Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

miércoles, 20 de febrero de 2013

UN LÍDER CON PIES DE BARRO- CARLOS ROMERO DESCHAMPS


CARLOS ROMERO DESCHAMPS UN LÍDER CON PIES DE BARRO
El jefe petrolero, que será pieza clave para apuntalar la Reforma Energética, tiene una misión: mantener agazapados a más de 100 mil trabajadores. Entonces, este soldado del statu quo se mantendrá en pie, hasta en tanto no amenace los privilegios de los grupos de interés
El comentario, a la distancia, suena inverosímil: “Juan, préstame dinero, no seas malito”, le habría dicho Carlos Romero Deschamps a Juan Díaz, integrante de la nomenclatura que operaba el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), dirigido por Joaquín Hernández Galicia La Quina. Corría la década de los ochenta, cuando este joven “que fungía como un representante de bajo nivel de la organización sindical” no tenía recursos, ni siquiera, para comprarse unos zapatos, pero que desde entonces demostraba un rasgo que hoy lo mantiene como una de las piezas clave de la industria estratégica nacional: sagacidad para acompañar a los operadores del sistema político, que lo soportan por su capacidad para empujar las iniciativas que antes y ahora resultan decisivas para garantizar los privilegios de siempre.
Éste es el personaje que será recordado por la historia como el intocable (hasta nuevo aviso) de la industria petrolera de México: tiene 64 años, desde hace más de 15 controla los hilos del STPRM y, si los intereses políticos lo permiten, se mantendrá en el cargo hasta el 2012 y será el enroque que Felipe Calderón utilizará para intentar desactivar las inconformidades laborales ante la inminente aprobación de la Reforma de Pemex.
Carlos Antonio Romero Deschamps, originario de la ciudad de Tampico, Tamaulipas, arrastra filias y fobias pues, mientras su círculo más íntimo lo respeta, sus detractores no se cansan en denunciar los presuntos atropellos que comete como líder sindical. “Es un hombre limpio, que siempre busca los mejores beneficios para los suyos”, dice un funcionario del STPRM que pide no ser identificado. “No, siempre sigue a su amo (el gobierno), nunca ha demostrado conocimientos de la industria”, contradice Juan Carlos Chávez, presidente de la Alianza Nacional Democrática de Trabajadores Petroleros.
Así, puede decirse que el protagonista del llamado Pemexgate es la viva estampa del viejo sistema que predica la tesis de defender los intereses de los grupos hegemónicos, a través del sometimiento y hostigamiento de las bases y del pago de favores (que se traducen en cuotas sindicales poco transparentes), lo que lo ubica como un líder imprescindible hasta en tanto así lo determine el Presidente en turno; ésta es la historia, entonces, de una pieza del pasado que se resiste a desaparecer, y que ahora asumirá un papel relevante en la reconfiguración administrativa que se está tejiendo para mantener con oxígeno a la industria que, políticamente, es concebida como la gallina de los huevos de oro (consultar recuadro).
 
