Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

jueves, 9 de mayo de 2013

El derecho del paciente a saber- ¿Una raya en el agua?

El derecho del paciente a saber
Verónica Gutiérrez Portillo
La información sobre todo lo que concierne a la salud es un imperativo moral y una necesidad de nuestro tiempo, de acuerdo con los expertos en la materia.
 
La necesidad se deriva de la utilidad de la comunicación en la profesión médica, en todos los tiempos, y en la actualidad, por el protagonismo de las ciencias de la vida y de la salud y de sus perspectivas.

La ciencia y la tecnología sanitarias han progresado más en decenios pasados que a lo largo de toda la historia humana. La información médica, como el resto de la información científica, crece a ritmo exponencial, lo que significa que es mucho más rápida que la de la mayoría de los fenómenos sociales.

Con respecto a la ética, la Organización Mundial de la Salud (OMS) subrayó, en el informe sobre sus actividades en 1986 y 1987, que es un imperativo moral asegurar el acceso de la gente a informaciones objetivas y válidas sobre todos los aspectos de la sanidad que les conciernen; informaciones que deben presentarse en un contexto cultural adecuado, tal que lo puedan comprender....
La información al público es considerada por la OMS vía de acercamiento a uno de sus objetivos: la atención a la salud primaria. Para sus dirigentes, las primeras disciplinas necesarias para este acercamiento son la educación y la información. La promoción de la salud pasa por la comunicación, tanto en los países en desarrollo como en los industrializados.

La divulgación biológico-médica se ha convertido en estrella de los medios de comunicación, y aunque no todos tengan una sección dedicada a la divulgación científica, con frecuencia se ven obligados a hablar a sus lectores de salud y enfermedad.

Desde finales de los años 60 parecería que la biología y las ciencias de la vida hubieran arrebatado el protagonismo a la física y a los temas nucleares.

Hoy, además, la información médica y sanitaria se ha convertido en objeto de interés general ante la gravedad de algunos problemas mundiales relacionados con ésta: el cáncer, el sida, las drogas, las técnicas de reproducción asistida, las deficiencias e ignorancia patente en temas de nutrición, la aparición de nuevos virus y mutaciones virales diversas que se cobran miles de vidas, etcétera.

A pesar de los progresos gigantescos registrados en biología fundamental, gran número de enfermedades amenazan todavía, en pleno siglo XXI, a la salud humana.
 
En medicina, los campos más apasionantes y decisivos al día de hoy son la inmunología, la neurobiología, las redes neuronales, los combates mundiales contra el cáncer, el desarrollo de la tecnología médica, los problemas sanitarios vinculados con el medio ambiente y el estilo de vida de la civilización industrial, así como la medicina predictiva con el análisis del genoma humano.
 
No se trata de difundir algunas técnicas cuyo conocimiento y aplicación corresponde a la comunidad médica, sino una serie de hechos y circunstancias que faciliten la alerta del paciente ante la enfermedad y que ejerzan sobre él una educación sanitaria y un estímulo para que pueda poner en práctica las más elementales medidas de higiene física y mental.
 
En buena parte, el periodismo médico y sanitario debe ser un preventivo.
 
Un aspecto importante está constituido por la divulgación de temas relacionados con la nutrición.
 
La población en general requiere más información cuando comprende la relación entre alimentación y salud. Este tipo de información la demanda hoy el mercado, y quizá por eso el control de los mensajes suele estar en manos de la publicidad y no de las redacciones de los medios.
 
Únicamente abordando el tema de la nutrición sana en todos sus aspectos podremos realmente determinar, para modificarlos en caso necesario, los múltiples factores ecológicos, sociales, económicos y políticos que condicionan esta parte decisiva de la salud humana, que es nuestro estado alimentario.
 
No es ninguna novedad que el estado nutricional adecuado de una persona haga la diferencia en caso de enfermedad.
 
Los males de origen alimentario aumentan en varios países, lo que nos lleva a preguntarnos: ¿Puede la nutrición sana ser un desafío?
 
La opinión afirmativa es del doctor Hiroshi Nakajima, quien asegura que una vida sin hambre y malnutrición, indispensable para gozar del grado máximo de salud, constituye uno de los derechos elementales de todo ser humano.
 
