Burbuja de Confort
La formación de la “democracia” en México, tras avasallantes sexenios de pobreza, caos, inseguridad y escamoteo ha fortalecido las movilizaciones a través de la participación social y política de las personas en el compromiso colectivo y la lucha constante por proteger los derechos, redimir sus principios, dejar a un lado los intereses personales por el bienestar común.
Las grandes conmociones que preceden el regreso del PRI a los pinos, han generado en diferentes sectores de la sociedad mexicana, la incertidumbre de cómo actuar, ¿permanecer estático? ¿dejar pasar seis años más?.
Las movilizaciones han desempeñado siempre un papel importante en la historia, sin embargo el contexto actual otorga impulsos distintos a la sociedad. Apertura de los medios de comunicación, fraudes, imposiciones.
La sociedad actúa.
Las diferentes movilizaciones encabezadas por estudiantes, tienen rasgos especiales, como lo es la impulsividad la cual no es más que el reflejo de la falta de responsabilidad por parte de las autoridades, así como la irritabilidad, de la mayor parte de la sociedad, que lucha día a día para mantenerse en pie.
En la irritabilidad de las masas, en su impulsividad y su movilidad siempre intervienen los factores políticos. Constituyen el suelo invariable en el que germinan los malestares sociales, la causa de las acciones de descontento.
No obstante, el aprendizaje de vivir en una democracia atropellada no acaba de consolidarse positivamente ya que son numerosos los sectores de la sociedad todavía excluidos, que se mantienen bajo el manto opaco de la manipulación a la información, de los distractores mediáticos. Familias que bajo la tradición se mantienen ausentes de todo progreso social, estancados en un pensamiento conservador ajeno a la situación del país.
Los sectores que no se ven afectados o que no generen un pensamiento de descontento nacional a partir de los procesos políticos y económicos se mantendrán distantes a este tipo de movilizaciones.
Yilmar Villagrán - Opinión EMET
¿Adónde apuntan las reformas de Peña?
¿Cuál es el contexto en el que asume la Presidencia Enrique Peña? Analizar esta circunstancia permite aquilatar los alcances de la reforma a la administración pública federal y la firma del Pacto por México. En primer lugar, cabe señalar que las políticas del ex presidente Calderón vulneraron gravemente las libertades personales de los mexicanos y sentaron las bases de un Estado policiaco; en segundo, su política guerrera abrió la Caja de Pandora: las mafias criminales se multiplicaron (su decapitación amplió su número) y diversificaron (su debilitamiento las obligó a dejar el comercio de drogas para dedicarse al secuestro, robo, extorsión, etcétera). En tercer lugar, la propaganda calderonista desprestigió al Poder Legislativo, acusándolo de lastre de la gobernación, y erosionando la confianza en los legisladores, pese a que en los dos sexenios panistas se hicieron más de un cuarto (27%) de las reformas a la Constitución desde 1921: 55 de 204 cambios.
Completan la escena la ruinosa y calamitosa desarticulación de la administración pública federal, el poderío sin contrapesos de monopolios privados, gobernadores y sindicatos (legado panista). A ello se suma la crisis de los partidos: Calderón socavó al PAN y López Obrador con su partido fragmenta a la ya dividida izquierda. En el ámbito internacional amenazan el crac financiero de Europa y el “precipicio fiscal” de Estados Unidos, es decir, la era de globalización bancaria y mercados libres se repliega. Sí: en el ámbito nacional y global emergen amenazadoramente poderosas fuerzas centrífugas. Ante panorama tan complejo Peña toma dos decisiones relevantes: reforma la administración pública federal, donde destaca la creación de una cuasi omnipotente Secretaría de Gobernación y firma un acuerdo de su partido, el PRI, con el PAN y el PRD, llamado Pacto por México. ¿Qué sugieren estos arreglos políticos?
Las señales apuntan hacia una reagrupación y recomposición del poder político para capear la tormenta que se vislumbra en el horizonte. ¿Qué implica esto para un país donde las libertades personales y la democracia son amenazadas por los demonios que desató Calderón y por los poderes fácticos? La posible disyuntiva sería esta: de concretase el Pacto por México, se renacería el Estado como entidad institucional rectora de la vida nacional, pero si fracasa aparecería el gobierno como aparato de control de la cosa pública. Las condiciones están dadas: el PRI manda en la mayoría de los estados y los desatinos de Calderón minaron a la incipiente democracia. Los conservadores aceptarían de plácemes esta opción, pues les garantiza su estatus y sus privilegios.
Héctor Barragán Valencia - Opinión EMET

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