Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

viernes, 19 de abril de 2013

Astillero- Fabricación de culpables y deterioro institucional- Celsius 232: una instantánea- El instinto de muerte a plenitud

Astillero
Chayogate jarocho
Hoy, como ayer
Panismo amnésico
Robles, en jaque
Julio Hernández López
Foto
EN LA AUTOPISTA DEL SOL. El Movimiento Popular Guerrerense volvió a marchar ayer por los cuatro carriles de la Autopista del Sol, para exigir que los diputados locales modifiquen la reforma educativa en la entidad
Foto Francisco Olvera
 
El Chayogate jarocho tiene que ver con el presente y el futuro, pero sobre todo con el pasado inmediato. En el hoy y el mañana, con este episodio ahumado se busca pintar un rostro combativo en el armatoste de blanco y azul que se había desdibujado al entregarse al peñismo en el tramo del Pacto por México que, por cierto, con estos escándalos puede darse por terminado, al menos en los términos operativos impactantes que hasta ahora había tenido. El panismo también busca incrementar sus fichas con la intención de canjear a sus prefigurados rehenes judiciales (la ex procuradora Marisela Morales y el ex vicepresidente policiaco, Genaro García Luna, con Felipe Calderón como el verdadero villano, no encarcelable) por la cabeza de la secretaria Pepsi y otros involucrados de rango federal.
 
Pero en este rodaje de aventuras políticas extremas nadie es inocente. No lo es el panismo que hoy denuncia con pasión amnésica lo mismo que hizo durante dos sexenios y que con la ayuda de los Yunes blanquiazules pretende desmarcarse de sus alianzas y pactos con el PRI al que tanto llegaron a semejarse, según diagnóstico del mismo Gustavo Madero, ahora tan prosopopéyico (Miguel Ángel Yunes Linares, ex director del Issste y sus hijos, Fernando Yunes Márquez, actual senador, y Miguel Ángel junior, ex alcalde de Boca del Río; mientras los senadores priístas son Héctor Yunes Landa y José Francisco Yunes Zorrilla). No el PRD tan lento en despojarse de su ropaje de colaboracionismo con Peña Nieto, practicante de similares ejercicios adulteradores de la función y los recursos públicos en los lugares donde ha gobernado, con el Distrito Federal como añoso ejemplo de la institucionalización del clientelismo con cargo al erario.
 
Pero la clave, y el mayor golpe, están en el pasado. El material grabado en Veracruz revela crudamente los mecanismos de compra del voto rumbo a elecciones locales en una entidad federativa pero, en realidad, está confirmando lo hecho en pasados comicios, los presidenciales de 2012 en primer lugar (en junio de 2012, por ejemplo, esta columna dio a conocer el plan Sumemos 10, que volcaba a la estructura educativa estatal en la promoción del voto priísta en el distrito de Coatepec http://bit.ly/11mr2R6). Lo de hoy no es una ocurrencia o una excepción, sino una tendencia consolidada de aprovechamiento de los recursos públicos (esta vez, federales y estatales; el año pasado, los de los gobiernos priístas en favor de su candidato presidencial). El PRI de 2012 no tuvo el cofre abierto de Sedeso, pero sí el de las tesorerías de los estados que así quedaron tan endeudados que ahora, desde la Secretaría de Hacienda del vicepresidente ejecutivo, Luis Videgaray, se tejen los mecanismos de salvación financiera para esos gobernadores que cooperaron con la campaña electoral que él coordinó.
 
Veracruz ha estado en el centro del escándalo en los años recientes. Desde las voladoras maletas detectadas con 25 millones en efectivo hasta el escándalo de los audios y el video de última hora, pasando por la agresión constante a periodistas locales y las amenazas a los propios y, según lo denunciado por la revista Proceso, a Jorge Carrasco, el comisionado de ese semanario para dar seguimiento a las sabidas diligencias infructuosas relacionadas con el asesinato de la corresponsal Regina Martínez.
 
