Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

jueves, 26 de mayo de 2011

I.D.P. SOLIDARIO CON LA LUCHA EN CONTRA DEL SINDICATO PETROLERO CORRUPTO


I.D.P.

(Izquierda Democrática Nacional)

I.D.P. , SE SOLIDARIZA CON EL GREMIO PETROLERO SECCION 39 " CATALINA"

EN SU LUCHA CONTRA EL SINDICATO CHARRO Y CORRUPTO.

QUE ATENTAN CONTRA LOS INTERESES GREMIALES.

BRINDANDOLES NUESTRO APOYO JURÌDICO, DE PRENSA Y PROPAGANDA.

UNA HISTORIA DE TANTAS Y TANTOS.
En punto crítico, rodeado de vinos, en el límite del éxtasis, el gobernador Javier Duarte de Ochoa suele hablar de más, incurre en desfiguros de escándalo y no le inquieta, siquiera, plantarle un beso en la mejilla al líder nacional del sindicato petrolero, Carlos Romero Deschamps.



Así lo hizo en aquella megajuerga, borrachera apocalíptica, en el selecto restaurant Los Piquitos, en el corazón de Coatzacoalcos, el 2 de marzo pasado, de la que aquí, en INFORME ROJO, se dio santo y seña en entrega anterior. Descompuesto, el gobernador de Veracruz olvidó la imagen pública, quizá imaginando que echarse unos tragos entre cuates era tema privado, desvaríos en lo oscurito, excesos a puerta cerrada, nada para comentar.

Le rodeaban Romero Deschamps; Marco César Theurel Cotero y Marcelo Montiel, alcalde y ex alcalde, respectivamente, presuntamente enemistados pero esa tarde-noche reían, sonreían y bromeaban; Ramón Hernández Toledo, dirigente de la sección 11 del sindicato petrolero, el hombre fuerte en el municipio de Nanchital; Flavino Ríos Alvarado, diputado local y ex secretario de gobierno de Veracruz; Tomás Ruiz González, secretario de Finanzas del régimen duartista, y el infaltable Jeús Antonio Macías Yasegey, suegro incómodo del delfín fiel, huésped de penales, simulador de la inversión privada, cuyos negocios –un parque tecnológico asentado sobre tierras que todavía debe y una planta de frutas y verduras que no produce ni una semilla— le han costado al pueblo veracruzano casi 2 mil millones de pesos, una parte de ella entregada por el entonces secretario de Finanzas de Fidel, don Javier Duarte.

Esa tarde-noche, Javier Duarte quiso ser el alma de la fiesta y lo logró. Bromeó con todos e hizo rehén de sus frases hirientes a quien tuvo a la distancia. Diez horas fue un gobernador descompuesto, atrapado en los efectos del licor, iniciada la velada con una comida a las 3 de la tarde y terminado el festín a la una de la mañana del jueves 3 de marzo.

A medio trayecto, conmovido por el momento, agitados los recuerdos de campaña, colmó de agradecimiento a Carlos Romero Deschamps. Y luego, plantó un beso en la mejilla del dirigente nacional del sindicato petrolero. “Es un beso de caballeros”, dijo justificando tan emotiva muestra de cariño, “cariño de caballeros”.

Si el gobernador Javier Duarte se hubiera propuesto asombrar a sus compañeros de juerga, quizá no lo habría logrado. Fue, a decir de quienes presenciaron el “chispazo de caballeros”, un momento espontáneo, incómodo, más para Romero Deschamps, que si algo tiene es que está bien definido. Sonrieron unos, asintieron otros, callaron unos más, queriendo todos darle vuelta a la hoja, simulando que nadie abriría la boca, prometido el silencio sepulcral.

Horas después, trascendía el desliz de Javier Duarte, acallado en medios de prensa, aludido sesgadamente por quienes presumen libertad para escribir, pero sometidos a la censura y a la autocensura.

Javier Duarte no acaba de entender qué rol juega en el proyecto político de la fidelidad. No hay priísta que lo respete porque simple y llanamente, no se ha hace respetar. Se engancha en reyertas verbales con la oposición; renuncian connotados priístas al PRI; declara non grato al secretario del Trabajo del gobierno federal; gobierna para un reducido grupo de alcaldes, miembros de su cofradía, y la versión de que en el gabinete hay favoritos, tan intocables como impunes.

Tiene el gobernador de Veracruz un problema de posicionamiento político y un gravísimo deterioro de imagen pública, atizada por sus limitaciones naturales, pésima fama de seguir siendo un empleado de Fidel Herrera, su antecesor, y ahora los desfiguros públicos.

No se sabe qué hizo Romero Deschamps con su mejilla tras concluir la pachanga, pero sí se augura para Veracruz un gobierno a los tumbos, colocado en las manos de Javier Duarte, un político al que el alcohol lo descontrola, lo pierde y lo lleva a correrse una noche loca.

Qué le costaba ahorrarse un “beso de caballero”.

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