Europa: crisis y desesperanza
Con el suicidio de un ciudadano barcelonés de 40 años ocurrido ayer, unas horas antes de ser desalojado por no poder pagar su crédito hipotecario, suman 15 las muertes de ese tipo registradas en territorio español de 2008 a la fecha, periodo en el cual se han efectuado unos 450 mil desahucios de vivienda; en promedio, unos 250 por día.
En efecto, la implacable política de desahucios puesta en marcha por autoridades españolas es una muestra más de la inflexibilidad y la dureza de las autoridades europeas y los organismos financieros internacionales ante el drama humano que padecen las poblaciones –particularmente los sectores más vulnerables– y contrasta con la enorme disposición de esas mismas instancias a ayudar a los capitales privados, incluso si estos tienen una responsabilidad inocultable en la génesis de la crisis que azota actualmente al viejo continente.
Un botón de muestra de este doble rasero es el hecho de que mientras cientos de miles de familias han sido despojadas de su patrimonio en España desde el inicio de la crisis a la fecha –víctimas de una burbuja inmobiliaria alimentada durante años por los capitales especulativos–, el gobierno de Mariano Rajoy ha destinado miles de millones de euros al rescate de la institución financiera Bankia, en riesgo de quiebra por su enorme cartera de préstamos irresponsables en el sector inmobiliario.
Para colmo de males, el viejo continente se debate actualmente entre el avance de una crisis económica que parece incontenible y la profundización de una explosiva crisis política. A las expresiones de descontento en naciones como Grecia, España y Portugal, se suman las recientes marchas en Francia, en protesta por el desempleo y los planes de austeridad del gobierno de París, cuyo titular, François Hollande, llega a su primer aniversario en el Elíseo sin haber corregido los rezagos dejados por su antecesor en la economía de su país –por el contrario, se han agudizado– y sin ser capaz de hacer frente y equilibrar las políticas económicas devastadoras que los centros de poder mundial tratan de imponer a las naciones de ese continente.
En tal circunstancia, las exigencias europeas de sacrificar a las poblaciones de países en dificultades pueden detonar una nueva espiral de ingobernabilidad y de pasmo institucional y en una desestabilización que rebase el ámbito propiamente económico.
La insensibilidad de gobiernos y de organismos regionales puede terminar de revelarse, en suma, como una estrategia desastrosa para sus propias autoridades y para el mundo. Cabe esperar, pues, que los órganos políticos y económicos supranacionales del viejo continente cobren conciencia de ese riesgo y actúen en consecuencia.
Ejemplo del extravío
Pedro Miguel
Las válvulas migratorias del mundo contemporáneo están diseñadas, en términos generales, para facilitar el libre tránsito de empresarios y turistas a cualquier país y acotar o impedir la llegada de pobres procedentes de las economías más débiles a las más poderosas. Los turistas llegan con dinero para gastar –mucho o poco– y los empresarios, con capital para invertir o mercancías y servicios para vender. Los obstáculos migratorios del sur hacia el norte están diseñados para quienes viajan sólo con su fuerza de trabajo. Por eso cualquiera que tenga pasaporte canadiense, estadunidense o mexicano puede transitar hacia el sur del continente sin restricción alguna, en tanto que centro y sudamericanos tienen que cumplir con requisitos severísimos en los consulados de esos tres países si es que quieren llegar a ellos con los papeles en orden, o bien arriesgarse a cruzar el Suchiate y/o el Bravo a la buena de Dios.
Los extranjeros de naciones que requieran visa (mexicana) estarán exentos de la misma, cuando acrediten ser residentes legales permanentes en Estados Unidos, Canadá, Japón, Reino Unido o Espacio Schengen, concede la Secretaría de Relaciones Exteriores en su página web. Somos, pues, una especie de primer dique de control para atrapar a latinoamericanos –o africanos, o ciudadanos de países a los que Washington considera sospechosos de algo– que buscan hacerse una vida en el vecino del norte. Con el tiempo México ha ido eliminando el requisito de visa para argentinos, beliceños, costarricenses, chilenos, panameños, paraguayos, peruanos, uruguayos y venezolanos, pero se mantiene –unilateralmente– para oriundos de Antigua y Barbuda, Bolivia, Dominica, Ecuador, El Salvador, Granada, Guatemala, Guyana, Haití, Honduras, Nicaragua, República Dominicana, Santa Lucía, Santo Tomé y Príncipe, San Vicente y Granadinas, Saint Kitts y Nevis y Surinam. Y claro, a uno se le cae la cara de vergüenza cuando desembarca en cualquiera de esos países, muestra en el puesto de control migratorio su pasaporte mexicano, sin visa ni nada, y escucha:
Pase.