Hoy no puede ya haber desarrollo social y económico sin una nutrición adecuada. Sin embargo, hay que matizar: la distinción simplista entre países desarrollados y en desarrollo no es ni mucho menos un criterio que permita determinar si el estado de nutrición de sus respectivas poblaciones es satisfactorio.
FUENTE: LA JORNADA
 
 
Siempre se aprende algo nuevo-Hernández
¿Una raya en el agua?
Soledad Loaeza
Ha pasado menos de una semana de la visita del presidente Barack Obama a México y sus efectos sobre la opinión pública se desvanecen como si se tratara de una raya en el agua. Quedará un aire de buena voluntad hacia un presidente estadunidense joven, ágil y moreno que camina como si bailara, que bajó del Air Force One como lo hubiera hecho Fred Astaire (una comparación que debemos a Carlos Fuentes), y que con una amplia sonrisa nos hizo olvidar por unas horas las amarguras de la vecindad con el país más poderoso del mundo. Obama además representa mucho de lo bueno que tiene la democracia en su país, de aquello que hace que millones de personas en todo el mundo crean en el sueño americano.
 
El significado político de la presencia de Barack Obama entre nosotros no necesariamente dependía de los asuntos que tratara con el gobierno mexicano, sino que tenía más que ver con el simbolismo de una visita cuyo propósito fundamental era mostrar al mundo la amistad entre los presidentes, la cual no es sino una proyección del entendimiento entre los dos países. No obstante, me pregunto si hubo en el encuentro entre los presidentes Obama y Peña Nieto algo más que una operación de relaciones públicas, otra cosa además del mensaje optimista del estadunidense que al llamar amigou a su contraparte mexicana le dio un espaldarazo que muchos esperan que por lo menos contribuya a atraer más inversión extranjera. Quienes así piensan también así razonan: Si el presidente de Estados Unidos confía, entonces eso quiere decir que México es confiable.
 
¿De qué hablan los jefes de Estado en encuentros como el de la semana pasada, que fue casi protocolario? ¿Cuál es la utilidad de estas visitas, sobre todo si son relámpago? ¿Los presidentes tardaron en romper el hielo? ¿Hablaron de temas sustantivos o los dejaron a sus subalternos, mientras ellos se limitaron a sonreír el uno al otro para entablar la corriente de simpatía personal que debería facilitar el tratamiento de los problemas de la relación bilateral? ¿Hablaron de esa relación desde una perspectiva general y relativamente abstracta, o trataron puntos específicos? ¿Intercambiaron promesas, experiencias? ¿Qué tanta empatía hubo entre ellos? Ahora no podemos responder a estas preguntas, aunque un futuro Wikileaks podría hacer esa información accesible en el corto plazo.
 
Experiencias anteriores muestran que los encuentros de este tipo están ya muy estandarizados, están sujetos a una especie de manual que establece horarios para entrevistas, programa, temas de discursos, dicta incluso frases que parecen espontáneas –como la que pronunció Obama ante los estudiantes que asistieron al Museo de Antropología: Ustedes son el futuro–. Nada se deja al azar. Hay que minimizar las sorpresas y los motivos de irritación. Es decir, es muy probable que entre Obama y Peña Nieto no haya habido más que conversaciones amables y banales, porque los temas fuertes de la relación: migración, seguridad o comercio, ya fueron negociados y acordados en reuniones preparatorias en las que participaron los funcionarios responsables.
 
Los encuentros presidenciales tienen en primer lugar una función simbólica. En la plataforma oficial de recepción en la que los dos presidentes se saludan, parecen iguales porque representan lo mismo: la voluntad popular y el Estado nacional; en la tarima se genera una ilusión óptica –y política– de simetría que diluye las diferencias de poder entre los países. Ese es el objetivo.
 
Para subrayar la comunidad de intereses entre los dos países mucho se mencionó a Norteamérica como la región integrada del futuro; sin embargo, al mismo tiempo los dos presidentes marcaron los límites de esa integración y coincidieron en mostrarse respetuosos de los asuntos internos del otro. El presidente Peña Nieto y la SRE dejaron claro que entendían que la discusión de una nueva ley migratoria en Estados Unidos es un tema estrictamente interno, en el que no piensan intervenir; mientras que los estadunidenses se mostraron dispuestos a observar, sin opinar, cómo el gobierno mexicano reorganiza su política de seguridad, y al hacerlo, recupera espacios de autonomía que su predecesor había sacrificado en la guerra contra el narco. Si esto fue así, entonces la visita no fue una raya en el agua, sino una redefinición de las fronteras.
FUENTE: LA JORNADA
 
Banqueros-Magú

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