Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

domingo, 18 de agosto de 2013

Bajo la Lupa- Chile y sus sombras sobre dos mujeres- Telescopio

Bajo la Lupa
México, sin industria privada petrolera; inversiones son de empresas foráneas: The Economist
Alfredo Jalife-Rahme
Foto
Plataforma Bicentenario, en el pozo Talipao 1, del Golfo de México
Foto José Carlo González
 
Llamó la atención que mientras la prensa estadunidense –primordialmente The Wall Street Journal, The Washington Post y The New York Times (12/8/13) no estuvieron satisfechos en plenitud bursátil con la entreguista y antiambientalista reforma Peña/Videgaray/Aspe–, los dos principales portavoces del neoliberalismo global en Londres, tanto The Financial Times como The Economist (miembros del Grupo Pearson/Penguin Random House), exhibieron su condescendiente compresión a la propuesta que indispuso a Wall Street con un aviso de descenso de las cotizaciones de la bolsa y una leve devaluación del peso al día siguiente.
 
 
 
The Financial Times (12/8/13) manifestó que, en el caso mexicano, obtener un pedazo de la tajada del pastel petrolero constituía un gran paso y que la tan soñada privatización total, mediante la bursatilización de los operadores anglosajones en sus fabulosos bloques seleccionados en las aguas profundas del Golfo de México, debía realizarse paso a paso.
 
 
El Grupo Pearson/Penguin Random House sabe en forma omnisciente que, reformados los artículos constitucionales 27 y 28, lo que sigue es pan comido: las conducentes leyes secundarias les otorgarán las concesiones y la bursatilización anheladas. No hay que comer ansias: pronto sus deseos serán cumplidos cabalmente pese al gigantesco repudio ciudadano que no se traga los engaños publicitarios.
 
The Wall Street Journal considera que la verdadera oposición a las propuestas podría venir de las calles (¡supersic!), a lo que se suma The New York Times, que aduce que un lleno en las calles (¡supersic!) de la capital podría dificultar el respaldo de los líderes políticos al plan.
 
Dos días antes The Economist publicó un artículo fatalista sobre la tarea imposible de reparar Pemex.
 
 
Aduce que, aun con los cambios constitucionales, el gobierno se detendrá muy lejos de privatizar Pemex, por estar envuelto en un mito de soberanía nacional. Pues tan mítico como la obsoleta y decadente monarquía británica.
 
¿La revista de los banqueros Rothschild, controladores de la petrolera depredadora BP, desean la demolición de Pemex para repartirse mejor su sepelio?
 
ÇSentencia que México no tiene un significativo sector privado (¡supersic!) de industria petrolera, por lo que la mayor parte de las inversiones tendrían que proceder de las firmas foráneas (sic), y para los nacionalistas esto sería difícil de digerir.
 
El verdadero mito lo constituye la participación de las empresas privadas mexicanas que carecen tanto de dinero suficiente como de tecnología, si hacemos caso a su mediocre innovación, de acuerdo a listados mundiales, en que México brilla por su orfandad, a diferencia de Brasil (Afp, 14/8/13).
 
The Economist cita a Bernardo Minkow, anterior consultor de McKinsey, quien alega que Pemex es tan complejo y tan pobremente administrado que sería muy difícil, si no imposible, reparar (sic). ¿Los británicos desean aniquilar a Pemex para que no quede huella histórica de su pasado?
 
A juicio de The Economist –que soslaya tramposamente la decapitación financierista de Pemex por la Secretaría de Hacienda, que aplica casi 70 por ciento de carga fiscal para paralizarla–, su primer problema es estructural, ya que nunca ha sido tratado como una empresa creadora de ganancias, cuando cada barril de petróleo con un costo menor a 7 dólares lo vende en 100 dólares, pero ha perdido 29 mil millones de dólares en los recientes cinco años.
 
Otro burdo engaño de la revista británica que soslaya que Pemex ha tenido 552 mil 7 millones de dólares de ingresos en el mismo lapso (en 2008, 119 mil 235 millones; en 2009, 80 mil 722 millones; en 2010, 101 mil 506 millones; en 2011, 125 mil 344 millones, y en 2012, 125 mil 200 millones). ¿Se puede comparar los más de 550 mil millones de dólares de ingresos con su pérdida artificial de 5.3 por ciento? Resalta el defecto estructural abultado malignamente por The Economist.
 
