Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

martes, 4 de diciembre de 2012

ASTILLERO- Las señales del futuro invierno- Por las vísperas se sacan los días- La guerra de los mitos

Astillero
Segundo error de diciembre
Mandos rebasados
Giro, en 48 horas
MAO y Mondragón
Julio Hernández López
Foto
Sobre la avenida Reforma granaderos custodiaron comercios por la marcha que partió del Ángel de la Independencia al Zócalo capitalino,en demanda de que se libere a los detenidos el sábado pasado, durante la toma de protesta de Enrique Peña Nieto
Foto Carlos Ramos Mamahua
 
 
Cuarenta y ocho horas después, todo pareció lo que siempre había sido (hasta el sábado negro sexenalmente inaugural). Gritos, consignas, pancartas, proclamas, denuncias, enjundia y creatividad, entre la maraña de vigilancia integrada por agentes encubiertos, infiltrados e informantes, policías uniformados, escudos y toletes preventivos. Sin incidentes ni destrozos. Cero violencia.
 
Una marcha enérgica, plena de convicciones, dolida por detenciones injustas, contenida apenas por cordeles y tiras plásticas por los lados, con policías auxiliares de fosforescentes chalecos que a prudente distancia iban abriendo camino, una fila lateral de agentes con cascos y escudos que caminaba al paso de los manifestantes y decenas de patrullas y camiones de transporte policiaco a la retaguardia. Del Ángel al Zócalo, sin que se reprodujera ni una pizca del vandalismo del primero de diciembre recién pasado.
 
¿Cómo pueden tenerse resultados tan distintos, en materia de orden público, si los manifestantes fueron en esencia los mismos (aunque esta vez en menor número) y las fuerzas públicas también? Tal vez la respuesta esté en el único ingrediente que cambió en esa fecha trágica: los mandos políticos y policiacos.
 
El sábado de la violencia extrema las corporaciones policiacas se mantuvieron descontroladamente fluctuantes entre la displicencia que prefería ver o saber de extraños destrozos sin decidirse a montar cuando menos sacrificadas barreras de protección y la agresividad de resortes poco claros que llevaba a golpear y detener en redondo, muchas veces sin justificación (de ambos casos fue testigo directo un astillador andarín que lo mismo vio decenas de policías inmóviles, instalados en un callejón, a 50 pasos del Sanborns a un lado de Bellas Artes donde comenzó el ataque abierto a firmas emblemáticas, sin recibir órdenes de establecer una línea de protección como –casi– siempre sucede, que a otros policías de pronto catapultados contra manifestantes que les hostigaban y también agredían pero a los que toleraban sin más, hasta que de pronto una chispa extraña los lanzaba al frente, pescadores en busca de llenar canastas de cuota, con jefes complacientes o cuando menos rebasados).
 
Fueron dos momentos claramente definidos. Uno, en San Lázaro, adonde fueron grupos juveniles decididos a enfrentarse al poder público, cargados muchos de ellos de genuino rechazo a la institucionalidad, cansados de ver el mismo circo político que les causa náusea, provenientes de rupturistas fuentes ideológicas y deseosos de desahogar frustraciones e ira contra el aparato, el sistema.
 
La segunda etapa, al dejar San Lázaro y encaminarse al Zócalo, tuvo ya una presencia extraña, decidida a causar explícitos daños a mobiliario público y a inmuebles de gran renombre. Tal vez el punto está en los porcentajes: un tanto de legítima irritación popular insurrecta que por sabida y anunciada debió haber sido materia de prevención y control gubernamental con inteligencia; otro tanto de provocación montada desde los sótanos alineados con Peña Nieto pero deseosos de manejarlo con más soltura al satisfacer su vocación represora anunciada en la Iberoamericana (la complicidad es el pegamento fundamental de esas élites), y otra parte adjudicable a un factor que de tan conocido pareciera esfumarse a la hora de los análisis que por la naturaleza del asunto prefieren tejer en ámbitos más elevados y complejos: en realidad, el equipo peñanietista se ha conducido con una proclividad al equívoco que hasta ahora ha perjudicado sus inmediatos intereses (por dar ejemplos: los jaloneos y zigzagueos en materia de reformas legislativas, los 15 minutos con Obama, la convocatoria fallida a la firma del Pacto por México antes del 1º de diciembre, la toma de protesta a su gabinete de seguridad sin haber rendido la propia; por cierto, ¿debería repetir el procedimiento?).
 
