Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

viernes, 16 de agosto de 2013

Los mártires de la Hermandad yacen empapados en sangre- El nuevo Papa y sus establos de Augías- Penultimátum

Los mártires de la Hermandad yacen empapados en sangre
Robert Fisk
Foto
Dolientes intentan ingresar varios cuerpos a la morgue para alejarlos del intenso calor en El Cairo
Foto Xinhua
¿Cómo pueden descansar los muertos? Sus ataúdes de madera eran golpeados contra las rejas de hierro de la funeraria (mashraha), sus familiares gritaron de horror, los cadáveres envueltos en celofán se apilaban muy alto sobre entre bloques de hielo tan grandes que se temía rompieran los huesos de los muertos. A medida de que el hielo se derretía en la mashraha, en las calles brillantes por el fango, los fondos de los ataúdes comenzaron a llenarse de sangre que tras estar coagulada se volvió nuevamente líquida y semejaba un lodo aguado y carmesí. Mártires todos ellos.
 
Y creo que fue entonces cuando me di cuenta de que los enemigos del depuesto presidente Mohamed Mursi debieron haber comprendido que hace muchos meses que esos cadáveres, esos cuerpos, esos mártires son el pronunciamiento oficial de la Hermandad Musulmana. No hay más. Sin comentarios, en parte porque ya no pueden hablar. Thomas Cromwell, si no mal recuerdo, fue uno de los primeros en asociar el silencio con los muertos, en parte porque ya no tienen necesidad de pronunciarse. La policía dispara y el resultado de una bala destruyendo a los vivos se vuelve la política última. De aquí en adelante, ya no se le ve el fin.
 
El barrio de Zeinhom, de la zona conocida como Sayyidah Zaynab, en El Cairo, es un vecindario pobre con sucias cafeterías y calles llenas de basura, con construcciones hechas con adobe de lodo del Nilo que se sostienen una a la otra en el calor de 37 grados centígrados. ¿Será posible encontrar una calle más deprimente para los furiosos hombres y mujeres pertenecientes a la Hermandad que tienen que llorar la muerte de sus seres queridos?
 
A veces las familias de El Cairo piden estar presentes durante las autopsias que se practican a sus seres queridos; por lo tanto, los lamentos que llenaban el aire caliente de Zeinhom este jueves eran más que rituales de duelo. Algunos quisieron ver en los muertos la más concreta representación de su realidad. Yo conté más de 70 cadáveres. Algunos ataúdes estaban colocados encima de otros y hombres enormes se empujaban y se abrían paso para entrar a la funeraria; algunos se cayeron encima del hielo y de esas espantosas bolsas de celofán.
 
Los rostros de esos muertos estaban cubiertos por nudos del celofán, su espectral presencia a veces era aligerada por el alivio de ver un par de pies, aún cubiertos por zapatos baratos de suela de goma que asomaban de camillas que estaban colocadas en el suelo, entre los ataúdes.
 
Entre las personas que estaban en la funeraria se hacían comentarios sobre acercarse a los policías (a quienes nunca vi) y sobre ir a las instalaciones de la alcaldía de Giza, que está de camino a las pirámides, para prenderles fuego, decían con entusiasmo.
 
Así volvemos a la pregunta de fondo: ¿Por qué tantos muertos?
 
En una calle cercana encontré a Abeer Saady, reportera del periódico Sharouk y vicepresidenta del Sindicato Egipcio de Periodistas, que miraba a la multitud. Antes, ella estuvo buscando el cuerpo de un colega; Ahmed Abdul Dawed, un simpatizante de la Hermandad Musulmana que, ironía de ironías, trabajaba para el periódico gubernamental Al Akhbar.
 
La Hermandad quiere enaltecer la figura de los muertos que el gobierno quisiera dejar en el bajo perfil, me dijo Abeer Saady con tristeza. Desde luego son muchos más de los 194 que el gobierno admitió originalmente. Yo calculo que hay entre 350 y 500 muertos.
 
Pero si yo vi 70, sólo este jueves, sospecho que las fatalidades bien pudieron llegar a mil o más. Otros periodistas árabes pagaron el mismo precio que Ahmed Dawed. Habiba Ahmed Abd Elaziz trabajaba para Gulf News, pero estaba de licencia de su empleo cuando fue baleada cerca de la mezquita de Al Adawiyeh, en Ciudad Nasr.
 
