Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

lunes, 13 de mayo de 2013

Turquía: un héroe calumniado- El crédito: asunto chocante- Caminando

Turquía: un héroe calumniado
Robert Fisk
 
Confrontado por el centenario del pavoroso genocidio de millón y medio de armenios a manos de los turcos otomanos en 1915, el gobierno de Turquía planea ahogar los recuerdos de las masacres con ceremonias conmemorativas de la victoria turca sobre los aliados en la batalla de Galípoli, ese mismo año. Ya académicos leales al régimen han hecho cuanto han podido por pasar por alto la presencia de miles de soldados árabes entre los ejércitos turcos en Galípoli, e incluso acusan a un oficial turco armenio de artillería, que fue condecorado por su valor en esa batalla, de haber fabricado su biografía.
 
En realidad, el capitán Sarkis Torossian recibió medallas al valor personalmente de manos de Mustafá Kemal, uno de los héroes turcos de Galípoli, quien más tarde, con el nombre de Atarturk, fundó el moderno Estado turco. Pero en vista del deseo de algunos de los historiadores más prominentes del país de llamar mentiroso a Torossian, tal vez sea necesario usar la palabra moderno entre comillas. Ahora esos académicos afirman que el capitán armenio inventó las dos medallas.

Sin embargo, uno de los historiadores turcos más claridosos entre los que han reconocido sin reservas el genocidio de 1915, Taner Akcam, ha rastreado a la familia de Torossian en Estados Unidos e inspeccionado los dos expedientes de las medallas: uno de ellos lleva la firma original de Ataturk.

Turquía, como sabemos, quiere ingresar en la Unión Europea. Por cierto, yo creo que debería entrar. ¿Cómo podemos los europeos afirmar que el mundo musulmán desea permanecer alejado de nuestros valores si todo un país musulmán quiere compartir nuestra sociedad europea? Somos hipócritas en verdad. Sin embargo, ¿cómo espera Turquía unirse a nosotros cuando rehúsa con persistencia a reconocer la verdad del genocidio de armenios, y simboliza esa negativa con un escandaloso ataque a un oficial otomano muerto hace muchos años?

Las memorias del capitán Torossian, De los Dardanelos a Palestina, se publicaron por primera vez en Boston en 1947. Ayhan Aktar, profesor de ciencias sociales en la Universidad Bilgi de Estambul, encontró hace 20 años un ejemplar del libro y se asombró al enterarse de que oficiales armenios combatían del lado otomano.

La batalla de Galípoli, que duró ocho meses –un desembarco aliado soñado por Churchill con la esperanza de capturar Constantinopla y romper el estancamiento en el frente occidental–, fue un desastre para los británicos y los franceses, y para las masas de soldados australianos y neozelandeses que combatían de su lado. En enero de 1916 se retiraron de los enclaves de playa que habían establecido.
 
En su libro, Torossian recuerda los combates en Galípoli y otras batallas en las que participó, hasta que, hacia el final de la Gran Guerra, encontró a su hermana entre los refugiados armenios que iban en los convoyes de la muerte hacia Siria y Palestina. Entonces se pasó al bando aliado, conoció a T. E. Lawrence (quien no le agradó) y volvió a entrar a Turquía con las tropas francesas. Con el tiempo viajó a Estados Unidos, donde falleció.
 
El cojonudo profesor Aktar, notando la resistencia de sus colegas a reconocer que árabes y armenios combatieron en el ejército otomano, decidió publicar el libro de Torossian en el turco original. Las primeras reseñas fueron favorables, hasta que dos historiadores de la Universidad Sabanci lo impugnaron. Por ejemplo, el doctor Jalil Berktay escribió 13 columnas en el periódico Taraf, en las que afirmó que todo el libro era ficción y que Torossian era un mentiroso.
 
Taner Akcam, el historiador turco que descubrió a la familia de Torossian, quedó pasmado por la reacción a la edición turca del libro; uno de los críticos, afirmó, llegó a afirmar que Torossian nunca existió.
 
El ministro turco del Exterior, Ahmet Davutoglu, en un discurso pronunciado en Galípoli hace dos años, hizo un anuncio perfectamente franco de cómo planea Turquía definir el genocidio de armenios en el centenario: Vamos a hacer que el año de 1815 sea conocido en todo el mundo, no como el aniversario de un genocidio, como algunos afirmaron y calumniaron (sic), sino que lo daremos a conocer como la heroica resistencia de una nación; en otras palabras, nuestra defensa de Galípoli.
 
Así pues, se supone que el nacionalismo turco triunfará sobre la historia. Sin embargo, los descendientes de quienes murieron con las tropas australianas y neozelandesas en Galípoli podrían preguntar a sus anfitriones turcos en 2015 por qué no rinden honores a esos valientes árabes y armenios –entre ellos el capitán Torossian– que combatieron al lado del imperio otomano.
© The Independent
Traducción: Jorge Anaya
FUENTE: LA JORNADA
 
El crédito: asunto chocante
León Bendesky
En 1787 Jeremy Bentham filósofo inglés, utilitarista, publicó el ensayo En defensa de la usura. El tema, muy controvertido económica y políticamente, no ha dejado de serlo. Hoy lo es en el marco mundial de la crisis financiera y su efecto en la reducción del crédito a las empresas. Y en México, con la reciente iniciativa de reforma financiera.
 
