Entrevista a Vladimir Davydov, experto ruso en América
latina
Los problemas de México son resultado de su gobierno
La izquierda estuvo a punto de ganar; ahora parece fragmentada
Sin un Estado sano y fuerte, el país no podrá parar el avance de los cárteles de la droga. El combate al narcotráfico requiere de un gobierno fuerte, y para ello debe restablecer ese Estado.
Para el analista ruso Vladimir Davydov, los gobiernos
panistas pusieron todos los huevos en una sola canasta, la estadunidenseFoto Juan Pablo Duch
Posiblemente lo que hace el presidente Felipe Calderón
contra el narcotráfico
no es la mejor manera de encarar ese mal, señala DavidovFoto Víctor Camacho
Juan Pablo Duch
Corresponsal
Periódico La Jornada
Lunes 11 de julio de 2011, p. 2
Lunes 11 de julio de 2011, p. 2
Moscú, 10 de Julio. Los problemas que tiene México son resultado
lógico del gobierno de Felipe Calderón y confirman la erosión del Estado. Esto,
a su vez, genera preocupación en los mexicanos y, en consecuencia, empieza a
expresarse en las urnas, como sucedió en las elecciones del pasado 3 de
julio.
Así opina el doctor Vladimir Davydov, director del Instituto de América
Latina de la Academia de Ciencias de Rusia, cuyos análisis contribuyen a
formular la política exterior de Rusia hacia nuestro continente desde su
fundación, en 1961, hace medio siglo.
Davydov, quien también es profesor de la Escuela Superior de Economía, habló
extensamente para La Jornada acerca del giro a la izquierda en muchos
países de América Latina, el futuro de Cuba después de los hermanos Castro y la
pérdida de influencia de Estados Unidos en la región.
También comentó la política económica de Hugo Chávez en Venezuela, las
reformas de Evo Morales en Bolivia, la gestión de Cristina Fernández en
Argentina y la conversión de Brasil en un jugador global que va a tener gran
peso y poder de decisión estratégica en el mercado mundial.
Ésta es la parte medular de la entrevista:
–México lleva ya más de 10 años de gobierno del PAN. ¿Cómo evalúa usted la
gestión panista?
–Es muy especial la situación de México. Ofrecía ventajas la salida del PRI
del gobierno, pero el PAN prefirió tomar medidas en detrimento de varias
vertientes de la política tradicional del país.
“En los sexenios panistas, Vicente Fox y Felipe Calderón pusieron todos los
huevos en una sola canasta, la canasta estadunidense. A pesar de su frontera con
Estados Unidos (EU), vinculación histórica con el mercado del norte, México
necesita tener contrapesos.
La marcada dependencia respecto de EU se reflejó en la caída del producto interno bruto (PIB) mexicano durante la crisis global. Antes, México y Brasil eran los países más fuertes en América Latina (AL), pero en los años recientes Brasil elevó su reputación y su voz en la región, y México, en cambio, perdió posiciones. No es productivo para ese país; tenía gran influencia en América Central y en la zona del Caribe, ¿y ahora? Le representa un desafío restablecer ciertas vertientes de su política exterior tradicional.
–¿Cree que fracasó el gobierno de Felipe Calderón?
–Bueno, yo diría que los problemas que tiene México son resultado lógico de
su gobierno y confirman la erosión del Estado mexicano. Esto preocupa mucho a
los mexicanos y, en consecuencia, empieza a expresarse en las urnas, como
sucedió en las elecciones del pasado domingo.
“Desde ese punto de vista, el regreso del PRI –o si gana otro partido
distinto al PAN, si se prefiere– puede ser positivo porque es la oportunidad de
que se emprendan medidas para detener la erosión del Estado y la sociedad
mexicanos. Se requieren medidas enérgicas.”
–¿Es posible un triunfo de la izquierda en México o no lo van a permitir,
como sucedió con el
fraudede las elecciones anteriores?
–Las elecciones anteriores mostraron que las simpatías hacia la izquierda
existen también en México, se reproducen y van a influir en la política interna
del país. Otra cosa es en qué medida.
La izquierda ya estuvo a punto de vencer, pero ahora parece estar muy fragmentada.
–El gobierno de Calderón sacó el ejército a la calle para luchar contra
los cárteles de la droga y el balance, en contados años, supera los 40
mil mexicanos muertos, muchas veces
víctimas colaterales. ¿Es el camino para terminar con el narcotráfico?
–Muchos tratan de encontrar recetas y no las encuentran. El narcotráfico es
un mal que está presente en muchos países, incluso en Rusia. Hay que hacer algo
de manera seria e inteligente. Posiblemente lo que hace el presidente Calderón
no es la mejor manera de encarar ese mal.
