“Los Zetas”, al ataque
Jorge Carrasco Araizaga y J. Jesús
Esquivel
Al igual que su principal enemigo, El
Chapo Guzmán, el jefe de Los Zetas, Heriberto Lazcano, El Z 1 o El Lazca, suele
dirigir personalmente las operaciones de sus sicarios en Guatemala, donde
domina vastas regiones y busca consolidarse con crímenes brutales como la
decapitación de 27 campesinos en El Petén, a mediados de mayo. Además de
aliarse con grupos locales, el capo está entrenando sicarios de los dos países
a fin de que el narco guatemalteco “hable en mexicano”...
COBÁN, GUATEMALA.- La reciente masacre
de 27 campesinos en El Petén demostró el dominio territorial que tiene la
organización delictiva Los Zetas en Guatemala luego de cuatro años de imponer
el terror entre la población y los narcotraficantes locales, aprovechando la
debilidad institucional del país centroamericano.
Enclavada en el corazón de la zona
maya, la ciudad de Cobán es hoy el cuartel general de Los Zetas en Guatemala,
hasta donde incluso se ha trasladado su jefe máximo, Heriberto Lazcano, El
Lazca, para dirigir personalmente operaciones de contrabando de droga,
ejecuciones, secuestros, extorsiones y hasta financiamiento de campañas
políticas.
A 205 kilómetros hacia el norte de la
capital guatemalteca, Cobán ofrece condiciones propicias para que el grupo
criminal mexicano busque apoderarse del trasiego de drogas, personas y armas
entre México, Centro y Sudamérica, desplazando a su principal competidor en
este negocio ilícito: el cártel de Sinaloa. Las pequeñas aldeas dispersas por
la ruta asfaltada que va desde la capital a Cobán son parte del territorio que
Los Zetas controlan en alianza con narcotraficantes locales.
Cobán demuestra la capacidad de
penetración del cártel fundado por militares desertores mexicanos. Se ubica a
962 kilómetros de la frontera con México y es paso de los narcóticos que entran
a Guatemala desde Honduras, Belice y El Salvador.
A partir del kilómetro 143 de la
carretera que va de Guatemala a Cobán, donde comienza el Corredor Biológico
Bosque Nuboso, las aldeas montañosas, cubiertas de una densa neblina que en esta
época de lluvia se levanta al filo del mediodía para reaparecer al bordear la
tarde, son los puntos más importantes del movimiento de droga, bajo la
vigilancia y responsabilidad de los zetas guatemaltecos, muchos de los cuales
pertenecieron al cuerpo de fuerzas especiales guatemaltecas conocido como
kaibiles.
Desde el departamento de Baja Verapaz
hasta Cobán, en el departamento de Alta Verapaz y hasta El Petén, “todo es
territorio zeta”, dice a Proceso una fuente de la inteligencia civil
guatemalteca. Esta observación es compartida por funcionarios gubernamentales
de México y de Guatemala, lo mismo que por la inteligencia militar de ese país.
La milicia guatemalteca se queja de que
a raíz de los Acuerdos de Paz de 1996 los gobiernos civiles iniciaron la disminución
de los efectivos del ejército, hecho al que atribuyen la penetración de la
delincuencia organizada proveniente de México.
Durante el conflicto, el ejército
contaba con 46 mil hombres, ahora tiene 20 mil, de los cuales 15 mil son
soldados rasos y el resto oficiales. “Este número es insuficiente para vigilar
el país”, dice un militar que participó en la guerra civil, prolongada por más
de 30 años.
“Además –continúa–, antes de que
bajaran el número de soldados existía la figura del comisionado militar en cada
una de las aldeas. Eran casi 50 mil comisionados que teníamos para recibir
información de lo que ocurría en las comunidades de más de 500 habitantes. Su
tarea era pasar la información a la Secretaría Técnica Estratégica de
Inteligencia. Así teníamos conocimiento de todo lo extraño que ocurría en
Guatemala. Eso ya no existe.”
A los 15 mil soldados se añade la
Policía Nacional Civil (PNC), con 20 mil efectivos y que depende del Ministerio
de Gobernación, aunque en aldeas como La Libertad, donde ocurrió la matanza de
campesinos del 15 de mayo, sólo cuentan con siete elementos.
