Astillero
Y pactaron felices...
Vuelta al redil
Ahora, lo financiero
Tragedias con causa
Julio Hernández López
El ex gobernador de Oaxaca José Murat y el presidente Enrique Peña Nieto, momentos después de la firma del agregado al Pacto por México. Al acto asistieron, entre otros, los dirigentes de PRI, PRD y PAN
Foto José Antonio López
Han vuelto las sonrisas y el entusiasmo a la cúpula de la política nacional. Bienaventurados los que regresan al Pacto por México (PpM) después de una breve pausa anecdótica, pues de ellos será el reino del peñismo repartidor de regalías tanto a diestra de blanco y azul como a siniestra de negro y amarillo. La secretaria Rosario Robles y el gobernador Javier Duarte pueden seguir en paz, pues la revuelta
opositoraha terminado: la primera se deshizo de algunos empleados absolutamente prescindibles y el segundo sacrificó a su secretario de Finanzas. Y todos felices.
A la canasta básica de engaños agradecidamente aceptados por Gustavo Madero y Jesús Zambrano para regresar al redil pactista, del que en realidad nunca se apartaron más que en términos teatrales, se agregaron dos piezas igualmente volátiles, meras emisiones palabreras circunstanciales: un discurso de apasionado compromiso de Enrique Peña Nieto contra el uso electoral de los recursos públicos (y, si no lo cumpliere, que Monex, Soriana y los ríos de dinero electoral de 2012 se lo reclamen) y un agregado ( addendum, fue el término en latín seleccionado para tan especial fecha) al texto original del Pacto por México, con el que de manera ceremoniosa se establecieron rigurosas medidas de
blindajepara evitar los malos pensamientos y peores acciones de los mapaches priístas en general y de la Cruzada contra el Hambre en particular.
Aterrorizada con ese clausulado de añadidura, Rosario Robles habrá de convertirse a partir de ahora en una especie de monja ascética con presupuesto federal que repartirá sin consideraciones partidistas ni cálculos comiciales, al igual que los gobernadores de tres colores que, arrinconados por el mencionado addendum, ya no querrán reproducir en sus terruños la experiencia de los veracruzanos grabados en semanas anteriores en audio y video en plena cátedra de trapacerías electorales con programas sociales.
Aparte de superar el incidente en mención, los nuevamente sonrientes Madero y Zambrano prestarán hoy otro servicio a la Patria, pues darán marco de convalidación a la propuesta de reforma en materia financiera que el vicepresidente Luis Videgaray ha elaborado y que formalmente presentará Peña Nieto. No hay rebelión alguna de banqueros, financieros ni especuladores por el contenido de esa reforma que forma parte del paquete de reordenamiento de factores de poder en torno al cesarismo restaurado, sin beneficios reales para las mayorías populares pero con una devolución al priísmo pinolero de hilos de control de
gigantesque se habían trepado a las barbas del panismo pigmeo en los dos sexenios anteriores.
Fuera de los salones palaciegos, las desgracias continúan. La explosión de una pipa de gas en el estado de México, en un tramo de la autopista México-Pachuca, causó cuando menos 20 muertos, decenas de heridos y daños a casas y automóviles. Como en otras tragedias recientes, no todo queda en el casillero comprensible de los accidentes por sí mismos, de lo azaroso, lo imprevisto. La sobrevivencia diaria de los mexicanos está sujeta a las condiciones de funcionamiento de servicios que en su gran mayoría son prestados de manera deficiente e incluso ofensiva a partir del entramado de intereses corruptos que colocan a los habitantes del país en maltratos y riesgos constantes (un ejemplo inmediato, evidente: el transporte público concesionado a empresarios que aportan dinero para campañas políticas para que los ganadores toleren vehículos en pésimo estado, choferes agresivos y una permanente violación de las reglas mínimas de cuidado a los pasajeros).
Un México en el que no hay pacto social vigente, en el que los que tienen poder agreden a los demás, en el que se pueden violentar por sistema las reglas básicas de convivencia, está lleno de potenciales formas de explosión, y no sólo políticas o sociales. El paso de vehículos pesados, por encima de las normas permitidas, o cargados de sustancias peligrosas, o manejados de manera imprudente, forma parte del paisaje natural de los mexicanos a lo largo de todo el país, con especial riesgo en zonas altamente pobladas. Mientras la nación tenga en los cargos públicos a políticos ansiosos de obtener dinero subterráneo, para enriquecimiento personal y para campañas electorales, continuarán los
accidentesque deberían ser prevenidos e impedidos. No es un asunto de
mala suerteo de
coincidencias, sino resultado de la descomposición institucional que arregla las cosas a gusto de los poderosos, con pactos sonrientes, mientras abajo deja a la gente a merced de la ley de la selva.