“El combate al narcotráfico requiere de un gobierno fuerte y, para ello, en
México hay que restablecer el Estado.
“Creo que tiene mucha razón Enrique Iglesias, doctor honoris causa
de nuestro instituto. Él afirma que los experimentos neoliberales debilitaron al
Estado como institución y su capacidad de detener los males sociales. Sin un
Estado sano y fuerte, México no podrá parar el avance de los cárteles
de la droga.”
–Desde hace unos cinco años, usted sostiene que el futuro de Cuba, después de
los hermanos Castro, es la
vía vietnamita. ¿En qué consiste?
–En efecto, mantener el poder político y liberalizar la economía nos parece
lo más recomendable para Cuba. La vía de desarrollo vietnamita demuestra que es
más exitosa que la experiencia china. No sé si las últimas medidas que se
tomaron en Cuba pueden provocar un avance serio, pero creo que se tardaron
bastante en tomar decisiones. Por eso se agudizaron los problemas de la
sociedad. Más de un millón de personas –así lo declararon– tienen que
trasladarse a la actividad individual, pero eso no se hace de la noche a la
mañana.
“No es la primera vez que los dirigentes cubanos dan pasos hacia la
liberalización, hacia el mercado, en medida muy modesta. Es claro que el sector
público en la economía cubana tiene enorme carga, hay un exceso de fuerza de
trabajo empleada ahí.
“Cuba está más ideologizada que Vietnam. Para la dirigencia cubana es muy
difícil hacer cosas que parezcan un paso atrás, aunque creo que son conscientes
de que hay que hacer reformas, tomando en cuenta los resultados
contraproducentes en varios países con economías en transición como Rusia, las
repúblicas ex soviéticas o los antiguos países socialistas de Europa. Temen la
espontaneidad del mercado.
“Desgraciadamente no hay jóvenes en la dirección cubana; se requieren sangre
nueva, pensamiento fresco. Tarde o temprano seguro que van a aparecer, mejor
temprano que tarde. Todavía es posible un cambio evolutivo en Cuba.
–¿Y cómo ve Venezuela, con un presidente Hugo Chávez en tratamiento contra el
cáncer?
–El régimen bolivariano es muy personificado. Y hay riesgos cuando la persona
que lo encabeza se enferma de manera seria.
“Hugo Chávez ha hecho mucho para crear mejores condiciones de vivienda, salud
pública, educación para los sectores de ingresos modestos. Y eso es muy positivo
y, además, hay que decirlo, da muchos votos en Venezuela.
“Pero podría parecer que solamente en Venezuela se resuelven los problemas
sociales. Sin embargo, vemos que al sur, en Brasil, posiblemente también en
Argentina, hay avances en la consolidación de la economía, sin descuidar la
solución de los problemas sociales y el aumento del nivel de vida.
“En Venezuela, en contraste, la estatización excesiva, las improvisaciones en
el manejo de la economía provocaron grandes retrocesos, y no es casual que sus
indicadores económicos –a pesar del nuevo aumento de los precios del petróleo–
sean peores que los de muchos países de la región.
Es obvio por qué sucede esto y espero que en Caracas sabrán sacar las debidas lecciones.
–En Bolivia no le tembló la mano a Evo Morales cuando nacionalizó los
hidrocarburos. ¿Le pareció acertada la decisión?
–Creo que ese cambio radical era necesario. Las corporaciones transnacionales
aceptaron las nuevas reglas del juego y eso, claro está, permite una mayor
seguridad financiera al Estado boliviano.
“El caso de Bolivia es muy interesante. Muchos creían que el conflicto entre
la llanura y el altiplano no tenía solución, pero sorprendentemente Evo Morales
fue capaz de lograr cierta distensión política.
Morales mostró que es un político hábil y consiguió mucho. Su lado más débil es, digamos, la política étnica. Es muy difícil realizar una política bien equilibrada en esa materia, tiene que ser muy cuidadoso y tolerante.
–Usted no oculta su admiración por Brasil. ¿Por qué?
–Porque da envidia. Tiene una economía multifacética con todas las
industrias, incluso varias de punta. Fernando Cardoso comenzó y Luiz Inacio Lula
da Silva continuó la apertura hacia el exterior. Brasil se convirtió en
exportador de productos industriales de compleja elaboración (está entre los
primeros constructores de aviones; entre los principales productores de
bioetanol, combustible artificial, digamos; entre los punteros en realizar
perforación a grandes profundidades) y, al mismo tiempo, se convirtió en uno de
los principales exportadores de productos alimenticios.
