Astillero
Los implacables
Vandalismo institucional
Guerra contra el
(a)narco
Fácticos: Gordillo, Televisa
Julio Hernández López
La función debe continuar: Jesús Murillo Karam promete con aires solemnes que durante su gestión como procurador federal de justicia sostendrá una
firmeza absoluta e implacablepara integrar averiguaciones previas contra presuntos culpables, se manifiesta contra arraigos y cateos arbitrarios, promete que no actuará por consigna y se declara ciego ante colores partidistas. Amplio catálogo de promesas renovadoras y justicieras de parte del ex gobernador de un estado, Hidalgo, en el que no hubo tales paraísos judiciales sino todo lo contrario, tanto en su propio paso por el cargo como en el de sus sucesores, con uno de los cuales hoy hace pesada mancuerna (Miguel Ángel Osorio, MAO, secretario de Gobernación).
algo que me preocupa todavía más, que (esa PGR) se convierta en la primera opción política.
Las declaraciones de un funcionario clave en el diseño de un gobierno
implacableson una minúscula aportación al vandalismo institucional que ha generado una explicable irritación social extrema, cuyas expresiones recientes en el día inaugural del peñanietismo generan ya una acentuada división social entre los partidarios de la represión, como inmediato mecanismo de estabilidad gubernamental y quienes abogan por resolver de fondo las causas reales de esas manifestaciones de grave desajuste del sistema político y económico vigente.
Así como Felipe Calderón prefirió desatar una
guerracivil contra el narcotráfico en lugar de analizar y combatir las razones profundas de desigualdad, desempleo, ignorancia y falta de oportunidades, la administración sucesora pareciera encaminada a convertir la disidencia en su objetivo bélico. De la guerra contra el narco a la guerra contra el
anarco, pretendiendo constituir la base de legitimidad que las urnas no otorgaron, porque en lugar de ellas hubo cajas registradoras, y tratando de arrinconar y exterminar a quienes no se avengan a las lobunas palabras disfrazadas de tiernas promesas con las que arranca el sexenio (pactas o te pacto).
El eje conceptual del nuevo país de las maravillas es el autodenominado Pacto por México. El argumento consiste en que nada podrá cambiar de verdad si las fuerzas políticas y los ciudadanos no se alinean con la nómina de magnos propósitos reformistas que el buen peñanietismo está dispuesto a empujar y que podría alcanzar si se confirma en su derredor la unidad nacional que tan infructuosamente invocó un panista michoacano hasta el final de su administración. En una mezcla del echeverrismo de la
apertura democráticay del salinismo de las reformas engañosas, Peña Nieto hace saber a los negociadores de PAN y PRD (ya liberado éste de la presión directa de AMLO) que está dispuesto a ir contra monopolios y poderes fácticos.
FUERZAS ARMADAS. El titular de la Secretaría de Marina, Vidal Soberón Sanz, durante la ceremonia de toma de protesta de funcionarios de la dependenciaFoto Cristina Rodríguez
En privado, peñanietistas en negociación han hablado la intención superior de contener, recortar e incluso desplazar el poder de Elba Esther Gordillo (previamente
ablandadapor Televisa y por documentales de panzazos críticos; en un proceso que tiene como telón de fondo la
conversióndel esquema de la educación pública) e incluso de contener y recortar el peso de la televisión abierta, específicamente en el caso de Televisa. ¡¿Peña Nieto contra Azcárraga y Televisa?! Bueno (según eso), un poco. O, dicho de otra manera, por esos argumentistas del supuesto reformismo peñista: lo suficiente para que ese poder fáctico quede reacomodado al esquema del priísmo de antaño, sin rebasar, retar ni doblegar a los poderes formales y a la clase política que hoy son constantemente arrodillados por la pantalla dominante. Peña Nieto sólo podría darse por bien instalado en el poder real cuando ya no debiera pleitesía a su fuente original de encumbramiento y convalidación (a los lectores insurrectos se les recuerda que lo consignado en este párrafo no es el punto de vista del tecleador, sino de algunos
negociadorespactistas).
A partir de esas ofertas de temporada, el perredismo controlado por Nueva Izquierda (la corriente mejor conocida por el hipocorístico de dos de sus principales dirigentes: los Chuchos) ha decidido jugarse su resto en la partida que libra con sus adversarios internos y con el nuevo polo de atracción izquierdista que es Morena. Al mejor estilo del talamantismo que les es constitutivo (Rafael Aguilar Talamantes, un político que
negociósiempre con el poder en términos de aprovechamiento faccioso, al amparo de fraseología izquierdista e invocaciones nacionalistas), los Chuchos han dado el paso al frente que significa la alianza sexenal con EPN, aun a riesgo de resquebrajar el de por sí crujiente entramado del sol azteca, con la esperanza de que el agradecimiento de Los Pinos les permita enfrentar y sobrevivir al lopezobradorismo al acecho.
