Astillero
Mancera y el 1DMX
Silencio significativo
Continuismo y tutifruti
Fotógrafo pajarito
Julio Hernández López
Eugenio Imaz Gispert, Roberto Campa Cifrián, Lía Limón y Luis Enrique Miranda, entre los nuevos funcionarios nombrados en la Secretaría de Gobernación, luego de ser presentados por el titular de la dependencia, Miguel Ángel Osorio Chong
Foto Roberto García Ortiz
Miguel Ángel Mancera instaló ayer su primer borrador de gabinete. Lo hizo aún bajo el signo de la continuidad marcelista que lo llevó al poder y que ahora le obliga a retribuciones de tutifruti que lo exhiben como político de identidad ideológica difusa (es el menos izquierdista de quienes han llegado a ese puesto o, dicho de otra manera, el más cargado a la derecha de esa lista). El suyo es, desde luego, un equipo con más novedades y apertura que el de quien desde días atrás administra los Estados Unidos Mexiquenses (o mexico-hidalguenses, precisarían algunos), pero ese abanico no suministra elementos para pensar en que hay un sabio acomodo de piezas firmes y exactas para desarrollar un trascendente proyecto de trabajo capitalino bajo una conducción hábil y fuerte y por ello capaz de tener bajo su mando institucional a fichas que pertenecen a otros tableros y otras partidas.
Por principio de cuentas y para que no haya duda de que Marcelo Ebrard seguirá cogobernando, la segunda plaza en importancia en el organigrama fue mantenida sin cambios, tal como la dejó el jefe que ahora se lanza tempranamente por la candidatura presidencial de 2018. Héctor Serrano sigue siendo el secretario de Gobierno, al igual que Armando Ahued continúa en la Secretaría de Salud. El procurador marcelista de justicia, Jesús Rodríguez Almeida, encargado de supervisar la integración de las averiguaciones previas contra los detenidos del 1º de diciembre (1DMX), es propuesto para que Peña Nieto apruebe su traslado a la Secretaría de Seguridad Pública (del tolete jurídico al tolete directo). Y el secretario ebrardista de Educación, Salvador Pablo Martínez Della Rocca, conocido como El pino, da paso a Mara Robles, en una transferencia con acento personal y con dedicatoria al conflicto de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.
Novedades también las hubo: Salomón Chertorivski apenas había dejado de ser secretario de Salud de Felipe Calderón y ayer fue designado secretario de Desarrollo Económico del gobierno capitalino. Carlos Navarrete, quien fue senador y buscó la candidatura perredista al DF, miembro distinguido de los Chuchos, va a la cartera de trabajo y fomento del empleo. Dos propuestas de Andrés Manuel López Obrador para su propio gabinete fueron asumidas por Mancera: el consuegro de Carlos Slim, Miguel Torruco Marqués, a Turismo, y René Drucker a Ciencia y Tecnología (¿podrá Morena decir que son piezas propias, que ganó presencia en este gabinete, o será que esas propuestas dentro del lopezobradorismo eran a su vez cuotas o arreglos de cúpula con un grupo económico y con otro universitario?). En Comunicación Social, Fernando Macías, quien estuvo cinco años como responsable de esa área en el SNTE y luego pasaría a la ALDF.
Y en un golpe político notable, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano a la Coordinación de Asuntos Internacionales. Gana Mancera un aval en la izquierda histórica y se hace de una especie de embajador. Otra designación interesante fue la de Rosa Icela Rodríguez a la Secretaría de Desarrollo Social: fue secretaria técnica del gabinete de seguridad con AMLO y directora de atención a adultos mayores con MEC.
Pero el escénico Mancera no fue capaz de fijar una postura respecto del problema mayor que vive la ciudad de México: el sábado recién pasado se vivió una gran violencia pública en el Centro Histórico, con destrozos en los que se combinaron provocación política y hartazgo juvenil, y con el actuar de policía capitalina que como si hubiese recibido la orden de exacerbar la situación o de cubrir cuotas de detenciones arremetió contra ciudadanos sin vinculación con las protestas o en respetable ejercicio de derechos cívicos, así fueran relacionados con denuncias electorales y políticas o con la defensa de personas agredidas a sus ojos.