Hace mucho tiempo que la Hermandad abandonó cualquier afecto por los periódicos locales, pero aún tienen tiempo para los infieles de la prensa extranjera. Pese a esto, sus respuestas a mis preguntas fueron muy distantes.
 
¿Quién es?, le pregunté a un joven que estaba parado junto a un cuerpo cubierto por una keffiyeh. A usted qué le importa, me contestó. Le murmuré algo estúpido de que era un ser humano y merecía tener nombre y sólo se encogió de hombros. Un anciano sentado sobre la tapa de un ataúd me dijo que adentro del mismo yacía un hombre llamado Adham. Insistí en saber su nombre completo porque estoy convencido de que los nombres vuelven reales a los muertos.
Mahmoud Mustafa, me gritó otro hombre cuando le señalé el montón de hielo que cubría a su hijo muerto. Otro hombre me dijo que estaba cuidando el cuerpo de Mohamed Fared Mutwali, quien tenía 57 años el miércoles, cuando lo mató la policía. Lentamente, los nombres devolvieron la vida a los muertos.
 
Luego, un joven listo que trataba de hablar en inglés pero estaba llorando puso su mano en mi hombro y señaló otro bulto de celofán. Ése era mi hermano, dijo. “Le dispararon ayer. Era médico. Su nombre era doctor Khaled Kamal y estudió medicina en Beni Suef, en el norte de Egipto. La gente se aferró a la única palabra de inglés que entendieron y gritaron doctor, doctor, una y otra vez.
 
No puede uno ver estas cosas, escuchar estas palabras y pensar que la tragedia de Egipto quedará sepultada hoy con los muertos. Desde esta mañana, a través del mundo árabe, esta semana que es la más sagrada para los musulmanes, quedará asociada con la violencia tanto como con la oración. La Hermandad recordará a sus muertos en las mezquitas de El Cairo y los egipcios esperarán una reacción del gobierno, de la policía y del ejército. Una respuesta del general Abdel Fattah Sisi.
 
Desde luego, se puede intentar balancear el dolor afuera de la funeraria con la normalidad con que el gobierno quiere que todos en El Cairo disfrutemos los caminos que han dejado de estar bloqueados, los camiones que limpian la destrucción que quedó donde se encontraba el campamento de Ciudad Nasr, el anuncio de que se reanudará el servicio ferroviario entre la capital y Alejandría.
 
Sin embargo, hay pequeñas cosas del lugar donde están los muertos que se quedan en la mente. El hombre que me alienta a entrar a la funeraria y que no deja de rezar, el alegre plástico azul con el que forraron el exterior de un ataúd y la incongruencia de ver en él una etiqueta de Etihad Airways pegada torpemente en un extremo.
 
En la acera de enfrente, dos vendedores de café discutieron y luego comenzaron a pelarse y de pronto la calle está llena de vidrios y piedras pues la gente que simpatiza con el gobierno salió de sus deteriorados hogares y se convenció de pronto de que el más bajo de los vendedores de café es de la Hermandad Musulmana. Después, una pandilla de hombres de Mursi aparece y empieza también a arrojar piedras.
 
Un microcosmos de anarquía que le recuerda a uno de la fragilidad que se vive en El Cairo. Será bueno volver a la relativa seguridad del viejo Hotel Marriot, sobre la ribera del Nilo. Pero no es así. Tan pronto como llego a lo que considero mi hogar en la capital egipcia me entero de que Raad Nabil, un policía turístico que lleva años trabajando en el hotel caminaba rumbo a su casa al otro lado del río, en el barrio de Mohandeseen, hace unas horas, cuando un grupo de hombres lo amenazó. Él sacó su pistola y disparó al aire, pero uno de los hombres le arrebató el arma y la apuntó contra Raad Nabil, un hombre indefenso de poco más de 50 años, y le disparó en el corazón.
 
Me pregunto qué nos dice eso. Seguramente se trata de otro pronunciamiento.
© The Independent
Traducción: Gabriela Fonseca
FUENTE: LA JORNADA INTERNET
 
El nuevo Papa y sus establos de Augías
Maciek Wisniewski*
Primero una aclaración: nadie y nada (hasta ahora) va a convencer a este articulista de que Jorge Mario Bergoglio, un pastor conservador, con el pasado a contracorriente de los procesos emancipadores en la Iglesia y con el presente a espaldas de la ola progresista en el continente, hará algo revolucionario.
 
