La traición a los huicholes...
Arturo Rodríguez García
Arturo Rodríguez García
En San Luis Potosí, los integrantes del
Frente por la Defensa de Wirikuta están en resistencia desde hace varios meses:
buscan impedir que la firma canadiense First Majestic explote una mina de plata
asentada en pleno santuario huichol. Dicen que si el gobierno permite esa
acción causará daños irreversibles al entorno ecológico y a sus ancestrales
tradiciones. Pero lo que más les duele, comentan, es que en 2008 el presidente
Felipe Calderón, ataviado a la usanza huichola, se comprometió a “fortalecer la
continuidad histórica de los lugares sagrados”, lo que hasta ahora no ha
cumplido.
Para el pueblo wixárika, mejor conocido
como huichol, la sierra de Catorce y su valle circundante forman un lugar
sagrado. Ellos se refieren a esa región de San Luis Potosí como Wirikuta y le
rinden tributo desde tiempos inmemoriales.
En su cosmogonía, Wirikuta es uno de
los cincos puntos cardinales que dieron origen al mundo; ahí nacieron los
dioses bajo el influjo del poderoso Tau (el Sol), que ellos consideran el pilar
de la vida. Por eso, dicen, su destrucción significaría el fin de la humanidad.
Pero estas tradiciones no le dicen nada
a la First Majestic Silver Corporation. A los dueños de la firma canadiense
poco les importa que desde 1988 Wirikuta haya sido incorporada por la
Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura
(Unesco, por sus siglas en inglés) a la Red Mundial de Lugares Sagrados
Naturales y que desde 2004 esté en la lista tentativa de esa organización para
convertirse en Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad.
Para la trasnacional canadiense la
sierra de Catorce es sólo un filón que, según cálculos de los activistas del
Frente por la Defensa de Wirikuta (FDW), podría contener miles de toneladas de
plata que se pretenden extraer mediante la combinación de métodos de
recuperación de viejas minas con nuevos túneles y tajos a cielo abierto.
La First Majestic tiene el aval del
gobierno federal, dicen los habitantes del lugar que ellos consideran sagrado.
Indican que, a través de la Dirección General de Minas (DGM), la Secretaría de
Economía otorgó ya 22 concesiones mineras que amparan la explotación argentaria
de 6 mil 326 hectáreas. Y aunque las beneficiarias fueron empresas mexicanas,
sus dueños cedieron esos derechos a la trasnacional canadiense.
Los activistas entrevistados estiman
que 70% del fundo minero se ubica en su zona ceremonial y advierten que el
entorno ecológico y espiritual será totalmente destruido cuando la mina empiece
a operar.
Promesas vanas
Hasta ahora, explica el FDW, los
canadienses sólo realizan “actividades de exploración”. Están a la espera de
que la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) les
autorice el Manifiesto de Impacto Ambiental (MIA) para iniciar sus operaciones
en el fundo minero.
Iván Guzmán, del FDW, asevera que el
gobierno de Felipe Calderón ha dado todas las facilidades a la First Majestic.
Incluso, dice, en los últimos meses ha utilizado a la Comisión Nacional para el
Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) con el propósito de dividir a las
comunidades huicholas y presionarlas para que lleguen a un acuerdo con la
trasnacional.
Constituido por autoridades huicholas y
grupos solidarios, desde el año pasado el FDW ha denunciado las argucias de las
autoridades potosinas y federales dirigidas a doblegar a los habitantes de
Wirikuta. Para los activistas, la instalación de First Majestic en el santuario
huichol es innegociable, por lo que han promovido varios recursos jurídicos
para impedirlo.
Recuerdan que el presidente Felipe
Calderón hizo una promesa el 13 de abril de 2008, en Pueblo Nuevo, Durango,
donde puso en marcha el programa Vivir Mejor y firmó el Acuerdo Huauxa Manaka,
mediante el cual el gobierno federal y los gobernadores de Jalisco, Nayarit,
Durango, Zacatecas y San Luis Potosí se comprometían a resguardar los sitios
ceremoniales.
