de África. Como una reafirmación más de esta voluntad de hacer visibles a los pueblos y sus luchas, se designó al País Vasco como sede de la próxima conferencia internacional, en cuatro años.
 
Sin duda, Vía Campesina se ha convertido a sus 20 años en un referente mundial de los movimientos sociales y organizaciones de todo el mundo, y en un actor que no pueden ignorar gobiernos e instituciones internacionales. Es un camino construido desde abajo, desde la luchas locales, en una articulación global que no ha estado exenta de dificultades y desafíos, pero que sigue afianzándose. En esta asamblea, se volvió a marcar el rumbo de lucha contra las trasnacionales, con Monsanto como un exponente principal, contra los acaparamientos de tierra, el latifundio y la devastación de territorios por minería y otras industrias, contra la llamada economía verde y la mercantilización de la naturaleza, contra la criminalización de los movimientos. También afirmaron la construcción de alianzas campo-ciudad y por supuesto, la vía campesina y agroecológica de producir alimentos, siguiendo su tarea de derrumbar el mito de que los campesinos e indígenas son marginales. Por el contrario, son centrales a la sobrevivencia de todos y del planeta, son los que alimentan a 70 por ciento de la humanidad, con sólo 20 por ciento de la tierra arable global y son los que así enfrían el planeta y cuidan la tierra y el agua.
 
La conferencia se pronunció también contra la siembra de maíz transgénico en México, su centro de origen, que ven como un crimen global contra el legado de semillas que han brindado las y los campesinos desde hace 10 mil años y que pretenden apropiarse y contaminar las trasnacionales. Seguirán enfrentando la lucha permanente de la Vía Campesina, sembrando vientos y semillas de esperanza.
*Investigadora del Grupo ETC
FUENTE: LA JORNADA OPINION
 
Debate sobre el desarrollo

Miguel Concha
La Organización de Naciones Unidas convocó en 2000 a una reunión en la que participaron 189 representantes de Estado, quienes acordaron acciones para garantizar la dignidad, la igualdad humana y el desarrollo económico y social. Se firmó entonces la Declaración del Milenio, en la que se señalaron ocho metas mundiales, a las que se denominó Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), que deberían ser alcanzados antes de 2015. Durante los 10 años que siguieron, se dio seguimiento a los trabajos encaminados a su realización. En 2010, durante la reunión plenaria de alto nivel sobre los ODM, se pidió al secretario general de la organización que hiciera recomendaciones relacionadas con la agenda posterior a 2015.
 
Para 2012, un comité conformado para esa tarea entregó las primeras sugerencias. Proponen que la agenda post 2015 se construya con base en tres principios: derechos humanos, igualdad y sostenibilidad. Y sobre cuatro dimensiones centrales: desarrollo social incluyente, sostenibilidad ambiental, desarrollo económico incluyente y seguridad y paz. Posteriormente se creó el Grupo de Alto Nivel de Personas Eminentes para la Agenda de Desarrollo, con la finalidad de revisar y consensuar una primera visión y forma de la agenda. Este grupo lo encabezan los mandatarios de Liberia e Indonesia y el primer ministro del Reino Unido.

En marzo de 2013 entregaron sus aportes. Compartieron que de acuerdo con su perspectiva y con los intercambios de experiencias en diversas regiones, deben realizarse en el mundo cinco cambios fundamentales, entre los que destacan: terminar con la pobreza y no sólo reducirla; la construcción de la paz mediante instituciones eficaces y abiertas para todas las personas, y colocar el desarrollo sustentable en el centro de posibles nuevas alianzas entre los países. De los cinco cambios propuestos se desprenden 12 objetivos que pueden conformar la agenda post 2015. Cabe subrayar que este grupo de personas eminentes señaló que el progreso sin precedentes que según ellos se ha obtenido, tiene que ver con la combinación del crecimiento económico, las políticas mejoradas y el compromiso global de todos los Estados para el cumplimiento de los ODM. Lo cual, dicen, se presenta como un grito colectivo de inspiración para todo el mundo.

El proceso desencadenado de cara a 2015 ha dado paso también a un ejercicio de diálogo global inaudito, ya que personas y pueblos de todo el mundo pueden aportar opiniones para dar forma a la agenda de desarrollo. Por ejemplo, del 17 al 20 de abril se realizó en Guadalajara, Jalisco, una de las consultas. No obstante las deficiencias en la convocatoria, en ella participaron organizaciones sociales, académicos y responsables de gobiernos, y se recogieron propuestas acerca del futuro que queremos en América Latina y el Caribe. Hasta aquí lo que el Sistema de Naciones Unidas ha impulsado. Un esfuerzo sin duda de enormes alcances.

En la era de la información y la globalización, ejercicios como este nos generan preguntas a nivel planetario. Interpelan asimismo a las naciones sobre su responsabilidad con el bien común de la humanidad. No sólo a las que luchan por un mejor futuro y mejores condiciones de vida, sino sobre todo a las que por su poder económico y político son más responsables en el rumbo del planeta. A ellas les corresponde reflexionar mayormente desde una postura ética sobre lo que les compete hacer para alcanzar la dignidad e igualdad en el orbe. La discusión que está de fondo se relaciona entonces con la concepción del desarrollo y el estilo de vida que se ha impuesto a los pueblos, y que se ha hecho creer que es la aspiración de todo el mundo.
 
Las propuestas que hasta ahora se han construido en los diversos grupos de la ONU contienen predominantemente la reafirmación de un paradigma de desarrollo concretado en el último siglo. Las políticas aplicadas por los países para convertirse en desarrollados han sido sobre la base de la ideología del progreso. El desarrollo está concebido como el mero crecimiento económico sin límites, donde el capital determina la mejora o no de los países. Este crecimiento se práctica de manera lineal e ininterrumpidamente, apropiándose de los bienes naturales y convirtiéndolos en mercancías. El derrotero de vida digna es única y exclusivamente el que la modernidad occidental ha establecido.
 
Los retos de la discusión sobre la agenda del desarrollo se relacionan entonces con la participación plena de todos los sectores críticos de las ideas dominantes, y que ahora parecen ser consenso mundial. Son importantes de considerar en la discusión que ahora se abre en el mundo las propuestas de pueblos que se deslindan del desarrollo propuesto por el norte global. Los colectivos que miran críticamente son sin duda alguna una confrontación y una posibilidad para no repetir errores que nos han llevado a la crisis civilizatoria en la que nos encontramos, la cual, de seguir así, ocasionará daños irreversibles al planeta y a la humanidad. El sur global tiene propuestas concretas frente a este escenario. Si le preguntáramos por lo que la agenda sobre desarrollo debería contener, parece que lo primero que nos compartiría sería una invitación a cambiar la concepción hegemónica de desarrollo.
 
Frente a las preguntas: ¿qué futuro queremos para todas y todos? y ¿qué nos toca hacer en una época de crisis?, los saberes de los pueblos que han convivido con la naturaleza de manera respetuosa son fundamentales, y es urgente que sean retomados en esta discusión. Las maneras de vivir del sur son alternativas ante la preocupación planetaria sobre el medio ambiente y el bienestar de la humanidad. Frente a la concepción hegemónica de desarrollo, que a la luz de lo que vivimos se ha convertido en una falacia, pues ha incrementado las brechas de desigualdad y ha reafirmado la miseria e injusticia, los aportes del sur global y las críticas del posdesarrollo son vitales: no construyen otro desarrollo, sino que abren la posibilidad de soluciones y alternativas profundas.
FUENTE: LA JORNADA OPINION

No hay comentarios:

Publicar un comentario