Astillas
En la entidad que tiene como gobernador a Ángel Aguirre se ha vuelto a clases en condiciones volátiles, como consecuencia de las negociaciones aceleradas luego de la detención, y casi inmediata liberación, de cuatro miembros de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero. En Bucareli, mientras tanto, el poderoso subsecretario Luis Eduardo Miranda continuaba ayer dialogando con una comisión de profesores, entre versiones de que es inminente que el gobierno de Peña Nieto fije su posición definitiva respecto a las demandas y protestas relacionadas con la reforma educativa... En el ámbito del sindicalismo magisterial oficialista los dirigentes siguen replegados, decididos a no recorrer caminos judiciales como su antigua jefa, Elba Esther Gordillo. Tanto en la directiva nacional como en las estatales hay expedientes de uso irregular de cuotas sindicales y de enriquecimientos
inexplicablespara ser activados contra quienes pretendiesen moverse fuera de la línea que les ha sido marcada... Y, mientras The Walt Disney Company trata de quedarse con la marca
Día de Muertos, no en relación con las jornadas fúnebres de cada día en el México de Calderón, continuado con Peña Nieto, sino por razones de comercialización de productos lúdicos y de una película sobre esa antigua fiesta popular mexicana, ¡hasta mañana, con Agustín Carstens calificando el alza del huevo como
choques temporales!
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Addendum al menú-Helguera
Tragedia, omisiones y responsabilidades
La explosión de un vehículo de carga doblemente articulado que transportaba gas LP y se volcó ayer en la vía México-Pachuca, en Ecatepec, estado de México, dejó saldo trágico: 23 muertos –entre ellos 10 niños– y una treintena de heridos; causó daños materiales aún no cuantificados en varias de las viviendas y calles aledañas a la zona y provocó el cierre por varias horas de la referida vialidad en ambos sentidos.
Respecto de la compañía, cabe señalar que accidentes de este tipo rara vez suelen ser fortuitos y generalmente están precedidos de negligencias y desatenciones en el rubro de la seguridad industrial, en este caso la contratación de personal carente de las calificaciones necesarias para el manejo de gas LP y de su transporte a escala comercial. Ello, en aras de la rentabilidad y derivado de mentalidades empresariales que operan con nulo sentido social e incluso con desprecio hacia la vida humana. Semejantes rasgos pueden identificarse en diversas y graves fallas de seguridad industrial de los últimos años, desde la tragedia ocurrida en Pasta de Conchos –y su estela de derrumbes en yacimientos mineros– hasta la reciente intoxicación de obreros en la planta de la cervecera Grupo Modelo.
Por lo que hace a las autoridades, la afirmación de que el vehículo siniestrado ayer circulaba por encima de los límites de velocidad y carga permitidos apunta a una insuficiente vigilancia en las instancias gubernamentales encargadas de hacer cumplir con los reglamentos de tránsito y transporte.
No menos grave resulta el señalamiento del titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, de que México es uno de los países más permisivos en cuanto al volumen y dimensiones de carga transportada, y que esa circunstancia no ha podido revertirse por resistencia de los grupos empresariales y las organizaciones del ramo para modificar la norma correspondiente: ello da cuenta de un poder fáctico indebido y tolerado por la propia autoridad que gravita, como quedó confirmado ayer en forma especialmente trágica, contra la seguridad de la población.
Dicho poder, por lo demás, va mucho más allá de la capacidad de influencia y de presión sobre los distintos niveles institucionales, como indica la resistencia que ha encontrado en las instancias legislativas la pretensión de restringir la circulación de vehículos doblemente articulados como el que se accidentó ayer, cuya operación está prohibida en la mayoría de los países desarrollados.
Lo menos que cabe exigir a las autoridades ante esta circunstancia es una investigación acuciosa y puntual de lo sucedido, así como un deslinde de las responsabilidades civiles y penales a que pudiera haber lugar. De lo contrario, no sólo se estará garantizando la continuidad de la estela de impunidad empresarial y gubernamental que ha prevalecido en episodios de este tipo: se estará alentando, también, la posibilidad de que se repitan escenas como la de ayer en Ecatepec.