“Brasil es un jugador global y, junto con Argentina, va a tener gran peso y
poder de decisión estratégica en el mercado mundial. Porque la seguridad
alimentaria se convierte en algo básico para el desarrollo de muchos países,
hasta naciones tan fuertes hoy día como China e India van a depender de los
suministradores de alimentos, ni hablar ya de África.
Pienso que Dilma Rousseff va a continuar esa política; ella tiene un muy buen maestro.
–¿Qué le parece Argentina?
–A comienzos de la década pasada sufrió una grave crisis; para decirlo con
las palabras de Joseph Stiglitz, ahí se produjo la quiebra del fundamentalismo
neoliberal. Ese modelo colapsó por completo en Argentina. El gobierno entendió
que, si se disminuye la pobreza, se eleva el nivel de vida, se consolida el
mercado interno, hay mayor demanda, más espacio para el empresariado local, hay
posibilidades de renovación tecnológica.
“La solución de los problemas sociales en América Latina –en Rusia también–
tiene gran valor económico, es una premisa para el avance económico. La
situación es buena en Argentina desde que los sondeos sociológicos muestran que
Cristina Fernández puede vencer, con muy buen resultado, en las elecciones
venideras.”
–A 20 años de la disolución de la Unión Soviética, ¿cómo se percibe América
Latina en Rusia?
–Dejó de verse sólo como un conjunto de países en vías de desarrrollo,
atrasados y dependientes, como sucedía en los tiempos soviéticos. Ahora los
países de AL se perciben de otra manera: que tienen problemas de desarrollo
similares a Rusia; que han avanzado considerablemente en el campo tecnológico,
científico y educativo. Por ello, la cooperación con estos países no se
convierte en donación, en asistencia, sino en intercambio de iguales en muchos
sentidos.
“Rusia evalúa ahora las ventajas de cooperación con América Latina de manera
más pragmática, menos ideologizada, menos politizada.
No puedo decir que tenemos enormes avances en América Latina, no podemos comparar nuestros resultados y volúmenes de cooperación con los que tiene China. Pero son considerables y, a título de ejemplo, el volumen de comercio de Rusia con AL sobrepasa el volumen de nuestro comercio con Estados Unidos y Canadá.
–¿Cuáles son las perspectivas de la relación de Rusia con América Latina?
–Algunos países pertenecen a la categoría de primera prioridad, pero América
Latina como un todo no es la primera prioridad para Rusia.
“El significado de AL crece gracias a la cooperación de Rusia con Brasil,
miembros del BRIC (Brasil, Rusia, India y China). No soy muy optimista en lo que
se refiere a ampliar la cooperación con AL a corto plazo. Las corporaciones
nuestras todavía no conocen bien y no se ubican en los mercados
latinoamericanos.
“Hace cuatro o cinco años comenzó el sondeo, pero creo que hay posibilidades
de tener presencia rusa en el ámbito energético –y no sólo energía tradicional,
sino alternativa–; podemos participar en grandes proyectos y construcciones de
infraestructura, servicios para el estudio del espacio, maquinaria pesada,
camiones de gran tonelaje.
“También podemos avanzar en lo que se refiere a los helicópteros. Ya cinco
países –entre ellos México– compran esas aeronaves rusas. En condiciones
climáticas y de relieve, como en Perú, son manejables, son prácticas, tienen
buena relación precio-calidad.”
–¿Sigue de cerca el giro a la izquierda en los países de América Latina?
–Desde luego. Es para nosotros un fenómeno muy interesante, muy importante,
que requiere ser estudiado a fondo. La sincronización histórica del cambio
político en muchos países muestra que tiene causas profundas, no se trata de una
improvisación.
“La mitad de América Latina está gobernada por fuerzas de centro-izquierda,
izquierda radical, izquierda indigenista, hay muchas vertientes y diferentes
experiencias. En lo personal, creo que el mayor resultado positivo lo tienen los
gobiernos de centro-izquierda, como los de Brasil, Argentina o Uruguay.
El giro a la izquierda hizo posible que el Estado recuperara en muchos países su responsabilidad económica y social. En una palabra, dejó de ser el Estado mínimo del fundamentalismo neoliberal y sentó las bases para resolver los problemas sociales.
–Ese giro, ¿representa un peligro para Estados Unidos?
–No creo. Más bien ellos, con su prepotencia y ofensas, estimularon el viraje
hacia la izquierda en América Latina. Fue un grave error hablar con los demás
desde posiciones de fuerza. Ahora AL es más libre para tomar decisiones, porque
estamos en la deriva hacia un mundo más multilateral, policéntrico. Es un camino
largo y todavía no podemos decir que los centros tradicionales de la política y
economía mundiales perdieron su peso. Mantienen su influencia, pero es
relativamente menor.
