Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

domingo, 5 de mayo de 2013

Bajo la lupa- Obama, don’t deport my mama! - Los gobiernos de AL después de Chávez

Bajo la lupa
La CIA detrás de las catastróficas privatizaciones de Rusia, fustiga Putin
Alfredo Jalife-Rahme
Desde su fundación, la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) ha estado siempre hiperactiva y en el ojo del huracán debido a sus clandestinas actividades extracurriculares.
 
La legendaria agencia de espionaje global ha sido puesta en la picota con mayor intensidad por la develación de sus prácticas poco ortodoxas, como acaba de suceder en Afganistán con sus obscenos sobornos al gobierno de Karzai ( The Guardian, 30/4/13).

En forma estrujante, Thierry Meyssan, director de Red Voltaire (28/4/13), acusa a la CIA de encontrarse detrás del polémico atentado del maratón de Boston, cuyo montaje hollywoodense apenas empieza a exhibir su punta de iceberg.

Nadie desea entorpecer la notable mejoría de las relaciones entre Washington y Moscú, que han tomado un rumbo diferente en su colaboración fructífera tanto en la desactivación de la escalada en la península coreana –al unísono del desmantelamiento de la cuarta fase del polémico despliegue del escudo misilístico antibalístico de EU en las fronteras rusas– como en el escabroso asunto del bombazo del maratón de Boston que implicó a dos jóvenes chechenos radicados en EU –con efectos geopolíticos en el Cáucaso-Norte: primordialmente, en Ingushetia, Chechenia y en Daguestán (principal franja costera de Rusia en el mar Caspio: una de las principales reservas de hidrocarburos del planeta).

En medio del deshielo de las relaciones Rusia-EU, salpicadas de conversaciones telefónicas en­tre sus mandatarios en pleno romance reconciliatorio, el zar energético global Vlady Putin –durante su sesión anual televisiva Preguntas y respuestas de casi cinco horas con los ciudadanos– lanzó una bomba retórica en la que fustigó sin tapujos que las salvajes privatizaciones de los 90 –que, por cierto, estuvieron a punto de sepultar a Rusia– fueron dirigidas por consejeros quienes, como se sabe ahora, trabajaron como funcionarios (¡supersic!) de carrera de la CIA (Ria Novosti, 25/4/13). ¡Súper uf!

Putin fulminó que los funcionarios de la CIA operaron como consultores de Anatoly Chubais, el viceprimer ministro, quien supervisó la privatización de Rusia a principios de la década de los 90 –en similitud en México con Joseph-Marie Córdoba y Jacques Rogozinski, cuyo resultado fue sencillamente cataclísmico.

Reportes generosos de los multimedia en Rusia –ocultados por sus homólogos occidentales– han acusado puntualmente a dos miembros de la entelequia vilipendiada Usaid –quienes aconsejaron al gobierno ruso sobre su transición de la economía soviética al capitalismo– de ser los indiciados funcionarios de la CIA: Andrei Shleifer, profesor de economía (sic) de Harvard (¡supersic!) y protegido del ex secretario polémico del Tesoro Larry Summers (anterior director de la insigne universidad de la que tuvo que renunciar por misoginia), y Jonathan Hay, abogado egresado también de Harvard a cargo del programa patrocinado por Usaid para transformar Rusia en una economía de mercado post-URSS.
Perturba la imprescindible co­­bertura académica (sic) que requieren cierto tipo de privatizaciones estratégicas, como fue el caso de Harvard en Rusia y del ITAM en México (documento infame Nuevos horizontes, de septiembre de 2001; http://csis.org/files/media/csis/pubs/newhorizons%5B1%5D.pdf) para encubrir sus felonías.

A propósito, Harvard fue multada en la corte de EU con 26.5 millones de dólares por su enriquecimiento ilegal con las privatizaciones en Rusia. ¿Cuanto descolgará sin multas el ITAM por su aval a la privatización de los hidrocarburos de México?

Con justo equilibrio dialéctico, Carl Schreck, corresponsal de Ria Novosti en Washington, expone que los expertos (sic) sobre el escandaloso caso Harvard en los tribunales son escépticos de que los consejeros universitarios de Usaid del viceprimer ruso Chubais fueran operadores de la CIA, como denunció Putin.
Foto
Un habitante de Boston medita en el memorial en honor a las víctimas del atentado perpetrado el pasado 15 de abril
Foto Xinhua
Una experta del impúdico caso Harvard, Janine Wedel, de la Universidad George Mason en Virginia (curiosamente donde tiene su sede la CIA) –au­tora de dos libros al respecto que parecen más bien redención de culpas–, aduce que no existe evidencia de la vinculación con la CIA de los dos profesores de Harvard, Shleifer y Hay, quienes operaron el programa de Harvard para las privatizaciones en Rusia financiado por Usaid. ¿Por qué tanto interés pecuniario y ontológico de Usaid en la privatización de Rusia?
 