Tales rejuegos infames de poder, la sabida devaluación de promesas y declaraciones, la persistencia de especímenes políticos reprobables y la eternización de la injusticia y la desigualdad constituyen el verdadero vandalismo, el que diariamente lleva a muchos, sobre todo a los más jóvenes, a estallar de irritación en un México al revés, lleno de delincuencia impune y destrozos de la institucionalidad, con las calles repletas de recurrentes violadores de la ley, de asesinatos, violaciones y carnicerías impunes, mientras el aparato se ceba contra jóvenes y se escandaliza por lo mismo que ha procreado. ¡Hasta mañana!
Twitter: @julioastillero
Facebook: Julio Astillero
La eterna transición-Hernández
Manos sobre la ciudad
Adolfo Gilly
Frente al Palacio Legislativo de San Lázaro, el pasado día primero
Foto Alfredo Domínguez
La primera promesa de campaña cumplida por el ciudadano presidente de México fue la que hizo el 11 de mayo pasado en la Universidad Iberoamericana:
Asumo plena responsabilidad por lo sucedido en Atenco. Los responsables fueron consignados ante el Poder Judicial, pero, reitero: fue una acción determinada en el legítimo derecho que tiene el Estado mexicano de usar la fuerza pública para restablecer el orden y la paz.
El primero de diciembre, día de la toma de posesión de la Presidencia ante el Congreso de la Unión, la fuerza policial y parapolicial, según quedó registrado en filmaciones, fotos y testimonios, fue lanzada contra manifestaciones juveniles o bien pacíficas, o controlables de antemano si se hubiera querido así. Pero no: era hora de hacernos saber de qué se trata, y de que los #YoSoy132 y con ellos la ciudad de México entera pagaran sus culpas por su rebeldía.
Era hora de poner orden –y miedo– en esta ciudad rejega, donde la oposición democrática tuvo 63 por ciento de los votos y los estudiantes pusieron cerco a Televisa sin que haya habido, recordemos bien, un solo ejemplo de violencia durante la ardua campaña electoral. Era hora de hacernos saber que, también por parte de ellos, Atenco no se olvida.
Esa intención aleccionadora es la racionalidad visible en la estructura defensiva y amenazante elevada en torno a la Cámara de Diputados desde una semana antes, cerrando calles y estaciones del Metro y alzando imponentes vallas metálicas en las vías cercanas a San Lázaro. Replegadas estas vallas unos días después debido a las protestas ciudadanas, pero no desmanteladas, detrás de ellas las filmaciones del día primero de diciembre muestran no sólo a las fuerzas de la Policía Federal, sino también a grupos de civiles, con gorros, chamarras y algunos con el rostro semicubierto caminando como por su casa entre los federales uniformados. ¿Qué era eso?
Así se vio ese sábado, en la mañana, la violencia desatada de los federales en San Lázaro, lanzando a la altura de los cuerpos cartuchos de gases lacrimógenos y balas de goma; en la tarde, primero la pasividad de la policía del Distrito Federal ante los destrozos de comercios en Avenida Juárez –¿quién la comandaba en ese día de cambio de mandos?–; y después los apresamientos indiscriminados de otros jóvenes en otros lugares, incluso muchos que querían dialogar con los policías y fueron
encapsulados, arrastrados y apresados por esos uniformados. En un listado de 58 detenidos publicado en La Jornada del 3 de diciembre por Imágenes en Rebeldía, 40 tienen menos de 26 años.
Así vimos también las inexplicables destrucciones en la Alameda, como una especie de mensaje dirigido a Marcelo Ebrard, deshaciendo con saña su última obra urbana. Y pudimos ver finalmente el lunes 3 la eficacia y la calma de esa misma policía de la ciudad para cuidar y acompañar la manifestación de protesta de esa tarde en la Avenida Reforma. Hoy, martes 4, cuando escribo estas líneas, ninguna autoridad ha explicado tantas conductas en apariencia contradictorias.
Tampoco tengo una explicación, pero sí algunas reflexiones ante una violencia que hacía mucho no veíamos en esta ciudad.
El PRI ha recuperado la Presidencia. En sus largos años en el poder nunca gobernó sin tener el mando efectivo de la capital de la República, salvo en los últimos tres años de Ernesto Zedillo, de 1997 a 2000, cuando perdió el gobierno de la ciudad ante Cuauhtémoc Cárdenas y el PRD, y hasta hoy no lo ha recuperado.
