El misterio del petróleo
Néstor de Buen
Confieso que no acabo de entender el problema del petróleo que, por lo visto, será discutido en estos días en el Congreso de la Unión, con base en un proyecto presidencial.
Habrá que leer los términos del proyecto de reforma constitucional para determinar si es o no contradictorio con lo establecido en la Constitución a partir de la expropiación petrolera que en su momento promovió el presidente Lázaro Cárdenas, con el pago de indemnizaciones a las diversas compañías que llevaban a cabo la tarea.
Me temo que se trata, simple y sencillamente, de autorizar que sociedades particulares, nacionales o extranjeras, lleven a cabo esas tareas que hasta ahora, en forma exclusiva, ha realizado Pemex.
Me pregunto, con curiosidad malsana, cuáles serán los procedimientos para determinar el volumen de la extracción y el valor de la venta, y si se establecerá algún mecanismo de control para que no haya engaños costosos y, en ese caso, cuales serán las medidas que podrán tomarse para exigir el exacto cumplimiento de las obligaciones asumidas por esas sociedades y, en su caso, ante qué organismo nacional o internacional.
En todo caso parece evidente que Pemex tendrá que crear un equipo de inspectores con claras facultades para si es preciso, ordenar la suspensión de los trabajos y el cumplimiento de las obligaciones que asuman los nuevos explotadores.
Es evidente que habrá que revisar el vigente contrato colectivo de trabajo para determinar si el nuevo sistema invade, como supongo, alguna facultad atribuida al sindicato, por ejemplo, en relación con la cláusula de exclusión que necesariamente se verá comprometida con la aparición de nuevos empresarios que ciertamente se verán en la necesidad de firmar los contratos colectivos que les impongan los sindicatos representativos de los trabajadores que contraten.
Es obvio que esta nueva situación afectará a las relaciones laborales establecidas antes con respecto a cada zona de trabajo actualmente vigente a cargo de Pemex, salvo que se pretenda que no ceda ningún campo de trabajo, lo que me parece difícil que pueda ocurrir.
Aquí se ponen de manifiesto diversos problemas que, me temo, no serán tan fáciles de resolver con el riesgo de que las nuevas empresas, seguramente las más importantes en el mundo internacional, presionen de todas las maneras posibles, con el apoyo de sus países de origen pudiendo generar, sin duda, conflictos internacionales.
Lo bueno de esto es que he vuelto a leer el artículo 27 constitucional que, se me había olvidado, es enormemente largo.
He sentido un poco la impresión de que estamos cancelando una parte importantísima de nuestra historia, que ha sido motivo de orgullo desde 1938, en el famoso 18 de marzo que dio fecha a la expropiación.
¿Qué hará el actual sindicato petrolero? Porque de lo que no cabe duda alguna es que tendrá que modificar su estructura de sindicato de empresa para convertirse en sindicato de industria, con todas las consecuencias que ello puede suponer.
Y si, como lo supongo, el Estado ha planeado ya su estrategia o se la han exigido los próximos concesionarios, el asunto se va a poner divertido.
FUENTE: LA JORNADA OPINION
Campaña oficial-Hernández
Reforma energética: la primera
José Antonio Rojas Nieto
El sector energía del mundo se encuentra en un punto de inflexión. De nuevo –y a caso como expresión de la pauperización relativa de recursos naturales– los energéticos son objeto de severas disputas. La mayoría de ellas orientadas a garantizar para los grandes consumidores del mundo el control de recursos naturales que permita cumplir cuatro exigencias de hoy: 1) seguridad energética; 2) eficiencia y competitividad económica; 3) sustentabilidad ambiental; 4) rentas económicas. En este marco –tomémoslo en cuenta– se propone la reforma energética gubernamental. Hoy es urgente garantizar el suministro de combustibles y electricidad, ya que sin éstos no habría ni desarrollo ni bienestar. Y disponer de ellos en precios y calidades que garanticen mayor competitividad. Que permitan un consumo sin pauperización ni deterioro seculares de los recursos naturales. Y con permanente abatimiento de emisiones de gases de efecto invernadero e ingreso a una perspectiva de mitigación irreversible.
