Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

domingo, 12 de mayo de 2013

Bajo la lupa- Brasil exhumará un misterio para aclarar una mentira- Los movimientos sociales latinoamericanos y la alternativa

Bajo la lupa
Doctor de Harvard denigra bajo coeficiente intelectual genético (sic) de migrantes hispanos
Alfredo Jalife-Rahme
Foto
En imagen de archivo, una voluntaria del equipo de Barack Obama habla con universitarios de Harvard sobre proselitismo electoral
Foto Reuters
 
Antecedentes: ya el ex primer ministro nipón Yasuhiro Nakasone había denostado hace 12 años el bajo nivel educativo de EU (frente a la sociedad inteligente de Japón) debido a su elevado porcentaje de negros, puertoriqueños y mexicanos (¡súper-sic!) (Time: 24/6/01).
 
 
Ante el ultraje generalizado, Harold Howe –conferencista de alcurnia de la Escuela de Educación de Harvard (primer lugar del ranking mundial de universidades)– apoyó al ex premier nipón por tener la razón estadística (sic). ¡Uf!
 
 
 
No existe tema más delicado y controvertido que la inasible medición del polémico Coeficiente Intelectual (CI), como sucedió hace 19 años con el hoy desacreditado libro racista/genético La curva de Bell: inteligencia y estructura de clase en la vida de EU del politólogo (sic) Charles Murray y el sicólogo (sic) Richard J. Herrnstein. Ninguno de los dos sabía algo de genética, en la que fundaron sus alucinaciones, no se diga de neurosiquiatría.
 
 
 
 
El polémico CI fue creado hace 108 años por un muy capaz sicólogo (ni siquiera neurosiquiatra, dicho sea con respeto diferenciado) para niños con dificultad de aprendizaje, y no como medición ilusa de la hipercompleja inteligencia, la cual ha extrapolado laxamente con premisas tambaleantes cierto tipo de profesionales paraneurosiquiátricos, quienes ignoran las funciones cerebrales superiores, no se diga su anatomía, ni la sinergia entre genética y medio ambiente (eterno debate anglosajón entre Nature y Nurture).
 
El pasado 6 de mayo los congresistas republicanos proclives a la adopción de la reforma migratoria fueron sacudidos por un reporte incendiario de The Heritage Foundation (supremacistas blancos de extrema derecha) que abulta sus costos en 6 millones de millones de dólares (trillones, en anglosajón), con el obvio propósito de descarrilar su adopción (PressTV: 6/5/13).
 
 
Los autores del reporte antimigratorio latinófobo/mexicanófobo de The Heritage Foundation son el politólogo ultraconservador Robert Rector y el doctor Jason Richwine ( http://www.heritage.org/research/reports/2013/05/the-fiscal-cost-of-unlawful-immigrants-and-amnesty-to-the-us-taxpayer ).
 
Mientras cierto tipo de sicólogos se extasían con sus alucinaciones –muy parecidos a los econometristas neoliberales itamitas, quienes se jactan de haber descubierto la ecuación de la pobreza–, otro género de politólogos de corte supremacista blanco se refocila en el último libro racista latinófobo/mexicanófobo ¿Quiénes somos?, de Samuel Huntington.
 
Hechos
 
Doce años después a la ultrajante injuria racista del nipón Yasuhiro Nakasone y del conferencista estelar Harold Howe de la Escuela de Educación de Harvard –que ha sido puesta en la picota por sus crapulosas tratativas nada didácticas (ver Bajo la Lupa; 5 y 8/5/13)–, los circuitos promigratorios del establishment excavan la tesis racista genética del mismo Jason Richwine con la que obtuvo su doctorado en la legendaria universidad hoy muy mancillada.
D
ylan Matthews ( The Washington Post: 8/5/13) devela que Jason Richwine, “coautor del estudio del Heritage de 166 páginas ( http://es.scribd.com/doc/140239668/IQ-and-Immigration-Policy-Jason-Richwine ), se opone a otorgar la amnistía a los migrantes latinos con bajo CI (nota: me rehúso, por estética, a usar la absurda taxonomía de hispanos de la Oficina del Censo de EU).
 
Dylan Matthews revela que Jason Richwine recibió su doctorado (¡súper-sic!) en política pública (nota: otro que no sabe nada de genética ni de neurosiquiatría en las que funda sus alucinaciones) en Harvard y llegó a Heritage después de una breve estadía en el American Enterprise Institute (AEI). Su disertación doctoral tuvo como título El CI y la política migratoria. ¡Vaya, vaya!
 