Shleifer y Hay fueron acusados de haber desfalcado 40 millones de dólares (nota: se han de referir a los fondos de Usaid y no a los extraídos de Rusia infinitamente superiores) para su beneficio personal, de sus esposas, amantes (¡supersic!) y socios empresariales”. ¡Vaya promiscuidad financierista!
 
David Marsh, periodista y autor veterano en economía, defendió a los académicos Shleifer y Hay y consideró que no necesitaban ser espías de la CIA para tener línea directa con Summers. ¡Qué argumento más extraño!
 
Lo relevante radica en que la severa acusación no fue formulada por un pelagatos, sino por el presidente de Rusia, quien conoce muy bien los expedientes globales del espionaje de la CIA.
 
Hasta el mismo Chubais admite que siempre trató tales acusaciones como rumores (sic), pero que si el presidente lo dice, eso debe ser muy serio (RIA Novosti, 26/4/13).
 
¿Despertó Chubais de su selectiva candidez o simplemente cambió de bando? Por cierto, siempre evidencié a Chubais como el caballo de Troya de las privatizaciones y privaciones de Rusia.
 
Como era de esperarse, los hipercorruptos académicos espías Shleifer y Hay y la misma CIA, evitaron ser interrogados por el rotativo ruso.
 
El sarcasmo de Putin es infinito: “lo más divertido (sic) es que después de haber regresado a EU (nota: los funcionarios de la CIA que nunca identificó por sus nombres) fueron inculpados en los tribunales por haber roto las leyes y haberse vuelto ricos con las privatizaciones de la Federación Rusa cuando no tenían derecho de haberlo hecho como espías activos”. ¡Uf!
 
Interesante: Putin los identifica como espías de la CIA más que como académicos de Harvard. ¡Cómo han contaminado a las universidades de EU y de otros lares cierto tipo de crápulas con travestismo académico!
 
Mientras las privatizaciones en Rusia encumbraron a una pléyade de políticos y empresarios muy bien conectados, conocidos como oligarcas (varios de ellos fugados a Israel), quienes se enriquecieron con las joyas de la corona del imperio soviético desmantelado, el país se sumió en la miseria y en una era de turbulencia que Putin denomina la salvaje década de los 90.
 
La bomba Putin hará derramar mucha tinta en referencia a toda la epistemología de las forzadas privatizaciones estratégicas en el mundo, que no pocas veces están vinculadas al control y los intereses geopolíticos de EU y la OTAN y no tienen nada que ver con artificiales supuestos de seudoeficiencia económico-financiera que promueven sus retorcidos centros académicos, como Harvard y el ITAM, en las tratativas crapulosas del desmantelamiento de las estructuras estatales, como Rusia, en detrimento de la ultrajada soberanía y del bien común degradado.
Twitter: @AlfredoJalife
Facebook: AlfredoJalife
FUENTE: LA JORNADA
 
Obama, don’t deport my mama!

Jorge Durand
El gobierno de Obama se ha caracterizado por batir el récord de deportaciones de mexicanos de Estados Unidos. Para darnos una idea del cambio, hay que remontarse a 1995, cuando fueron regresados 50 mil 924 mexicanos desde el interior, mientras que en la frontera fueron deportados un millón 313 mil 764. En ese tiempo se aplicaba la política de capturar y devolver catch and reléase.
 
Pero en 1996, durante la administración de Clinton (demócrata) se promulgó la IIRAIRA que dio origen a la criminalización de la migración irregular, se otorgaron facultades a las policías para capturar y cierto campo de acción a los estados en el tema. Todo esto derivó en una persecución sistemática, apoyada por legislaciones locales, como la Ley 1070 de Arizona. Por otro lado, el tema se convirtió en un buen recurso para las campañas electorales de los republicanos.

En 2011 el panorama fue lo contrario al de 1995, ya que fueron deportados desde Estados Unidos 391 mil 953 mexicanos, mientras que en la frontera sólo hubo 323 mil 542. El control y militarización de la frontera dio resultados y se desató una persecución dentro de ese país. Para justificarse, en cierta medida, el gobierno de Obama decía que la mayoría de los deportados tenían un antecedente criminal o policiaco.

Sin embargo, hay que leer las cifras con cuidado. Según los investigadores Rafael Alarcón y William Becerra, en 2010 se deportó a 127 mil 728 migrantes con estatus criminal, 75.8 por ciento del total. Los hondureños representaron 6.1, los guatemaltecos 5.6 y los salvadoreños 4.9. Es decir, 92.4 de los deportados con antecedentes criminales son mesoamericanos.