LA MALA SEMILLA
 
Hay una cualidad (defecto, según sus opositores) que siempre ha acompañado a Carlos Romero Deschamps, y que seguramente ha sido el factor que lo ha mantenido en el estrellato: la agudeza para conectarse con los tomadores de decisión y para adivinar las circunstancias propicias para actuar. Sin embargo, quienes no están de acuerdo con esta descripción sostienen que la sagacidad que predica está mal dirigida ya que no cumple con metas cabales.
Su incursión a la industria petrolera se la debe a su primo, Víctor Deschamps Contreras, quien lo invitó a formar parte de la plantilla de trabajadores de Pemex en Salamanca, Guanajuato. Su función era la de un “preparador de raya”. Al paso de los años, y gracias a la influencia de su pariente, Carlos Romero –que había estudiado Contaduría– se fue a trabajar a la Refinería de Azcapotzalco, en el DF, donde empezó a escalar peldaños en la dirigencia nacional petrolera. Después conoció a La Quina y, a partir de allí, inició su vertiginoso ascenso.
“Desde entonces era servicial. Era de las personas que nadie le llamaba, pero siempre quería participar en las discusiones. Se le notaba lo extrovertido”, cuenta Juan Díaz, quien durante la gestión de La Quina fungía como secretario del Exterior del STPRM. “Esas características lo ayudaron a ocupar puestos y a cultivar protagonismo”.
Minutos después de “El Quinazo”, Romero Deschamps desveló su ambición por el STPRM y quiso pelear por la secretaría general. El viento político, para su mala suerte, no estaba a su favor. Sin embargo, luego del periodo de transición de Sebastián Guzmán Cabrera, su momento llegó.
Así, su desempeño se caracteriza por los claroscuros. Sin duda, el STPRM es considerado como la “aristocracia obrera” de México por los beneficios que ha obtenido en sus revisiones contractuales, pero también debe consignarse que estas “conquistas” se han ganado por el acompañamiento del liderazgo sindical a los designios presidenciales, que han orillado a reducir la plantilla de trabajadores sindicalizados, a incrementar el personal de confianza, a permitir la participación del sector privado en algunos rubros y a servir como un brazo electoral.
“Él siempre nos decía que teníamos que ser patriotas y agradecidos con el PRI, porque gracias a ello teníamos una fuente de trabajo. Ahora, exhibe un silencio cómplice con Calderón para aceptar todos los procesos de reestructuración”, dice Alfredo Peñaloza, ex trabajador petrolero del sureste mexicano y líder de una de las organizaciones de trabajadores disidentes de la paraestatal.
Carlos Romero Deschamps, por tanto, es parte de esas especies sindicales que se pensaban extintas después de la salida del PRI de Los Pinos, pero que siguen en pie en tiempos de la transición política. Pero eso ha tenido un precio: a lo largo de su gestión, se ha modificado el Contrato Colectivo de Trabajo para dejar en manos de Pemex todas las decisiones (fijación de salarios, contratación de personal sindicalizado y de confianza, la determinación unilateral de los despidos y permisos). Desde principios de los noventa a la fecha, de las 517 cláusulas, se han suprimido 55 y modificado 172. Al mismo tiempo, el recorte de personal ha incidido en la productividad de la industria. En números duros, luego de contar con 160,000 trabajadores sindicalizados a fines de los años noventa, hoy sólo cuenta con 120,000.
Este modelo de gestión, además, le rinde tributo a la opacidad y a los malos acuerdos. Según información proporcionada por la Coalición Nacional de Trabajadores Petroleros, ya con el PAN en la Presidencia de la República se cometió la segunda versión del Pemexgate. Éstas son las líneas del expediente: gracias a un convenio de transacción ejecutado entre Luis Ramírez Corzo (entonces director de Pemex) y Carlos Romero Deschamps, el 25 de agosto de 2005, que después fue avalado por la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, se establecieron las bases de ejecución para el cumplimiento de algunas de las obligaciones estipuladas en el Convenio 10275/04, firmado el 26 de julio de 2004 (cuya copia está en poder de El Semanario), que integra una serie de prestaciones como la entrega de 22.3 mdp por concepto de ayuda para gastos relacionados con el Desfile del Primero de Mayo, de 12.5 mdp para los festejos relacionados con el Aniversario de la Expropiación Petrolera, así como un préstamo sin intereses de Pemex hacia el STPRM por la cantidad de 800 mdp, por un plazo de 5 años, para la adquisición de terrenos destinados a la construcción de vivienda para los trabajadores.
El argumento, esgrimido por la disidencia, es que dicho convenio fue un invento jurídico porque en el año 2004 sólo se tenía que revisar el salario, no el contrato colectivo (que contempla las prestaciones), por lo que su activación en 2005 (que facilitó su retroactividad) alimenta las sospechas. El Semanario acudió al STPRM, pero no fue posible conseguir una postura oficial al respecto. 
 
¿CUÁNTO VALE UNA PLAZA EN PEMEX?
 