Bentham apunta a las restricciones impuestas a los préstamos y los intereses que causan. Dice que ninguna persona de edad madura, razonable, que actúa libremente y con los ojos abiertos debe ser estorbada para tomar ventaja de un crédito y usarlo como crea conveniente. Como consecuencia, nadie debería ser estorbado para ofrecerlo en las condiciones que crea apropiadas.

Este aspecto es central en la inclusión y educación financieras que se promueven. La primera parte de la reforma trata de la Condusef, que corre el peligro de convertirse en un elefante –no sé si blanco. Las leyes y reglamentos han de ser efectivos y no deformar más el sistema financiero.

Las cosas no son simples. El crédito es aceptado como una transacción válida y hasta necesaria en la economía. Como un producto tiene un precio que es la tasa de interés y su propio proceso de formación en el mercado. Los gobiernos tratan de influir fijando márgenes, topes y condiciones de acceso.

Estas medidas distorsionan los procesos de oferta y demanda del crédito. No hay certeza de que con ellas se alcancen los objetivos de crecimiento del producto y el empleo. En cambio se puede afectar adversamente la asignación productiva de los recursos dinerarios y materiales. Como decía Bentham: en las grandes cuestiones políticas, amplia es la distancia entre la convicción y la práctica.

La animadversión contra el crédito y los intereses es muy antigua, está como se sabe en la Biblia, con preceptos rígidos y amenazantes. Aparece en la literatura con personajes clásicos como El mercader de Venecia; en el cine con aquella vieja película Qué bello es vivir, de Frank Capra.

El negocio de un prestamista no ha sido popular nunca ni en ningún lugar. El crédito permite a quien lo toma adelantar en el tiempo el consumo y la inversión. Quien presta hace lo contrario. El crédito al consumo suele ser demeritado y se privilegia el productivo. No obstante, el crédito al consumo tuvo un papel preponderante en la creación de una sociedad como la de Estados Unidos con su potente clase media (ver: Financiando el sueño americano: una historia cultural del crédito al consumo, de Lendol Calder). El mercado crediticio es un eslabón del proceso productivo y de creación de ingresos.

El que toma el crédito está usando los activos de otro –el que presta– para acrecentar su bienestar presente o la capacidad de generar riqueza. Esto pasa con los préstamos que se obtienen de los acreedores privados o de los públicos, como ocurre con la banca de desarrollo.
 
En este último caso el dinero prestado es de todos los ciudadanos y la aplicación de subsidios o de prácticas especiales de asignación es un asunto de carácter público y sujeto a una estricta aplicación de las políticas de crecimiento y la clara rendición de cuentas de legisladores, supervisores y gobierno. Este es uno de los temas relevantes de la reforma financiera que ahora se debate en el país.
 
Un aspecto chocante del crédito tiene que ver con lo expuesto por Bentham hace más de dos siglos: el control del crédito puede prevenir que muchos usuarios que lo necesitan lo obtengan, para otros es posible que los términos sean más inconvenientes.
 
Mientras se espera recibir el dinero e, incluso por corto periodo después, dice Bentham, aquel que presta es visto como un aliado; pero una vez que se ha gastado y hay que hacer frente a la deuda, se vuelve un tirano y un opresor. Es una opresión que alguien reclame el dinero prestado, pero no lo es negarse a pagar.
 
Esta es la naturaleza conflictiva del crédito en cuanto al comportamiento social y es donde legisladores y gobierno pretenden intervenir. Tiene que ver con la naturaleza misma del dinero en la sociedad; abarca el cumplimiento de una obligación contractual y la validación general del complejo proceso de endeudamiento que exige una economía activa y dinámica.
 
La reforma pretende que se preste más a las empresas pequeñas y medianas, para ello apunta a mejorar la calidad de los contratos y la ejecución de garantías. Pero hay bancos que prestan y no son los más grandes; estas son las consecuencias del diseño del sistema financiero del país. Debe revisarse a fondo. Además, el crédito al consumo ha crecido de manera muy rápida y en ese caso no se exigen garantías.
 
Según la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (2012) menos de 30 por ciento de la población adulta del país (70 millones de personas) tienen acceso al crédito formal. El crédito se obtiene mayoritariamente de tandas, familia y amigos. Poco moderno para las pretensiones que muchos tienen sobre esta economía y su capacidad de expansión sostenida.
 