La hipótesis del criminal Segundo Error de Diciembre tiene sustento (el primer error fue en 2004, con la gran devaluación que Carlos Salinas quiso enjaretar como culpa a la administración entrante, la de Ernesto Zedillo). Las primeras horas del sexenio fueron dedicadas a instalar un gabinete de seguridad cuyos mandos fueron tomados en transición por el absolutamente previsto estallido en las inmediaciones de San Lázaro. Manuel Mondrágón y Kalb quedó como recién llegada pieza floja de la maquinaria que horas antes ¿manejaba? entre complicidades transexenales Genaro García Luna. Y la policía capitalina osciló ese sábado entre la represión abierta y el pasmo. Mondragón y Kalb no manejó ni controló a las fuerzas federales y tampoco a las capitalinas que en función de las circunstancias estaban bajo su coordinación y a las que conocía plenamente.
 
Miguel Ángel Osorio Chong, como vicepresidente político, tampoco pareció tener información de los grupos extremos en contienda (disponible en las redes sociales). La dupla que forma el Sexenio de Hidalgo, es decir, el propio MAO y Jesús Murillo Karam, a pesar de tener experiencia previa y ahora mando institucional sobre grupos, informantes y provocadores, pareció rebasada por circunstancias que por responsabilidad oficial debería conocer, prever y contener con sensatez política. De lo sucedido el sábado deben responder Mondragón y Kalb, MAO y, en caso de protegerlos y sostenerlos (lo que es totalmente previsible), el jefe de ellos. Por cálculo provocador o por incapacidad se produjo un escenario de violencia que debería llevar al par mencionado a la renuncia, cuando menos.
 
Mientras tanto (luego de ese sábado oscuro en que los recién llegados no supieron qué hacer o no quisieron hacerlo), 48 horas después, ya asentados los nuevos funcionarios, sin la presencia de la policía federal demostradamente protectora de porros que paseaban frente a los agentes amistosamente, la policía capitalina volvió a ser más o menos la de siempre, y las manifestaciones de protesta también. Así fue el segundo error de diciembre. Todo vuelve a parecer lo de antes (aunque en realidad, ya no lo es). ¡Hasta mañana!
Twitter: @julioastillero
Facebook: Julio Astillero
Las señales del futuro invierno
Paco Ignacio Taibo II
Hacía muchos años que no veía un despliegue policial como éste. Millares de uniformados y algunos cientos de desuniformados a los que delata su corte de pelo. La ciudad azulea. El Viaducto cerrado en unos tramos, abierto en otros. No hay mucha lógica en el cerco, más allá de mostrar el poder, desplegarlo como un manto temible, amedrantador, símbolo de los nuevos tiempos, y crear la protección de cascarón sobre cascarón para impedir que Peña Nieto escuche que en esta ciudad la inmensa mayoría no lo quiere y piensa que compró las elecciones.
 
–¿Pues no que Peña Nieto había ganado? ¿Dónde están los que votaron por él? –dirá mi vecino el del taller de alfombras.

Paloma y yo nos acercamos caminando hacia San Lázaro observando decenas de bloqueos, rejas, vallas metálicas, filas de policías. Por teléfono, radio y Twitter llegan noticias de enfrentamientos y se habla de que un joven ha muerto (luego se precisaría que está muy gravemente herido); algunos cuates sueltos se nos unen. Un chavo medio pálido recibe palmadas en la espalda de sus compañeros. Lo detuvieron, lo metieron en una patrulla y lo golpearon. La intervención de un grupo de estudiantes hizo que lo soltaran. No trae en las manos ni piedras, ni palo, ni bomba molotov, ni resortera con balines, sólo una bandera cuyo mensaje no puedo leer porque está doblada.

