Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

sábado, 11 de mayo de 2013

LAS MAS DEL 11 DE MAYO DE LA PORTADA EN LA JORNADA INTERNET


Un tribunal de Guatemala declaró al ex dictador Efraín Ríos Montt culpable de genocidio y crímenes de lesa humanidad y lo condenó a 80 años de prisión 
 Foto Reuters
 
 
La cicatriz de la guerra, que terminó oficialmente hace 17 años, cruza todavía el territorio de los ixiles. Los conflictos de tierras, heredados por la estrategia contrainsurgente de los años ochenta, polarizan los municipios de Nebaj, Cotzal y Chajul
Disputas por tierras y el juicio contra el ex gobernante de facto atizan los conflictos
En territorio Ixil, crece la polarización
Foto
Ixiles celebran el fallo contra el ex presidente de GuatemalaFoto Ap
Blanche Petrich
Enviada/II y última
Periódico La Jornada
Sábado 11 de mayo de 2013, p. 21
Nebaj, Quiché, Guatemala.
La cicatriz de la guerra, que terminó oficialmente hace 17 años, cruza todavía el territorio de los ixiles. Los conflictos de tierras, heredados por la estrategia contrainsurgente de los 80, polarizan a los municipios de Nebaj, Cotzal y Chajul. Se tensan durante las elecciones locales, en las que el oficialista Partido Patriota lleva como candidatos a líderes que en el pasado colaboraron con el ejército. Y se agitan con los movimientos de resistencia en contra de los megaproyectos neoliberales, entre ellos la minería intensiva, alentados por las alcaldías autónomas, las B’oq’ol Q’esal Tenam.
Y, por supuesto, los crispa el juicio contra Efraín Ríos Montt. Con los pronunciamientos del presidente Otto Pérez Molina, quien afirma que ahí no hubo genocidio y que esas son mentiras de los comunistas, se movilizan miles de ixiles. Pero la consigna contraria, Kat uch nimlá xatzon tu ku tenamé (Nos quisieron exterminar como pueblo) congrega a otros tantos, en torno a la esperanza que ha despertado la posibilidad de justicia.
Abril fue muestra de esta polarización. Con 10 días de diferencia, la plaza de Nebaj fue escenario de dos eventos antagónicos. Uno, el 10 de abril, encabezado por el propio presidente, fue una concentración en apoyo a Pérez Molina, a quien el juicio contra Ríos Montt le pega inevitablemente, como antiguo capitán que fue, ex jefe del destacamento militar en Nebaj, en los años de la tierra arrasada.
El otro, el 20 de abril, fue una asamblea de cientos de delegados y autoridades tradicionales de pueblos del norte del Quiché, que discutieron y suscribieron un pronunciamiento: Es el momento de decir que estamos vivos, a pesar de todo lo que históricamente han hecho para hacernos desaparecer; ha llegado el tiempo para que las comunidades desarrollemos nuestras vidas y digamos lo que queremos.
La memoria y el peligro de olvidar
Manuel Rivera Solicito, presidente del consejo de mayores de Nebaj y líder espiritual de la religión maya, comparte su preocupación: Aunque en la región no hay una sola familia que no tenga uno o varios muertos por la tierra arrasada, en las escuelas muy pocos maestros enseñan las masacres. Por eso hay mucha confusión.
Para él, quien perdió a dos hijitos en las masacres, a quien le destruyeron su casa 15 veces, la posibilidad de justicia mediante el proceso a Ríos Montt es una oportunidad de que el pueblo recupere la confianza. Lo contrario, advierte, va a producir enojo, desesperanza y más violencia.
Por lo pronto, el juicio en el que el pueblo ixil fue protagonista despertó a mucha gente. A la alcaldía se presenta mucha gente que quiere dar su testimonio. Otros dicen: ¿Y ahora qué hacemos, muchá? Y se integran a los trabajos de mujeres, del CUC, de los maestros. Eso está pasando.
Cómo empezó la guerra
Pasajes importantes de la resistencia indígena se han escrito en esa región. Los procesos organizativos en la Guatemala de los años 60 y 70 tuvieron ecos importantes en esas comunidades enclavadas en la Sierra de Minas, cuna del Comité Unidad Campesina (CUC) y semillero de la base social del Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP).
Cuenta Antonio Caba, originario del pueblo ixil más antiguo, Ilom: Tenía 11 años. Mi abuela me llevaba a la parcela a trabajar y me contaba que todas las tierras eran nuestras, pero que nos las arrebató el finquero. Por las noches escuchaba los relatos de mi papá, quien era vendedor y viajaba; traía noticias de los primeros secuestros y matanzas.