Ese día quedó al descubierto el tamaño del peligro que para esta ciudad progresista representa el retorno del dinosaurismo represivo y la ambivalencia convenenciera de gobernantes como Marcelo Ebrard, quien en aras de su futuro electoral ha sostenido controvertidas alianzas de facto con la derecha calderonista y ahora con el atenquismo peñista. La crítica y las protestas públicas recibieron un golpe de dimensiones aún imprecisas ese sábado negro, pues a partir de las redadas ejemplarizantes, de las consignaciones por encargo y de la amenaza de estancias carcelarias prolongadas, se busca inhibir la participación política, la denuncia y la disidencia, de una población que es el mayor punto de resistencia contra el proyecto del pactismo con tolete (pactas o te la pacto). Frente a todo eso, Mancera prefirió guardar silencio.
(Por cierto, un pajarito fotográfico asomó el sábado negro al centro de mando de la Secretaría de Seguridad Pública en el DF. Vio a Marcelo Ebrard, Héctor Serrano, Jesús Rodríguez Almeida y Julio César Sánchez Amaya –éste, coordinador de asesores de Manuel Mondragón y Kalb en SSP-DF–. El pajarito asegura que en ese momento se tomó la decisión de
limpiarel Centro Histórico. Y empezaron las detenciones.)
Astillas
En Gobernación se produjeron nombramientos que dan cuenta de nuevas relaciones políticas del peñismo, por ejemplo con Roberto Campa Cifrián como subsecretario, en otro guiño adverso a Elba Esther Gordillo a cuyo grupo pertenecía el ahora funcionario... Nombres femeninos también destacaron: Paloma Guillén Vicente; Lía Limón, quien renunció al PAN al no ser postulada candidata... Al Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), Eugenio Imaz Gispert y a la subsecretaría de normatividad y medios el que fue beligerante vocero de la campaña peñista, Eduardo Sánchez... Y, mientras cae con pesadez la evidencia de que los pactos felices firmados por opositores al PRI bajo el señuelo de reformas profundas necesitan un financiamiento que sólo podrá provenir de aumentos a los impuestos o recortes que hagan hoyos en algunos lados para tapar otros, ¡hasta mañana, con la Casa de Gobierno de Tamaulipas como muestra de que sigue adelante y se agrava la violencia entre cárteles, y algunos de estos contra ciertos funcionarios!
Twitter: @julioastillero
Facebook: Julio Astillero
Fax: 5605-2099 • juliohdz@jornada.com.mx
Vandalismo-Hernández
Detenciones y violencia injustificadas
En los días posteriores al sábado primero de diciembre surgieron diversos elementos que prueban la conducta injustificada de los efectivos policiales durante la represión de las protestas por la toma de posesión de Enrique Peña Nieto como presidente, así como documentos que sugieren la connivencia entre agentes del orden y sujetos que ese día protagonizaron actos de vandalismo en el Centro Histórico de la capital: videos, testimonios, declaraciones e inconsistencias en las versiones oficiales indican, por una parte, que los cuerpos del orden actuaron en forma errática, en el menos peor de los casos; que algunos de sus efectivos lesionaron deliberadamente a varios manifestantes; que muchas de las detenciones fueron efectuadas en forma arbitraria y sin que hubiera flagrancia, y que pudo haber una vinculación operativa perversa entre autoridades no identificadas y provocadores usados para crear un ambiente de confrontación.
De lo anterior se desprende, por una parte, que buena parte de los 67 detenidos que hasta ayer aún continuaban presos por los desmanes en el primer cuadro de la ciudad son inocentes de los cargos que se les pretende imputar y, por el otro, que existió un descontrol, un designio de atizar la violencia, o ambas cosas, en las corporaciones federal y capitalina.
Ayer, Amnistía Internacional se sumó, mediante un comunicado, a la demanda que enarbolan diversas organizaciones sociales y humanitarias del país de poner en libertad a los ciudadanos manifiestamente inocentes que fueron capturados el sábado anterior y pidió que se investiguen los excesos represivos cometidos por las fuerzas policiales.
Los reclamos resultan procedentes por cuanto muchos ciudadanos se encuentran hoy en la cárcel sin haber cometido delito alguno y en la medida en que ni las instancias federales ni las capitalinas han manifestado, hasta el momento, una intención verosímil de investigar los excesos policiales perpetrados el sábado pasado.
Justamente ayer, en momentos en que Miguel Ángel Mancera tomaba posesión como nuevo gobernante de la ciudad, familiares, amigos y compañeros de los detenidos se manifestaron afuera de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. El hecho es significativo, porque el nuevo jefe de Gobierno hereda un conflicto que deberá encarar y resolver en forma prioritaria, por cuanto la continuidad que ofreció en su discurso inaugural no debe convertirse en encubrimiento de abusos de poder.