Pero obviemos por un momento lo vergonzoso de la asimetría en el condicionamiento del ingreso al país y dejemos de lado el hecho de que la reducción de los extranjeros a la condición de indocumentados se traduce en situaciones de total indefensión, que propicia toda suerte de atropellos por parte de las autoridades y que alimenta a la delincuencia organizada. Además, resulta que esa política migratoria sale carísima: el Instituto Nacional de Migración (INM) informa que cada año se gasta mil millones de pesos en detectar, perseguir, capturar, fichar, internar y deportar a extranjeros indocumentados, procedentes, en su gran mayoría, de cuatro países centroamericanos (La Jornada, 6/5/13, p. 10).
Referencias: en 2011 el Fondo de Cultura Económica tuvo un presupuesto de 200 millones de pesos; los programas federales de Promoción y Fomento de Libros y la Lectura y Nacional de Lectura fue de 152 millones; el programa de Universidad Virtual recibió 200 millones; las actividades culturales recibieron un subsidio federal de 2.5 millones en Sinaloa, de tres millones en Tamaulipas y de 12 millones en Chihuahua, por mencionar sólo tres entidades afectadas por la violencia. Los institutos de la Frontera Norte y de la Frontera Sur tuvieron subsidios federales, entre ambos, por un total de 439 millones de pesos; un programa que buscaba la reinserción académica de jóvenes integrantes de bandas y pandillas recibió 13 millones de pesos en 2010 y se canceló en 2011. Un año antes había pasado otro tanto con una partida presupuestal para financiar becas de educación media y superior a hijos de migrantes internos.
Otro dato: según el ayuntamiento de Madrid construir una escuela básica equipada en esa ciudad cuesta el equivalente en euros a 13 millones de pesos mexicanos; aun suponiendo que aquí costara lo mismo, si se considera el sobreprecio impuesto por la corrupción, el hecho es que por andar persiguiendo y deportando a hermanos en desgracia se ha dejado de construir 77 escuelas cada año. De ese tamaño es el extravío, la torpeza y la inmoralidad.
Twitter: @Navegaciones
La gran aventura de la doble hélice
Javier Flores
“La versión definitiva estuvo lista para ser mecanografiada el último fin de semana de marzo. Nuestra mecanógrafa del Cavendish no estaba disponible, así que le dimos la breve tarea a mi hermana. No fue difícil convencerla para que pasara así una tarde de sábado, porque le dijimos que iba a participar en el que quizá fuera el acontecimiento más famoso en la biología desde el libro de Darwin. Francis y yo nos quedamos detrás de ella mientras pasaba a máquina aquel artículo de 900 palabras que empezaba: ‘Deseamos proponer una estructura para la sal del ácido desoxirribonucleico (ADN). Esta estructura posee rasgos originales que tienen un interés biológico considerable’. El martes llevamos el texto al despacho de Bragg y el viernes 2 de abril se envió a los responsables de Nature”… Lo anterior es narrado por James D. Watson, uno de los protagonistas de la hazaña. Era la culminación de un trabajo que revolucionó a las ciencias de la vida y transformó al mundo.
Molecular Structure of Nucleic Acids(estructura molecular de los ácidos nucleicos), fue publicado en la revista científica inglesa Nature el 25 de abril de 1953, por lo que ahora se conmemoran los 60 años de su aparición, celebración que está totalmente justificada, pues constituye, sin duda, uno de los acontecimientos más importantes en la historia de la ciencia.
La hazaña fue el resultado del talento de dos jóvenes científicos. Francis Crick contaba con 35 años y realizaba su tesis de doctorado en el laboratorio de sistemas biológicos de Cavendish, en Cambridge, Reino Unido, mientras Watson, con apenas 23 años de edad, había llegado a ese laboratorio procedente de Estados Unidos después de concluir su doctorado y de un periplo por algunos laboratorios europeos que ilustra de algún modo el papel que juega el azar en no pocos acontecimientos científicos.