Los ataques empezaron con Lucas García, antecesor de Ríos Montt. Sacsibá, Xtupil, Xel, Estrella Polar... los soldados se acercaban a Ilom. Al fin llegaron. Antonio recuerda que primero quemaron 10 casas (enseña un croquis en su cuaderno). Dejaron quemada a la señora Elena en su vivienda. Prohibieron que alguien se acercara a auxiliarla. Hasta que se murió, tres días después. Todos oíamos sus gritos de agonía.
Relata la destrucción: Una carnicería. A los niños nos obligaron a caminar entre los muertos para que los viéramos bien. Pasen a ver a su papá, ordenaban. Unos con la cabeza quebrada, otro con el ojo saltado. Muy feo.
El ejército llevó a los sobrevivientes, cautivos, a la finca Delfina. Como esclavos, vigilados todo el tiempo, obligados a regalar nuestro trabajo. Murió mi hermano de hambre, mi hermanita, mi abuela. Cuando cumplí 15 años le dijeron a mi mamá: el muchacho ya está grande, tiene que defender la patria. Fui autodefensa, obligado para salvar mi vida. Nos obligaban a perseguir en la montaña a los desplazados y a destruir el maíz sagrado. Si desobedecíamos, los castigos eran horribles: pasar la noche en un pozo, o ver el sol con los ojos abiertos unas cuantas horas.
Existimos: las CPR
La historia de Juan Velázquez, sobreviviente de las CPR, es muy distinta.
Huí con mi mamá de la aldea Pulay por la ruta de Xecotz. Éramos como 200 personas, muchos niños. Un día que llegó el ejército todos corrimos. Yo agarré por otro lado y me perdí. Sin familia, a los 14 años, caminó hacia el norte de Chajul y llegó a otra CPR, en la Sierra de Santa Clara. Éramos como 15 mil desplazados.
La épica de las CPR está marcada no sólo en la memoria y en la narrativa de Juan, sino en su cuerpo. Es pequeño. La falta de alimento interrumpió su crecimiento al despuntar la adolescencia. Dentro de la dura vida de los desplazados, tuvo una desventaja más: creció solo.
Habla de la organización en comités de seguridad que vigilaban día y noche el perímetro de las comunidades nómadas. Sin iglesia, los desplazados desarrollaron profundas raíces en la religión maya ancestral; sin escuelas, aquél que conociera algo del alfabeto se habilitaba como maestro. Carbón en lugar de lápices. En lugar de cuadernos, corteza de árbol. Las comisiones de salud recurrieron a las hierbas: verbena para la calentura, té de limón para casi todo lo demás. Una epidemia de viruela negra diezmó a los fugitivos. Acababa de nacer su primer hijo en la montaña.
Cuenta Ana de León, quien pasó 15 años en las CPR: La vida era comer raíz de monte, malanga, tener miedo, esconderse de los aviones bajo las piedras. Si no fuera por la hierba Santa Catarina hubiéramos muerto de hambre. La cocíamos, exprimíamos y hacíamos como emplaste de tamal. Escapamos de morir de bala y de hambre.
En 1992 la existencia de estas comunidades salió a la luz gracias al titánico trabajo de investigación de una antropóloga, Mirna Mack. Gracias a ella, dice Juan, se logró que por primera vez una comisión encabezada por el obispo del Quiché, Julio Cabrera, visitara a las CPR en la montaña. En un helicóptero aterrizó en un remoto paraje donde los encontró, desnutridos y en harapos, pero con una increíble organización social. No tenían zapatos, pero sí una marimba rústica. Ahí fue cuando pudimos decir al mundo: existimos.
Dos semanas después Myrna Mack fue asesinada en la capital. Pero los desplazados empezaron a plantear condiciones de retorno a sus lugares de origen, que se concretaron en 1996, cuando se firmó el fin del conflicto armado. Cuenta con amargura el esposo de Ana, Joaquín: Cuando bajamos de la montaña al pueblo, la gente nos decía: ahí vienen los cochemonte (especie de jabalí centroamericano), los saraguatos (monos). Pero no somos animales, sino cristianos que por causa del gobierno nos salimos de nuestra aldea.
Con la paz, la vida de Juan dio otros giros novelescos. Buscó a su madre. La encontró casada con un ex militar. En otro pueblo encontró a su padre, quien preso de la culpa por haber extraviado a su hijo, se mantenía bolo (borracho). Se asentó en Nebaj con su familia. Tiene seis hijos. Entonces empezó la lucha por sus derechos y por la memoria.
 