De todos modos: ¿no es hablar de la necesidad de revolucionar más bien un indicio de la gravedad de problemas de la Iglesia (y no tanto del progresismo del nuevo Papa) o un espejismo de los círculos progresistas, también externos a la Iglesia, un deseo que ésta cambie finalmente (y no tanto un reflejo de su propia dinámica)?

Mientras tanto, el viaje a Brasil hizo creer a algunos optimistas que Francisco podría ser el nuevo Moisés de la Iglesia, que la llevará a una tierra prometida; otros, antes escépticos, se persuadieron de que sí hará mucha diferencia.

Al final, ¿no fueron Juan XXIII –el gran reformador–, o Samuel Ruiz –el obispo de los pobres–, unos duros conservadores antes de que fueran convertidos por las par­ticulares dinámicas sociales y eclesiásticas?

Sí. Pero después de la purga woj­tyliana-ratzingeriana los círculos progresistas son ya una clara minoría (seguramente en el Vaticano), sin influencia real sobre el Papa. La lucha no es entre progresistas y conservadores, sino entre conservadores y ultraconservadores

Francisco podrá ordenar un poco la Iglesia y devolverle legitimidad, sustituyendo la locura del ultraconservadurismo por su conservadurismo razonable y popular, pero no hará ninguna revolución.

Más que Moisés, es como Hércules, condenado a limpiar al Vaticano y sus diferentes establos nacionales. El hecho de que la curia romana se inquiete o de que en algunos países se escuche el descontento significa que ya viene la escoba.

Un buen ejemplo es la Iglesia polaca, dominada por los sectores ultrarreaccionarios, a quienes Francisco ya hizo parar los pelos.

Algunas voces de observadores críticos: El nuevo Papa es el problema más grande de la Iglesia polaca (¡sic!), Si los obispos polacos pudieran, lo revocarían (¡sic!), Huele a cisma (¡sic!), Francisco avergüenza y ridiculiza a la Iglesia polaca (¡sic!), o Sus palabras suenan como revolución (¡sic!).

Otra vez lo de la revolución es sólo cuestión de perspectiva, pero veamos.

Francisco dice: ¡Hagan lío!, y quiere que la Iglesia salga a la calle.

La Iglesia polaca contesta silenciando a los curas que hacen lío (como Adam Boniecki, ex jefe del semanario Tygodnik Powszechny, uno de los pocos representantes de la Iglesia abierta) y atrincherándose en sus palacios.

Si tiene razón el sociólogo Luis Antonio Gomes de Souza, que Francisco no es revolucionario sino más bien un concesionario, que propicia un clima para discutir los temas a los que la Iglesia tenía miedo, en Polonia en vez de diálogo triunfan los prejuicios, el hermetismo y el divisionismo (destaca el círculo de Radio Maryja y su director, Tadeusz Rydzyk).

Dominan el clima preconciliar y el elitismo del clero ensimismado y alienado, que en vez de abrirse al mundo se siente su víctima, incluso –¡el verdadero teatro del absurdo!– perseguido como judíos durante la guerra (¡supersic!).
 
Francisco dice: Quiero una Iglesia pobre y para los pobres; los obispos han de ser hombres que amen la pobreza, o duele ver a una monja o un cura con el último modelo de coche.
 
La Iglesia polaca –por conducto del metropolitano de Varsovia, arzobispo Kazimierz Nycz– contesta: ¿Significa esto que el Papa sacará a los ricos de la Iglesia o se deshará de todas las obras del arte del Vaticano? (¡sic!).
 
Los obispos polacos –príncipes y barones, cada uno con su Mercedes– piensan que un pastor pobre es un pobre pastor: abrazar la pobreza es condenarse a pauperismo ( dziadostwo) y ellos tienen su dignidad.
 
Francisco dice: Un cristiano no puede ser antisemita.
 
La Iglesia polaca, que ignora de facto las líneas del Concilio Vaticano II y la posición del mismo Juan Pablo II hacia los hermanos mayores, nutriéndose de los peores estereotipos antisemitas, contesta forzando a jubilarse a un cura, Wojciech Lemanski, vocero del dialogo polaco-judío, desde hace años incómodo y objeto de burlas. ¿La razón? Revelación del contenido de una plática con su obispo, Henryk Hoser, que investigaba la verdadera razón de su compromiso: ¿Es usted circuncidado, pertenece usted a aquella nación? (¡sic!).
 
Francisco dice: ¿Quién soy yo para juzgar a los gays?.
La Iglesia polaca, para la que los gays son peores que los comunistas (¡sic!), contesta –aunque el Papa no alteraba la doctrina diferenciando sólo los lobbys y las personas– que todo fue una manipulación y homopropaganda (¡sic!).
 