La suerte del socio, Duarte de Ochoa, dependerá de los resultados electorales venideros (que habrían sido más difíciles si el tribunal electoral hubiera permitido que fueran en alianza el PAN y el PRD), con Fidel Herrera como virtual diputado local y jefe de la bancada de tres colores en el congreso local, pero la de Rosario Robles no esperará tanto tiempo. Nombrada secretaria de Desarrollo Social como parte de estrategias de guerra sucia contra la izquierda de la que formó parte, y con cuerda superior para erigirse en operadora electoral contra el lopezobradorismo en todo el país y buscar la recuperación del Distrito Federal, Rosario Robles ha sido puesta en jaque.
 
Basta revisar la nómina de sus funcionarios centrales, de los directores de empresas tácticas (como Liconsa) y de los delegados federales para confirmar que, sin pudor alguno, se habilitó en muchos de esos cargos a expertos en asuntos políticos y electorales. Por ello es que tuvo que separar al delegado en Veracruz, Ranulfo Márquez, operador indudable del fidelismo y el duartismo en asuntos asistenciales-priístas y a seis funcionarios de menor rango. Tan entrampada está que las bancadas opositoras abandonaron momentáneamente el salón de sesiones de San Lázaro en protesta porque el PRI y sus aliados impidieron abordar el tema del Rosariogate jarocho. En el Senado, para que no quedaran truncos los trabajos relacionados con la reforma de las telecomunicaciones, se aprobó que la ahumada titular de Sedeso comparezca ante esa cámara para explicar el embrollo que ha causado.
 
Peña Nieto no podrá sostener con fuerza el ya declinante esquema colaboracionista del Pacto por México si mantiene en el cargo a la ya tocada Rosario Robles. Tampoco podrá desarrollar su clarísima campaña de amago contra el calderonismo, tachado como responsable de los yerros que ahora va corrigiendo el justiciero Enrique, si conserva en su cargo a la funcionaria previamente acusada de estar utilizando lo asistencial para fines electorales.
 
Y, mientras los dirigentes del Movimiento Popular de Guerrero dialogaban con el gobernador Ángel Aguirre a la hora de cerrar esta columna, en un día más de tensiones y riesgo de enfrentamientos, con autopista parcialmente obstruida, y cerco e irrupción en el Congreso estatal, y con los antimotines listos para entrar en acción, ¡feliz fin de semana, con la revista Time colocando a Enrique Peña Nieto entre las 100 personalidades más influyentes del mundo, en una combinación mexiquense de Reagan (carisma), Obama (intelecto) y Clinton (habilidades)!
Twitter: @julioastillero
Facebook: Julio Astillero
Fabricación de culpables y deterioro institucional
Con las liberaciones del general en retiro Tomás Ángeles Dauahare y del ex subprocurador Noé Ramírez Mandujano, ambos detenidos por presuntos vínculos con el crimen organizado tras haber sido inculpados por testigos protegidos, el pasado gobierno federal queda exhibido como responsable de un desempeño desaseado y vergonzoso en materia de procuración de justicia que colocó a las instituciones en una nueva sima de descrédito frente a la población.
La incapacidad de las instancias federales de procuración de justicia para aportar indicios sólidos a las acusaciones contra los funcionarios citados, así como su propensión a realizar detenciones de alto impacto sin más fundamento que declaraciones de testigos protegidos, son indicativas, a su vez, de un fracaso mayúsculo de los pretendidos esfuerzos del calderonismo por combatir a la criminalidad y restituir el estado de derecho. En efecto, el pasado sexenio se caracterizó, entre otras cosas, por la proliferación de delitos y el incremento exasperante en los niveles de violencia, pero también por una disminución en el número de culpables legales, como se colige del hecho de que sólo 12 por ciento de los presuntos delincuentes detenidos en el contexto de la guerra contra el narcotráfico han recibido sentencia y que casi tres cuartas partes de ellos fueron liberados, ya sea por deficiencias en la integración de las acusaciones, por falta de pruebas, por corrupción judicial o por una combinación de esos factores. Tales cifras son consistentes con un panorama general en que sólo una quinta parte de los ilícitos cometidos derivó en una averiguación previa; de esa proporción, sólo una décima parte se tradujo en la consignación ante un juez y apenas uno por ciento del total de los delitos fue objeto de sentencia judicial.

