Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

domingo, 10 de julio de 2011

VIOLENCIA: MENSAJES INADMISIBLES




Violó EU derecho internacional al ejecutar a mexicano: ONU

Navy Pillay, Alta Comisionada de Naciones Unidas para Derechos Humanos, lamentó que ni la Junta de Indultos y Libertad Condicional hayan tomado “medidas a su alcance” para evitar que el incumplimiento de las obligaciones de Estados Unidos, bajo el derecho internacional, tuviera lugar.

Ginebra • La Alta Comisionada de Naciones Unidas para Derechos Humanos (ACNUDH), Navy Pillay, afirmó hoy que Estados Unidos violó el derecho internacional por permitir la ejecución del mexicano Humberto Leal García la víspera en Texas.

“Lamento profundamente la ejecución del mexicano Humberto Leal García después de una decisión de último minuto de la Suprema Corte de Justicia que negó la suspensión de la ejecución”, afirmó Pillay en un comunicado.

“La ejecución de Leal García (condenado a muerte en 1998) coloca a Estados Unidos en violación del derecho internacional”, sostuvo Pillay, quien se encuentra en misión oficial en México.

“Lo que el Estado de Texas ha hecho en este caso es imputable a la ley de los Estados Unidos y compromete su responsabilidad con los tratados internacionales”, agregó.

“Estoy muy decepcionada de que ni la Junta de Indultos y Libertad Condicional, ni el gobernador (Rick Perry) tomó medidas a su alcance para evitar que este incumplimiento de las obligaciones de Estados Unidos, bajo el derecho internacional, tuviera lugar”, puntualizó.

Leal García fue ejecutado este jueves con una inyección letal en la prisión de Huntsville, Texas, por la muerte de una joven de 16 años en 1994. Sus abogados sostuvieron durante el proceso que su derecho a asistencia consular fue violado, porque nunca se le notificó que tenía derecho a la asistencia de su país.

La falta de asistencia consular plantea dudas sobre si tuvo o no derecho a un juicio justo, garantizado en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y vinculante para los Estados Unidos.

En 2004, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) emitió una resolución declarando que Estados Unidos debe revisar y reconsiderar los casos de 51 mexicanos condenados a muerte -entre ellos Leal García-, ya que no habían recibido los servicios consulares.

La Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos recordó que “esto nunca se llevó a cabo”.

“La ejecución socava el papel de la Corte Internacional de Justicia y sus ramificaciones pueden extenderse mucho más allá de Texas”, dijo Pillay tras señalar que envió dos cartas sobre el caso al gobernador Perry y a la Junta de Indultos y Libertad Condicional.

Según la comisionada, “también es responsabilidad de todos los gobiernos federales asegurar que todos los Estados individuales respeten las obligaciones internacionales asumidas por el país en su conjunto”.

“El Congreso federal también debe asumir sus responsabilidades y actuar para remediar la brecha en la ley de Estados Unidos para que un caso tan desafortunado como este no se repita en el futuro”, enfatizó Pillay.

Violencia: mensajes inadmisibles

Tiro al blanco-Ahumada
En días recientes, diversos organismos defensores de derechos humanos han denunciado el atentado sufrido por Oralia Villaseñor Vázquez, esposa de uno de los 15 ciudadanos desaparecidos por presuntos elementos de la Secretaría de Marina en Nuevo Laredo, Tamaulipas, entre el primero y el 23 de junio, y cuya casa fue baleada con armas de alto poder la madrugada del pasado domingo. El episodio empata con un panorama en que se multiplican las denuncias por acciones de intimidación o de represalia cometidas por elementos de las fuerzas armadas o por funcionarios públicos contra las víctimas de la violencia que se desarrolla en el país: por citar algunos, recientemente el sacerdote Alejandro Solalinde señaló que miembros de la Procuraduría General de la República han intimidado a testigos del secuestro de migrantes ocurrido en Medias Aguas, Veracruz, a finales de junio pasado, y a ello han de sumarse las acusaciones de diversos activistas de derechos humanos en Ciudad Juárez, quienes han afirmado ser objeto de hostigamiento por parte del Ejército.
El hecho es que hay indicios claros y preocupantes, en este y en otros episodios, de un designio por silenciar las voces que se atreven a denunciar los abusos que involucran a servidores públicos supuestamente encargados de salvaguardar el estado de derecho en el territorio. Tales indicios agravan un panorama particularmente devastador, marcado por la falta de esclarecimiento de crímenes como el cometido por supuestos integrantes de la Marina en Nuevo Laredo, y por la consecuente ausencia de castigo para los responsables. Si resulta grave y alarmante el involucramiento de soldados o marinos en episodios de desapariciones forzadas o ejecuciones extrajudiciales, ahora, con la situación de riesgo en que se encuentran quienes denuncian esos crímenes, se pone en perspectiva la colocación de la población en general, empezando por los deudos de las víctimas, ante un doble agravio: el que sufren con la pérdida de sus familiares y conocidos, y el que padecen cuando se atreven a exponer ante la opinión pública esos atropellos.
La circunstancia descrita configura, en el entorno cercano de las víctimas de la violencia, pero también en la población en general, un mensaje terrible: que los asesinatos, las desapariciones forzadas y en general las violaciones graves a los derechos humanos que involucran a funcionarios públicos son sucesos soslayables e incluso aceptables en aras del fin supremo de combatir al crimen organizado, y que los afectados por estos sucesos pueden enfrentar la disyuntiva de persistir en sus demandas de justicia y esclarecimiento o salvaguardar su propia integridad física.
Desde hace más de cuatro años, cuando se pusieron en marcha los espectaculares operativos policiaco-militares en contra del crimen organizado, el gobierno federal ha demandado el respaldo irrestricto y acrítico de la población y la participación de ésta en la tarea de denunciar actos ilícitos. Al parecer, el discurso oficial omite que un factor principal de agresión y violencia en contra de la población es la propia fuerza pública y que el Estado debe garantizar ante todo los derechos de las víctimas de los delitos, principalmente de aquellos cometidos por los propios servidores públicos. Sin embargo, episodios como el comentado no hacen sino alimentar el sentir generalizado de zozobra, temor e incertidumbre que enfrenta la población en general, y la desconfianza de ésta en los cauces institucionales de procuración de justicia, y tales condiciones son las menos propicias para conseguir el respaldo y consenso social que el gobierno tanto demanda.

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