Huffington Post (8/5/13) expone que la disertación sobre el bajo CI de los latinos colocó a Heritage a la defensiva y, de facto, también, a la ya muy polémica Harvard y al American Enterprise Institute (feudo de los neoconservadores straussianos de la dupla Bush/Cheney).
Ahora, a respirar hondo
 
El racismo seudointelectual del Doctor de Harvard es repugnantemente aterrador cuan erróneo: Nadie (sic) sabe si los latinos alcanzarán algún día la paridad (sic) del CI con los blancos (¡súper-sic!), pero la predicción de que los nuevos inmigrantes latinos tendrán hijos (sic), nietos (¡súper-sic!) de bajo CI es difícil de refutar (sic). En la perspectiva de los estadunidenses (sic) hoy vivientes, el bajo promedio del CI de los latinos es efectivamente permanente (¡súper-sic!). ¡Súper uf!
 
Jason Richwine aduce que el bajo CI de los latinos en EU es causado en parte (sic) por la genética (¡súper-sic!), aunque la extensión del impacto genético es difícil de determinar (¡súper-sic!). Si es difícil determinar, ¿cómo, entonces, la genética, aun en forma parcial, puede causar el bajo CI de los latinos en EU? ¡Nulo rigor!
 
Huffington Post se concentra en la página 88 de la execrable disertación que incluye una sección sobre la creciente (sic) subclase (¡súper-sic!) de latinos que desprecia: Es un grupo socialmente aislado de gente para quien el crimen, el bienestar, el abandono laboral y la ilegitimidad (nota: se ha de referir a hijos ilegítimos) son aspectos normales (¡súper-sic!) de su vida.
 
Conjetura que sus datos (sic) muestran que los inmigrantes latinos vinieron a EU a trabajar, pero que la participación en la fuerza laboral de sus hijos se ha deslizado considerablemente. ¡No los baja de parásitos sociópatas!
 
Prácticamente, el Doctor de Harvard coloca al barrio como un “gueto latino” disfuncional de súper infecciones sicosociocriminógenas pandémicas.
 
El Doctor graduado en Harvard agradece en su disertación genética al centro supremacista blanco de corte racista American Enterprise Institute por su apoyo generoso (sic), sin el cual esta disertación no hubiera podido ser concluida.
 
La Fundación Heritage, que compite con el American Enterprise Interprise por el primer lugar en el ranking del supremacismo blanco de la extrema derecha de EU, se deslindó del documento de Harvard, ya que la raza y la etnicidad no forman parte de las recomendaciones de su política migratoria que se centran en el costo de la amnistía para los contribuyentes de EU. ¿Cómo pueden deslindar al mismo autor Jason Richwine, que padece prejuicios atavistas racistas y genéticos?
 
Un argumento nodal de Jason Richwine es que los latinos de bajo CI son quienes llegaron a EU, mientras aquellos con mayor CI permanecieron en sus países de origen, debido a que tienen mejor empleo y prospecto financiero –por cierto, aquí se contradice al desechar su genética y al fortalecer la postura ambientalista.
 
El problema de los individuos de bajo CI, a juicio de Jason Richwine –quien ideologiza la miseria humana–, es que son más propensos a aceptar las dádivas del gobierno! ¡Uf!
 
Conclusión: paradójicamente, la enorme pifia racista/genética del Doctor de Harvard Jason Richwine, lubricado por el American Enterprise Institute y hoy académico estelar de The Heritage Foundation, ha tenido un efecto bumerán y es susceptible de favorecer la aprobación de la reforma migratoria, cuya feroz batalla histórica ya empezó en el Congreso.
 
Lo real es que la demografía/democracia latina en EU vence y diluye gradualmente al supremacismo racista blanco.
Twitter: @AlfredoJalife
Facebook: AlfredoJalife
 
Brasil exhumará un misterio para aclarar una mentira
Eric Nepomuceno
La comisión de la verdad decidió exhumar los restos de João Goulart, el presidente derrocado por un golpe militar en 1964, quien murió exiliado en la provincia argentina de Corrientes el 6 de diciembre de 1976.
 
 
La familia, que desde 2006 pide reiteradamente que se investigue sobre la muerte de Goulart, dice que hay razones consistentes para creer que fue envenenado. La versión oficial de los peritos argentinos es tan corta como absurda: enfermedad. No aclara qué tipo de enfermedad. Vale recordar que en 1976 Argentina vivía su propio infierno bajo la dictadura de Jorge Rafael Videla, el general genocida. No había razón para tener mayor cuidado a la hora de registrar qué causó la muerte de un ex presidente constitucional derrocado 12 años antes en el vecino Brasil.
 
Goulart era vigilado noche y día por los servicios argentinos, atendiendo a pedidos de sus pares brasileños. Querían saber cada paso del hombre que pretendió impulsar reformas de base en Brasil y terminó barrido por um golpe que entronizó a los militares en el poder durante una larga noche que duró 21 años.
 