Estas cifras no corresponden con las de migración irregular desagregada por país. Los mexicanos, por ejemplo, representan 54 por ciento del total, y resulta que los llamados criminales, sujetos a deportación, son 20 por ciento más. Lo mismo sucede para el caso de los centroamericanos, quienes muchas veces son vistos como mexicanos o se mimetizan.

En conclusión, sólo hay un modo de explicar esta situación. Obviamente, las proporciones entre indocumentados y deportados no coinciden. Pero tampoco puede haber una diferencia tan grande, a no ser que se dé un caso de persecución específica a un determinado grupo de personas, lo que en inglés se llama profiling; es decir, perseguir de acuerdo con un perfil. En este caso, el delito de portación es de cara: ser mexicano o parecerse.

Estados Unidos, como cualquier país, tiene derecho a deportar migrantes irregulares; a lo que no tienen derecho es a cebarse con un grupo específico, que en otras palabras significa aplicar una política migratoria con criterios raciales. Los mexicanos no son más criminales que otros grupos étnicos, pero al igual que los negros, son perseguidos y culpados de manera diferente. Se les aplica doble rasero.
 
Esto es ciertamente un asunto grave para un alguien considerado el primer presidente negro de Estados Unidos y debió haberse tratado en corto entre el mandatario Peña Nieto y su invitado de esta semana.
 
Otra de las consecuencias nefastas de la política de Obama ha sido la ruptura familiar provocada por su política de deportación. De ahí, la pertinencia de las acciones promovidas por el Movimiento Migrante Mesoamericano, con el lema de “Obama, don’t deport my mama” (Obama, no deportes a mi mamá) . Son decenas de miles las familias divididas por la política de deportación.
 
A diferencia de otras décadas, la migración dejó de ser una aventura de hombres solos y se convirtió en migración familiar, en buena parte como consecuencia de las políticas en la materia impuestas por Estados Unidos.
 
En 1986 se legalizó a 2.3 millones de mexicanos, muchos hombres solos y otros solteros que se convirtieron en migrantes legales, es decir, en residentes. Esto generó un intenso proceso de reunificación familiar, ya sea por la vía legal o irregular.
 
Por otra parte, el control de la frontera y el incremento de costos y riesgos para cruzarla generó una altísima tasa de no retorno de los migrantes irregulares. Después de años de no ver a la familia optaron por traer a sus esposas e hijos.
 
Finalmente, las familias y los nuevos matrimonios entre migrantes se reproducen, pero los retoños son ciudadanos estadunidenses, lo que complica el panorama familiar, al tener algunos miembros con residencia legal, otros irregulares y otros ciudadanos. La deportación en estos casos afecta a la familia en general; en especial a los niños.
 
El reclamo de Movimiento Migrante Mesoamericano en los consulados, con motivo de la visita de Obama, pone sobre el tapete las contradicciones de una retórica oficial sobre la prioridad de apoyar y fortalecer al núcleo familiar y la práctica de la deportación sistemática.
 
Es la sociedad civil organizada la que trae a colación el tema migratorio cuando ambos gobiernos se empeñan en desmigratizar la relación bilateral. El mexicano, por su inexplicable silencio, cuando la suerte de 6 millones de sus ciudadanos está en juego, y el estadunidense, por su empeño en tratar unilateralmente un asunto fundamentalmente bilateral.
 
Pero en el fondo se trata de otra medida de presión de los sectores más conservadores de Estados Unidos que han dominado el tema por décadas y no toleran ningún tipo de opinión divergente en asuntos migratorios.
 
Es otra versión más de la campaña del miedo. No hay que decir nada. No sea que se molesten y nos quiten las pocas migajas que otorgan en su proyecto de reforma migratoria.
FUENTE: LA JORNADA
 
Los gobiernos de AL después de Chávez

Guillermo Almeyra
Desde el punto de vista de los gobiernos y las instituciones, los cambios en América Latina producidos por la desaparición de Hugo Chávez son importantes, pero no fundamentales. El proceso revolucionario venezolano está más débil y por consiguiente sus adversarios están más fuertes, pero si la dirección del Estado y del PSUV decidiese radicalizar y profundizar la transformación del país apoyándose en sus bases, si redujese los despilfarros y mejorase algo la distribución de alimentos y bienes, el cambio social podría dar un nuevo salto adelante, ya que el ligero restablecimiento actual del consumo y de la producción en Estados Unidos –el principal mercado venezolano– da cierta estabilidad al precio del petróleo.
 