Además de la persistencia y profundización de esas deficiencias estructurales en los mecanismos de procuración e impartición de justicia, las dos administraciones panistas, y particularmente la que encabezó Felipe Calderón, se caracterizaron por el uso faccioso de la ley, la conversión de las procuradurías en instrumentos de golpeteo político, la manipulación de pruebas, documentos y testimonios y la invención de acusaciones y la fabricación de culpables, que derivaron en detenciones de diversos funcionarios. Así ocurrió, por ejemplo, en el caso del llamado michoacanazo, que derivó en la detención de una treintena de funcionarios estatales y municipales, todos los cuales fueron liberados, a la postre, por falta de pruebas, Otro tanto sucedió con la llamada operación limpieza –en el marco de la cual se detuvo a 25 funcionarios federales, de los cuales sólo 13 fueron acusados formalmente y ocho de ellos, incluyendo a Ramírez Mandujano, ya fueron liberados– y también, según puede verse, con el episodio de detención y arraigo de militares entre los que se encuentra Tomás Ángeles Dauahare
 
Cierto, los altos niveles de impunidad, el uso indebido de los mecanismos de justicia y la falta de rigor y de pulcritud en las investigaciones no son elementos privativos de las administraciones panistas, sino males endémicos del sistema de procuración e impartición de justicia del país, heredados de los gobiernos priístas que se sucedieron hasta 2000, y llevados a niveles grotescos por las presidencias del blanquiazul. Ante tal consideración, y frente a la demostración del desempeño faccioso de las autoridades ministeriales, sería ingenuo pensar que es posible poner punto final a los episodios mencionados sólo con la liberación de los inculpados: es necesario que se investigue y sancione a quienes fabricaron pruebas, causas judiciales y acusaciones y propiciaron una persecución a todas luces injusta e ilegal, y se ponga fin a la impunidad en el ejercicio de tales prácticas perversas. De otra manera, será imposible comenzar a revertir el gravísimo deterioro que padecen las instituciones de seguridad y justicia.
 
Mientras tanto en Harvard-Helguera
Celsius 232: una instantánea
Paco Ignacio Taibo II
 
I
Arden. Doscientos treinta y dos grados Celsius, la temperatura a la que el papel se incinera, se consume en el fuego, se volatiliza en la noche la ceniza. La fecha se grabará en la memoria: 10 de mayo de 1933.
 
Originalmente planeada para hacerse simultáneamente en 26 ciudades, la lluvia impidió algunas de las ceremonias, pero en Berlín, en Munich, en Hamburgo, en Frankfurt, los libros ardieron.

A finales de enero habían tomado el poder los nazis y se acababa la República de Weimar, un mes más tarde ardía el Reichstag y se iniciaba la cacería de socialistas y comunistas, anarquistas y sindicalistas. Comenzaban a llenarse cárceles y campos de concentración.

