Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

sábado, 17 de agosto de 2013

El País y la reforma energética: ¿cuál es el interés?

El País y la reforma energética: ¿cuál es el interés?

 
Revisando la recepción de la prensa internacional a la reforma energética propuesta el 12 de agosto por Enrique Peña me encuentro en la plataforma electrónica de El País un artículo firmado por Sabino Bastidas Colinas, titulado: “La Reforma petrolera en México: argumentos contra sentimientos”[1]. Aunque se trate de uno de los textos peor escritos que se haya publicado en el periódico español, eso, al menos en esta ocasión, es lo de menos. Lo que llama mi atención es que El País haya decidido publicarlo como el gran análisis de la reforma energética. Aquí intento delinear una explicación.
I.
El artículo de Sabino Bastidas Colinas comienza con una analogía histórica: el General Cárdenas y el Presidente Peña Nieto, a 75 años de distancia, se enfrentan en el mismo lugar (“los muros, paseos y jardines de Los Pinos”) a “una de las decisiones más complejas y difíciles de la historia de México”. La del General Cárdenas, la expropiación petrolera; la de Peña, la iniciativa de reforma al “mítico artículo 27 constitucional”. Agrega Bastidas Colinas: “Las dos son decisiones duras, para tiempos y mundos muy distintos. Para un México en contextos y condiciones muy diferentes”.
O bien el señor Bastidas Colinas no ha leído suficiente historia para entender el significado histórico de la Expropiación Petrolera del 18 de marzo de 1938 o está queriendo vender gato por liebre.
Después de defender la “semejanza” entre el General Cárdenas y Peña, Bastidas emborrona 34 párrafos de ideas inconexas y repletas de superficialidades cuya intención parece ser (intuyo) resumir la “historia petrolera” de México y que se entiende mejor si nos olvidamos de la gramática.
El argumento del texto es muy sencillo: el éxito de la “necesaria e impostergable” reforma petrolera (sic.) depende de la victoria de los “argumentos” sobre los “sentimientos”. De un lado está Enrique Peña “[quien] ha construido a lo largo de estos meses un mecanismo de diálogo muy cordial y respetuoso” y de otro lado habitan “los sentimientos de la calle” quienes no saben otra cosa que gritar “el petróleo es nuestro” y “no a la privatización”.
En todo su análisis (llamémoslo así) no hay mención alguna a los temas cruciales que cualquier análisis sobre la iniciativa energética debería tocar: la carga fiscal que pesa sobre la empresa, el desmantelamiento al que ha estado sujeta la industria petrolera y el Instituto Mexicano del Petróleo, los mecanismos propuestos sobre rendición de cuentas, la necesidad de acotar el poder del Sindicato, los márgenes de ganancia de los contratos de utilidad compartida decididos directamente desde la presidencia o las relaciones de quienes hoy detentan el poder con el capital transnacional interesado en participar en Pemex [2]. Se trata apenas de una letanía de explicaciones (llamémoslas así) de por qué Pemex, al ser monopolio público, está imposibilitado para competir en el mercado. Ni una mención a, por ejemplo, lo que de suyo tiene la iniciativa en relación a la producción y participación de actores privadas en las redes de distribución de energía. Hay otra serie de vacilaciones y huecos –imperdonables para un articulista de El País– que importan menos. Por ejemplo, en un non sequitur realmente divertido, el autor asemeja la pasión que rodea al petróleo en México con “el tema del rifle en Estados Unidos; el Peñón de Gibraltar en España; las Malvinas en Argentina; o el divorcio en Chile”. Así nomás.
En su artículo, Bastidas Colinas deja en evidencia que no leyó la iniciativa de ley para escribir el artículo (de otro modo no la llamaría “reforma petrolera” a secas), que su conocimiento sobre la industria petroquímica es cercano a su nivel de tolerancia (“… Peña tendrá que advertir que, al final, en este tema no habrá ni consensos, ni unanimidades. Tendrá que haber mayorías”) y que su retórica es tan buena como la del mejor priista (“Es una […] Reforma de apertura a inversión, pero sobre todo, reforma de saber y conocimiento”).
No me detengo en rebatir sus argumentos (llamémoslos así) porque para ello es necesario más paciencia, tiempo y espacio. Baste decir que el suyo es otro ejemplo del juego sucio que enhebra la aguja y apuntilla el periodismo moderno. Aquí lo que realmente me interesa es el porqué del interés de El País en publicar el artículo con tanto entusiasmo.
II
De Bastidas Colinas no sé más que lo que me presenta una fugaz búsqueda por Internet. Es abogado, fue Presidente de la Fundación Colosio (no me sorprende) y participa aquí y allá con algún comentario alrededor de cualquier tema. Que El País –o quien dirija la plataforma para América Latina de su portal electrónico– lo invite a “comentar” la reforma energética sigue siendo un misterio.