Llegamos a la esquina de Fray Servando, donde hay un grupo de maestros democráticos de la sección 9 ante una valla policial. Con un megáfono de mano alguien habla a los policías de la primera línea (que son del DF), tras ellos otra segunda valla y una línea de federales. Policía, escucha, tu hijo está en la lucha, corea el grupo. El del megáfono pregunta a los policías si los trajeron para cuidar a los federales, les sugiere que deberían pedir aumento de sueldo y, desde luego, organizarse en un sindicato democrático.

No está claro dónde se ha concentrado la gente. Como en tantas otras manifestaciones de los últimos meses, la convocatoria es caótica. Las noticias que llegan también lo son. Parece que hay muchos heridos. Una parte del grupo se desprende para intentar llegar al Zócalo.

Nos vamos hacia el Ángel, donde ya se ha iniciado el mitin de Morena.

Con la información que se posee en ese momento Andrés Manuel fija duramente la posición: No a la represión. La demanda social no se resulte con balas de goma y macanas. La confrontación es resultado directo del fraude electoral. Pide la renuncia, la destitución del secretario de Gobernación, Osorio Chong, recién nombrado, y si se demuestra la responsabilidad, del propio Mondragón, que ha desertado del Gobierno del DF para ser subsecretario en el nuevo gobierno priísta.

El acto se disuelve muy lentamente, noticias y rumores llegan incesantemente. Se habla de choques en las cercanías del Zócalo, frente a la Alameda, en Bellas Artes, cerca del monumento a la Revolución, donde el PRD del DF también ha tenido un acto de repudio al nuevo presidente. Un manifestante que viene del centro graba su testimonio: escuchó a un oficial de la policía ordenar que se cargara contra un grupo pacífico al grito de madréenlos, tiene fotos de los heridos. Se habla de periodistas golpeados. Alguien pregunta: ¿por qué disparan las bombas de gas en tiro directo? ¿No se tira para arriba en parábola?

Horas más tarde, un primer balance habla de 165 heridos, decenas de detenidos, casi 100 consignados. Veo en Internet fotos de vidrios rotos de bancos, hoteles y Oxxos cerca de Bellas Artes.
¿Qué ha sucedido?

Primero, que el nuevo gobierno enseña los dientes y el estilo futuro de gobernar y lo hace con la complicidad del Gobierno del DF. Durante meses se han sucedido demostraciones públicas sin violencia, donde millones de personas en este país expresaron su derecho a disentir. Cercar San Lázaro, desplegar a la policía, implica limitar ese derecho. Esa es la primera provocación y surge del gobierno federal. ¿En qué artículo constitucional se niega nuestro derecho a decir que Peña no ganó las elecciones, que éstas fueron un fraude centrado en la compra de millares de votos? ¿Dónde se dice que no podemos decirlo ante el palacio del Congreso o en mitad de las chinampas de Xochimilco?
 
Parece cierto también que impedir que una parte de los ciudadanos lo hicieran en San Lázaro o el Zócalo calentó un ambiente ya de por sí caldeado y que una parte del movimiento cayó en la trampa de enfrentarse violentamente con la policía. No coincido con ellos, sigo pensando que el radicalismo está en la busca de las mayorías, en la organización de la sociedad, en el rescate de los sindicatos y las condiciones humanas de trabajo, pero no puedo satanizarlos. Sí, en cambio, me pronuncio abiertamente contra el vandalismo: malpintar el monumento a Juárez, atacar las vidrieras de un Oxxo o un banco, destruir un bote de basura, es hacer un flaco favor al amplio movimiento, fregar a inocentes ciudadanos, regalar la foto a los cancerberos de los medios que confirman así su eterno discurso de que la civilización está en el poder, en el arribismo, en el culto a la inmovilidad del sistema.
 
A lo largo de la noche las más extrañas informaciones siguen fluyendo. Confirmo tres que me parecen particularmente importantes: un maestro ve al atardecer del día anterior la llegada de una serie de camiones en las cercanías del cine Metropólitan. Curioseando se acerca a los que descienden. ¿Vienen a una peregrinación?, pregunta bromeando. Venimos a partirle la madre al 132, contesta un cuate hosco. El maestro se aleja y los sigue. Ve a varios de ellos marcando vidrieras en edificios frente a la Alameda. Otro testimonio de esa misma noche registra que en las estaciones del Metro cercanas a San Lázaro (por lo menos en dos), que al día siguiente estarían cerradas y luego abiertas, alguien había depositado varios atados de palos. Un tercero habla de un grupo de jóvenes ajeno al movimiento que traen un signo de identidad común y que participaron en varios enfrentamientos.
 