Goulart, un progresista que quiso llevar a cabo una reforma agraria profunda, universalizar la educación pública laica y gratuita, estrechar lazos del país con el resto del continente y controlar la ganancia de rapiña de las multinacionales, terminó exiliado primero en Uruguay y, luego del golpe de 1973, buscó abrigo en el interior de Argentina. Heredero de una familia de poderosos hacendados en Brasil, tenía tierras en la provincia de Corrientes.
 
Al decidir acoger la petición de los hijos del presidente muerto, la comisión de la verdad se lanza a la más importante de sus investigaciones. Hay muchos cabos sueltos en esa historia, y ahora surge la posibilidad de aclarar un panorama de tinieblas.
 
Al día siguiente de la muerte de Goulart, el entonces dictador brasileño, general Ernesto Geisel, autorizó que sus restos fuesen sepultados en Brasil, a condición de que no se realizara ninguna autopsia. Empezaron ahí las sospechas: el presidente muerto era uno de los nombres más sonados en la lista del Plan Cóndor, el macabro operativo que reunía a los servicios de inteligencia de las dictaduras de Chile, Argentina, Paraguay, Bolivia, Uruguay y Brasil para perseguir, reprimir y liquidar a opositores en sus territorios. El plan se formalizó en 1975, pero fue a partir del golpe de Argentina, en marzo de 1976, que sus acciones se multiplicaron.
En mayo de aquel año fueron secuestrados y muertos en Buenos Aires dos nombres de proa de la resistencia uruguaya, el senador Zelmar Michelini y el diputado Héctor Gutiérrez Ruiz. Los dos fueron sacados de sus habitaciones del hotel Liberty, en plena avenida Corrientes, el mismo en que Goulart se hospedaba cuando iba a la capital argentina. Él había salido dos días antes.
 
En junio, el general Juan José Torres, militar boliviano de espíritu abierto y generoso, un izquierdista que había presidido su país por un corto y esperanzador año –entre octubre de 1970 y agosto de 1971–, hasta ser derrocado por el siniestro Hugo Bánzer, fue muerto en la silla de un peluquero de barrio, en una ciudad de provincia, a unos 100 kilómetros de Buenos Aires.
 
En agosto, un dudoso accidente mató, en la carretera que une Río y Sao Paulo, a Juscelino Kubitschek, un demócrata que presidió Brasil entre 1955 y 1960, creó Brasilia, trajo la industria automovilística al país y era extremamente popular.
 
En septiembre fue asesinado en Washington el ex canciller de Salvador Allende, Orlando Letelier, voz poderosa e incansable en las denuncias contra las barbaridades de Augusto Pinochet.
Y en diciembre murió, también en Argentina y de enfermedad, Goulart, último presidente constitucional antes de que se implantara la dictadura en Brasil.
 
Esa formidable secuencia de muertes puede sonar a cualquier cosa, menos a coincidencia. La eficacia del Plan Cóndor estaba comprobada.
 
Lo que llama la atención en la decisión de exhumar los restos de João Goulart es el nuevo rumbo y la clara profundización de los trabajos de la comisión de la verdad en Brasil.
 
La iniciativa cuenta con la aprobación de la presidente Dilma Rousseff, que pasó a exigir más osadía de la comisión y determinó que se pongan todos los esfuerzos necesarios para aclarar la participación del país en el Plan Cóndor.
 
Son décadas de indiferencia de la sociedad brasileña sobre su pasado, desde el retorno de la democracia, en 1985. De poco valieron, en ese sentido, los movimientos iniciados en las presidencias de Fernando Henrique Cardoso (1995-2002) y Lula da Silva (2003-2010), ambos perseguidos por la dictadura.
 
Pero hay señales de que ahora con Dilma Rousseff, la primera mujer en presidir el mayor país latinoamericano y que, más que persecución, padeció cárcel y tortura, Brasil buscará la verdad que sigue sepultada en una tierra oscurecida e indigna, la del olvido cobarde y cómodo.

Los movimientos sociales latinoamericanos y la alternativa
Guillermo Almeyra
Los movimientos sociales, por definición, tienen una finalidad concreta y nacional (derechos democráticos, ambientales, humanos, defensa de los intereses de los campesinos o los obreros, reivindicaciones estudiantiles, lucha contra la discriminación de los indígenas, de las diferencias en la sexualidad o de la desigualdad entre los géneros). Esa es a la vez la base de su fuerza aglutinante y su limitación, pues no todos los trabajadores y los oprimidos comparten cada uno de esos fines y, por otra parte, la lucha por cada uno de éstos se da en el marco del sistema social capitalista que, en cada campo de la actividad y en el terreno mismo de la supervivencia de la especie humana y de la Naturaleza, es destructor, depredador, injusto, inhumano, asesino.
 
