Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

domingo, 5 de mayo de 2013

El Despertar- La estrategia energética- Recuerdo Atenco: la memoria como resistencia

El Despertar
Narcotráfico: nueva estrategia y tensiones
José Agustín Ortiz Pinchetti
Daniel Cosío Villegas profetizó en 1948 que si continuaba debilitándose el régimen de la revolución pondríamos nuestro destino en manos de Estados Unidos. Según Cosío, esto podría traer prosperidad, pero también pérdida de la dignidad y la autodeterminación. Hacia 1985 la profecía se cumplió parcialmente. México renunció al nacionalismo y se integró de modo voluntario y acelerado a la esfera de influencia norteamericana. Hoy es difícil distinguirlo de un protectorado. Pero la prosperidad no llegó. La política neoliberal que impuso EU se contaminó aquí de corrupción y el país entró en una etapa de decadencia, al punto de que hay quien sostiene que estamos en peligro de desaparecer como país independiente.
 
En pocos asuntos ha hecho México más concesiones que en el combate al narcotráfico. EU, principal consumidor, mantiene una presión constante sobre los países latinoamericanos productores e introductores de drogas ilícitas. Mientras en el territorio del vecino crece la circulación y el consumo de drogas, las redes que las administran se mantienen bajo control y la violencia es insignificante comparada con la que padece México, donde se ha generado un conflicto con miles de muertes, criminalización de la pobreza, corrupción de las instituciones e incluso pérdida del dominio del gobierno en varias regiones.

Las cosas llegaron al extremo durante el régimen de Calderón, quien debido a su mala conciencia por haberse robado las elecciones de 2006 quiso congraciarse con los estadunidenses y declaró la guerra al narcotráfico, rompiendo con el modus vivendi que habían mantenido en los gobiernos anteriores, incluyendo el de Fox. Hoy el gobierno de Peña intenta modificar la estrategia que de modo casi unánime se califica de fallida. Hay indicios de que está disminuyendo la campaña contra el narco del lado mexicano. The New York Times (1º de mayo) enumera algunos síntomas: repliegue de las fuerzas militares, desmantelamiento de un centro de inteligencia, resistencia a que los estadunidenses investigaran la explosión del 31 de enero en Pemex. El gobierno de EU ha suspendido la liberación de 246 millones de dólares de la Iniciativa Mérida.
 
Peña tiene muchas razones para ajustar la estrategia seguida por Calderón y disminuir los costos sociales y políticos que originó. Obama viene a México a renegociar este cambio, justamente cuando en todas partes empieza a denunciarse y debilitarse la prohibición. Los dos gobiernos intentarán desviar el interés público hablando de educación, empleo y crecimiento económico. Pero la verdad es que se está abriendo un campo de tensión en un momento en que el proyecto de Peña está perdiendo los colores con los que trató de ilusionar a la opinión pública.
La estrategia energética

Arnaldo Córdova
Nadie acabó de entender con qué propósito Enrique Peña Nieto envió al Congreso, para su aprobación, un documento que tituló Estrategia Nacional de Energía 2013-2027. No se trató de una iniciativa de ley, sino de un anuncio de varias iniciativas que en el rubro se enviarán próximamente al propio Congreso. Es un planteamiento más bien de diagnóstico y de programa de acción. No ofrece, a decir verdad, absolutamente nada de nuevo que no se haya ya especificado y reiterado a lo largo de por lo menos los últimos treinta años en documentos semejantes que Pemex y otras instituciones han ofrecido.
 
No hay ninguna novedad en el modo en que se plantean y se analizan los problemas de la producción y abasto de energéticos ni en las soluciones que, en general, siguen siendo las mismas. Puede decirse que, incluso, ni siquiera hay originalidad en el tipo de soluciones que se cifran en una mayor participación de la iniciativa privada en la economía energética, pues en este punto no sólo ha habido propuestas de participación sino acciones que han llevado a que una gran parte de nuestra producción y distribución de energéticos esté ya en manos de empresarios privados nacionales y extranjeros.

Bastaría examinar y sin mucho profundizar, cuáles son y cómo se plantean los llamados objetivos estratégicos del documento. Para empezar, nada nuevo se agrega cuando se afirma que el uso y suministro de energía son esenciales para las actividades productivas y que su escasez derivaría en un obstáculo para el desarrollo de la economía o bien cuando se estima que es imperativo que se identifique, anticipadamente, los requerimientos asociados al crecimiento económico y se promueva el uso eficiente de la energía. Eso ya se nos ha dicho a lo largo de los tres últimos decenios.