Las pautas del cumplimiento de los créditos son bipartitas: de un lado el acreedor, del otro el deudor. Si esto se olvida el sistema se atranca. Por ello hay que eliminar las muchas formas de discriminación en el crédito y en su contraparte que es el ahorro. Se privilegia al que tiene más recursos y se castiga al que puede pedir y ahorrar poco. Estas prácticas vician el sistema de crédito. La reforma tiene que ser sistémica, de otro modo será una vez más ineficaz y, tal vez, hasta con rasgos populistas que al final a nadie sirven.FUENTE: LA JORNADA
 
Caminando
Gustavo Esteva
Los movimientos sociales, aquí y afuera, tuvieron alta visibilidad en la semana. Hubo iniciativas específicas, alianzas, aniversarios, movilizaciones… Desde arriba o en el análisis aparecen como una molestia, una perturbación. Se cree que enfrentan un callejón sin salida. Conviene explorar si en realidad no ocurre lo contrario: que son salida del callejón.
 
En el mundo entero, como se constata cotidianamente en México, se extiende el desencanto con los partidos y los gobiernos. Incluso en los casos en que la movilización popular consigue cambiar funcionarios y gobiernos enteros y modificar el signo político e ideológico de los nuevos, no logra modificar las políticas que la impulsaron.

Se intensifican, en ese contexto, las iniciativas de los movimientos sociales. La gente encauza a través de ellos inquietudes y rabias que los partidos no pueden o no quieren procesar. Pero enfrentan cada vez más una cerrazón semejante. Hay gobiernos que se abren el diálogo y lo emplean como mecanismo de desgaste, hasta que mediante concesiones secundarias la movilización se desvanezca. Otros reaccionan desde el principio con mecanismos de represión, o la aplican cuando el diálogo, o la pretensión de que está teniendo lugar, no puede continuar. Aparentemente, en el mundo entero, los gobiernos han aprendido a ignorar a los ciudadanos.

En estas condiciones, se plantea a menudo que los movimientos sociales son incapaces de representar una auténtica alternativa a la situación actual. Se reconoce su vitalidad y legitimidad. Se sabe que en su gran mayoría tienen sólidos motivos para tomar sus iniciativas y que libran luchas valientes, heroicas, constantes, como acaba de comentar en estas páginas Guillermo Almeyra. Junto a la celebración aparece la descalificación: no podrán llegar muy lejos. Sólo consiguen apoyos parciales y, por tanto, no logran liquidar el sistema y las estructuras que se encuentran en la raíz de las movilizaciones.

Parece importante explorar la hipótesis de que, si bien muchos movimientos sociales corresponden aún a tradiciones e inercias anteriores y otros se derivan de reivindicaciones inmediatas, hay iniciativas cada vez más novedosas que están creando las opciones de transformación que ningún partido se atreve a asumir y que ningún gobierno puede aceptar, opciones que desde abajo están desmantelando lo que debe liquidarse.
 
En casos específicos, las coaliciones de movimientos que están surgiendo pueden llegar a constituir la masa crítica de fuerza política que obliga a los gobiernos a satisfacer, aunque sea parcialmente, las reivindicaciones que motivan sus movilizaciones. Tales coaliciones no sólo son importantes por ese resultado. Son también parte de un proceso de acumulación de fuerzas que resulta muy promisorio.
 
Pero hay otras muchas coaliciones y alianzas que encierran otro contenido. Ante amenazas cada vez más serias de lo que se ha dado en llamar extractivismo, no sólo se organiza la unión de los afectados para ofrecerse mutuo apoyo y dar mayor firmeza a la resistencia. Se empieza a ejercer en ellas una forma de soberanía popular y a tomar iniciativas específicas que contienen un embrión de porvenir, que representan ya el resultado que la lucha busca. Este resultado no consiste ya en tomar los aparatos de la opresión para intentar terminarla desde arriba, por medio de ejercicios de ingeniería social; los movimientos sociales han estado aprendiendo la inutilidad de ese empeño, en la circunstancia actual. Intentan ahora, desde abajo, desmantelar la base misma de esos aparatos, su razón de ser, su fundamento.
 
Una forma de expresar esta nueva manera de existir es destacar que corresponde a la convicción de que es preciso abandonar la separación entre medios y fines. Que la lucha debe tomar la forma del resultado que se busca. Si se trata de crear una sociedad que no esté fincada en la violencia, la lucha misma debe evitarla.
 
Esta nueva práctica parece cada vez más necesaria ante el horror que nos acosa. El extractivismo se extiende y profundiza en todas sus formas, tanto el que se da abiertamente con las materias del subsuelo, como el del sistema financiero y el urbano. Como la resistencia se hace igualmente general, está cada vez más acompañado de dispositivos contrainsurgentes para imponerlo. Frente a este doble horror, que genera nuevos peligros, no caben ya las estrategias del pasado. No se trata ya de la vieja disputa por el valor y el plusvalor o de las reivindicaciones tradicionales. Se trata de una lucha por la supervivencia y por la vida, que sólo puede tener éxito con una transformación radical de la lucha misma, concentrándola en la creación de la nueva sociedad. Por eso tales movimientos empiezan a representar una auténtica alternativa.

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