Penultimátum
Discriminación en EU
La Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos decide en estos meses si las parejas del mismo sexo tienen constitucionalmente el derecho a casarse. Se trata de un asunto de derechos civiles, de anular las leyes que discriminan a los homosexuales.
Apoyan una decisión favorable a los homosexuales personajes tan destacados como el presidente Obama o la ex secretaria de Estado Hilary Clinton, además de figuras de las letras y las artes, el deporte, el cine, la música y los negocios. Y ¡sorpresa! Un senador del Partido Republicano que hasta hace poco era el azote de los
degenerados sodomitas: Rob Portman, de Ohio, quien compitió por la candidatura de su partido en las elecciones federales del año pasado. Él votó en el Senado para prohibir que las parejas del mismo sexo pudieran adoptar. Y siempre predicó que el único matrimonio, el verdadero y sagrado, era el celebrado entre un hombre y una mujer.
De firmes convicciones religiosas, el senador Portman recientemente publicó un artículo donde asegura que, según la Biblia,
las parejas gay también merecen tener la oportunidad de casarse. Luego reafirmó su idea en entrevistas con los medios.
¿Qué motivó tan radical cambio? Algo muy humano y familiar: su hijo Guillermo es homosexual. Lo hizo público en la prestigiosa Universidad de Yale, donde es un aventajado estudiante. La del senador no es la única voz que en las filas republicanas es partidaria de legalizar los matrimonios entre personas del mismo sexo. También un notable de ese partido, Ken Mehlman, quien tuvo el valor de salir del armario y encabeza a un grupo de notables republicanos que pide a la Suprema Corte declare inconstitucional la prohibición del matrimonio gay en California.
Mientras deciden los nueve integrantes del máximo tribunal, Timothy Dolan, cardenal de Nueva York, dijo que la Iglesia católica podría ser más tolerante con los gays, los cuales
tienen derecho a la amistad, pero según la enseñanza de Dios, el camino hacia la felicidad, especialmente cuando se trata del amor y la sexualidad, está previsto para un hombre y una mujer en el matrimonio. Y, aclara,
sin que la defensa religiosa de esta unión se interprete como un ataque a la comunidad gay. Agregó que con el nuevo Papa
la iglesia se encuentra en renovación, reparación y resurrección. Ni quién lo dude, luego de escucharlo.
Para cortarle alas al golpismo hay que salir del extractivismo
Raúl Zibechi
Esta semana quedó en evidencia la estrategia de la tensión y el caos que promueven las agencias estadunidenses para desestabilizar gobiernos. Si tomamos en cuenta las experiencias más recientes, incluyendo la
primavera árabe, podemos concluir que los golpes de Estado son apenas uno de varios caminos posibles para desalojar gobiernos molestos. Ni el Pentágono ni la Casa Blanca apuestan por una sola estrategia para conseguir sus fines, sino que ponen en marcha un abanico de acciones convergentes y complementarias.
poder suave, o sea mecanismos no tan ostensibles como los tanques y los bombardeos de palacios de gobierno. Los medios de comunicación, la acción legal y la semilegal, incluyendo las masas en las calles, que siempre sirven para legitimar proyectos innombrables, son algunas de las herramientas en uso.
En el caso de Venezuela y la escalada desestabilizadora que se escenificó horas después de la publicación de los resultados electorales, emergen un conjunto de mensajes que el tiempo permitirá develar completamente, pero que muestran la aparición de nuevas y más refinadas estrategias. Para mostrar no sólo los aspectos negativos de la coyuntura, habría que mencionar que la casi unanimidad de los miembros de la Unasur mostraron su apoyo a Nicolás Maduro, incluyendo un rápido reconocimiento por parte del presidente de Colombia, Juan Manuel Santos.
Sólo el Paraguay de Federico Franco, a quien le queda poco tiempo en el cargo, se alineó con Estados Unidos en la región sudamericana. Esto es relevante porque muestra el aislamiento de Washington y la creciente autonomización de gobiernos como el de Colombia. Parece evidente que la estrategia desestabilizadora no conviene a nadie en esta parte del mundo, muy en particular a un gobierno que busca la paz con la guerrilla con la oposición del mejor aliado del guerrerista George W. Bush, el ex presidente Álvaro Uribe.