¿A la confrontación que algunos grupos de la izquierda radical protagonizaron contra los granaderos se había sumado una provocación? ¿Quién estaba interesado en ella?
 
La televisión en la noche realizará su juego tradicional. Hará del comentario banal una fiesta. No habrá ni una sola referencia a la dudosa manera en que Peña Nieto ganó las elecciones, ni una sola referencia a la violencia policial, aunque se les cuelen de vez en cuando en las imágenes policías pateando a un joven que está en el suelo. Las declaraciones de Marcelo Ebrard lavan el sucio rostro a los federales.
 
La lista de los detenidos comienza a circular. Muestra que, a diferencia de lo que Ebrard declaró, de que respecto a cada detenido tenía pruebas de que había cometido un delito agrediendo a un policía o cometiendo actos de vandalismo, muchos lo han sido por decir lo que pensaban en voz alta, porque estaban pasando, porque intentaron defender a un joven caído en el suelo con el que se estaban ensañando.
 
En la noche sueño con que he perdido mis zapatos negros. Alguien me los quitó y tengo que caminar descalzo por las calles. Es un sueño absurdo, obsesivo. Supongo que tendrá que ver con las fotos de los zapatos abandonados después de la matanza de Tlatelolco o con aquella manifestación del 26 de julio de 1968 cuando los granaderos nos cercaron en la calle de Palma y durante un cuarto de hora estuvieron macaneando al grupo de estudiantes que éramos. Se alejaban, volvían, se acercaban a las primeras filas, toleteaban y se retiraban. No teníamos salida y el millar de nosotros se hacía bolita pisándonos. Y entonces perdí un zapato.
 
¿El sueño es una advertencia? ¿Retornan los oscuros tiempos?
Tendremos que pararlos.
Te lo firmo y te lo cumplo-Hernández
Por las vísperas se sacan los días
Magdalena Gómez
Viene a cuento el dicho popular, pues el pasado 1º de diciembre se pudo observar con toda crudeza lo que le espera a la ciudadanía que pretende serlo de manera crítica y autónoma. En un solo día se transformó en violento enfrentamiento con la policía lo que se organizó como protesta social contra lo que se considera imposición. Mientras transcurrían las horas sólo Andrés Manuel López Obrador desde su concentración política en el Ángel se anticipó a condenar la agresión a jóvenes y estudiantes; el resto de los políticos y la mayoría de siempre en los medios se apresuró a responsabilizar al líder de Morena, a destacar las respuestas de los jóvenes con palos y piedras, sin mencionar la acción policiaca con balas de goma y gases lacrimógenos, que provocó numerosos detenidos y heridos, dos graves.
 
Las comisiones de Derechos Humanos sí se pronunciaron respecto al uso excesivo de la fuerza pública, tanto la nacional como la del Distrito Federal. A río revuelto se presentaron, en efecto, daños materiales a comercios y al mobiliario urbano, contra lo que ha sido la trayectoria del movimiento estudiantil. Llamó la atención que el aún jefe de Gobierno perdió la compostura que tanto había cuidado, y a tres días de entregar el poder enfatizaba, antes que la crítica a la Policía Federal, el daño al Hemiciclo a Juárez recién remodelado, que por lo visto no fue tan grave, pues horas después declaró, al parecer en Twitter, ya limpié mi hemiciclo.

El gobierno federal desde su ahora supersecretaría de Gobernación, cual Pilatos, declaró que los hechos corresponden al ámbito local. Por supuesto que se requiere un deslinde de responsabilidades a fondo; el propio movimiento #YoSoy132 habrá de analizar la situación y asumir una postura, pero los gobiernos federal y local tendrán que responder sobre la actuación de la fuerza pública. Mientras, y tras meteórica toma de protesta, Peña Nieto ya en terreno seguro enunció sus 13 acciones; ninguna de ellas cuestiona al modelo económico imperante y sin embargo manda señales contradictorias. Reduce el problema educativo a la cuestión de las plazas y al inventario de escuelas y maestros con dedicatoria para la lideresa Elba Esther Gordillo y aval a la agrupación Mexicanos Primero.