Su artículo apareció el martes 13 de agosto (junto a una reseña bien equilibrada de Salvador Camarena) en letras mayúsculas, en sección especial y acompañado de una fotografía del autor. Como si de Vargas Llosa se tratara, vaya. Durante todo el día se mantuvo dentro de las cinco “noticias” más leídas del periódico y como único análisis disponible alrededor de la reforma. Vaya, lo que quiero decir es que no se trató de una columna de opinión como cualquier otra sino de una fina estrategia por parte de un cuerpo editorial que, sugiero, responde más a intereses privados que a la búsqueda por ofrecer opiniones claras y bien argumentadas.
“¿Cuál es el problema?”, dirán algunos; “¿No tiene todo medio de comunicación derecho en elegir a quien se le venga en gana para dar una opinión?”, faltaría más. Ese no es el punto.
El País es el diario de referencia para el mundo hispanohablante; es una fuente invaluable para difundir ideas. Cuando alguien escribe en sus páginas sobre la situación mexicana la noticia se multiplica. Será un rasgo de nuestro pasado colonial pero la opinión del periódico y de sus articulistas sobre México pesa más que lo que pueda escribirse en cualquier otro medio. Por aquí y por allá se dice: “El País escribió que…”. Y eso, por supuesto, no pasa  desapercibido por sus dirigentes.
Para muchos, sobre todo fuera de España, El País se logró constituir como una referencia de izquierdas. Nació en la transición española y desde entonces su presencia es signo de la salud democrática de aquel país. Sin embargo, hace tiempo que su línea editorial hacia América Latina no corresponda a la imagen que proyecta para España[3]. Al contrario: su línea editorial parece estar más interesada en la protección de los intereses de empresas españolas en el exterior que de informar a su público de los vaivenes de la periferia. Su política editorial hacia Venezuela, Cuba, Argentina, Bolivia y Ecuador compite con la derecha más silvestre de los diarios mexicanos. No se entiende, por ejemplo, el combate sistemático del periódico al gobierno de Cristina Kirchner sin tomar en cuenta la decisión de la Presidenta de quitarle sus privilegios a Repsol al expropiar la empresa YPF. Lo que quiero decir es que no es de hoy ni exclusivo de México; la tendencia viene de largo atrás. Es cuestión de leer entre líneas.
La fundadora de El País y primera jefa de documentación, Beatriz Rodríguez, es hoy Diputada del Partido Popular (PP). El ex director de la sección internacional del periódico, Carlos Mendo, fue candidato del mismo partido a una diputación en el parlamento europeo. Pilar Marcos, articulista estrella del diario español durante años, pasó a dirigir la fundación dirigida por José María Aznar, FAES, antes de ser Diputada en la actual Legislatura por el PP. Hermann Tertsch, ex subdirector del diario y otrora director de la sección de Opinión, es otro colaborador de FAES y conferencista asiduo de los populares. Y así muchísimos ejemplos[4]. Pero, ¿cómo explicar el giro a la derecha del periódico y en particular en su despliegue informativo hacia América Latina?
Pues bien, el “dueño” de El País, Grupo PRISA, controla también Editorial Santillana –que hace muy buenos negocios con la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuito en la publicación de sus libros[5]–,  1250 emisoras de radio en América Latina y España y cientos de empresas más en ambos lados del Atlántico. En México controlan solamente 17 estaciones de radio. De una de ellas –W Radio– fue despedida Carmen Aristegui por  resultar “molesta” al régimen de Calderón. En su momento se dijo que sólo se le rescindía el contrato; a los pocos meses el ex director de Radio W, Daniel Moreno, reconoció las presiones de Grupo PRISA y el interés por no afectar su relación con Calderón. Ahora, muerto el rey, PRISA grita ¡que viva el nuevo rey!
Es ese el interés del grupo: imponerse en la periferia como agente de poder político[6]. Para ello tienen que enfrentar el dilema insalvable: privilegiar los negocios y acuerdos con los gobiernos o mantenerse como fuente informativa confiable y espacio de análisis serio y ecuánime. En México como en otros lados parecen haber elegido la primera opción. En esa encrucijada está embebido la forma y modo de la publicación del artículo de Bastidas Colinas.
III.
Intentar presentar la realidad conforme convengan a intereses personales, de grupo o de clase es una práctica más común de lo que se cree pero, “cuando es el estilo constante de quien se presenta como el primer grupo de información y comunicación hispano en el mundo, nos podemos hacer idea de la falta de escrúpulos de quienes dicen estar al servicio de la verdad y la libertad de expresión”. [7]
Lo dañino no son los articulistas afines al régimen como Bastidas Colinas; ellos llegarán y se irán sin que apenas alguien se entere. Su labor, al fin y al cabo, la ocupará otro; siempre ha sido así. Lo peligroso es caer e interiorizar el discurso construido, la ideología recubierta de técnica, la aparente neutralidad. El País podrá seguir utilizando su capital simbólico y real para avanzar sus intereses. A otros nos tocará acompañar al sentimiento de razones y poner en evidencia sus miserias y artificios; esto es, hacer lo propio para que el fraude intelectual no se imponga; o al menos, dejar constancia de que nos damos cuenta que entre las decisiones del General Cárdenas y Enrique Peña hay algo más –mucho más– que 75 años de distancia.