El primer objetivo estratégico que se plantea consiste en: Satisfacer el abastecimiento de energía conforme a las expectativas de crecimiento económico. No encierra ningún misterio: sólo puede haber abasto de energía si hay crecimiento económico y, particularmente, del mismo sector energético, que hoy constituye el 8 por ciento del producto interno bruto (PIB). Lo que sí es una aportación bastante peregrina es definir el PIB como una función de capital, trabajo, tierra, materias primas, conocimientos y energía. Tal vez los autores del documento confundieron el PIB con la producción económica.

Para encaminarse hacia el logro de este objetivo, según el documento, se requiere de inversiones y políticas de promoción, lo cual hará que la energía sirva como instrumento para la economía. El dogma es, por consecuencia: si hay inversión y promoción habrá energía para la economía. Dos tipos de medidas son necesarias para ese efecto: Medidas para aumentar la oferta de energía y medidas para incrementar la eficiencia en el consumo de energía. Con ello, será posible alcanzar un equilibrio energético e impedir que nuestro país se encuentre en una situación de déficit energético.

Como puede constatarse, el planteamiento es bastante chambón y simplista. Cuando se habla de inversión no se refiere a cualquier tipo de inversión, sino precisamente a la inversión privada. ¿Por qué están tan seguros los autores de que si hay inversión (privada) habrá abasto eficaz de energéticos? En otras partes del documento se hace alusión al desperdicio y al latrocinio de energía. ¿Será suficiente la inversión privada no sólo para producir los energéticos que se necesitan, sino para contrarrestar las pérdidas? Esas preguntas ni siquiera se plantean y sólo se afirma dogmáticamente.
 
Una línea de acción que se señala en este respecto es mantener una producción de energía primaria tal que el país mantenga su condición superavitaria y de ello se encargarán la Sener, Pemex y la CFE. Ni siquiera se supone que el grueso de la inversión tiene que ser pública, por la sencilla razón de que a Pemex, en particular, pero también a la CFE, se les proyecta reiteradamente como la caja chica del gobierno; no hay ni la más mínima alusión al cambio necesario del régimen fiscal confiscatorio de Pemex. La inversión pública debe ser la inversión de los recursos que obtiene la empresa nacional dedicados a la producción y a la distribución de energéticos. Todo apunta a la inversión exclusivamente privada.
 
El segundo objetivo estratégico sería: Promover el uso eficiente de la energía en todos los sectores. En realidad se trata de asegurar el abasto cuando el crecimiento económico cuesta más energía que hace diez años y se calcula que la demanda total de energía podría aumentar en más de 50 por ciento respecto al consumo de 2011. Y de nuevo se plantea el problema de los recursos para hacer producir más al sector energético. Se dice al respecto:
 
De mantenerse las condiciones actuales, en el abasto y en el consumo, el sector enfrentará serias complicaciones para cubrir las necesidades energéticas que el país requiere para su desarrollo esperado; dado que encontrar y extraer los recursos para satisfacer la creciente demanda resulta cada vez más complejo y costoso, es previsible un impacto en el precio de los mismos.
 
El documento constata como una barrera para el impulso de la eficiencia energética la poca motivación de inversionistas derivada de altos costos iniciales y beneficios dispersos a lo largo del tiempo. El problema no está, evidentemente, en buscar formas alternativas, como la señalada antes de liberar a Pemex del esquilme brutal al que está sometida para dedicar sus ingresos en lo más que se pueda a la inversión productiva. El problema, más bien, parece consistir en encontrar los medios para motivar a los inversionistas, por ejemplo, aumentando sus esperanzas de bajos costos y beneficios consistentes.
 
Otro objetivo estratégico sería: Adecuar el acceso a la energía de acuerdo con la nueva estructura poblacional y, otro más: ampliar el acceso de energía a las comunidades menos favorecidas. Las líneas de acción que se proponen no tienen desperdicio. Entre otras, se habla de generar las condiciones necesarias para promover las inversiones del sector privado en el sector energético, incluido aquel dedicado a las fuentes renovables y promover la entrada de operadores independientes en zonas no atendidas por el sector público. El último objetivo estratégico tiene que ver, precisamente, con evitar o contrarrestar el robo y el desperdicio de energéticos.
 
Nunca ha estado tan claro como ahora el doble objetivo de la política energética de Peña Nieto y, en general, de la derecha nacional e internacional: por un lado, mantener, tozudamente, el saqueo gubernamental de las finanzas de Pemex y, por el otro, abrir de par en par las barreras que legal y constitucionalmente existen para la inversión privada. En eso y en nada más consiste la estrategia energética del gobierno priísta.
FUENTE: LA JORNADA
 
Recuerdo Atenco: la memoria como resistencia

R. Aída Hernández Castillo*
En las semanas recientes se ha llevado a cabo en las redes sociales la campaña Recuerdo Atenco, convocada por el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT), las mujeres demandantes ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por los actos de tortura sexual durante el operativo del 3 y el 4 de mayo de 2006 y el movimiento #YoSoy132, entre otros grupos. Esta campaña nos invita a unirnos a la denuncia de los nuevos peligros de desposesión que amenazan a los habitantes de Atenco con los planes de construcción del megaproyecto Ciudad Futura. Este nuevo proyecto incluirá no sólo retomar la construcción del aeropuerto suspendido con la anulación de los decretos de expropiación en 2002, sino también proyectos inmobiliarios e industriales que abarcarán unas 15 mil hectáreas en la ribera del lago de Texcoco.
 