Un diagnóstico de lo que ha pasado –al menos los últimos 10 años, por no decir los últimos 35 años de vida petrolera –hubiera sido esencial para quienes hablan– de veras que lo hacen– de transparencia. Incluido el volumen de petróleo exportado. Y su racionalidad. Con una expectativa clarificadora, si se me permite llamarla así, observé y escuché durante casi una hora la entrevista en Televisa al secretario de Hacienda quien, sin duda y por lo que ahí dijo, es el coordinador del equipo que preparó la iniciativa gubernamental de reforma energética. Les aseguro que su diagnóstico es erróneo. En el mejor de los casos incompleto. No sólo en petróleo, sino también en electricidad.
Si pueden, no es desperdicio –de veras que no lo es– obsérvenlo y escúchenlo. No puede estar acertado un diagnóstico incompleto de las finanzas públicas, cuya situación está –a su decir– atrás de ésta y otras iniciativas. ¡Por qué no mencionar, al menos, que desde hace muchos pero muchos años la tasa fiscal no supera el 10 u 11 por ciento del PIB! ¡Menos aún diagnosticar con transparencia esta situación! Eso lo lleva a asegurar que no hay más alternativa para explotar los recursos de hidrocarburos que requiere México, que asociándose con el capital privado. Y volver a producir –señala– más de 3 millones de barriles al día. Supongo que para no cortar exportaciones de crudo. Ni el endeudamiento de Pemex ni la liberación de parte de los recursos fiscales que entrega al fisco son solución. La gran crisis de los años 80 que canceló el desarrollo de México –indica– se originó porque el país se endeudó (deuda a corto plazo o a largo plazo pareciera no entrar en el diagnóstico, por cierto) para explorar y explotar el petróleo. Y el precio se cayó. Sí es cierto lo que dice el secretario. El precio del petróleo es volátil. Pero un mundo que –al menos todavía– no se mueve si no se consumen cerca de 100 millones de barriles al día, no puede
soportaruna volatilidad ilimitada.
Y la liberación de parte de los recursos fiscales que entrega Pemex al fisco tampoco es alternativa porque eso obligaría –asegura– a recortar el gasto en salud, dejar de pagar pensiones, sueldos de policías, sueldo de militares. El diagnóstico debe ser afinado. Mucho. Muchísimo. Como deben ser afinado –sin duda– los discursos de los beneficios esperados. Decir, por ejemplo, que un beneficio tangible será la disminución del precio de la electricidad exige un poco más de reflexión. No porque no pueda llegar a ser. Sino porque tiene pasos previos irrenunciables. Uno es el caso de los usuarios que ya reciben subsidio. Otro el de los que no lo recibe. Además, señalar como colmo que en México la electricidad es mucho más cara que en Estados Unidos a pesar de que hay subsidio, también exige una explicación más fina. Al menos de la estructura de generación. Y del volumen de emisiones asociadas. Pues aunque es absolutamente cierto –como aseguró el secretario de Hacienda– que hoy en día una tercera parte de la electricidad es producida por privados
a pesar de que la Constitución dice que no(sic), no es cierto que la electricidad sea más barata para las grandes empresas por comprárselas a esos generadores privados y no adquirirla de la empresa pública.
A su decir, la electricidad barata debe ser para todos no sólo para las grandes empresas. El debate empieza. Y es buen momento para afinar diagnósticos. Por eso hay que darle la razón cuando señala que no puede ser aprobada fast track. Requiere reflexión. Y amplia aceptación. Por eso, precisamente por eso, deberemos concentrarnos no sólo en diagnósticos y propuestas. E incluir balances de experiencias internacionales. Por un lado, por ejemplo, del tipo de contratos que hay en la industria petrolera. Y, por el otro, del tipo de organización de la industria eléctrica en la que experiencias de mercado como la de Gran Bretaña viven en estos momentos una severa y aguda revisión. Ya lo veremos. Sin duda.
FUENTE: LA JORNADA OPINION
¿Otra vez?