Más aún: en la reciente elección, después de los gobiernos de Cárdenas (y el breve interregno de Rosario Robles), de Andrés Manuel López Obrador y de Marcelo Ebrard, el candidato del PRD, Miguel Mancera, fue elegido con 63 por ciento de los votos. En la elección nacional, en cambio, Enrique Peña Nieto alcanzó (oficialmente) apenas 38 por ciento.
Para el PRI se trata de una anomalía intolerable: los poderes de la Federación residen en esta ciudad capital rebelde a su mando y a sus modos. Ahora que vuelve al poder nacional, después del fracasado interludio panista de Fox y Calderón, necesita recuperar el mando de hecho –aunque no lo tenga de derecho– sobre la ciudad de México.
Miguel Mancera, el jefe de Gobierno capitalino entrante, está notificado.
A Ebrard, en sus últimos días de gobierno, bandas desconocidas le hicieron trizas su vitrina de despedida, la cuidada obra de remozamiento de la Alameda, apenas concluída. ¿Quién? ¿Los #YoSoy132? ¿Los
anarquistas? ¿Los saqueadores de comercios que iban a lo suyo? ¡Vamos, por favor, seamos serios! Si algo entiende uno en esta penumbra de los últimos días es que también Marcelo Ebrard ha sido notificado.
Quedan informados también sobre cómo viene el juego los estudiantes y académicos de la UNAM, la UAM, la Ibero, el IPN y cuantos como ellos, en otras casas de estudio, se atrevan a repetir la hazaña de la Ibero en mayo y a soñar con un México de justicia, libertad y paz. Quedamos informados todos. Para que el PRI, a su vez, quede informado, es preciso arrancar la libertad de todos los presos del nefasto día de inicio de sexenio.
El último presidente de ese partido, Ernesto Zedillo Ponce de León, obtuvo 48 por ciento de votos en 1994. En 1997 perdió la ciudad de México, esta capital rebelde, democrática y respondona de los Estados Unidos Mexicanos. Hasta hoy.
Vienen por ella. Defendámosla.
Para empezar-Helguera
Peña Nieto, el presidente católico
Bernardo Barranco V.
Enrique Peña Nieto ha reiterado que mantendrá el carácter laico de Estado, que como sabemos recientemente quedó plasmado en el artículo 40 de la Constitución, pero existen temores fundados de que en este sexenio se puedan operar dramáticas regresiones. Un primer recelo radica en el excesivo pragmatismo no sólo del PRI, sino del primer círculo que rodea al Presidente; la tradición y principios pueden ser abandonados según las circunstancias, cualquier cosa puede pasar. La segunda duda es: ¿qué entiende Peña Nieto por Estado laico? De acuerdo con algunas entrevistas, su visión es muy pobre y se reduce a la separación entre la Iglesia y el Estado, entre política y religión, cuando la laicidad de un Estado moderno es una construcción mucho más compleja. La tercera es la desconfianza que existe en la práctica vivida tanto por la persona como por el funcionario Peña Nieto frente al tema religión y su indiscutible adhesión a la Iglesia y principios católicos. Nuestra intención no es prejuzgar, sino poner sobre la mesa antecedentes, razonamientos y desconfianzas de muchas iglesias, grupos minoritarios y sectores académicos seculares.
Desde su nacimiento, Peña Nieto está ligado a la religión católica. Creció en el seno de una familia católica apegada a la Iglesia en un entorno conservador y provinciano, como se vive en Atlacomulco. Sus padres, María del Perpetuo Socorro Ofelia Nieto Sánchez devota y Enrique Peña del Mazo, acudían junto con sus hijos semanalmente a misa. Casi todas las instituciones educativas en las que Enrique Peña se formó son confesionales, desde el Colegio Plancarte de Atlacomulco, atendido por las monjas de la orden Hijas de María Inmaculada de Guadalupe, hasta la Universidad Panamericana, fundada por el Opus Dei, donde realizó estudios en derecho.