Para las ceremonias de quema de libros se puso en marcha el ritual. To­da la parafernalia del nazismo: bandas de música, desfiles de antorchas, carros de bueyes cargados con volúmenes, convocados para el gran acto purificador de la juventud contra el intelectualismo judío: una gran quema pública de libros.
Las fotos mostrarán a miembros de las SA, policías, estudiantes, sonrientes, felices, cargando libros para llevarlos a la hoguera; arrojando libros en las afueras de las bibliotecas, depurando los anaqueles, censurando por el camino del fuego. La fiesta de la barbarie.
En Berlín, en la Opernplatz, no arde el papel, arden las palabras. Arden los libros con los poemas de Bertolt Brecht, pero sobre todo arden los versos, las magníficas palabras: no os dejéis seducir, no hay retorno alguno. El día está a la puerta, hay ya viento nocturno. No vendrá otra mañana. No os dejéis engañar con que la vida es poco.
Interviene el ministro de propaganda del Reich, Joseph Goebbels, pura energía maligna, elegante, delgado, histriónico. Su voz crece en los altavo­ces, raspa un tanto: Hombres y mujeres de Alemania, la era del intelectualismo judío está llegando a su fin. Están haciendo lo correcto en esta noche al entregar a las llamas el sucio espíritu del pasado. Este es un acto grande, poderoso, simbólico. De estas cenizas el fénix de una nueva era renacerá. ¡Oh siglo! ¡Oh ciencia! ¡Es un placer estar vivo!
¿De qué ciencia habla? ¿De la primitiva ciencia de quemar en la hogue­ra?
Arden las maravillosas geometrías doradas y humanas de Gustav Klimt. Arden los brillantes textos de Sigmund Freud sobre la histeria y los sueños. Un Freud que respondió al hecho desde el exilio diciendo que había tenido suerte, que en el medievo lo hubieran quemado también a él, sin darse cuenta que bromeaba sin conocer hasta qué punto intentaba exorcizar a los demonios. Los que quemaban sus libros terminarían quemando a 6 millones de judíos como él.
Arden en la hoguera los textos de Einstein, los cuentos de Sholem Asch, los textos del checo Max Brod, las novelas de los hermanos Mann, incluso la relativamente inocente Vicky Baum es incinerada. Se queman las geniales novelas sociales de Jack London, Theodere Dreiser, John Dos Passos, quizá en esos momentos el mejor novelista de lo que iba del siglo XX.
Encabeza la lista la obra maestra de Erich Maria Remarque, Sin novedad en el frente. Arden las novelas históricas de León Feuchtwanger, arden las grandes novelas antibélicas de Barbusse, El fuego, incluso el Hemingway de Al otro lado del río y entre los árboles. Imperdonable para los verdugos del fuego eso del pacifismo.
Arden las reproducciones de las fantasmagorías de Marc Chagall y los cuadros de Paul Klee. Arden, claro está, las reproducciones del neorrealismo terrible y drástico de George Grosz y Otto Dix, los más implacables críticos de la Alemania de entreguerras.
Arden los libros de la futura premio Nobel Anna Seghers.
Las orquestas tocan marchas militares, los estudiantes saludan con el brazo derecho rígido y la palma abierta.
Queman libros, arden páginas, palabras, imágenes. En la hoguera se inmolan los libros de Heinrich Heine, poeta alemán del siglo XIX, quien en 1822 había profetizado: donde queman libros, al final terminarán quemando seres humanos.
Sin darse cuenta, Goebbels y sus chicos habían creado la lista básica de la cultura de la mitad de siglo XX, estaban construyendo las recomenda­ciones que adolescentes ansiosos buscarían y encontrarían: los libros, los cuadros, los artículos de filósofos y científicos, los poemas.
Sin darse cuenta los nazis que la temperatura a la que arde un libro no sólo es la temperatura del fuego en el papel, es también el fuego de la mirada sobre la palabra.
 
II
Recuento esta historia para recordar. Para no olvidar. Pero también para que sirva de prólogo a una invitación. En el contexto del Día Mundial del Libro, que se celebra dos días más tarde, el domingo 21 de abril, a las 12 de la mañana en la glorieta del Metro Insurgentes, un grupo de escritores estaremos diciendo No, al IVA al libro, y exponiendo nuestras razones. Aprovecharemos para regalar el primer libro quemado por los nazis: Sin novedad en el frente, de E. M. Remarque, a los primeros mil ciudadanos que lleguen. Repetiremos la acción el día 23 a las 13 horas en la Feria del Libro de Ciudad Universitaria que organiza Para Leer en Libertad, a espaldas de rectoría.
PD. Lleven un libro para donar, con él formaremos nuevas bibliotecas de barrio en el área metropolitana.
 
Las manitas de Sedeso-Fisgón
El instinto de muerte a plenitud
José Cueli
La comunidad puede ser distinta vía a la desgracia si, a partir de lo desacostumbrado, podemos ser diferentes. ¿No existirá la posibilidad de que las neurosis traumáticas como secuela lógica de las pérdidas: muertos, heridos y aterrorizados en Estados Unidos y otras partes del mundo que se quedaron con las imágenes vía la televisión del atentado terrorista ejecutado en Boston esta semana, puedan ser elaboradas con una nueva forma de ser y no cual es nuestro signo, con el lamento, la resignación y nuevas pérdidas?
 
Ante estos lamentables acontecimientos vale la pena detenerse en la reflexión del filósofo francés Guilles Deleuze, uno de los grandes constructores del siglo pasado, quien planteó, entre otros pensamientos, un segundo Más allá del principio del placer freudiano, segunda síntesis del tiempo en el inconsciente como tal. La primera síntesis pasiva presentaba la repetición como vínculo o ligazón, según el modo recomenzado de un presente vivo. Este garante de la fundación del principio del placer de Freud en dos sentidos complementarios, del que emanaban a la vez tanto el valor general del placer como instancia en que la vida síquica se encuentra sometida y la satisfacción particular alucinatoria, viniendo a llenar cada yo pasivo con una imagen narcisista de sí mismo.

