Balas de goma
Lo que mal empieza, mal acaba. El sexenio de Enrique Peña Nieto inició mal, muy mal. Los hechos registrados durante la toma de posesión son ciertamente graves: siete horas de disturbios, además de 105 heridos y decenas de detenidos.
El descontento social es evidente. Las formas de protesta son variadas, los desmanes y la violencia de los manifestantes no son cosa aceptable, pero tampoco la brutal actuación policial.
La imagen del Palacio Legislativo de San Lázaro, sitiado por cinco mil policías reprimiendo las provocaciones de algunos manifestantes que lanzaron cocteles molotov, es la imagen de México, el reflejo claro de la situación del país. Si Peña Nieto hubiera ganado limpiamente las elecciones, no habría tenido necesidad de amurallarse para poder recibir la banda presidencial en una ceremonia de apenas siete minutos, ni de atacar con toda la fuerza del Estado a los inconformes que supuestamente son anarquistas. Muchos anarquistas surgirán durante los próximos seis años.
Peña Nieto llega a Los Pinos como su antecesor: cuestionado por la falta de legitimidad en las urnas. Fue ungido como nuevo “inquilino de Los Pinos” por los poderes fácticos: la televisión y los dueños del dinero. Seguramente para algunos será “presidente”; para muchos otros no lo es, ni lo será nunca. Tendrá que cargar con el estigma de ilegitimo y más le vale irse acostumbrando desde el primer día.
Su gobierno será cuestionado durante todo su sexenio. Y no está justificado el uso de la fuerza brutal de la policía para reprimir expresiones de inconformidad. Sin justificar la actuación violenta de los manifestantes, es necesario alzar la voz para exigir un alto a la represión. La Policía Federal se atrevió a utilizar balas de gomas que están prohibidas.
El número de heridos, algunos de ellos de gravedad como Juan Francisco Kuy Kendall de 67 años con traumatismo craneoencefálico, a quien le indujeron un estado de coma, da cuenta de la reacción de la Policía Federal que negó haber usado balas de goma y afirmó que sólo estaba utilizando gas pimienta y agua para disolver las protestas.
Una mentira como tantas otras. El agua y el gas no lastiman con esta contundencia: de los 105 heridos, 29 requirieron atención hospitalaria; de estos últimos, nueve fueron trasladados al Hospital Central de la Cruz Roja Mexicana en Polanco.
El maestro de teatro Kuy Kendall, está grave: los médicos que lo atienden han dicho a su familia que a causa del impacto de bala de goma que se incrustó en su cabeza, tuvo una fractura de 10 centímetros de diámetro hacia el interior del sistema nervioso central con pérdida de masa encefálica, por lo cual, si sobrevive, tendrá lesiones irreversibles.
Entre los heridos por los impactos de balas de goma, está Julián Luna Guzmán, de 23 años, quien fue intervenido quirúrgicamente por fractura expuesta en el brazo derecho y Juan Uriel Sandoval Díaz, de 22 años, estudiante de la UACM, por un impacto de bala de goma en el ojo derecho. Y el colmo: mientras los médicos intentaban salvarle el ojo al joven estudiante, la Policía Federal acudió al hospital con una orden de aprehensión para intentar detenerlo.
Estos hechos tienen que investigarse. Los policías responsables deben ser investigados y sancionados. Dejarlos en la impunidad sería una muy mala señal en el inicio sexenal. El máximo responsable de esta sangrienta represión es el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, quien debe dar una explicación e incluso en un acto de decencia, ofrecer su renuncia.
Como era de esperarse, las transmisiones en vivo de los hechos en el exterior y el interior del Palacio Legislativo fueron manipulados por Televisa, TV Azteca y Milenio Televisión. Transmitieron lo que a sus intereses conviene, ocultando el minuto a minuto de la protesta y la represión policial. Censuraron deliberadamente la gravedad de los hechos.
Pero el poder absoluto de la televisión y los dueños del dinero en México que llevaron a Peña Nieto a Los Pinos, tiene varios resquicios por donde se cuela la aplastante realidad: las redes sociales. Muchos mexicanos decidimos informarnos de lo que estaba pasando a través de Internet, fue así como pudimos darnos cuenta del desastroso inicio de sexenio.