Peña Nieto tiene parentesco con dos obispos recios. Por un lado Maximino Ruiz y Flores (1875-1949), doctor en teología dogmática y gobernador de la Curia Metropolitana, sin duda influyente. Y Arturo Vélez, el primer obispo de Toluca, ambos hijos distinguidos de Atlacomulco. Con el estilo acucioso de Miguel Ángel Granados Chapa, en uno de sus artículos refirió los parentescos católicos de Peña Nieto:
Su familia extensa abarca a varios mandatarios estatales, incluye también a un obispo, nada menos que el primero de la diócesis de Toluca. Se trata de Arturo Vélez Martínez, primo de Alfredo del Mazo Vélez, el primero de ese nombre, que fue gobernador del estado, senador de la República y secretario de Recursos Hidráulicos(Reforma 21/12/09). Arturo Vélez murió el 22 de agosto de 1989 a los 85 años de edad, después de haber estado al frente de la diócesis durante casi 30 años. Tuteló el estado de México con personajes que van desde Isidro Fabela, pasando por Gustavo Baz, Sánchez Colín y, por supuesto, el profesor Carlos Hank González. En pocas palabras, Vélez es la versión religiosa de un priísmo acendrado y del llamado inexistente grupo Atlacomulco. Hasta el componente de la corrupción pesa sobre el potente personaje en los manejos poco furtivos de los recursos manejados en las rifas de casas realizadas por el primer obispo de Toluca.
Siendo gobernador, Peña Nieto ha establecido vínculos personales con los obispos. Comparecía dos veces al año en cada conferencia de la CEM en Cuautitlán bajo el pretexto de la hospitalidad mexiquense. Se mantuvo interesado en cubrir las necesidades y requerimientos de los 14 obispos mexiquenses y de otros que pasaron o son originarios del estado de México. Para ello, el gobernador mexiquense formó una oficina especializada de enlace y atención a los obispos, conducida por Roberto Herrera Mena; no escatimó recursos para proveer de atenciones, privilegios materiales y hasta caprichos de los prelados. Jenaro Villamil narra cómo Onésimo Cepeda fue uno de los viajeros frecuentes en alguno de los siete helicópteros Augusta que compró el gobierno estatal; en esa aeronave el obispo se traslada de Ecatepec a Ixtapan, sitio de veraneo del gobernador para jugar golf y, por supuesto, degustar vinos franceses. Su entusiasmo con los legionarios de Cristo es visible, así como apoyos vistosos al Teletón. Peña Nieto también se deja consentir: el 18 de agosto de 2008 recibió el reconocimiento como
alumno distinguidode la Universidad Panamericana. Recordemos que en 2009 financió la numerosa y costosa comitiva clerical, en la que Peña visitó al papa Benedicto XVI para presentarle con grandes reflectores a su futura esposa Angélica Rivera. En un portal titulado Sacro y Profano, editado desde Roma, sobre comidillas clericales, se lee:
Un experimentado monseñor dijo alguna vez al autor de estas líneas: ¿por qué los obispos se llevan tan bien con Enrique Peña Nieto? Porque les da lo que necesitan, mientras los panistas no. En contraparte, en esta convivencia entrañable entre los obispos y Peña Nieto, pesa sobre el clero un asunto muy delicado: la sospechosa y anómala nulidad del primer matrimonio de Angélica Rivera, que comprometería no sólo a la arquidiócesis de México, sino a la nunciatura y altas autoridades de la curia vaticana. Pesa también sobre el católico presidente Peña Nieto su cuota de responsabilidad, pues participó en los más altos niveles cargos durante el gobierno de su tío Arturo Montiel, una de las gestiones sobre las que recae la sospecha de grosera corrupción y enriquecimiento inexplicable.
Peña Nieto como candidato ha otorgado a Iglesia un estatus privilegiado para la gobernabilidad y estabilidad política del país. Veremos si como presidente irá más allá del PAN. Sin duda se avivarán obispos y corrientes clericales priístas, pero también el presidente Peña Nieto enfrentará la oposición poderosa no sólo de agrupaciones religiosas no católicas, sino de significativos grupos que reivindican los derechos de las minorías. Si Peña Nieto cede a la concepción católica de la libertad religiosa y abre la educación al catecismo, enfrentaría también sectores del mismo PRI y masones activos, intelectuales y grupos seculares de la academia que confrontarían las posibles tentaciones regresivas de Peña Nieto de otorgar inconmensurables privilegios a la estructura de la Iglesia católica.
Otros provocadores-Fisgón
Estado de violencia
Abraham Nuncio
El Estado nos adeuda demasiado, empezando por su autocrítica. Con la introducción de algunas limitaciones, sobre todo las revestidas de leyes –más aún aquellas que cobraron rango constitucional–, su origen violento y la desigualdad orgánica que inaugura en la historia de la humanidad desaparecen bajo un grueso burka retórico.
En el Encuentro Nacional sobre la Violencia, convocado por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León, se vertieron diversos testimonios, análisis y propuestas de paz en torno al tema. Con los lectores de La Jornada comparto aspectos, no sin retoque y algún añadido, de mi intervención en el acto.