Mal de muchos-Rocha
Política de arriba
Luis Linares Zapata
El conciliábulo de notables, formado por un reducido conjunto de burócratas partidistas, políticos de reciente y largo incruste en los círculos del poder y un manojo de actuales funcionarios federales, parió el ahora famoso Pacto por México. La obra cumbre de su difundida eficacia y capacidad de maniobra. La tarjeta de presentación de una administración que, por cierto, se topó con un frágil sendero de intereses disímbolos, imprevisto, pero útil para navegar entre borrascas temporales. Peña Nieto recalibró con tal instrumento sus pretensiones de gobernar, quitado de la pena, a un país escindido, empobrecido sin remilgos, plagado de violencia y atribulado a extremos indecibles. Se convirtió así dicho pacto en la muletilla que ahora se blande ante propios y extraños para repintar los borrosos rasgos de una modernidad predicada. Todo un quehacer público que se inicia, pulula y agota en ese cerrado, cupular coto donde sólo moran los de mero arriba.
Pero el coro del aparato de convencimiento ha unificado ya sus peticiones, invectivas y descoque autoritario. Quiere chichones al por mayor y, si es necesario, sangre de esa que puede ser de inmediato ignorada. La mayoría, salvo uno que otro adalid del autoritarismo salvaje (como el gobernador de Morelos que, desde su enterada atalaya bravucona, vislumbra narcoguerrilleros por todos los rincones) no se atreven a pregonarlo de manera directa, so pena de pasar como provocadores. Se cubren con plegarias a la autoridad para que actúe, para que blanda, sin tardanzas, el enorme garrote a su exclusiva disposición y abolle al menos algunos cráneos de esos revoltosos que se hacen pasar por maestros o ejidatarios afectados.
La actual administración, en su trajín concertador, ha dejado ir medio año sin pegar un tabique. No ha podido diseñar, y menos aún, iniciar algún programa de envergadura que, en efecto, mueva a México. Todo ha sido una sucesión inacabada de escenarios bien montados, palabras, trasteos legislativos y más fotos y palabras. Los reconocimientos externos, cosechados en racimos, caen sobre una clase media estupefacta que se desencanta por día transcurrido. Mientras, los desajustes internos prosiguen su ruta de colisiones cotidianas. En esos lugares cuyas coordenadas se desconocen, todo se retuerce, ahí todo es intemperie, sequedad aunque, arriba, se esquive la responsabilidad ante el hoy y el mañana.
Un programa que podría ser sencillo de enunciar, la cruzada por una escuela digna para todos no existe ni siquiera en borrador. Construir 100 mil primarias (empezando por esas 50 mil presumidas, deberían situarse en zonas privadas de lo indispensable) en dos, máximo tres años, por ejemplo, no se les ocurre. Con tal programa se movería en serio una economía por más estancada que estuviera. Un programa de esas proporciones podría sustituir esos otros empeños en levantar casuchas invivibles, una tras otra en medio de la nada. Conjuntos precarios, abandonados, donde se han enterrado, irresponsablemente, cientos de miles de millones de pesos si no es que hasta un billón.
La diferencia, respecto de esas otras ideas decididas a atender el reclamo educativo, consiste en levantar las escuelas a partir de los materiales de la localidad. Bajo diseños ya probados por los mismos lugareños y en armonía con el ambiente. La mano de obra también sería local y podría extenderse a caminos, servicios públicos, generadores de energía, lugares de esparcimiento, comedores, centros de salud y talleres para el trabajo futuro. El programa escolar complementario de alimentación (con su huerto al canto) tendría que partir de las potencialidades y gustos locales, nunca recurrir a productos industrializados en plazas remotas, urbanas. La edificación con modelos masivos ya no pueden tener cabida. El mercado interno exige empezar por la pequeña escala, por lo cercano, lo ya conocido pero que ha sido secularmente ignorado, hasta despreciado. La economía del país se viene desacelerando de manera notable. Coincide con el estancado ciclo de Estados Unidos y el decline europeo. Esperan varios años de recesión y escaso o lento crecimiento externo. El aparato productivo nacional depende, en gran parte, de las exportaciones e importaciones y el influjo que recibirá no se visualiza redentor, menos aún movilizará recursos y talentos. Es hora de la previsión y la emergencia imaginativa. Es tiempo propicio para el golpe de timón y modificar el rumbo de las colisiones inevitables. Continuar legislando al vapor bajo las consignas de un modelo en quiebra, es de necios. El año 2013 está casi perdido para el crecimiento deseado, para la seguridad y para la convivencia colectiva en paz. Ojalá y no se continúe empalagando el ambiente con sentencias apegadas a un derecho vacío y divisor.