En el interior, las televisoras aliadas con el poder en turno, también manipularon las transmisiones, pero supimos que el poder priísta no permitió guardar un minuto de silencio por los 80 o 100 mil muertos de Felipe Calderón y su guerra delirante.
Las éticas transmisiones televisivas tampoco nos dejaron ver las protestas de los diputados de izquierda contra el saliente y el entrante. Según La Jornada, hubo imágenes de tarjetas de Monex y Soriana impresas en cartulinas, en alusión a la compra masiva de votos por parte del PRI para lograr consumar la imposición de su candidato. Y lemas como: “Presidente de las televisoras, protagonista de la simulación”; “Presidencia comprada” y “Candidato de telenovela, presidente de la ilusión”.
También se exhibieron protestas contra el ex presidente Calderón, acusado por crímenes de lesa humanidad ante el TPI: “Entregas la silla bañada con sangre”. Las formas de protesta contra el más indolentes de los presidentes que ha tenido México incluyó cruces negras de plástico y las colocaron frente a sus curules.
Aquello parecía una puesta en escena mal hecha. Y al día siguiente, continuó la simulación con un supuesto pacto por México firmado por los partidos, incluido el PRD, con lo cual ahora tendremos que decir PR(D)IAN cuando nos refiramos a los acuerdos.
Frente al desastre humano por los heridos de gravedad y los detenidos, Marcelo Ebrard sale públicamente condenando los desmanes y daños en propiedad ajena ocasionados supuestamente por cuatro organizaciones anarquistas Bloque Negro México, Cruz Negra y Coordinadora Estudiantil Anarquista.
La cuarta, que incluso Ebrard prefirió no mencionar por su nombre, es el nuevo Ejército Popular Magonista de Liberación Nacional, un grupo que difundió sus planes justamente el sábado violento de la toma de posesión: “A partir de hoy no daremos tregua, sentirán la violencia y el fuego en su propia carne”.
Ya se sabe, cuando la protesta no encuentra sus cauces de libertad y se reprime con violencia, surgen nuevas formas de expresión violenta. ¿Cuántos ejércitos más surgirán con la recién estrenada opresión peñanietista?
Ya están aquí
Por: Lolita Bosch - diciembre 5 de 2012 - 0:03
Bosch en Sinembargo, LOS ESPECIALISTAS - Sin comentarios
Bosch en Sinembargo, LOS ESPECIALISTAS - Sin comentarios
La histeria con la que la capital del país vivió la toma de posesión de Enrique Peña Nieto y la salida de Felipe Calderón es exactamente cómo estamos. Esta violencia tensa que afecta a cada estado de una manera distinta pero que nos une a todos en la posibilidad de que todo suceda, de pronto, intensamente. De tal modo que una protesta pacífica y organizada, el movimiento de los contingentes de víctimas que habían viajado desde todos los lugares del país a la toma de protesta y el legítimo derecho a estar en contra, se convirtieron en un borlote de proporciones descomunales que, por solidaridad, creció en otros lugares del país y que terminó con la detención de varios estudiantes que estaban ocupando las calles porque sí: porque las calles son suyas. Nuestras. Pero las primeras 24 horas del PRI, además de una concatenación de sucesos que deben ser analizados e investigados y que hablan de grupos radicales infiltrados, ciudadanos desesperados y fuera de control, anarquistas falsos comprados a 300 pesos o porros de los de siempre, de los de antes, más allá de lo tristemente narrado, son un síntoma del estado emocional y hartazgo que ha alcanzado este país.
En 48 horas el PRI nos enloqueció, encarceló a estudiantes en ciudades con acceso a la voz pública como México o Guadalajara, y también en otros lugares más silenciados y más solos, estableció una clarísima operación de estrategia de desinformación que conformaba un escenario priista que debemos aprender de nuevo a interpretar y habitar, y nos recordó a todos que ya están aquí. Que regresaron. Y que de nuevo podemos sentirnos ratoncitos expuestos en un experimento que alguien sabrá analizar con prudente distancia (distancia emocional, distancia física). Una nota aparecida dos días antes en el Estado de México nos advertía de lo que podía pasar, de qué opciones y protección gozarían los grupos paramilitares en esa entidad. Una amenaza que se extiende, descarada e inevitablemente, al resto del país.