Ese día, ataviado con la indumentaria
tradicional wixárika, Calderón dijo: “Nos comprometemos a proteger y fortalecer
la continuidad histórica de los lugares sagrados y las rutas de peregrinación
del pueblo Wixárika”.
Lo cierto, dicen a Proceso los
integrantes del FDW, es que el mandatario estaba adelantando lo que haría con
el programa Vivir Mejor: dividir a las comunidades a la usanza clientelar.
Santuario vulnerado
A pesar de su biodiversidad, Wirikuta
está considerada como Área Natural Protegida (ANP) con decreto estatal; no
tiene categoría federal. El lugar, así como la Ruta Tradicional de los
Huicholes, fue incorporado como sitio sagrado a la Lista Indicativa Mexicana de
la Convención Mundial Natural y Cultural de la Unesco desde hace varios años.
Es también Área de Importancia para la
Conservación de Aves, pues en su entorno habitan 156 especies, algunas con
clasificación de “prioritarias”, como el llamado gorrión de Worthen, protegido
por la Norma Oficial Mexicana NOM-059-SEMARNAT-2001; el chorlito llanero, y el
águila real, emblema nacional, que suele anidar ahí.
En la tradición wixárika, el águila
real también es emblemática. Para los huicholes, siempre está presente en el
camino de la formación del mundo; consideran incluso que sus plumas guardan la
comunicación con sus antepasados.
En el Plan de Manejo del Área Natural
Protegida se establece que debe asegurarse el aprovechamiento sustentable de
los recursos naturales para garantizar la participación justa de los huicholes;
también prohíbe verter desechos contaminantes, así como alterar el paisaje y
los cursos de aguas, superficiales y subterráneos; todo eso, dicen los
integrantes del FDW, la trasnacional canadiense no podrá cumplir.
También se quejan de Pedro Medellín
Milán, administrador del ANP. Lo califican de “burócrata ambiental” y exponen
que fue él quien legitimó las operaciones en la mina del cerro de San Pedro,
también en San Luis Potosí, que finalmente fueron suspendidas tras una férrea
resistencia ciudadana.
En Wirikuta, según el frente, Medellín
está usando el Plan de Manejo en contra de los huicholes, y con el apoyo del
gobernador Fernando Toranzo autorizó la instalación de empresas
agroindustriales tomateras en la zona, además de las mineras. Aseguran que la
Comisión Nacional de los Derechos Humanos inició una indagación en su contra,
la CNDH/4/2010/1101.
Según el FDW, 70% del lote minero está
dentro del ANP, donde se supone que la agricultura del entorno (mil 287
hectáreas) se realiza con métodos tradicionales; otra franja (mil 756
hectáreas) comprende la Zona de Aprovechamiento de Uso Tradicional, y sólo en
mil 38 hectáreas se autorizan las actividades mineras, con la condición de que
no dañen el ecosistema.
Los integrantes del FDW señalan que los
trabajos exploratorios que realiza la empresa Micón, S.A. de C.V., para la
First Majestic consisten en un proceso de flotación que implica el uso de
xantatos; según otros estudios, sobre todo los de Normabec Minning Resources,
filial de la canadiense, se utilizará cianuro. De hacerlo así, el acuífero
sufrirá severos daños a un ritmo de 10 mil litros por tonelada, lo que
impactará la vida silvestre de la zona, sostiene Tunhuari Chávez, geógrafo
ambiental que se solidarizó con la defensa de Wirikuta.
Con fotografías y planos, Chávez
muestra que la zona ha sufrido históricamente los efectos de la minería. El
daño es patente en un extremo de la sierra de Catorce, donde se desertificó el
paisaje boscoso. Comenta también que la Universidad de Guadalajara publicó un
estudio sobre el agua de la región y detectó la presencia de plomo, cadmio y
arsénico. A ello se debe, comentan, que muchos lugareños padezcan enfermedades
dermatológicas y gastrointestinales.