También tiende puentes hacia el Movimiento por la Paz, encabezado por Javier Sicilia, al ordenar que se retire la controversia del Ejecutivo sobre la Ley de Víctimas para ser promulgada.Sugiere regular telecomunicaciones y romper el duopolio televisivo. ¿Advertencia a Televisa? Pero en lo que sí sorprende es con la pretensión de regular el endeudamiento de entidades y municipios, justo desde donde se operó masivamente la compra del voto. ¿Aceptarán los poderosos gobernadores tan mal pago a sus servicios?
 
Y cual cereza del pastel, después del millonario derroche de campaña anuncia un gobierno austero y control del gasto corriente. Y al día siguiente logró la firma del cupular Pacto por México, signado por el PRIAN y ahora el PRD que según dijo su dirigente no le apuesta al desastre en el país. ¿Versión actualizada de aquello de que tienen que mostrar vocación de poder? El pacto hace suyas las propuestas de EPN: tres reformas a corto plazo: cambios en la legislación de telecomunicaciones, reforma educativa y una ley de responsabilidad hacendaria que garantice control de las finanzas en estados y municipios.
 
El nuevo ocupante de Los Pinos nos ilustró señalando que el pacto se suscribe no para enfrentar una emergencia, sino para buscar que el país crezca. Que nos explique cómo. Habrá que ver los efectos del pacto, pues los firmantes no han logrado que el Congreso apruebe la iniciativa de reformas a la Ley Orgánica de Administración Pública.
 
Por cierto, ninguna de sus acciones se refirió a la estrategia de combate al crimen organizado y el nuevo secretario de Defensa pronunció un discurso pleno de retórica; no dijo cómo respetarán los derechos humanos, en el que lo más sustantivo que se encuentra es: La continuidad es uno de los signos más representativos de la madurez y desarrollo institucionales. En esta nueva etapa que iniciamos, seguiremos incentivando esta inercia, a efecto de garantizar el cumplimiento de nuestras misiones generales y el desarrollo de las fuerzas armadas(La Jornada, 2/12/12).
 
Mientras todo esto se acompaña del pedido de desterrar el encono y la discordia, la necia realidad se muestra con crudeza y en Guerrero acribillaron a una activista, la señora Juventina Villa, y a su menor hijo, quien tenía protección policiaca por las múltiples amenazas en su contra y hoy se le criminaliza al señalar que se adelantó unos metros de sus escoltas, mientras que en su comunidad La Laguna, municipio de Coyuca de Catalán, 45 familias abandonaron sus casas para huir de la violencia en la región. ¿Cómo desterrarán el hambre de justicia de tantas y tantos? Seguro no con despensas y pactos cupulares.
Acuerdo entre cúpulas-Rocha
La guerra de los mitos
José Blanco
Veamos esta especie de planecito nacional de desarrollo que anunció el presidente Peña en su mensaje sabatino, que incluye 13 medidas para ser puestas en acto a la brevedad.
 
No hay ahí tema que no tenga relevancia nacional, pero falta una gran cantidad de detalles en esos anuncios iniciales para saber con certeza el alcance y los instrumentos que serán usados.

Dijo EPN que eran tiempos de romper mitos, para poder avanzar: el goberante ve una sociedad atrapada por prejuicios, mal entendidos, tabúes, obcecaciones que, en el mejor de los casos pudieron haber tenido algún sentido en el pasado, pero que es hora de despojarse de ellos para mirar el futuro con talante triunfador.

Ya nos hemos enterado de las primeras ideas que, para EPN son mitos, como el rechazo por un segmento considerable de mexicanos a la outsourcing (subcontratación), que con la llamada reforma laboral se ha legalizado (es un práctica con varios lustros de ejercerse en la economía mexicana). Algo similar ocurre con la inversión extranjera en Pemex (se practica hace varios lustros), o con los derechos sociales que tienden a ser proveídos por el mercado (la educación superior privada).