Sin duda salimos de los seis años del Gobierno de Calderón debilitados y tristes. Pero también más organizados y más atentos. Estamos mejor informados. Entendemos más cosas. Sin duda nos sentimos más juntos. Y hay una nueva generación de jóvenes que está dispuesta a resistir. Hoy sabemos que la fantasía de que el PRI es capaz de solucionar este México violento y aterrador en el que vivimos (aterrador por la guerra, aterrador por la convivencia absoluta con la normalidad) es una falacia: el boleto con el que accedemos al teatro que nos espera. Sabemos que hoy no es antes. Y esta falsa ilusión de la búsqueda de ciudadanos felices y con historias de éxito de la que habló Peña Nieto en su discurso del primero de diciembre, no es sino el prefacio de las pantomimas sobre las que nos querrán reconstruir. El silencio que sin duda tratarán de imponer. Nuestro miedo.
Miedo a la guerra, miedo a las burlas mediáticas, a la apatía.
Hoy sospechamos que probablemente lo ocurrido en el Distrito Federal fuera una estrategia destinada a restarle importancia al movimiento de Yo soy 132 o un montaje para que no nos percatáramos de que en efecto ya se estaba yendo Felipe Calderón. Que realmente estaba terminando el periodo presidencial con estas cifras aterradoras a sus espaldas: 84mil muertos que vivían aquí, 120mil migrantes de paso asesinados y 300mil personas desaparecidas. Más de medio millón de personas a las que hemos perdido, a las que extrañamos. Antropólogos de Ciudad Juárez nos habían explicado durante el Calderonato que por cada persona que perdemos hay 20 víctimas directas que padecen estrés post traumático y tristeza. Y podemos calcular que son más de 10 millones de personas, entre nuestro país y Centro América, las que han sido directamente afectadas por el terrible dolor que produce la ausencia. Esta ignominiosa cifra, sin embargo, no cuenta a los desplazados, los amenazados, los miles y miles de presos inocentes que pueblan las injustas cárceles de México, los silenciados, los exiliados, los activistas amenazados, los ciudadanos consecuentemente preocupados por la masacre que nos habita, nosotros. Que atónitos tratamos de recordarle al poder que aquí estamos (Y aquí estamos) y que no: No nos vamos a rendir ni nos vamos a dejar convencer fácilmente.
Aquí estamos. De pie.
La izquierda: ¿MORENA o PRD?
Por: Jorge Zepeda Patterson - diciembre 5 de 2012 - 0:01
COLUMNAS, Zepeda en Sinembargo - Sin comentarios
COLUMNAS, Zepeda en Sinembargo - Sin comentarios
Ahora que dicen que Peña Nieto es social demócrata y de izquierda moderada por sus 13 propuestas (diario alemán Die Welt) más confusión tendremos los mexicanos para entender qué es la izquierda en este país. ¿El PRD? ¿López Obrador? ¿Ebrard o Mancera? ¿PT o Convergencia? ¿#YoSoy132? ¿Todos y ninguno?
El hecho de que todos ellos estuvieran a la sombra del gran paraguas de la candidatura de AMLO nos ahorraba el esfuerzo de hacer deslindes y precisiones, pero luego de la separación del tabasqueño y MORENA del PRD, a la izquierda le han salido muchos apellidos: radical o moderada, auténtica o entreguista, extremo izquierda y centroizquierda, etc.
A mi no me parece una mala idea la separación de la izquierda en dos grandes corrientes. De hecho, me parece más útil. Primero, porque el país necesita ambas.
Centroizquierda
La vida institucional requiere de una izquierda que participe en las instancias públicas: en el poder legislativo para impulsar leyes y presupuestos que favorezcan al sector social o para denunciar y limitar aquellas que le sean lesivas. Es conveniente que encabece algunos gobiernos estatales, lo cual obliga al ejecutivo federal a operar con mayor pluralidad en el manejo territorial, entre otras cosas.
Pero esta izquierda “institucional” está obligada a jugar el juego republicano y democrático. Tomarse la foto con las otras fuerzas, incluyendo al Presidente, negociar todos los días con sus contrapartes, ocupar espacios en el entramado institucional. Yo no encuentro nada reprochable en la firma que Jesús Zambrano estampó en el pacto político (más allá de saber si tenía o no las atribuciones para hacerlo). Esta izquierda está en la obligación de impulsar la agenda democratizadora, ciudadanizadora y a favor de la equidad. Así sea con un gobierno priísta. Es el que tenemos y eso no cambiará en seis años. Lo que si puede mejorar es la condición de lo ancianos, las madres solteras, los desempleados, o el combate a la corrupción.