La consolidación de las instituciones y alianzas regionales, tanto la Unasur como el Mercosur, está mostrando ser una eficaz barrera contra la injerencia del norte en la región sudamericana. Sin embargo, así como constatamos que algunos gobiernos no siguen mecánicamente la política de Estados Unidos (Ollanta Humala y Sebastián Piñera tampoco se sumaron a Washington), es muy probable que estemos ante una relativa autonomización de las derechas de esos mismos centros de poder.
Quiero decir que las derechas hacen sus propias lecturas de la realidad global y hacen también su propio juego. Sobre todo cuando las tendencias hacia un mundo multipolar se intensifican. Cinco de las 10 principales economías del mundo ya no utilizan el dólar en sus intercambios con China ( Russia Today, 14 de abril de 2013). Entre ellas, Rusia, India y Brasil, pero también Japón, importante aliado de Estados Unidos. Australia, otra aliada de Washington, es el último país en dejar de lado el dólar en su comercio con China. India y Japón también comenzaron a efectuar transacciones en sus respectivas monedas nacionales.
La nueva realidad global golpea de tal modo al centro imperial que hasta sus gastos militares cayeron, por primera vez en 20 años. Estados Unidos tiene una participación menor a 40 por ciento de los gastos militares globales, que sólo en 2012 cayeron 6 por ciento, en tanto el gasto militar de los miembros de la OTAN en Europa se contrajo 10 por ciento (SIPRI, 15 de abril de 2013). En contraste, los gastos militares de los emergentes crecen de modo continuo, aunque están muy lejos del presupuesto de defensa del Pentágono.
Sin embargo, operan otras fuerzas menos visibles pero tan o más desestabilizadoras que las que conocemos de larga data. Me refiero al modelo extractivo o extractivismo.
Con el modelo extractivo de megaminería y agronegocios no se puede profundizar la democracia, asegura Diego Montón, miembro de la Unión de Trabajadores Rurales Sin Tierra de Mendoza (Argentina) y nuevo coordinador continental de la CLOC-Vía Campesina ( Página 12, 17 de abril de 2013).
El extractivismo es mucho más que un modelo productivo y de acumulación de capital. En rigor, forma parte del complejo especulativo-financiero que hoy domina el mundo. En nuestros países tiene efectos depredadores: está creando un nuevo bloque de poder, corruptor políticamente, polarizador y excluyente socialmente y depredador del medio ambiente.
En lo político, el modelo extractivo necesita un conjunto de gestores que alimenta con sus inmensas ganancias (soya, minería a cielo abierto y varios monocultivos), que velan por sus intereses (universidades, gobiernos nacionales o locales, medios e intelectuales). Exagerando apenas, el extractivismo juega un papel desintegrador similar al del narcotráfico, porque destruye el tejido social, expulsa a los campesinos de sus tierras, infla ciudades hasta límites insoportables y mata a la gente, en particular a los más pobres, que no tienen acceso a un sistema sanitario de calidad.
En todos los países de nuestra región, paraísos extractivos del capital especulativo global o de los intereses expansionistas de países emergentes como China, una larga década de extractivismo no ha hecho sino fortalecer a las derechas. No me refiero sólo a los partidos o políticos conservadores, sino a una derecha difusa, social y cultural, que promueve el individualismo, un consumismo atroz y depredador de los vínculos sociales, comportamientos casi fascistas hacia los pobres, o sea contra los jóvenes de las barriadas populares, en particular las gentes del color de la tierra.
Denunciar el golpismo es imprescindible. Defenderse del Pentágono es urgente. Incrementar la militancia es clave (no sólo las declaraciones y los desplegados). Pero el modelo extractivo sigue criando y creando camadas de jóvenes conservadores que buscan líderes ultraderechistas.
De jóvenes y política de población
Gabriela Rodríguez R.
Me gusta imaginar que el mundo o la sociedad puede atravesar un proceso paralelo a los ciclos humanos: la infancia, la juventud, la vejez o tercera edad… una metáfora un tanto evolucionista, un poco lineal, al fin de cuentas, una lente para ver el mundo.
Por lo pronto, las masas están en la etapa de formación, productividad y experimentación, la intensidad de esos procesos definen una plena juventud.