Veremos dónde se coloca EPN en esa frontera que él mismo trazará, entre los que son desafortunados mitos ideológicos provenientes del pasado convertidos en verdades inamovibles por los mexicanos, y/o que son parte del ideario del nacionalismo revolucionario –que es un trozo políticos de su propio partido–, y la visión joven, modernizadora, libre de mitos, como se ve a sí mismo el novísimo Presidente. El juez para dirimir las diferencias no será otro que EPN.

Veremos pronto hasta dónde EPN comparte el devastador conjunto de mitos que configuran lo que, para economía de lenguaje llamamos neoliberalismo globalizador y Consenso de Washington.

En este primer discurso como Presidente de la República ya nos ha prometido un conjunto de programas sociales y de infraestructura cuyo financiamiento quedó en lo oscurito ¿de dónde saldrán los recursos para los aparentemente magnos programas anunciados? Nadie sabe. Sobre todo porque en el mismo discurso ha dicho que el paquete fiscal que enviará para 2013, será formulado con un déficit de cero.

Un anuncio así implica que habrá una drástica reducción de gasto en unos sectores que serán trasladados a los programas anunciados, o bien que la ley de ingresos para 2013 conllevará algún tipo de reforma tributaria que elevará los ingresos: una elevación generalizada del IVA, por ejemplo.

EPN comparte el mito, con las llamadas agencias calificadoras (tenazmente favorecedoras de los intereses del capital financiero internacional), y que hoy predomina entre los desarrollados y modernos, del significado del déficit fiscal. De modo que tendremos una pugna de mitos contra mitos, o sea, visiones de política económica distintas, que desde luego no se convencerán una a otra, con discursos. Así, en esta pugna saldrán ganando los mitos modernos porque serán impuestos desde el poder. De manera contraria a la tumultuosa evidencia empírica que procede de la carnicería a la que tienen sometida a Europa (haciendo a un ladito a Alemania que ha sido hasta ahora una beneficiaria), para los neoliberales no es que la medicina no sirva, sino que las dosis han sido excesivamente pequeñas.
 
Si no ocurre una movilización social de una magnitud tal que logre al menos atemperar una política hecha para enriquecer más y más a los ricos, seguiremos disminuyendo las tendencias que podrían llevarnos a un crecimiento más alto, que debiera canalizarse hacia la salud y la educación de quienes están en el sumidero de la escala social.
 
En temas como este, EPN no podrá cumplir su promesa del discurso de Palacio, en el que se comprometió a ser un gobierno que sabrá prestar oídos a la sociedad a efecto de gobernar con las mejores ideas de los mexicanos: quienes no compartimos el ideario del Consenso de Washington, está más claro que nunca, estamos incapacitados para contribuir con las mejores ideas para el bienestar de la sociedad mexicana. Los halcones del déficit tomaron el control del G-20 con posiciones aún más radicales de oscurantismo económico que las del FMI o del BM, desde 2009.
 
El déficit se financia naturalmente con deuda. Pero los neoliberales no entienden nada sobre el significado de la misma. No es extraño que Krugman haya escrito mil veces –también Stiglitz, Kenneth Rogoff, James K. Galbraith y muchos más– alguna versión de esta tesis: es de todo punto increíble que eso ocurra (la prioridad: abatir el déficit), con un desempleo al alza en la eurozona en niveles hace mucho desesperantes, con una economía al borde del precipicio fiscal en Estados Unidos.
 
Sí, necesitamos preocuparnos por la deuda pública. Sí, pero abandonar el gasto público cuando la economía está profundamente deprimida es, además de extremadamente costoso, una forma bastante ineficaz de reducir la deuda futura. Costoso, porque deprime más la economía; ineficaz, porque, deprimiendo a la economía, la contracción fiscal resultante se reduce la posibilidad de servir la deuda.
 
En enero de 2011 escribió Krugman: Estados Unidos experimentaba una recuperación técnica (en 2010 y 2011), pero seguía sufriendo un desempleo muy alto. Pero en Washington no se hablaba de desempleo, sino del problema supuestamente urgente de reducir el déficit público.
 
La mente financiera se ve a sí misma como técnica; en los hechos es pensamiento de derechas, y es disfuncional respecto al desarrollo.
El aviso fraternal-Magú

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