Los latinoamericanos están interesados en el mercado estadunidense, saben cómo actuar en ese mercado, conocen sus hábitos y estándares y tienen ciertos privilegios a través de los acuerdos de libre comercio, como México. Pero al sacar lecciones de la historia, América Latina entiende cada vez más que hay que disponer de margen de maniobra.
El futbol por delante-Magú
México-Colombia: claudicaciones y vergüenza
El pasado 3 de junio una juez penal de Bogotá absolvió al sociólogo
colombiano Miguel Ángel Beltrán Villegas, quien antes de su detención, en mayo
de 2009, se desempeñaba como residente posdoctoral en la Universidad Nacional
Autónoma de México. Beltrán permaneció más de dos años en prisión en su país
tras ser acusado de pertenecer al comité internacional de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia (FARC).
La excarcelación de Beltrán Villegas se produjo luego de que la Corte Suprema
de Justicia de la nación andina determinó invalidar la fuente de las acusaciones
en su contra: las misteriosas computadoras supuestamente halladas tras el ilegal
operativo, realizado el primero de marzo de 2008, en contra de un
campamento del desaparecido líder rebelde Raúl Reyes en territorio
ecuatoriano, en el que hubo 25 muertos, entre ellos cuatro estudiantes
mexicanos, y en el que resultó herida la también connacional Lucía Morett.
Es pertinente recordar que la deportación de Beltrán Villegas a Colombia se
produjo en condiciones por demás irregulares: estuvo precedida de una detención
arbitraria llevada a cabo por autoridades migratorias, quienes lo mantuvieron
incomunicado en una sede del Instituto Nacional de Migración en la capital del
país. Por añadidura, y a pesar de las acusaciones fincadas en su contra por el
gobierno de Bogotá, el retorno de Villegas a su país natal no se realizó en el
marco del tratado de extradición existente entre México y Colombia, sino se
produjo formalmente por motivos migratorios. Con ello el gobierno mexicano selló
la percepción de un desaseo inadmisible en perjuicio del académico
sudamericano.
La acción mereció en su momento la felicitación del régimen entonces
encabezado por Álvaro Uribe, quien calificó de
ejemplarla cooperación del gobierno de Felipe Calderón Hinojosa para la captura del académico, y se refirió a éste como
uno de los terroristas más peligrosos.
Con tal precedente, y a la luz de la absolución judicial de que ha sido
objeto, es claro que las acusaciones contra Beltrán Villegas forman parte de la
cadena de mentiras e inconsistencias en que incurrió el Palacio de Nariño en las
semanas y meses posteriores a la masacre de Sucumbíos –entre las que se cuentan
la afirmación inicial de que en ningún momento se había violado la soberanía de
Ecuador, y el señalamiento de que los soldados colombianos habían respondido a
un ataque de los presuntos guerrilleros–, y que el sociólogo colombiano es una
víctima más –así sea indirecta– de ese episodio criminal, violatorio de la
legalidad internacional y, ése sí, terrorista.
Por añadidura, es evidente que los saldos del operativo militar
ordenado por el régimen uribista, en marzo de 2008, van más allá de la
inaceptable cifra de muertos y de la vulneración a la soberanía e integridad
territorial ecuatorianas; a la postre, también ha exhibido una actitud
vergonzosa y preocupante del gobierno mexicano en su proyección internacional:
desde su falta de capacidad y de voluntad para emitir una condena enérgica y un
reclamo de justicia por la muerte de connacionales bajo el fuego del ejército
colombiano, hasta su disposición a llevar a cabo la irregular repatriación de
Beltrán Villegas, episodio en el que el calderonismo terminó por convertirse, a
juzgar por la resolución judicial comentada, en cómplice de algo muy parecido a
un secuestro de Estado.
Los extravíos diplomáticos a raíz el episodio de la masacre de Sucumbíos y
durante la posterior deportación de Beltrán son reflejo, por lo demás, de una
postura claudicante frente a la política colombiana de
seguridad democrática–la cual, como señala el propio Beltrán Villegas en entrevista con este diario, considera criminales
a quienes tienen un pensamiento crítico– y de una sumisión inexcusable frente al gobierno delictivo –por haber ordenado la agresión armada a territorio ecuatoriano, pero también por sus viejos y documentados vínculos con el narcotráfico y los paramilitares– que encabezó Álvaro Uribe. Sobra decir que esos elementos no sólo son inaceptables en cualquier régimen que se reclame democrático, sino contravienen, además, el pretendido espíritu de defensa de la legalidad y del estado de derecho que el calderonismo reivindica cada que tiene oportunidad.

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