[2] Georgina Kessel ex Secretaría de Energía durante el gobierno de Felipe Calderón es, cuando escribo esta columna, parte del consejo de administración de la empresa de energía española Iberdrola. Kessel es un caso muy obvio de lo que en otro país podría llamarse uso de información privilegiada, tráfico de influencias o conflicto de intereses. En México la ley lo permite. El Lobby, que le llaman.
[3] Recomiendo ampliamente todo lo publicado por Pascual Serrano alrededor de la línea editorial del periódico. Para los interesados en la posición de la prensa española con respecto a América Latina, nada mejor que su Juego Sucio: una mirada a la prensa española de hoy publicado por Editorial José Martí en 2006.
[4] Véase, entre otras fuentes: Pascual Serrano, El PAÍS como cantera de la derecha política. Articulo disponible en: http://www.pascualserrano.net/noticias/el-pais-como-cantera-de-la-derecha-politica
[5] Para ahondar en los negocios entre Editorial Santilla y las Secretarias de Educación de diferentes países recomiendo el valiente trabajo de  Francisco Umbral, El Socialfelipismo: la democracia detenida, publicado por Ediciones B.
[6] Exitosos no han sido del todo. Tras la crisis de 2008-2009 las acciones de PRISA fueron vendidas en diferentes partes a distintos fondos de capital privado al punto en que hoy PRISA es una empresa despedazada y repartida entre bancos y fondos de inversión estadounidenses, banca suiza y  grupos de comunicación europeos.
[7] Pascual Serrano, PRISA, la caída del imperio. Atlántica XXII: revista asturiana de información y pensamiento, Nº. 23, 2012, págs. 42-45.
Fuente: Sin embargo.mx

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