De hecho, la proeza realizada por estos dos jóvenes rebeldes muestra que las creencias acerca de cómo se comportan la ciencia y los científicos son en ocasiones –o casi siempre– imágenes idealizadas que dibujan un mundo ordenado y casi perfecto. Las pasiones, los celos, el autoritarismo, la competencia, el nacionalismo, es decir, rasgos de la naturaleza humana y las influencias sociales, pueden ser definitivos en el progreso científico. En este sentido resulta interesante el libro de James Watson titulado La doble hélice. Relato personal del descubrimiento de la estructura del ADN, publicado en 1968, en el que da cuenta de la atmósfera en que se produjo este descubrimiento y del cual están tomadas las primeras líneas de este artículo.
Así, quizá Watson no habría llegado a Cambridge si su tutor en Copenhague no estuviera atrapado por un divorcio, o Francis Crick no hubiera podido sobrevivir a su mala relación con sir Lawrence Bragg, jefe del laboratorio, quien deseaba verlo lejos de ahí e incluso llegó a prohibir a los dos jóvenes que trabajaran sobre el ADN. Tal vez otros investigadores se hubieran adelantado en la hazaña, como Maurice Wilkins, quien trabajaba en el Kings College en Londres, cuyos avances eran lentos, pues tenía una relación tortuosa y pésima con Rosalind Franklin, su colega y genial cristalógrafa que obtuvo las primeras imágenes por la técnica de difracción de rayos X de la sal del ADN, que al final resultaron claves en la construcción del nuevo modelo.
Un elemento decisivo era lo que pasaba al otro lado del Atlántico, donde Linus Pauling –considerado una especie de dios en el desciframiento de la estructura de las proteínas– estaba más cerca que nadie de encontrar una solución a la estructura de los ácidos nucleicos. Watson y Crick se apropiaron de sus procedimientos intuitivos en la construcción de modelos para dilucidar la estructura de macromoléculas (proteínas grandes). No sólo eso, contaban con información privilegiada sobre los progresos de Pauling, gracias a que uno de los hijos de éste, Peter, había llegado a trabajar al Cavendish. Watson cuenta con cierto cinismo cómo llegó a tomar una carta del bolsillo del abrigo de Peter en el que su padre le informaba de los progresos alcanzados en su laboratorio donde tenían todo listo para dar a conocer una estructura de triple hélice para el ADN.
Si hemos de creer a Watson, y no veo razón para no hacerlo (ahora me entero de que uno de los hijos de Francis Crick intenta vender algunos textos de su padre en los que al parecer éste cuenta su propia historia), los avances de Pauling fueron decisivos para encontrar en ellos errores en el modelo de triple hélice y convencer, moviendo las fibras del nacionalismo inglés, a las autoridades del Cavendish para permitirles continuar y acelerar sus trabajos sobre la estructura del ADN.
Finalmente, con los modelos tridimensionales inspirados por Pauling, las fotografías de difracción de Rosalind Franklin y un extraordinario trabajo teórico, Watson y Crick llegaron a establecer el modelo de doble hélice en el que todos los elementos encajaban a la perfección. Imagine la lectora o lector una escalera en la que los pasamanos están formados por azúcares y fosfato (cada uno de ellos es una cadena) y los peldaños están compuestos por bases nitrogenadas (Adenina
A, Timina
T, Guanina
Gy Citosina
C), asociadas a cada cadena y unidas de forma complementaria en el centro por puentes de hidrógeno (de forma específica A con T y G con C). Esta doble cadena se enrolla alrededor de un eje vertical (como una escalera de caracol); dicho de forma simplificada, éste es el modelo de la doble hélice de Watson y Crick.
Los dos científicos estaban perfectamente conscientes de la trascendencia de su trabajo. Establecer la estructura del ADN era el punto de partida de una revolución en la biología, pues cada una de las cadenas constituye un molde que determina la formación de la cadena complementaria, lo que explica la reproducción de los genes, base de la trasmisión de la herencia genética, y la formación o síntesis de proteínas. De este modo se contaba al fin con una base firme para entender los procesos del desarrollo y las funciones de todos los seres vivos. Pero 60 años es muy poco tiempo para poder apreciar a plenitud la trascendencia de este trabajo, que sigue y seguirá rindiendo frutos cada vez más sorprendentes en las ciencias de la vida.

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