Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

domingo, 22 de mayo de 2011

En Cheran, a punto de gritar "a las armas"


En Cherán, a punto de gritar “a las armas”
Francisco Castellanos y José Gil Olmos

CHERÁN, MICH.- El pueblo parece un campo de batalla: 350 barricadas, fogatas, montones de piedras y de leña, costales de arena y autos hacen las veces de trincheras que los habitantes utilizan para defenderse de talamontes apoyados por bandas armadas del crimen organizado.

Desde hace más de un mes se mantiene en este lugar un estado de sitio autoimpuesto. Los pobladores vigilan día y noche las entradas y salidas del poblado.

Cada día que pasa la situación se torna más crítica en la zona purépecha de Michoacán. Además del bloqueo que mantienen los habitantes de este pueblo, los accesos a toda la zona también fueron cerrados el jueves 12 por los talamontes, apoyados por bandas de la delincuencia organizada.

Este doble bloqueo afecta a toda la Meseta Purépecha, integrada por ocho poblaciones en donde fueron arrasadas 12 mil hectáreas de bosque, informó una comisión de Cherán.

Un comunero comenta: “Las escuelas seguirán cerradas y los negocios también. Mucha gente que trabaja en otros lados, incluso en Morelia, no puede salir. La policía municipal se alejó del pueblo pero nadie confía en ellos porque protegen a los talamontes. El lunes 9, el subsecretario de Asuntos Jurídicos y Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, Felipe de Jesús Zamora Castro, nos dijo que llegarían policías federales y el Ejército, pero no hay nada”.

Durante casi un mes, los habitantes de la región estuvieron abandonados a su suerte. Fue hasta el jueves 19 cuando llegaron integrantes de las Bases de Operaciones Mixtas (BOM), formadas por policías municipales, estatales y federales y soldados. Les pidieron terrenos para instalarse y que formaran un grupo para coordinar las labores de vigilancia. Los comuneros aseguran que las BOM no están operando y se mantienen en sus puestos sin hacer nada.

“Nosotros cumplimos de inmediato. Les avisamos que ya estaban los terrenos y la coordinación del pueblo, pero la situación sigue tensa porque siguen talando el bosque y están armados”, dice un campesino que pidió el anonimato debido a las amenazas de muerte que han recibido desde que el pasado 15 de abril formaron el grupo de autodefensa ciudadana y se impusieron un estado de sitio en Cherán.

Ese día la población purépecha decidió reaccionar ante los taladores de madera que, dicen, están protegidos por el crimen organizado, presumiblemente por integrantes de La Familia que aún siguen operando en la región.

Según algunos comuneros de Cherán este grupo de narcotraficantes tiene sometidos a decenas de hombres, a quienes obligan a trabajar en la tala de árboles y sólo les pagan 150 pesos por día.

Un representante de los comuneros comenta que precisamente el 15 de abril varios pobladores detuvieron 10 camiones cargados de madera y se enfrentaron con los hombres armados que viajaban en ellos:

“Trataron de rescatarlos y se armó la balacera. Hirieron a Eugenio Sánchez Rendón, quien se encuentra hospitalizado. Se llevaron a tres compañeros y se fugaron protegidos por patrullas de la policía municipal que trabaja para el crimen organizado.”

Dos días después de este enfrentamiento cerraron todos los accesos al pueblo. Sin embargo, las barricadas no pudieron detener a los hombres armados, que el 27 de abril se llevaron a dos comuneros, Pedro Juárez Urbina y Armando Hernández Estrada, quienes aparecieron torturados y ejecutados días más tarde.

No más violencia

“Ya estamos cansados de tanto abuso y Cherán está al borde del estallido social. No sólo esta comuna, sino toda la Meseta Purépecha, se encuentra en estado de alerta. Sólo esperamos una señal para levantarnos en armas contra el crimen organizado, que ya nos tiene hasta la madre”, dice a los reporteros un comunero con el rostro cubierto.