Otro tanto ocurre con el gobierno federal que asumió el día de los hechos: el nuevo procurador, Jesús Murillo Karam, tiene ante sí la obligación legal de esclarecer las agresiones policiales que dejaron a un manifestante en estado de coma, a otro sin un ojo y a varios más con lesiones de diversa gravedad. De otra manera, los sucesos del primero de diciembre se convertirán en una marca inaugural negativa para la administración de Peña Nieto y en la confirmación de los temores externados por muchos sobre los riesgos del regreso del priísmo a la presidencia.
Pagan justos por provocadores-Fisgón
El discurso
Adolfo Sánchez Rebolledo
El discurso inaugural de presidente Enrique Peña Nieto en Palacio Nacional (y no ante el Congreso, como manda la tradición republicana) dejó en claro que el nuevo gobierno ensaya un estilo propio para inscribirse en la dialéctica cambio-continuidad que ya esbozó en la campaña. A la pregunta de si hay detrás de esas palabras un verdadero proyecto reformador de largo aliento, capaz de iniciar un nuevo ciclo histórico de prosperidad y desarrollo nacional, la respuesta es no, aunque se ofrezca un conjunto más o menos articulado de propuestas necesarias, imprescindibles algunas (en ocasiones contradictorias entre sí), para saldar las dificultades inmediatas, tranquilizar los ánimos y reconstruir las deterioradas relaciones en el seno de la
clase política. A esa lógica pertenece la firma del pacto que ya se tenía prevista incluso antes de la toma de posesión cuya pretendida tersura fue aniquilada por la violencia en San Lázaro y la Alameda.
El Presidente recurrió a la historia para elaborar el mensaje, pero lo hizo subrayando la continuidad en la estabilidad, visión idílica que no reconoce las causas de los males ni los intereses en juego pero se regodea en los resultados como fruto de una conjunción del destino. Muy al estilo de la vieja historia oficial, pero asimilando otros temas (v.gr. la democracia gestada en el 68) el PRI se adueña del pasado y lo recicla en su beneficio como una suerte de evolucionismo positivo, aséptico, carente de sujetos recordables o conflictivos, el cual justifica y legitima el presente como el mejor de los mundos, aunque esté erizado de problemas estancados gracias a la voracidad manifiesta de los gobernantes y el afán de lucro de las minorías dominantes –los poderes fácticos– en un
sistemacarente de equilibrios y contrapesos verdaderos. Y, sin embargo, las palabras presidenciales son importantes en la medida que fijan con claridad las líneas maestras su programa, los cinco
ejes de gobiernoque, aunados a las
decisionespuntuales que allí numeró, sustentarán las futuras políticas públicas, las cuales, si bien no surgieron en el PRI, el nuevo gobierno las asume como propias, lo cual es saludable. Entre ellas está la Cruzada Nacional Contra el Hambre, el Programa de Seguro de Vida para Jefas de Familia, la extensión a los 65 años de las pensiones para adultos mayores, como paso hacia la seguridad social universal, la reforma a la Ley General de Educación y otras propuestas dirigidas a satisfacer las crecientes demandas de una sociedad marcada por la exclusión, la desigualdad y las inercias brutales de la corrupción y la impunidad.
Claro que el solo enunciado de una serie de importantes medidas no equivale a su realización, pues aún hay mucho que explicar y hacer si de lo que se trata es, dice Peña, es
transitar hacia una democracia que dé resultados tangibles, pues
... a pesar de nuestras conquistas en el ámbito de la macroeconomía, de la estabilidad de nuestras instituciones y del vigor de nuestra democracia, México no ha logrado los avances que su población demanda y merece. Para alcanzar tal meta, Peña propone
impulsar, sin ataduras ni temores, todos los motores del crecimientocon el objetivo final de
ser una sociedad de clase media, con equidad y cohesión, con igualdad de oportunidades. No obstante, tan loables propósitos no se compaginan con el respeto ritual al
modeloque, justamente, nos ha hundido como sociedad en el abismo de la desigualdad y, más allá, en la crispación y en la violencia que amenaza toda forma de convivencia civilizada. Por desgracia, ni el discurso del primero ni el catálogo de acuerdos reunidos en el pacto aclaran, por ejemplo, los alcances de la reforma fiscal que es imprescindible ni arrojan nuevas luces sobre la reforma energética o la reforma a la seguridad social que serían los pilares de la nueva política en estos puntos cruciales. Por ello no sorprende tampoco que se anuncie la pronta asunción de un plan de austeridad con vistas a lograr el déficit cero, objetivo neoliberal que se antoja contradictorio con las políticas y los objetivos mencionados anteriormente. Esta insistencia en la continuidad, reforzada por algunos de los nombramientos (entre ellos el del canciller) confirma el sentido que quiere imprimirle Peña a su gobierno, más inclinado a la modernización que a la reforma. Habrá que ver en los días que vienen cuál es el significado del término
eficacia, tan caro al Presidente, pero es obvio que el país ya no está para experimentos. Es obvio que un pacto capaz de cambiar el curso del país requiere acuerdos sobre los temas sustantivos cuya relevancia trasciende el catálogo de buenas intenciones.