Sobre eso se basan, por otra parte, las seguridades dadas por el gobierno de Maduro a Cuba, al Alba y al Caribe en contra del griterío de la derecha venezolana contra la regaladera de petróleo y de apoyos financieros a los aliados de Venezuela y de las mismas concesiones en este plano que la derecha del propio chavismo quiere hacer a la derecha antichavista. En Brasil, al mismo tiempo, ante las elecciones del año próximo, la derecha no parece tener ni candidato claro ni posibilidades de victoria; la economía está algo mejor y el gobierno cuenta con el apoyo de las trasnacionales, el agronegocio y el gran capital nacional, a los cuales ha hecho grandes concesiones, y no enfrenta fuertes protestas sociales.

En Uruguay, en cambio, existe la posibilidad de que Tabaré Vázquez, la derecha del Frente Amplio, sea el nuevo presidente, lo cual debilitaría los lazos con Brasil (y con Venezuela), agravaría las tensiones con Argentina y fortalecería una tendencia a acercarse a Estados Unidos y a tratar de formar un bloque muy moderado en la Unasur, pero ese cambio sería gradual y cuantitativo, no cualitativo. El nuevo gobierno colorado de Horacio Cartes, corrupto y de derecha, en Paraguay está por su parte muy ligado a Brasil y no podrá mantener la oposición al papel de Venezuela en el Mercosur ni oponerse eventualmente al ingreso de Ecuador y Bolivia.

En cuanto a Perú, el moderado Ollanta Humala sigue bajo el fuego derechista de Alan García y del fujimorismo y además tiene el problema fronterizo con Chile, lo cual, unido al crecimiento económico, permite pensar que en lo inmediato mantendrá su política. En Colombia, el presidente Santos mira con un ojo lo que sucede en Venezuela, tratando de no comprometerse con la derecha de ese país y de mantener el comercio fronterizo; con el otro ojo vigila el sabotaje constante que le hacen el ex presidente Álvaro Uribe y la extrema derecha, y trata de contrarrestarlo con las negociaciones de paz con las guerrillas y con promesas vagas de reforma agraria.

En Ecuador, Rafael Correa se afirmó mucho frente a la derecha con su control de la Asamblea y la oposición social de izquierda está más débil que nunca, lo cual le da importante campo de maniobra a un progresismo oficial de tipo socialcristiano. En Bolivia la derecha no está en condiciones de enfrentar al gobierno de Evo Morales que, por el contrario, encuentra oposición en los movimientos sociales, pero ha logrado progresos para la economía en general. Lo más interesante en el continente se está produciendo, por último, en Chile donde las luchas indígenas, las huelgas y el constante movimiento estudiantil por una educación laica, estatal y gratuita coinciden con la candidatura presidencial de Michelle Bachelet (aunque no la apoyan) y llevan así a ésta y al Partido Socialista a correrse algo hacia la izquierda. Por lo tanto, para el futuro próximo es previsible una Unasur más moderada, un retraso en los planes integracionistas promovidos por Chávez y un Mercosur aún más limitado y con abundantes conflictos internos donde Brasil pesará más que en el reciente pasado y Venezuela menos, pero no son previsibles cambios dramáticos, a pesar de los puntos críticos venezolano y argentino.
 
En efecto, todo depende de hacia dónde se incline finalmente la balanza en la lucha por profundizar el proceso democrático venezolano, dar golpes reales al capitalismo, construir elementos de autonomía y de autogestión reforzando las comunas y los gérmenes de poder popular. Para derrotar a la derecha oligárquica y proimperialista hay que vencer a la burocracia, al centralismo autoritario, al verticalismo decisionista. Ese es el desafío para el próximo periodo, y del desenlace de esa batalla depende hacia dónde irá Venezuela, si hacia el pasado prechavista o hacia la construcción de elementos socialistas. Argentina también se enfrenta a un proceso electoral importante en octubre y a la renovación presidencial dentro de un año y medio. El 54 por ciento de los votos que obtuvo Cristina Kirchner quedó en el pasado y hoy el gobierno se da por contento con 35-40 por ciento, lo cual le permitiría ser, de todos modos, la primera mayoría frente a una oposición dispersa y conservar la mayoría en el Parlamento.
 
La elección presidencial aparece complicada, ya que es difícil que el gobierno obtenga la mayoría parlamentaria indispensable para renovar la Constitución, de modo de permitir una tercera elección de Cristina Fernández y no cuenta por ahora con otro candidato. Además, el ajuste económico no confesado provoca choques con los sindicatos e irrita a una oposición tan violenta, primitiva e insaciable como la venezolana pero más desunida que ésta. La clave del problema en Argentina es que la legítima protesta social contra la corrupción, el autoritarismo y la reducción de los salarios reales no encuentra una expresión política positiva. Como trataré de analizar en el próximo artículo, lo fundamental es por lo tanto el grado actual y la evolución futura de la conciencia y organización de los movimientos sociales y la independización de una izquierda anticapitalista de los confusos movimientos nacional-populares que han llegado a su límite. FUENTE: LA JORNADA

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