Segunda firma-Fisgón
Desigualdad, tecnología y hambre de plusvalía
Alejandro Nadal
Uno de los factores determinantes de la actual crisis es la desigualdad económica que creció en el mundo en las últimas cuatro décadas. El estancamiento en los salarios condujo al endeudamiento insostenible de los hogares para mantener el nivel de consumo. Así y con burbujas especulativas se sostuvo la demanda agregada y el proceso de acumulación de capital. Pero esa modalidad de crecimiento económico se acompañó de una inestabilidad creciente en las principales economías capitalistas.
Esta narrativa le sienta bien a la ideología neoliberal. La desigualdad sería un efecto colateral o accidental de las transformaciones en la base productiva de las sociedades. No sería la política económica perversa la que está en el origen del problema, sino un proceso natural de cambio técnico. En otras palabras, estamos frente a una explicación políticamente neutra, muy lejos de temas escabrosos como la ofensiva en contra de los sindicatos que ha dominado la política social y económica desde hace décadas.
Esta explicación sobre los orígenes de la desigualdad se encuentra en muchas investigaciones, tanto del mundo académico, como de organizaciones promotoras del neoliberalismo. Por ejemplo, la OCDE realizó una investigación en la que se concluye que el ‘progreso’ tecnológico trajo mayores recompensas para los trabajadores más calificados que para los menos preparados. Según la OCDE el proceso de innovaciones afectó la estructura de los salarios entre los trabajadores. O para decirlo de otro modo, la principal conclusión de la OCDE es que el cambio técnico afectó la desigualdad entre trabajadores.
El tema de la distribución funcional del ingreso, es decir, entre trabajadores y capitalistas, es tocado sólo tangencialmente en este tipo de estudios. Eso es realmente sorprendente si se considera que la participación de los salarios en el ingreso nacional ha sufrido una reducción significativa en las últimas décadas. Pero ese tema está cargado de implicaciones políticas y para los economistas neoclásicos es mejor dejarlo de lado.
Recurrir a la tecnología para explicar la desigualdad al interior de la clase trabajadora permite eludir el tema del impacto de la política macroeconómica sobre la distribución del ingreso. Así se evita hablar sobre cómo la prioridad de la ‘estabilidad de precios’ (lucha contra la inflación) se ha traducido en una postura de contracción fiscal y estancamiento.
Quizás el elemento de política macroeconómica que más impacto ha tenido sobre la mala distribución del ingreso es el de la política de ingresos. La represión salarial ha sido una pieza clave para contener la demanda agregada y frenar así lo que el capital financiero considera la amenaza de la inflación. Sin embargo, los estudios como el de la OCDE no contienen una discusión seria sobre este tema. No debiera sorprendernos: para la OCDE o el Banco Mundial la política macroeconómica y sus instrumentos no debe estar nunca a debate. Esto permite relegar a un segundo plano el análisis de la distribución del ingreso entre la clase capitalista y los trabajadores.
Los estudios que encuentran en el cambio técnico la principal explicación de la desigualdad adolecen de muchos defectos. En su versión más extrema (como en los trabajos de Daron Acemoglu, se pretende encontrar un proceso de cambio técnico dirigido. Hace décadas fue abandonada la pretensión de explicar el cambio técnico a través de variaciones en los precios relativos por falta de bases teóricas. Hoy vuelve a renacer ese proyecto, olvidando las viejas críticas, para explicar la desigualdad como resultado de un proyecto políticamente neutral.
Si la tecnología está relacionada con la historia de la desigualdad, debemos entonces volver la mirada hacia Marx. El capitalismo está marcado por una tendencia constante a aumentar la productividad. Es el hambre de plusvalía lo que impulsa al capitalismo a estar innovando constantemente. Y eso no sólo tiene un impacto sobre la desigualdad y la distribución funcional del ingreso. También tiene profundas consecuencias macroeconómicas que están en la raíz de la actual crisis global.
Cuidado con La Bestia-Hernández

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