Por lo pronto, tan importante como aclarar y discutir los temas de la agenda a ser tramitados en el Congreso (y ya se verá entonces la calidad y la orientación de los formulaciones del pacto) será mantener la vigilancia para que la intención de rescatar los espacios del Estado en la conducción de la vida pública no se convierta en el fortalecimiento del gobierno a partir de la concentración de poderes y voluntades. Es urgente dar curso a la deliberación pública sin exclusiones, pues de otra forma el respeto a la pluralidad de ideas y conductas será una frase más si no se acepta la diversidad de la sociedad mexicana, si no se escuchan las voces de una oposición que trasciende o rebasa a los grupos políticos establecidos y también tiene algo que decir en esta delicada coyuntura.
Por supuesto que esto será imposible si no se vencen las inclinaciones autoritarias que actúan bajo las sombras, alentando la violencia en todas sus formas. Los infames hechos del día primero en San Lázaro y en la Alameda debieran servir de advertencia de lo que puede ocurrir cuando se conjuga el aventurerismo anónimo de algunos grupos violentos con la torpeza represiva de los cuerpos de seguridad. Consta en los videos que se detuvo arbitrariamente a muchas personas que no cometieron delito alguno, y en cambio se dejó escapar a los causantes de los peores destrozos, y sigue sin explicarse quién está detrás de la provocación. La intención de culpar a los detenidos en las cercanías de la refriega, sin otra evidencia que la declaración de los granaderos, así como la campaña para condenar por supuesta afinidad en las consignas a López Obrador, son recurso propio de la guerra sucia que debe atajarse de inmediato, junto al seudo radicalismo que acaba por tenderle la cama justo a quienes considera sus principales adversarios.
Una imagen familiar-Helguera
Protesta y vandalismo
Octavio Rodríguez Araujo
Con los acontecimientos callejeros del primero de diciembre, tanto en San Lázaro como en Reforma y la avenida Juárez de la ciudad de México, no pude evitar el recuerdo de Seattle (Estados Unidos) el 30 de noviembre de 1999. Ese día, hace 13 años, se expresaron decenas de miles de personas, sobre todo jóvenes, para evitar la cumbre de la Organización Mundial de Comercio. La diversidad de los opositores era tal que llamó la atención que estuvieran juntos los anarquistas (principalmente del Black Block) con los neonazis del Anti-Globalism Action Network (AGAN), además de fuerzas sindicales y grupos ecologistas. El común denominador de los manifestantes fue su rebeldía en contra de los grandes capitales y el neoliberalismo, además del rechazo del mundo que se les imponía y se les impone desde los grandes centros de poder económico y político. Cuando la policía en Seattle, resguardada por cercas metálicas y vehículos antimotines, comenzó a disparar balas de goma y granadas de gases lacrimógenos, lo que era una manifestación pacífica y festiva se convirtió en violencia, y especialmente los anarquistas iniciaron actos vandálicos en contra de comercios, hoteles, bancos y monumentos y edificios públicos. A muchos nos pareció sorprendente que estuvieran juntos anarquistas y neonazis, históricamente incompatibles y enemigos por definición, pero así son algunos movimientos.