Por eso, aunque libren luchas valientes, heroicas, constantes, los movimientos sociales tienen sólo un apoyo parcial, no alcanzan a mover a todos sus aliados potenciales y de ellos no puede esperarse una alternativa a un sistema que es internacional, global.

Pueden, sin embargo, confluir, unirse con otras luchas y, desde el terreno limitado de lo local y lo nacional, irradiarse, extenderse, influir a distancia en otros continentes como sucedió en el 68 o con la lucha de los indignados europeos… a condición de tener un eje que pueda ser mundialmente reconocido como común y sea capaz por lo tanto de socializar la lucha y de despertar simpatía, solidaridad activa, esperanzas movilizadoras y ansias de crear miles de Vietnam. Para ello, no pueden limitarse a combatir una consecuencia o una política del capitalismo, sino que deben poner en cuestión al capitalismo mismo. En una palabra, deben ser políticos y anticapitalistas no sólo en las declaraciones sobre un aún indefinido socialismo del futuro sino, sobre todo, en su capacidad de unir contra éste las diversas víctimas del capitalismo por sobre sus diferencias de todo tipo y a pesar de ellas, convirtiendo en el eje de sus luchas el combate contra el poder financiero, la dominación imperialista, el poder estatal de las clases dominantes, su visión del mundo y sus valores deformantes, conservadores, opresivos, nefastos e insostenibles. Porque sin una educación política de las mayorías oprimidas y explotadas, sin una batalla por las ideas, una formación en la solidaridad y en el internacionalismo, las mayorías pobres y trabajadoras serán siempre eso, sólo mayoría, y el uno por ciento seguirá mandando al 99 por ciento.

En México los maestros libran una justa y dura lucha por la defensa de sus conquistas gremiales, porque la llamada reforma de la Educación es en realidad una lucha por empeorar las condiciones de trabajo y reducir las resistencias para privatizar la enseñanza. Ellos, sobre todo los maestros rurales, expresan además la voz de los campesinos y los indígenas, tal como las huelgas generales continuas de los maestros argentinos en las provincias representan también a la población pobre aún desorganizada. Pero unos y otros deben ser urgentemente apoyados por otros sectores sindicales y, sobre todo, políticos, como los mexicanos Morena o la otra campaña, o la izquierda política y social argentina que no parten de esa lucha magisterial para construir un eje de la acción política nacional solidaria y movilizadora y discutir las verdaderas prioridades presupuestarias y políticas, la injusticia del sistema, las bases para un programa conjunto alternativo.
 
Desde México hasta el extremo sur del continente, las luchas hoy son duras pero puntuales, aisladas en el espacio y en el tiempo, y los movimientos sociales no avanzan, lo que permite a los gobiernos dar fuertes golpes a lo más avanzado del movimiento obrero (por ejemplo, electricistas, mineros y maestros en México) y a los gobiernos llamados progresistas reprimir violentamente las luchas localizadas en defensa del ambiente contra la minería (como en varias provincias argentinas) o a los movimientos campesinos-indígenas (como en Bolivia) y a los otros gobiernos, como el panameño, el colombiano, el peruano o el chileno, reprimir también uno por uno, por separado, a los movimientos indígenas que luchan por el agua y el territorio, contra la gran minería o por sus tierras y a los movimientos obreros o estudiantiles por aumentos salariales y por la gratuidad de una enseñanza pública y gratuita, como en Chile, por poderosos y persistentes que éstos sean.
 
El repudio a la putrefacción de los partidos e instituciones políticas capitalistas ha dado pie a un reflejo negativo y primitivo, el llamado apoliticismo neoanárquico (los anarquistas verdaderos, en España, por ejemplo, eran políticos, defendían la República, eran antifranquistas e integrantes de una izquierda plural y le daban gran importancia al estudio, a la teoría y a la solidaridad de clase en el terreno nacional e internacional). Se necesita en cambio una política anticapitalista, unir políticamente a las diversas rebeliones en torno a una alternativa antisistémica, construir en todas partes movimientos-partidos democráticos y pluralistas independientes del capitalismo y apoyados en organizaciones masivas. Porque la vía de la subordinación al aparato estatal capitalista, como sucede con los movimientos sociales que constituyen el Mas boliviano o, en parte, con los movimientos sociales venzolanos o ecuatorianos, es la vía de la parálisis y la burocratización. Sobre esto retornaré porque hay que aprender de las experiencias venezolana y boliviana, hasta ahora las más importantes en nuestro continente desde el punto de vista de la relación entre los movimientos sociales, los gobiernos progresistas y el Estado capitalista que éstos administran y que, precisamente, debe ser sustituido por los poderes populares para librarse del extractivismo y las políticas neoliberales actuales que todos los gobiernos latinoamericanos aplican a pesar de sus diferencias.

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