Las voces de los habitantes de Atenco se dejan escuchar ahora a través de las redes sociales, convirtiéndose nuevamente en la conciencia crítica de nuestra sociedad ante un desarrollismo depredador que pretende imponerse en nombre del progreso. El triunfo del Frente en agosto de 2002, cuando se logró la cancelación del proyecto, convirtió a los habitantes de Atenco en un símbolo de resistencia ante los embates de la globalización. Las marchas ordenadas de campesinos con sus machetes al aire, empezaron a acompañar las luchas de resistencia a la desposesión en muchas otras regiones del país. La música de resistencia que produce el ruido metálico de sus machetes se ha escuchado en Cacahuatepec, Guerrero, donde apoyaron la lucha de los indígenas nahuas que se oponían a la construcción de la presa La Parota, que expropiaría sus tierras comunales; o en Cuernavaca, con los morelenses que enfrentaron a los empresarios de Costco para defender los murales del Casino de la Selva. Su solidaridad se hizo presente también con los habitantes de Texcoco que se opusieron a la instalación de un Wal-Mart frente a las pirámides de Teotihuacán.

Todas estas luchas locales, compartían una búsqueda de formas alternativas de desarrollo menos depredadoras y más respetuosas de la naturaleza y de la herencia histórica de los pueblos. El triunfo de Atenco fue un símbolo de que sí se puede decir No a un modelo económico neoliberal que acumula a través de la desposesión y que excluye e ignora los intereses de las mayorías.

Si los hombres y las mujeres de Atenco, blandiendo sus machetes en el aire, se habían convertido en símbolo de la resistencia campesina, de igual manera sus caras y cuerpos ensangrentados se han convertido en los recientes siete años en símbolo de la ignominia del Estado represor que pretende tener el monopolio de la violencia en México. La campaña Recuerdo Atenco nos llama a no olvidar que el actual presidente de México, Enrique Peña Nieto, como gobernador del estado de México estaba al mando de las fuerzas policíacas que el 3 y 4 de mayo de 2006 aterrorizaron al pueblo entero, allanando casas, y deteniendo violentamente sin orden de aprensión a 207 personas, incluyendo a niños, mujeres y ancianos, con saldo final de dos muertos, un menor y un joven universitario, 20 personas heridas de gravedad, y 26 mujeres agredidas sexualmente.
 
Durante su campaña electoral, Peña Nieto reconoció que fue su decisión el operativo contra el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT), y que en ese hecho se cometieron algunos abusos y violaciones a derechos humanos (ver La Jornada 29 de mayo de 2012 p.31), pero argumentó que se trató de actuaciones de policías en lo individual. Su cinismo ante su responsabilidad en la cadena de mando, ante un hecho flagrante de violencia de Estado, ha despertado la indignación de las víctimas. Esta negación de la responsabilidad directa que como gobernante del estado de México tuvo Enrique Peña Nieto en la violación de los derechos humanos de los habitantes de Atenco y en específico de las mujeres, muestra también su ignorancia ante la legislación internacional en contra de la violencia hacia las mujeres que establece que: La violencia contra la mujer en situaciones de privación de la libertad en celdas policiales, prisiones, instituciones de bienestar social, centros de detención de inmigración y otras instituciones del Estado, constituyen violencia cometida por el Estado. La violencia sexual, en particular la violación, cometida contra mujeres detenidas, se considera una violación particularmente flagrante de la dignidad intrínseca de los seres humanos y de su derecho a la integridad física, y consiguientemente es considerada como una forma de tortura (Organización de la Naciones Unidas. A/61/122/Add.1,6 de julio 2006). Es por esta razón que las 11 mujeres denunciantes ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos rechazaron el acuerdo amistoso que les proponían los representantes del gobierno mexicano, el cual no reconocía las responsabilidades estatales en la represión de Atenco.
 
Recuerdo Atenco nos llama a no olvidar para que se haga justicia, pero también para recuperar la fuerza de la organización colectiva que posibilitó la cancelación del proyecto en 2002. Los peligros de despojo que conllevan los nuevos megaproyectos necesitan de nuestra memoria y nuestra resistencia. (www.recuerdoatenco.org)
(*) Investigadora del CIESAS, autora del libro La otra frontera: identidades múltiples en el Chiapas poscolonial
FUENTE: LA JORNADA

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