Hallarlos, exigen al gobierno padres en huelga de hambre
Denuncian que autoridades están vinculadas con el crimen organizado
Piden a Peña Nieto recordar que muchas no tuvieron quién las abrazara
Vivos se los llevaron, vivos los queremos, el clamor
Durante la segunda Marcha de la Dignidad Nacional, familiares de personas que han sufrido desaparición forzada demandaron al gobierno de Enrique Peña Nieto honrar el compromiso hecho al inicio del sexenio de buscar a todas las víctimas de ese delito. Una señora denunció: las autoridades me decían que mi hija se había ido con su novio e iba a regresar tranquila y con un nieto, pero ya van cuatro años que no sé de ella. A su vez, el obispo Raúl Vera denunció que los responsables de la violencia son poderosos gracias a la complicidad de funcionarios públicos  
Foto Carlos Ramos Mamahua
 
Marcha de la dignidad
Deben aparecer ya
En marcha, exigen a Peña cumplir su compromiso de hallar víctimas
Levantamos actas, pero no tenemos respuesta. Es un sentimiento de mucha impotencia
Los violentos son poderosos gracias a su complicidad con las autoridades, denuncia el obispo Raúl Vera
Foto
Una madre sin festejo. Aspecto de la marcha de ayer en Paseo de la ReformaFoto Carlos Ramos Mamahua
Fernando Camacho Servín
 
Periódico La Jornada
Sábado 11 de mayo de 2013, p. 2
Decenas de familiares de víctimas de desaparición forzada participaron ayer en la segunda Marcha de la Dignidad Nacional para demandar al gobierno de Enrique Peña Nieto que honre su compromiso de buscar a las personas que han sufrido este delito, como ofreció al inicio de su gestión.
En medio de consignas como ¡Hijo, escucha, tu madre está en tu busca! y ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!, los manifestantes partieron unos minutos después de las 10 de la mañana del Monumento a la Madre y caminaron sobre Paseo de la Reforma hacia el Ángel de la Independencia, exhibiendo las fotos de sus seres queridos.
Con voces de dolor, rabia y desesperación, los familiares de los desaparecidos exigieron al actual gobierno federal que se ponga a trabajar ya para encontrar a las víctimas de este delito e informe a la gente cómo están trabajando sus funcionarios y cuáles son los resultados que han obtenido.
Explicaciones y resultados pidió Guillermina Hernández, madre de Selene Giselle Delgado Hernández, quien desapareció el 29 de abril de 2010, cuando volvía de la escuela. “La actuación de las autoridades ha sido nula. Me decían que mi hija se había ido con su novio a Acapulco a tomarse unas chelas y que iba a regresar tranquila y hasta con un nieto, pero ya van cuatro días de la madre que no sé nada de ella”, lamentó con voz entrecortada.
La misma exigencia es la de Alejandra Padierna, cuñada de Héctor Rangel Ortiz, desaparecido el 9 de noviembre de 2009 en Monclova, Coahuila. Levantamos actas allá, en Querétaro y en el DF, pero no hemos tenido ninguna respuesta, ninguna detención, ninguna pista. Para nosotros es un sentimiento de mucha impotencia.
Antes de llegar a su destino, los manifestantes –convocados principalmente por la agrupación Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en México– hicieron una breve parada en el plantón que 12 madres y padres de desaparecidos instalaron el jueves pasado ante la Procuraduría General de la República, donde se pusieron en huelga de hambre para exigir una reunión con Peña Nieto y se les explique por qué no hay avances en las indagatorias.
Entre lágrimas y manifestaciones de solidaridad, las madres de los dos grupos se fundieron en abrazos. Vamos a seguir juntas en esta lucha de amor y vamos a encontrar a nuestros hijos. No estamos dispuestas a permitir tanta indolencia, señalaron.
Sin motivo de fiesta
En la glorieta del Ángel, y a nombre de los participantes en la caminata, Yolanda Morán, del colectivo Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila, enfatizó la necesidad de crear conciencia sobre el problema de las desapariciones forzadas y lamentó que miles de madres no tenemos nada qué festejar hoy porque no tenemos un hijo que nos venga a abrazar.
El obispo de Saltillo, Raúl Vera, denunció por su parte que los responsables de la violencia y el crimen son poderosos gracias a su complicidad con las autoridades.
“Dense cuenta –dijo a los gobernantes– de que mientras se siga alimentado a las mafias, el sufrimiento y la angustia invadirán cada día a un mayor número de hogares, y el número de personas sometidas a tratos inhumanos se multiplicará de manera exponencial día con día por todos los rincones de México.”
 
 

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