La segunda síntesis, la de Eros, plantea la repetición como desplazamiento y disfraz y funciona como fundamento del principio. La interrogante que se planteó Deleuze era saber cómo el principio se aplica a aquello que gobierna y bajo qué condición y las limitaciones y profundizaciones que lleva a cabo.

La pulsión, definida por Deleuze solamente como excitación ligada, emerge como una nueva forma diferenciada: pulsión de conservación ligada a una línea activa de realidad y como pulsión sexual en una nueva dimensión de profundidad pasiva. Es así que Freud se mostró escrupuloso en el momento de distribuir la diferencia y la repetición, desde el punto de vista de Eros, en la medida en que mantenía la oposición entre ambos factores, e intuía la repetición bajo el modelo material de lo que Deleuze enunció como la diferencia anulada al definir a Eros por medio de la introducción o incluso mediante la producción de nuevas diferencias.

Eros implica la unión de dos cuerpos celulares; Deleuze introduce así nuevas diferencias vitales: No hemos podido discernir en el instinto sexual sino en la tendencia a la repetición, cuyo descubrimiento nos ha llevado a concluir la existencia del instinto de muerte. Al enlazar de nuevo en este discernir a los objetos virtuales y al narcisismo, el carácter esencialmente perdido de los objetos parciales y el carácter ineludiblemente travestido de los objetos reales, fueron, según la óptica de Deleuze, potentes motivaciones del narcisismo. Cuando la libido retorna al yo, el yo pasivo se torna narcisista en su totalidad, y se interioriza la diferencia entre las dos líneas, al experimentarse a sí mismo como perpetúame desplazado en una y disfrazado en la otra.
 
El yo narcisista es inseparable de su herida constitutiva al nacer de ese trazo que dolerá siempre, marca indeleble de la incompletud, entretejido en los desplazamientos y disfraces constituyentes de su modificación. Máscara que cubre otra máscara, trasvestimiento encubridor de otro travestimiento, en palabras de Deleuze: El yo que no distingue sus propios bufones y marcha a la pata coja sobre una pierna verde y una roja. La noche que no puede distinguirse entre sus propias sombras, como el sol se pierde entre sus propios destellos. Al mismo tiempo que el yo pasivo se convierte en narcisista, la actividad debe ser pensada (proceso secundario) y no puede serlo sino como efecto, al remitir la modificación que el yo narcisista experimenta por su cuenta a la forma de un yo que se plasma sobre sí como Otro.
 
Un yo activo pero fallido, origen y correlato de un yo narcisista, pasivo y herido, producto complejo: bien denominado por Paul Ricoeur (otro de los grandes pensadores franceses del siglo pasado) cogito abortado. A final de cuentas lo que existe es el cogito abortado, sujeto larvario reflejo de esa fractura del yo que no es otra cosa que el tiempo como forma pura y vacía desprendida de los contenidos. El yo narcisista aparece nítidamente en el tiempo, pero en modo alguno constituye un contenido temporal: el reflujo de la libido hacia el yo hace abstracción de todo contenido. El yo narcisista se perfila como el fenómeno correspondiente a la forma del tiempo vacío sin llenarla, como fenómeno espacial de dicha forma en general: fenómeno espacial cuya presentación es distinta para la automatización sicótica que para la castración neurótica.
 
El tiempo en el yo como determinante de un orden, un conjunto, una serie. El conjunto del tiempo confluye en la imagen de la acción formidable, la acción=x, prohibida y predicha. El yo narcisista repite, una vez más siguiendo el modelo trazado del antes o de la falta.
 
Por eso canta nuestro poeta:

¿Es que acaso se vive de verdad en la tierra?
¡No por siempre en la tierra
Sólo breve tiempo aquí!
Aunque también sea jade: también se quiebra
aunque sea oro, también se hiende y
aun el plumaje del quetzal se desgarra
¡No por siempre en la tierra
Sólo breve tiempo aquí!
Cruzada contra el hambre-Ahumada

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