La globalización neoliberal ha logrado juntar (que no unir) a los grupos más disímiles que podamos imaginar. La razón no es difícil de entender: unos y otros, sobre todo jóvenes, han sido víctimas de las grandes trasnacionales y de la enorme concentración de capital que ha cerrado empresas y ha provocado una masa de desempleo sólo semejante a la de la gran crisis del 29. Estos jóvenes y otros no tan jóvenes han tenido dos puntos de identificación y coincidencia pese a sus marcadas diferencias ideológicas: su rebeldía en contra de los grandes capitales y el neoliberalismo, por un lado, y su rabia e indignación en contra de las representaciones (para ellos) del poder: la policía y las empresas. Contra la policía porque ésta simboliza a la autoridad y al gobierno y contra las empresas porque éstas personifican a la burguesía, al capital globalizado. Unos y otros de los inconformes son hijos de la clase media depauperada, del desempleo, de las capas sociales que los poderes económicos y políticos han dejado sin esperanza ni oportunidades. Son y han sido los que en francés han sido llamados, desde la Revolución Francesa, les enragés, entonces formados por los desclasados igual que ahora. Son los que al no poder contra las empresas que les niegan trabajo rompen sus vidrieras y les roban los objetos a la mano, aunque éstos carezcan realmente de valor. Son los que pintarrajean y destrozan edificios y monumentos aunque éstos sean de la ciudad en su conjunto y no de sus gobernantes.
En México, como en muchos otros países, gran cantidad de jóvenes no se identifica con los partidos existentes, y menos con los que al cambio de gobierno firman pactos con éste en lugar de ser opositores. Dichos jóvenes abrazan con facilidad el anarquismo o corrientes similares porque son ideologías elementales dirigidas sobre todo a los desclasados (al lumpenproletariat), a los justamente indignados, a los que tienen rabia, enojo y rencor de clase por la situación en que viven y de la que no tienen la culpa. Anarquistas o no, tienen razón en estar indignados.
Muchos de ellos, como diría Holloway, son fuente de
importantes focos para el movimiento del antipoder, y así se expresan aunque sea mediante palos, piedras, tubos o bombas molotov. Tal vez piensen que están haciendo historia, que están cambiando el mundo sin tomar el poder y entiendan, quizá con razón, que alguien tiene que expresar su descontento y rechazo a la prepotencia-miedo del poder desplegado con vallas de 3 metros de altura, con miles de policías bien pertrechados, con la supresión del derecho de tránsito y de otras garantías individuales.
Sin embargo, nuestros descontentos del primero de diciembre (provocadores al margen) olvidaron que una cosa es oponerse y manifestar su rechazo y otra pasar al vandalismo y a la violencia estéril que, al día siguiente, se diluye en el aire y no deja nada para la continuidad y perseverancia de un verdadero movimiento de protesta, organizado y con objetivos concretos de corto y mediano plazos. A los anarquistas y similares, tan respetables como cualquiera, no les gustan las organizaciones ni plantearse objetivos (como sí lo hicieran Bakunin y Kropotkin, por ejemplo), razón por la cual sus acciones suelen ser aisladas, con una buena dosis de espontaneidad y, por lo mismo, efímeras y sin consecuencias reales en el poder que combaten. Lo que hemos visto, citando a Gramsci y tratando de ver con buenos ojos el vandalismo y la violencia del primero de diciembre, es la forma más elemental de la oposición de algunos miembros de la sociedad, que el italiano llamaba subversión, es decir
una posición negativa y no positiva de claseen la que los inconformes confunden a sus enemigos con quienes los personifican, individualizándolos y atacándolos. En otras palabras, lo que hemos visto fueron actos subversivos y no insurreccionales ni mucho menos revolucionarios. Dieron la nota, sí, pero Peña Nieto gobernará, si nada importante cambia, por seis años en los que hará de las suyas o, más precisamente, lo que quieran quienes lo llevaron al poder. En otras palabras, sustancialmente no alteraron nada y, todavía peor, no ganaron simpatías entre la población. Sin embargo, el Ministerio Público de la ciudad deberá tomar en cuenta las razones (incluso ideológicas) atrás de los disturbios y separar cuidadosamente la paja del trigo, es decir liberar a quienes simplemente actuaron siguiendo sus convicciones o por la rabia que da la impotencia ante un sistema de poder que inhibe su desarrollo como ciudadanos. Y, al mismo tiempo, investigar quiénes fueron los instigadores de la violencia, los provocadores infiltrados, y actuar en su contra con todo el peso de la ley.
PD: Lo de
ataques a la paz pública, usado como argumento por el procurador del DF, y que está contemplado en el artículo 362 del Código Penal para el Distrito Federal, es un
delito–más allá de la dogmática jurídica– de carácter político y para el control social. Es fascista y deberá suprimirse porque claramente denota la intención de criminalizar conductas que la gente realiza para hacer valer su voz en contra del gobierno y sus instituciones.
Fáctica y aPáctica-Rocha

No hay comentarios:
Publicar un comentario