Pero por desgracia, hasta ahora el Estado ha mostrado un gran desprecio hacia la juventud. Se necesita renfocar la política para que la mayoría de la población viva una juventud plena y llegue en buen estado a la madurez. Se logró disminuir el crecimiento poblacional, pero no disminuyeron las desigualdades sociales ni la violencia ni la discriminación por género. A los 15 años el 18 por ciento de los jóvenes (12-24) ya está fuera de la escuela, la mitad lo estará a los 18 años. Las razones del abandono escolar son diversas, 40 por ciento dejó la escuela para trabajar y por falta de dinero; hay quienes tienen un horizonte limitado y consideran que con la secundaria, o con la prepa se acabó la etapa de estudiar. La mayoría de estos jóvenes están en el empleo informal: trabajan con horarios largos, muy bajo ingreso y sin prestaciones; 26 por ciento de las mujeres con secundaria y 31 de las que tienen prepa abandonaron la secundaria por unión marital y embarazo. Los desempleados y desempleadas son jóvenes con mayor nivel educativo, cuentan con una familia que puede costear el desempleo.
Como sociedad y como Estado, le hemos fallado a la juventud, al excluirlos del estudio y del empleo los hemos empujado a la violencia y expulsado del país. El 62 por ciento de los jóvenes y el 31 de las jóvenes mueren en actos violentos, la mitad de esas muertes, son por homicidio; el suicidio aumentó en la última década 31 por ciento entre jóvenes, no todos pueden enfrentar el vacío. De los 7.8 millones de jóvenes que ni estudian ni trabajan, 75 por ciento son mujeres: menos de 10 por ciento de ellas tiene un empleo remunerado, 15 por ciento ya tiene uno o dos hijos. Las mujeres pobres y sin secundaria viven la primera relación sexual, la unión y la maternidad más tempranamente y como fenómenos inseparables. En algunas comunidades indígenas persisten prácticas de matrimonios arreglados, todavía se compran esposas de 13 años por 60 mil pesos, a veces las casan antes de emigrar al norte o al otro lado. La tercera parte de quienes emigran a Estados Unidos son jóvenes de 12 a 29 años; 24 por ciento de las emigrantes se hacen madres allá, antes de cumplir los 18 años. Ni allá ni aquí las mexicanas ejercen sus derechos sexuales y reproductivos. En el país se denuncian 15 mil violaciones anualmente, de ellas el 5 por ciento adquirirá una infección sexual y 10 por ciento quedará embarazada. Los grupos indígenas presentan los más altos índices de mortalidad materna, 11 por ciento de las muertes maternas son por aborto. En vez de atenderlas en los hospitales los médicos las mandan a la cárcel, se denuncian 226 mujeres al año por aborto; aunque el aborto por violación está justificado en todo el país desde hace 80 años, el servicio es inaccesible por la discriminación hacia las mujeres que lo solicitan. El acceso a la interrupción del embarazo por decisión de la mujer sólo se puede ejercer en el DF. Por si fuera poco, en el Centro Nacional para la Salud de la Infancia y la Adolescencia no han detenido la iniciativa que nos heredó la administración anterior, en la NOM-047 se pretende discriminar a las y los adolescentes al exigir el consentimiento de los padres de familia para dar servicios de salud sexual y reproductiva.
Es urgente diseñar una nueva política de población y un nuevo Consejo Nacional de Población que retome los retos del siglo XXI, que invierta en las nuevas generaciones y encabece una agenda intersectorial con base en el país que queremos. Un Conapo que genere información y analice las implicaciones del factor demográfico en todos los planes y programas de gobierno, que integre la dinámica poblacional con el empleo, la educación y la salud, con el medio ambiente, la distribución territorial y los procesos migratorios, que construya mecanismos de coordinación con los estados y los municipios. Que coloque en el centro los derechos humanos, la equidad de género y la seguridad y, sobre todo, que vaya más allá de la simulación y mejore las condiciones de la población.
Pero en vez de dar prioridad a la población joven, el Viernes Santo desaparecieron al Instituto Mexicano de la Juventud (IMJ), así, sin abrir un diálogo con las organizaciones civiles ni con los especialista para cambiar esa figura institucional. Por órdenes del Ejecutivo bajaron el perfil del IMJ al hacerlo parte de la Secretaría de Desarrollo Social; el lugar donde se operan programas asistencialistas impide empoderar a las y los jóvenes como actores estratégicos para el desarrollo y el cambio que México necesita. Qué más decir que el riesgo de someter la política de juventud a prácticas clientelares y electoreras, tal como se están denunciando en estos días y que, por desgracia, no son novedad.
Decía Miguel Hernández que cuando el fuego del alma comienza a helarse es porque se pasó a una etapa posterior a la juventud. ¿Por qué no soñar que México podría mantener ese fuego en creciente, por muchas décadas?
Twitter: @Gabrielarodr108

No hay comentarios:
Publicar un comentario