Su diagnóstico es peor porque atribuye los defectos a su negocio de refinación, donde pierde una fortuna (sic), y a su división petroquímica, que también es deficitaria, pese a las grandes ganancias de la producción de petróleo y gas. Oculta que desde hace mucho la petroquímica ha sido encubiertamente privatizada, sin mejores resultados.
 
Condona que el gobierno succiona el flujo de efectivo de Pemex (sin decir el monto) para compensar la falta de ingresos vía impuestos que recauda en el resto de la economía.
¿Por qué los gobiernos neoliberales no cobran impuestos a los peces gordos empresariales?
 
Se recuerda que tanto Roberto Hernández Ramírez, magno accionista de Televisa, quien evitó pagar 2 mil 500 millones de dólares en la venta ilegal de Banamex a Citigroup, así como Valentín Díaz Morodo, firmante conspicuo del reporte WWC/ITAM/Imco (ver Bajo la Lupa, 17/7/13), quien esquivó vía bolsa también pagar 7 mil 500 millones de dólares de impuestos.
 
Más aún: un anterior procurador fiscal me señaló que el SAT deja de recaudar más de 50 mil millones de dólares al año. Todo esto lo oculta The Economist, a quien se le hace más sencillo endosar todos los defectos del fallido modelo neoliberal exclusivamente a Pemex, que subvenciona con 40 por ciento el presupuesto gubernamental.
 
Arguye que debido al drenaje perpetuo (¡supersic!) al flujo de caja de Pemex, su deuda se ha disparado a 60 mil millones de dólares y el agujero de su reserva de pensiones constituye la enormidad de 100 mil millones de dólares. Esta aparatosa contabilidad no es tampoco tan dramática como la esboza la revista –que oculta cuantitativamente los magnos ingresos para dejarlos en la etérea zona cualitativa–, ya que habría que ver cuáles son los plazos escalonados de pago de la deuda, cuando tampoco todos los trabajadores se jubilan el mismo año.
 
Su última trampa exageradamente chapucera es una gráfica de Cidac –extraña entelequia cordobista-zedillista consagrada a firmar la entrega de Pemex en cualquier documento de Estados Unidos desde hace 15 años– que compara en forma absurda los barriles de petróleo producido por empleado de siete empresas petroleras, en donde viene en primer lugar la noruega Statoil –seguida por la Ecopetrol, ExxonMobil, BP, Shell y Petrobras– y coloca en un despectivo último lugar a Pemex que, con 151 mil empleados, se encuentra muy lejos de sus contrapartes foráneas.
 
A Cidac se le olvido factorizar el salario de los trabajadores, ya que no es lo mismo tener el triple de empleados en México, con un salario de miseria, frente a los sueldos de alcurnia en coronas noruegas de Statoil.
 
Sea lo que fuere, el maldito Pemex, con todo y sus defectos incurables, es más eficiente en términos de ingresos, reservas y producción, ya no se diga en la medición contable EBITDA, que Statoil (lugar 39 del listado mundial de Fortune/CNN con ingresos de 124 mil 400 millones de dólares).
 
Pero todo eso no importa: lo que se trata es de demoler a Pemex, para que no quede huella histórica de su pasado exitoso. ¿La banca británica busca la muerte prematura de Pemex para florecer sobre su cadáver?
Twitter: @AlfredoJalife
Facebook: AlfredoJalife
FUENTE: LA JORNADA OPINION

Chile y sus sombras sobre dos mujeres

Eric Nepomuceno
En las elecciones presidenciales de noviembre de este año habrá en Chile, por primera vez, dos mujeres candidatas con posibilidades de victoria. Una, la favorita, es la socialista Michelle Bachelet, que fue presidente entre 2006 y 2010 y se presenta por una alianza de centro-izquierda.
 
La otra, con menos chances visibles, es Evelyn Matthei, y se presenta por una agrupación de derecha, armada por el actual presidente, Sebastián Piñera. Ella no oculta a nadie que, más que conservadora, es pinochetista.

Hay que reconocer una cierta osadía en esa declaración: al fin y al cabo, ni siquiera Piñera, que fue admirador de Pinochet, se define hoy día como pinochetista.

La disputa entre Michelle y Evelyn trae una característica muy singular: las dos se conocen desde la infancia, crecieron muy cercanas y cada una vivió un lado del tiempo que cubrió Chile con la sombra de una larga y trágica noche: la dictadura salvaje del general Augusto Pinochet.

Michelle es dos años mayor que Evelyn. El padre de Michelle, Alberto Bachelet, fue general de la Fuerza Aérea de Chile.

El padre de Evelyn, Fernando Matthei, también. Igual que sus hijas, Alberto era dos años mayor que Fernando.