Chávez e Iván Guzmán insisten en que la
First Majestic consiguió las concesiones a través de las empresas mexicanas
Minera Real Bonanza, S.A. de C.V., y Minera Real de Catorce, S.A. de C.V. Ambos
advierten que eso es ilegal, pues el artículo 27 constitucional prohíbe que se
beneficien del subsuelo empresas extranjeras.
Refieren también que la firma
canadiense pretende iniciar operaciones en 2012. Entre sus planes se incluyen
la rehabilitación de socavones, de la presa de jales y de los veneros de agua,
mediante la alteración del cauce natural de los acuíferos que abastecen a las
semidesérticas comunidades aledañas, con la promesa de abrir 700 empleos.
Los activistas del FDW indican que el
Servicio Geológico Mexicano (SGM) registró el proyecto de First Majestic. Eso implica,
reiteran, la abdicación del gobierno en el cumplimiento de la ley y en la
protección ambiental, económica, cultural y social de Wirikuta, considerada
patrimonio intangible de la humanidad.
Una campaña clientelar
Con su director Javier Abreu Sierra al
frente, la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI)
lleva meses en “campaña clientelar” para dividir al pueblo huichol. Sus
empleados presionan a la comunidad para, dicen los entrevistados, obligarlos a
que acepten al cerro El Quemado como única reserva sujeta a protección, pero se
excluya a la sierra de Catorce y al valle.
Para ello se valen del programa Vivir
Mejor, explica Iván Guzmán, y agrega que la dependencia desprestigia al
movimiento de defensa de Wirikuta y crea organizaciones paralelas de huicholes
en un intento por “revestirlas de una representación jurídica para legitimar
sus decisiones”.
Guzmán relata que en una asamblea
realizada en Mezquitic, Jalisco, el 23 de septiembre de 2010, las autoridades
tradicionales y agrarias wixárikas manifestaron su rechazo absoluto a First
Majestic. Uno de sus argumentos fue que la Comisión Interamericana de Derechos
Humanos (CIDH) declaró en 2009 que los derechos territoriales de las
comunidades abarcan los espacios ocupados y también los usados en actividades
culturales o de subsistencia.
Dice que, de acuerdo con el Convenio
169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), suscrito por México, la
trasnacional canadiense está violando por lo menos seis artículos.
Además, los Derechos de los Pueblos
Indígenas establecen que el Estado debe consultar a las comunidades sobre las
decisiones administrativas que los afecten y garantizar su participación en la
toma de decisiones. En el caso de Wirikuta, reitera Guzmán, nadie consultó a
los huicholes.
Agrega que los derechos a la libertad
de creencias, al agua, al medio ambiente y a la salud están consagrados en la
Constitución y en por lo menos 28 tratados internacionales suscritos por
México.
Ante el cúmulo de arbitrariedades
referidas, el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de la Organización
de las Naciones Unidas demandó el 30 de mayo último que el Estado mexicano
reconozca al pueblo wixárika su territorio y garantice el respeto a Wirikuta.
Grupos indigenistas y activistas
ambientales del continente respaldan al pueblo huichol y reconocen a sus
habitantes como una de las etnias que han conservado sus tradiciones
originarias.
El pasado 9 de mayo, una comisión del
Consejo Regional Wixárika viajó de la sierra nayarita a la Ciudad de México
para entregar una carta al presidente Calderón que, dicen quienes la suscriben,
también “va dirigida a los pueblos y gobiernos del mundo”. En el documento
piden la cancelación de las concesiones que usufructúa First Majestic.
Cuando los huicholes discutían la
redacción del documento, un maracame pidió que se incorporara la cita del
Acuerdo Hauxa Manaka firmado en 2008 por Calderón vestido de huichol: “El
presidente dio su palabra y no deberíamos recordárselo… ¿De qué sirve un
presidente sin palabra?”, dijo el maracame.
Por eso en la misiva, entregada por una
comisión del FDW en Los Pinos, se incluyó el siguiente párrafo: “No se
destruyan ustedes mismos por ignorancia de no saber lo que contienen los valles
de Wirikuta y esa sierra donde se ilumina el mundo”. l

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