Yo no se si las motivaciones de Peña Nieto para promover un pacto político como el que se firmó sean auténticas o demagógicas. Pero si cabe la posibilidad de que el Presidente sea democrático a su pesar, habría que crear las condiciones para ello. En teoría, difícilmente alguien de la izquierda puede estar en desacuerdo con los 95 compromisos firmados el domingo. Algunos son perfectibles, desde luego, pero no son un mal punto de partida. Cada uno posee fechas de cuando inicia y cuando termina, lo cual les convierte en algo más que paja demagógica. Se necesita que el PRD, sus legisladores y gobernadores, estén allí para participar e influir en los cambios.
Izquierda radical
Del otro lado, el país necesita la oposición de la calle que MORENA y el “#YoSoy132” pueden proporcionar. Podemos dar por descontado que las élites no van a ceder graciosamente algunos de los privilegios que el pacto pone en riesgo. Sin la presión externa es muy probable que Peña Nieto termine deslactosando los compromisos, y convirtiendo los cambios en meros maquillajes. Se necesita una fuerza externa al sistema que exhiba y confronte cuando haya retrocesos, distorsiones y exabruptos autoritarios. Un papel que pueden y deben hacer MORENA en la calle y los jóvenes politizados en las redes sociales. En ocasiones el único incentivo para que los poderes factuales cedan espacios y privilegios es la necesidad de legitimidad frente a la crítica, e incluso, frene al riesgo que entraña la inestabilidad. Y eso supone músculo para movilizar a sectores sociales y ciudadanos desvinculados de la política de todos los días.
El problema con tener dos izquierdas, una moderada e institucional, y otra radical y ajena al status quo, es la tendencia al canibalismo que ha caracteriza a las izquierdas históricamente. Necesitamos a las dos tendencias, pero no si se van boicotear una a la otra. El problema es que en el pasado las distintas tribus han actuado como si su oponente principal estuviera en la propia casa. Sólo la candidatura de Andrés Manuel y la posibilidad real de llegar a Los Pinos habían posibilitado un frágil equilibrio. Pero ahora que hay una separación definitiva y MORENA podría convertirse en un partido rival del PRD las luchas fratricidas están a la vista.
Lo riesgos son evidentes. De entrada, la gobernanza de la ciudad. Los 12 años de buen gobierno que gozaron los capitalinos con el PRD fueron gracias a la coexistencia de los distintos grupos. Pero eso podría romperse ahora. Un boicot de las huestes bejaranistas en contra de Miguel Mancera, por ejemplo, pondría en jaque a la ciudad. Cuatro días sin recolecta de basura, un paro de taxistas, una huelga del sindicato del Metro o la invasión de comerciantes ambulantes a las zonas “liberadas”, lesionaría gravemente la imagen del PRD en el gobierno.
No será fácil, pero las dos corrientes podrían ser complementarias. La presión de la calle “sensibilizaría” al ejecutivo y permitiría que los moderados tuviesen más margen de maniobra para participar en el diseño e implementación de las reformas.
Por el momento no está del todo claro qué tribus se quedarán en el PRD y cuáles se irán a MORENA. Marcelo Ebrard, René Bejarano o Alejandro Encinas, entre muchos otros, no se han pronunciado en definitiva. En las próximas semanas cada cuál tendrá que tomar una decisión al respecto.
Pero cualquiera que esta sea, MORENA o el PRD, las dos izquierdas deben entender que tienen mucho más en común una con la otra, que con el resto del arcoíris político. Eventualmente, incluso, podrían tener candidaturas únicas o de alianza para comicios intermedios y regionales.
Lo cierto es que la maquinaria priista llegó mucho más aceitada de lo que todos habíamos imaginado. El propio pacto político firmado al día siguiente de la toma de posesión lo confirma. Si la izquierda, con sus dos muy válidas acepciones, termina enfrentada entre sí, será barrida por el trabuco político y económico que están armando en Los Pinos.
@jorgezepedap

No hay comentarios:
Publicar un comentario