El padre de Michelle fue fiel al presidente Salvador Allende. Luego del golpe del 11 de septiembre de 1973 cayó preso y fue torturado. Murió de un infarto en marzo de 1974, luego de una sesión de tortura.

Luego del golpe del 11 de septiembre de 1973, el padre de Evelyn se unió a Pinochet. En marzo de aquel nefasto año de 1974, dirigía la Academia de Guerra Aérea de Chile. En los sótanos de esa academia murió Alberto, el padre de Michelle.

Fernando Matthei, general de la Fuerza Aérea de Chile, dice que no ha participado de la barbarie de los secuestros, violaciones, saqueos, torturas y asesinatos de la dictadura de la cual fue figura insigne.

La viuda del general Alberto Bachelet, de la Fuerza Aérea de Chile, dice que cree en él.
Michelle Bachelet, que al lado de la madre reconoció el cuerpo de su padre el 12 de marzo de 1974, no dice nada. Lo único que quiere es que se sepa la verdad de la muerte de Alberto Bachelet.

En 1958 el capitán Fernando Matthei tenía 32 años y tres hijos: Fernando, de 6, Evelyn, de 4, y Robert, de uno. Matthei era uno de los 60 oficiales de la Fuerza Aérea que vivían en una villa militar en una base aérea en los alrededores de Antofagasta, prácticamente aislados de la población civil de la ciudad.

En 1958 llegó a la villa el también capitán Alberto Bachelet, que tenía 34 años y dos hijos: Alberto, de 11, y Michelle, de 6.

Ambos habían bautizado a sus primogénitos con sus nombres de pila.

Los dos se hicieron amigos inseparables. Las niñas también.
Alberto era un tipo extrovertido y risueño, Fernando era callado y retraído. Hablaban de deportes, literatura y música clásica.

Siguieron amigos por la vida. En 1967, cuando Matthei construyó una casa en Santiago de Chile, Alberto Bachelet apareció con tres pequeños árboles. Los dos amigos plantaron los arbolitos en el jardín de la casa recién estrenada. Los árboles siguen allí, la casa también.

En la juventud las amigas tomaron rumbos distintos. La hija de Matthei fue a estudiar en un colegio privado, la elegante Escuela Alemana, donde obtuvo una beca. La hija de Bachelet fue a una escuela pública.

En las elecciones presidenciales de 1970 los dos amigos tomaron rumbos distintos. Alberto Bachelet votó por Salvador Allende, Fernando Matthei prefirió al candidato conservador, el ex presidente Jorge Alessandri.
 
La amistad, en todo caso, se mantuvo intacta. En 1971, Matthei fue enviado en misión a Inglaterra, y Bachelet fue a trabajar en el gobierno de Allende.
 
El 11 de septiembre de 1973 Matthei todavía estaba en Londres. No participó del golpe urdido por Pinochet. En realidad, ni siquiera sabía de la conspiración.
 
El 11 de septiembre de 1973 Bachelet ocupaba un puesto de relieve en el Ministerio de Defensa, en Santiago. Por no sumarse al golpe, fue preso aquella misma mañana. Deambuló de cárcel en cárcel hasta llegar, en marzo de 1974, a los calabozos de la Academia de Guerra Aérea. En la mañana del 12, a los 51 años, sufrió un infarto luego de varias sesiones de torturas.
 
Su amigo de toda la vida, el general de la Fuerza Aérea Fernando Matthei, era el director de la Academia. A lo largo de los seis negros meses desde que se desató la carnicería en Chile la Academia había perdido sus funciones y se transformó en el sitio donde estaban detenidos militares que se negaron a sumarse a Pinochet.
 
Matthei aseguró que no tenía ningún control sobre lo que ocurría en la Academia, y que casi no iba a su despacho, que lo suyo era meramente simbólico.
 
Reconoció que sabía que en los calabozos del sótano estaba su amigo de toda la vida, Alberto Bachelet, pero que nunca lo fue a visitar. Dijo que la prudencia se sobrepuso al coraje.
 
Pocos días después de la muerte de Bachelet su viuda, Angela, y su hija Michelle fueron detenidas y llevadas al campo de concentración Villa Grimaldi. Luego de casi un año salieron al exilio. Volvieron en 1979, con el aval de Fernando Matthei, que en 1978 fue nombrado jefe de la Fuerza Aérea e integraba la Junta Militar encabezada por el mismo Augusto Pinochet de siempre.
 