En nuestra propia historia podemos encontrar evidencias de que el Estado ha sido contrario a la libertad, la igualdad, la justicia y la convivencia civilizada. Y que los avances de cada uno de estos valores en la práctica han sido cesiones del mando original a quienes han logrado vencerlo en la lucha, en el mercado o en la política. Nada ha cedido voluntariamente.
Los primeros estados que se constituyen en el valle de México son producto de la victoria militar de unas tribus sobre otras. Los aztecas, la última y a la vez tan repudiada por las ya establecidas en ese perímetro, como la de mayor capacidad para la guerra, sigue el mismo camino. En el término de un par de siglos pasa de la condición de tribu peregrina a la de Estado imperial. Como tribu conoció una mayor horizontalidad social. Ni hay un señor de señores ni hay tamemes; la máxima autoridad era la asamblea. Como Estado, y más aún como Estado imperial, la horizontalidad declina y la sociedad se vuelve piramidal. En su vértice reina el monarca rodeado de la familia real, los sacerdotes, la nobleza, sus allegados, la servidumbre y por supuesto su ejército; en la base se encuentra gran número de pobres e individuos sometidos de diversas maneras a ese, que era el núcleo del Estado, cuyos privilegios compartía con algunas pocas familias dedicadas a oficios libres.
Los señores de la guerra serán, en principio, los dueños de vidas, territorios y de todas las facultades que hoy identificamos en los poderes públicos. Sus decisiones llegan a ser de tal dimensión que los sacerdotes no dudan en declarar divino su origen.
¿Ocurrió distinto con la conquista –el dizque
encuentro– por parte del Estado imperial de España? No. A través de la guerra, Carlos V y los monarcas que le siguieron despojan a los moradores originales de sus territorios, y su voluntad (en forma de ordenanzas) se hace régimen. Para que éste se cumpla están su burocracia y el ejército realista. La violencia, la esclavitud y los suicidios, ayudados por las enfermedades provenientes de Europa diezman a la población nativa en términos de genocidio.
El nuevo régimen despunta en la metrópoli con la guerra de liberación que libra el pueblo español contra la invasión napoleónica. La desembocadura de este movimiento es doble: en España, la Constitución de Cádiz (de breve vigencia una vez que Fernando VII se entroniza y la deroga para restaurar la monarquía absoluta); en sus colonias, los movimientos de independencia. El nuestro pone al descubierto lo que es el Estado imperial: el monarca es el principal propietario de las riquezas de las tierras conquistadas y en su cetro absoluto se condensan los tres poderes clásicos gracias a su poder militar e ideológico, aunque subrayadamente temporal por las riquezas acumuladas en manos de la Iglesia católica. La teoría medieval de las dos espadas, la del rey y la del papa, no alcanza a ver en el puñal de sus aliados (mercaderes, navieros, mineros, hacendados y otros actores políticos emergentes) la disputa al gran poder que ambos detentan.
Aztecas y españoles imperiales o nuevos mandantes del Estado que se va conformando en el México independiente, todos vienen acompañados de acciones guerreras y de violencia que afecta a la población civil, sobre todo a la de menores recursos. El orden militar le ha sido inherente a los caudillos del siglo XIX, a los seudomonarcas del siglo XX y a los que les han seguido en el XXI.
Terminó su sexenio un político que quiso legitimarse en el poder arrebatado a la mala con la militarización del país. A mayor uso de los cuerpos armados para gestionar las necesidades de la sociedad, mayor regresión hacia el Estado primitivo de la guerra como factor de mando; mayor rechazo, por ende, a los métodos democráticos y al estado de derecho. Baste considerar el saldo de víctimas (100 mil, en cifras leves) de la guerra contra el crimen armado –casi todos jóvenes que no encontraron oportunidades de estudio y/o trabajo y fueron fácil carne de cañón para bandas criminales o cuerpos de seguridad– y la aprobación de leyes como la laboral, que afecta a la mayoría trabajadora. La enseñanza en el ámbito militar es una: todo es órdenes, que no se discuten y que se cumplen, casi sin excepción, por encima de la ley.
La seguridad y la paz no se construyen con medidas de emergencia. Pero para quienes nos gobiernan parece ser ese el canon. La llamada Policía Regia desaparece; en su lugar llegan 500 marinos. El Secretario de Seguridad de Monterrey es un contralmirante de la Marina Armada de México y se habla de un convenio para que esta corporación se mantenga en el municipio durante dos administraciones.
Si ya descubrieron las costas de Monterrey, que al menos nos provean de salvavidas.
Haciéndose pacto-Rocha

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