Francisco dice: hay que endurecer las penas por pederastia y reforma el Código Penal vaticano.
La Iglesia polaca pretende que no hay ningún problema y sigue protegiendo a los suyos: como si nada, a la conferencia del Episcopado sobre pederastia invita (ya hace tiempo) al arzobispo Juliusz Paetz, culpable de abusar sexualmente de los clérigos (mayores de edad, pero no deja de ser ofensivo); y a un cura acusado de abusar de 14 niños en República Dominicana, y requerido por la justicia, le brinda toda la protección en Polonia.
Todas estas negaciones y/o intentos de reinterpretar las palabras de Francisco demuestran que la Iglesia polaca sabe mejor qué es el catolicismo y que puede prescindir del Papa (siempre y cuando éste no sea polaco).
Ya hace más de 80 años, mucho antes de Wojtyla, Tadeusz Boy-Zelenski, un gran escritor y un agudo crítico de la Iglesia, apuntaba que el catolicismo polaco es literalmente más católico que el Papa.
Al concluir la visita en Brasil, Francisco anunció que la próxima Jornada de la Juventud (2016) tendrá lugar en Cracovia.
 
¿Cambiará hasta entonces la Iglesia polaca bajo la escoba del nuevo Papa, o cambiará él, bajo el peso de los sectores ultraconservadores y retrógrados del que el establo polaco es el principal recinto?
*Periodista polaco
FUENTE: LA JORNADA INTERNET
 
Penultimátum
Intereses
Los intereses político-económicos que gobiernan Italia y España recientemente ofrecieron al mundo dos ejemplos nada edificantes. Con tanta rapidez como si se tratara de un peligroso delincuente, la seguridad italiana detuvo en Roma con lujo de fuerza a la esposa y la pequeña hija de Mujtar Abliazov.
 
Este es un rico empresario y opositor político de Nursultán Nazarbayeb, el intocable presidente de Kazajistán, última república en declarar su independencia de la Unión Soviética. Abliazov está acusado en su país de cometer una gran estafa y vive en el exilio. Su esposa y su hija residían legalmente en Italia.

Luego de su detención fueron enviadas a su país en un avión alquilado expresamente por la embajada de Kazajistán. Hoy se encuentran bajo arresto domiciliario como forma de presionar el regreso del opositor.

La complicidad italiana con el presidente kazajo se explica por los intereses de la trasnacional Ente Nazionale Idrocarburi, creada en 1953, y con negocios en diversos países que poseen petróleo. En Kazajistán abundan. Esos intereses se fortalecieron durante los gobiernos de un hombre honrado a cabalidad: Silvio Berlusconi que, vaya casualidad, tiene en la actual administración italiana a uno de sus fieles, Angelino Alfano. Es el vicepresidente y ministro del Interior, del cual depende la policía que, al no encontrar al disidente, apresó y expulsó a su esposa y a su hija. Ante el escándalo, mea culpa del gobierno italiano, un cese menor y declaración de que ambas pueden regresar con todas las garantías a Roma.
 
El otro ejemplo es el de Daniel Galván Viña, español naturalizado, condenado a 30 años de cárcel en Marruecos por abusar sexualmente de una docena de niñas. Su caso ocupó en 2011 la atención de ese país. Extrañamente apareció al final de una lista de 48 españoles indultados por el rey marroquí. La mayoría estaban presos por tráfico de drogas. Una vez libre, Galván Viña viajó a España.
 
Fue tal la protesta de la población y los medios de Marruecos que el monarca dejó sin efecto el indulto y declaró ser ajeno a la liberación del pedófilo que, por fortuna, fue detenido en Murcia. Las autoridades españolas decidirán su suerte.
 
Ante la falta de claridad y veracidad en las explicaciones de ambos gobiernos, reina la especulación sobre el verdadero motivo de esa liberación. Y es que Galván Viña no estaba en la lista inicial de indultados. Su nombre apareció al final de la misma. Algunas fuentes aseguran que lo agregaron gracias a un acuerdo entre los servicios secretos de España y Marruecos. El motivo: el pedófilo nació en Irak, fue oficial del ejército de ese país y colaboró con los gobiernos que derrocaron al dictador Saddam Husein. ¿Intentaron con el indulto pagarle favores y garantizar su silencio?
FUENTE: LA JORNADA INTERNET

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