Michelle se hizo médica pediatra; Evelyn, economista. Michelle empezó una discreta militancia clandestina en el Partido Socialista, a mediados de los años 80. Evelyn ascendía en las empresas de un joven exitoso que ganaba ríos de dinero gracias a sus buenas relaciones con la dictadura: Sebastián Piñera.
 
Las dos ya no se hablaban ni se veían. Volvieron a encontrarse durante la campaña electoral de 1989. El país estaba volviendo a la democracia, y Michelle apoyaba la coalición de centro-izquierda que llevó al demócrata cristiano Patricio Aylwin a la presidencia. Evelyn se eligió diputada nacional por el Partido Renovación Nacional, de derecha, integrado por figuras prominentes durante la larga noche de Pinochet.
 
El resto de la historia es bien conocido. Siempre discreta, Michelle Bachelet ha sido ministra de Salud, luego de Defensa, y en 2006 asumió la presidencia de Chile.
 
Evelyn Matthei cuenta que cuando las dos se rencontraron, en 1989, hablaron mucho sobre el tema de los derechos humanos.
 
Ha de haber sido una conversación rara, delicada, entre la hija de uno de los miembros de las juntas militares de la dictadura más sangrienta de la historia de Chile y la hija de un general muerto en la tortura por haberse negado a respaldar ese régimen de cuervos.
 
Ahora, bajo la sombra de esa historia, las dos vuelven a encontrarse en la vida política de Chile. Una saldrá de ese encuentro como presidenta. La otra se quedará en el camino.
FUENTE: LA JORNADA OPINION
 
Telescopio
Cartes
El Buscón
Las opciones de Horacio Cartes: El nuevo presidente paraguayo, Horacio Cartes, asumió su cargo en presencia de José Mujica, Dilma Rousseff y Cristina Fernández, pero en ausencia de Nicolás Maduro, Evo Morales y Rafael Correa, quienes no fueron porque Venezuela no fue invitada a la ceremonia. En su discurso de asunción, Cartes se refirió a las presidentas de Brasil y de Argentina –en lo que los diarios argentinos Tiempo Argentino y Página 12 califican de guiño al Mercosur, pero no mencionó a éste, como dijo el paraguayo Última Hora al titular el viernes: Nada sobre el Mercosur. Por otra parte, rechazó la incorporación de Venezuela al organismo, pero por razones jurídicas, no políticas. Su canciller, heredado de la dictadura de Stroessner, declaró que Paraguay buscará establecer relaciones más firmes con países sudamericanos que no están en el Mercosur, de modo que lo menos que se puede decir es que el nuevo gobierno no tiene una política muy definida sobre el Mercosur ni sobre la Unasur y mira con simpatía el Bloque del Pacífico, liderado por Washington. El diario uruguayo El País sostiene que Paraguay podría ser un punto muy atractivo para los inversionistas uruguayos, argentinos y brasileños, debido a los beneficios fiscales y a los bajos impuestos. El cotidiano paraguayo ABC informa que el Partido Colorado ve con descontento el nombramiento para los principales cargos no de miembros del partido, sino de gerentes de las empresas de Cartes, y éste es, después del obispo Fernando Lugo, el segundo presidente que no viene de una estructura partidaria (Cartes es un próspero empresario), de modo que podría tener problemas con su mayoría parlamentaria. En el Partido Colorado abundan los dinosaurios de la guerra fría: mientras Cartes recibía a las presidentas Rousseff y Fernández, el fiscal general las calificó de comunistas de mierda y dijo lo mismo del otro huésped, Pepe Mujica. Entre paréntesis, de los tres insultados sólo Dilma fue comunista.
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Varias: La prensa bolivianaEl Diario y La Razón, por ejemplo– destaca la declaración de la Conferencia Episcopal, según la cual el derecho a la vida es constitucional (refiriéndose al proyecto de ley del MAS sobre el aborto). Los diarios colombianos El Tiempo y El Espectador informan sobre la inevitabilidad del paro agrario nacional, y el segundo dice que el presidente venezolano pidió la reinstalación del ex mandatario egipcio Mohamed Mursi.
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Varias: La Hora y El Comercio, ecuatorianos, piden una consulta popular sobre la decisión gubernamental –a la que se oponen indígenas y ecologistas– de explotar petróleo en la reserva natural de Yasuní, hasta ahora protegida. El venezolano Últimas Noticias informa sobre el descontento en Globovisión por la supresión del programa Aló Ciudadano y los cambios editoriales.
FUENTE: LA JORNADA OPINION

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