Antonio Gershenson
Los grandes de Pemex dicen que en su petróleo crudo van a aumentar la producción, de 2.5 millones de barriles diarios a 3 millones en 2018, y a 3.5 millones en 2025.
También mencionamos a Chicontepec y a Veracruz con su desplome.
Los funcionarios hacen una previsión de 2.5 a 3.5 millones de barriles de crudo, de 2013 a 2025. Son ocho años en la que aumentará 40 por ciento. La reducción, a partir del pasado inmediato de 10 años, es de 3 mil 383 barriles diarios, al actual de 2 mil 500, bajando a unas tres cuartas partes.
La fantasía del aumento de 40 por ciento cae ante la realidad de lo que ya vimos. Al fin, el bla bla bla es más barato.
Las grandes empresas extranjeras también ya mostraron su ineficiencia en Chicontepec, y ya lo vimos. Pueden decir y jurar que vamos a aumentar la producción en 40 por ciento en ocho años. Pero ya vimos sus piernas rotas. La producción, en lo que va de este año, ya bajó 68 por ciento. Su capacidad de crudo es de 25 barriles diarios. En otros lados, sin necesidad de trasnacionales, es de hasta miles de barriles diarios. Recordemos ejemplos de pozos iniciales directamente de Pemex, como Kinbe-1, con 5 mil 600 barriles diarios, y Pareto con 4 mil, ambos con 43 grados API, o sea crudo súper ligero. Con esta misma calidad (43 grados API) comenzó Tsimin, con 7 mil 400 barriles diarios. En ridículo quedan las trasnacionales de Chicontepec, con un promedio de 25 barriles diarios. Y esa gloria nos ofrece el nuevo gobierno con empresas privadas y en especial trasnacionales.
Y ya vimos que estas perforaciones de Pemex son mucho más baratas que el presupuesto de Chicontepec. De modo que el discurso oficial se cae.
El discurso oficial también habla de cambios a los artículos 27 y 28. En el primer caso,
tratándose del petróleo y de los carburos de hidrógeno sólidos, líquidos o gaseosos o de minerales radioactivos, no se otorgarán concesiones ni contratos, ni subsistirán los que en su caso se hayan otorgado y la nación llevará a cabo la explotación de esos productos.
Si logran sus propósitos, quisieran regresar a tiempos de Porfirio Díaz. Hablan de Cárdenas, pero entonces había 10 veces más civilización, que ahora con ellos.
El artículo 28 dice que
no constituirán monopolios las funciones que el Estado ejerza de manera exclusiva en las siguientes áreas estratégicas: (...) el petróleo y los demás hidrocarburos; petroquímica básica; minerales radioactivos y generación de energía nuclear; electricidad y las actividades que expresamente señalen las leyes que expida el Congreso de la Unión.
Se crean monopolios con las grandes empresas privadas, pero las de esta lista no lo son. ¿Cómo no van a querer cambiar esto los que llegaron al poder por las grandes empresas?
Otro aspecto mencionado por funcionarios es la posesión y operación de refinerías por empresas privadas. Ya el PRI, en 2008, se opuso junto a la izquierda, y entonces sólo el PAN se aferró a esto, y perdió. Ahora el PRI se va otra vez al pasado, a un lado del PAN.
No olvidemos que las refinerías en manos de Pemex han tenido el mayor apoyo popular. Pero hay otro elemento: la lentitud de la derecha en general pero en especial en relación con la construcción de refinerías. La refinería acordada se resolvió a fines de 2008 y más de cuatro años después no han hecho nada. Se habla de un tramo de barda, y ya. Ni siquiera se sabe cuándo se vuelve a empezar. En lo que queda de este año, ni pensar.
Ya con toda la lentitud de la derecha, ese discurso de que va a aumentar muchísimo la producción de lo que hablan al principio es simplemente discurso. A ver cómo le hacen para que la caída que hemos tenido se haga más lenta. La entrega a empresas extranjeras ya la hicieron en los gobiernos pasados de derecha, y se vio el azotón.
FUENTE: LA JORNADA OPINION

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