Comenta que, de 2008 a la fecha, han sido asesinados nueve pobladores y cinco más están desaparecidos por haber defendido los bosques y enfrentar a los talamontes que tienen guardias con hombres armados.

“La lucha no es entre las comunidades como quieren hacer creer, sino contra las bandas organizadas y el gobierno. Ya nos cansamos de explotación, chantaje, secuestros, levantones, homicidios, extorsiones, y de vivir y morir con miedo. Ahora nos vamos a enfrentar a los malos, sean mañosos o del gobierno. Sólo estamos esperando un tiempo prudente, y si no hay respuestas, pues a las armas”, dice a los reporteros un indígena purépecha.

Los habitantes de Cherán aseguran que durante tres años los talamontes han saqueado sus bosques en perjuicio de toda la población, que asciende a unas 18 mil personas.

“Saque cuentas: 180 mil pesos diarios, casi 35 millones al mes, durante tres años. Una fortuna, ¿no? Los talamontes están protegidos por un sujeto conocido como El Güero, que sembraba mariguana en estos sitios sin que nadie le dijera nada. Ahora se dedican a cortar madera y han pelado 13 mil hectáreas”, acota otro indígena.

Entre las piedras que sirven de retén, los pobladores de Cherán levantaron una bandera mexicana. Las mujeres hacen tortillas, cocinan frijoles, arroz, corundas y tamales. Varios niños portan carteles en los que se lee: “Felipe Calderón, como michoacano, protege nuestros bosques, no más saqueos”; “No más muertos en la Meseta Purépecha”; “Tenemos sed de justicia y seguridad”, y “Señor gobernador queremos pronta solución y efectiva, no más promesas”.

Los hombres llevan azadones, hachas, machetes, palos con punta, bates, guadañas, hondas, piedras, navajas y cuchillos. Si hay una señal de alerta lanzan un cohete o tocan las campanas de la iglesia.

Una mujer del pueblo grita a los reporteros: “¡Ayúdennos! ¡Queremos vivir en paz! Ya los malos acabaron con nuestros bosques, los quemaron; quemaron yerbas medicinales, pinos, animalitos de los cerros. Nos tienen asustados. Llegaron con sus armas a las escuelas y amagaron a los niños y maestros y los sacaron, por eso no hay clases. Nos tienen amenazados. Por eso se levantó el pueblo, porque no queremos que regresen los malos. Queremos que intervenga el Ejército o la Marina, que estén de manera permanente. Pero vean: ¿Cuál policía ven? ¡Ni uno! Nada de nada!”.

En la noche, los vigilantes prenden fogatas y sus rescoldos aún se ven cuando los reporteros hacen su recorrido al amanecer. En el barrio El Calvario todavía se advierten las huellas del enfrentamiento del 15 de abril: camiones quemados, casas, postes y ventanas baleadas.

De camino a los montes, los comuneros muestran a los reporteros la “casita de campo” del alcalde priista de Cherán, Roberto Bautista Chapina, donde cada ocho días hace grandes fiestas. Los indígenas aseguran que él es gente del Güero.

La situación es grave, dicen los encargados de prensa y difusión de los movimientos: no hay alimentos ni clases y los niños tienen miedo de ir a la escuela y que los saquen a balazos. La señal de teléfono se va constantemente.

Un encapuchado dice a los medios que las escuelas no abrirán hasta que no haya seguridad para profesores y alumnos, hasta que lleguen el Ejército y la Policía Federal.

Integrantes del Comité de Lucha comentan que para subsistir están recibiendo víveres de organizaciones sociales, comunidades indígenas y de la sociedad civil, los cuales son almacenados en el centro de acopio habilitado en el curato de la parroquia del pueblo.

El abogado de la comunidad, David Peña, advierte: “Estamos ante una situación excepcional; es la primera vez que una comunidad indígena decide aislarse y autoimponerse un estado de sitio real para hacer frente a la delincuencia organizada”.

Y lanza un llamado: “Las autoridades de los tres niveles de gobierno tienen que actuar de manera inmediata y efectiva para evitar que este hecho se convierta en una tragedia…” l

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