Y hay más. Las malas prácticas –como la venta de plazas– son cosa de todos los días y no sería irresponsable decir que se ejecutan sin pudor alguno. Aquí una muestra: el pasado 3 de octubre, en el periódico El Sol de Salamanca se publicó un clasificado que es una perla para soportar este argumento: “Oportunidad. Tienes ficha de Pemex. Vendo derechos. Tratamos precio. Informes 0444646440526”.
Este caso, que se repite sistemáticamente y a través de diversos métodos, pone en evidencia el tráfico ilegal de plazas en Pemex. De acuerdo con varios trabajadores petroleros, esta actividad no necesariamente es responsabilidad de Carlos Romero Deschamps, pero sí de sus líderes seccionales que la consienten. La rumorología presume que la venta de fichas (que le permitirían al interesado fungir como trabajador transitorio) se cotiza entre 30,000 y 50,000 pesos, mientras que la venta de plazas permanentes podría llegar hasta los 250,000 pesos.
Por otro lado, la representación sindical despliega una estrategia para amedrentar a quienes no están de acuerdo con sus maniobras. Por eso es que algunos de los movimientos disidentes aparecen un día y al otro desaparecen. El método para silenciar las críticas es implacable: se callan o corren el riesgo de ser despedidos o ser jubilados con anticipación. Al mismo tiempo, Romero Deschamps apuesta a la división de la disidencia a través de la cooptación de opositores o mediante la infiltración de sus aliados a los movimientos insurgentes.
Ahora, cuando la Reforma de Pemex toca la puerta, este líder con pies de barro ya tiene el plan bien armado: hostigar a sus contrarios y apagar cualquier amenaza que pudiera poner en entredicho los designios del gobierno actual. Ramón Pacheco, diputado federal del PRD e integrante de la Comisión de Energía, sostiene que la voz del STPRM en la reforma “pesa” entre los legisladores del PRI y el PAN, que reconocen en los oficios de Carlos Romero a un excelente aliado. “Ellos (los líderes del STPRM) no se desgastarán en marchar en contra de la reforma. De hecho, aquí los tratan con pinzas porque la lectura es clara: el sindicato está de su lado”.
Al interior de las filas sindicales, la operación quirúrgica en pro de la Reforma de Pemex está en marcha. Miembros de la Alianza Nacional Democrática del STPRM informan que el mensaje es esperar el tono de la iniciativa en cuestión, para después tomar una posición.
“Los líderes seccionales son los que están fungiendo como diques para detener la inconformidad”, acusan. En contraste, la disidencia ha desplegado una estrategia informativa en torno a la coyuntura, cuya tesis central es: sin democracia sindical no puede haber una modernización en la industria.
¿Cuánto más durará el oxígeno de este líder? Quienes tejen el acontecer político nacional son los que tienen la última palabra. Sin embargo, la disidencia tiene un as bajo la manga: crear un sindicato paralelo al STPRM. Y en eso está.
Colaboradores muy cercanos a La Quina, desplegados en diferentes regiones del país, han tocado las puertas de la residencia oficial y carteras clave, para pulverizar el dominio de Carlos Romero Deschamps. En su aventura, se han encontrado con la esposa del Presidente, Margarita Zavala, y con el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, quienes sólo les han deseado suerte en su encomienda. Nada más. Como una especie de mensajero está el senador Juan Bueno Torio, quien forma parte de la Comisión de Energía.
Este día, los disidentes y su equipo de abogados ya están en el proceso de la elaboración de los estatutos de su nueva organización e, incluso, dicen tener a quien podría ser el contrapeso de Carlos Romero Deschamps, sólo que no quieren darlo a conocer por un factor: el miedo a que salga a la luz y sea perseguido, y en su caso jubilado, por quien hasta hace unos años enfrentaba el mundo con un hoyo en las suelas de sus zapatos.
 
REFORMA DE PEMEX
Todos en guardia
 
Pemex entra a su fase decisiva. Con los documentos finales casi amarrados, los hombres clave de los partidos permanecen acuartelados para afinar su estrategia para facilitar o detener el rumbo de la política petrolera. Así, preparan sus argumentos que deslizarán en el Senado, que a partir de ahora volverá a ser el punto neurálgico para atizar las movilizaciones ciudadanas y la furia política alrededor de la iniciativa más importante del año.
Los dictámenes de la Reforma de Pemex están listos. Reportes emitidos por senadores que ya los tienen en sus manos refieren que, en términos generales, el modelo petrolero propuesto es obra y gracia del PRI, que recoge algunos puntos del PRD, y que elimina cualquier ánimo privatizador, aunque no corta de tajo con algunos mecanismos que promueven la discrecionalidad y la opacidad para rendir cuentas.
Un dato llama la atención: la tipificación de los “contratos incentivados”. Según el proyecto, dichos contratos –además de estar a disposición de la Auditoría Superior de la Federación– tendrían candados para evitar que se paguen con hidrocarburos, de tal forma que los contratos no concederán jamás a los terceros la posibilidad de que sean dueños de la renta petrolera.
También los legisladores planean dejar en manos del gobierno la deuda de la paraestatal, para que genere una estrategia de reducción gradual, en especial en materia de Pidiregas (recién anunciada por el Presidente). Además, tanto en la Ley Reglamentaria del Artículo 27 Constitucional como en la Ley Orgánica de Pemex, se habla de que el Ejecutivo podrá constituir, por decreto, organismos descentralizados filiales de Pemex, con el objeto de realizar los servicios de refinación de petróleo, transporte, almacenamiento y distribución de hidrocarburos.
Sin embargo, al cierre de esta edición, los acuerdos parlamentarios todavía no aterrizaban en torno a la conformación del Consejo de Administración de la empresa. En este punto, las diferencias son notables, ya que el PRD exige reducir la representación del STPRM en este órgano, pero PRI y PAN insisten en que éste siga incidiendo en la toma de decisiones.
Así, el calendario que marca los tiempos en la Casona de Xicoténcatl determina que la próxima semana se subiría la Reforma de Pemex al pleno, donde se espera una definición más precisa del PRD que podría registrar algunas diferencias en su interior. Después, la papa caliente ingresará al terreno de la Cámara de Diputados, donde permanece la amenaza de tomar la tribuna por parte de los seguidores de AMLO, quien para entonces ya habrá sacado a sus huestes a las calles.
“Al traidor se le fusila”: La Quina
Quien fungiera como el jefe de Carlos Romero habla sin compasión: “Él siempre ha sido servil. En el pasado, me boleaba los zapatos. Ahora, es la tapadera del gobierno”.
¿Quién protege a Romero Deschamps y hasta cuándo se soportará esa complicidad?
Hasta que tengamos a un Presidente honrado. A costa de la industria petrolera, corren grandes negocios. Si Felipe Calderón quisiera, podría empezar a corregir el rumbo.
¿Qué piensa de la Reforma de Pemex?
Va a perjudicar al país más de lo que ya está. Vea el horizonte: en todo hay inversión extranjera. ¡Hemos vuelto a (recurrir) a los extranjeros, pero ahora con más voracidad que nunca!
Bueno, la descomposición de Pemex data de tiempo atrás…
Siempre ha habido un manejo no muy claro de Pemex. Sin embargo, cuando yo estaba al frente del STPRM, Pemex daba para carreteras y puentes. ¡Pero ahorita es el colmo! Todo, hasta las escobas, se cobra en dólares. No cabe duda que el país está retrocediendo.
¿Y dónde está la disidencia?
No somos disidentes. Somos insurgentes contra una invasión de extranjeros que han hecho del país su modus vivendi.
Aquí, en este gremio, hay disidencia que grita pero, al paso del tiempo, se calla…
Porque el gobierno le cancela los préstamos, la dobla. Como Romero Deschamps maneja las cajas para hacer negocios, pues le dan las armas que acuchillan al trabajador.
¿Por qué no se está tocando al STPRM en la discusión de la Reforma de Pemex?
¡Porque el sindicato está hecho una letrina! Si en mis tiempos había algunas críticas, ahora está peor que nunca. Basta descubrir todas las “raterías” de Romero Deschamps, quien es un líder multimillonario. Claro, no lo llaman a cuentas porque el PRI saldría muy mal parado. A mí jamás se me acusó de ratero y mire que la prensa decía que no había democracia en el STPRM.
Pero la característica del STPRM siempre ha sido la componenda política…
¡No es cierto! Repartíamos el dinero, para la construcción de escuelas y calles. Tengo varias cartas de gobernadores que me daban las gracias por la maquinaria que les regalaba. ¡Sesenta mil casas hice en todo el país! ¡Qué más quiere! Por otra parte, antes de que yo llegara al STPRM, el PRI ya estaba dentro de las filas sindicales. Era como una costumbre estar dentro del PRI. Lo que pasa es que la prensa, hasta la fecha, tiene inclinaciones a favor del gobierno. ¿A poco no?
¿Estaría a favor de transparentar las finanzas del sindicato?
El sindicato está requete corrompido. Al sindicato hay que borrarlo del mapa. No tiene porqué existir una organización que está solapando la explotación del país. ¿Sabe cuántos funcionarios sindicales ganan 40,000 pesos mensuales? Más de 2,500, y además reciben viáticos. Por eso Pemex está quebrado.
¿Recibe dinero de Pemex?
Por necesidad, pedí mi jubilación. Tengo una pensión de 3,000 pesos catorcenales.
¿Usted no tiene contacto con Carlos Romero Deschamps?
Con los traidores jamás. Al traidor se le fusila, se le manda al paredón.
FUENTE: EL SEMANARIO SIN LIMITES

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