Claudia Paz, fiscal general de
Guatemala –cargo equivalente al de procuradora general de la República–, dice
en entrevista que el desplazamiento de los narcotraficantes mexicanos alcanzó
en los últimos tres años niveles que no se conocían, entre otras razones porque
el Estado guatemalteco tiene poca presencia en vastas regiones de su
territorio.
En este país se empezó a saber de Los
Zetas en 2007, cuando todavía constituían el brazo armado del cártel del Golfo
y fueron llamados por narcotraficantes locales que trabajaban para esa
organización mexicana a fin de que cobraran cuentas a otros grupos. Su primera
incursión registrada por los órganos de inteligencia militar y civil de Guatemala
fue el asesinato en 2008 del narcotraficante Juancho León, quien pretendía
convertirse en el principal capo de su país.
Ese año, el grupo de León robó un
cargamento de mil 200 kilos de cocaína a Walter Overdick, uno de los
principales operadores del cártel del Golfo. La droga iba para México en
paquetes de 10 kilos. No conforme con “el tumbe” o robo, Juancho León atentó
contra Overdick en su propia finca, ubicada en el departamento de Zacapa, cerca
de la frontera con Honduras. No pudo matarlo, pero acabó con su escolta de
entre 10 y 12 personas. Para celebrar el golpe León hizo una fiesta en
territorio hondureño limítrofe con Zacapa.
La represalia del cártel fue
contundente: el propio Lazcano, El Z 1, coordinó la operación con un exmilitar
guatemalteco a quien los servicios de inteligencia de este país identifican
como William Torres, alias El W. Ambos encabezaron un grupo de sicarios
integrado por mexicanos y guatemaltecos.
Entre los primeros, las autoridades
guatemaltecas identificaron a Miguel Ángel Treviño, El Zeta 40, y a sus
supuestos lugartenientes El Payaso y El Amarillo, además de los encargados de
manejar los costos del operativo, Carlitos y Cirilo.
En coordinación con El W, los narcos
mexicanos contrataron a un hombre identificado como Arturo Damián Casanova,
quien presuntamente iba a pactar el traslado de un cargamento de droga con
Juancho León en la finca que éste tenía en el balneario La Laguna, en el
kilómetro 126 de la carretera a Zacapa. Junto a León murieron otras 11
personas.
Tras este golpe, Los Zetas, ya
separados del cártel del Golfo, empezaron a tomar el control de la zona y se
asentaron en Cobán, bajo la dirección local del W.
“Los mexicanos llegan a poner orden
luego de la ejecución de Juancho León. Se quedan y se apoderan de la zona norte
del territorio que comprende El Petén y Alta Verapaz. De ahí, Los Zetas se
extendieron hasta la frontera con Honduras, en el departamento de Izabal”,
resume la fuente militar.
Agrega que, en los últimos seis meses,
Los Zetas han intentado apoderarse del territorio que controla el grupo local
conocido como Los Turcios para sacar al cártel de Sinaloa, encabezado por
Joaquín Guzmán Loera, El Chapo. Por eso se movieron a la frontera con Honduras,
donde se detectó a un grupo de 60 hombres armados en la zona de Puerto Barrios.
La fuente de inteligencia civil asegura
que al Lazca se le ha visto recientemente en El Petén, en la comunidad La
Soledad, pegada con Roto Viejo, del lado de México. La frontera es el río
Usumacinta. “Ahí hubo un enfrentamiento, después del cual el Ejército Mexicano
detuvo a un gatillero guatemalteco. No trascendió el incidente, que ocurrió la
semana del 16 al 21 de mayo de este año”, precisa.
De acuerdo con el gobierno
guatemalteco, el presunto responsable de dirigir la ejecución de los campesinos
fue Hugo Álvaro Gómez, El Comandante Bruja, quien ya fue detenido por las
autoridades.
En una amplia entrevista realizada el
viernes 27 en su oficina de la ciudad de Guatemala, el ministro de Gobernación,
Carlos Menocal, confirma que el Consejo de Seguridad Nacional detectó la
presencia de Los Zetas desde 2007: “Empiezan como carroñeros y halcones; se
dedican primero a resguardar las rutas para tumbar droga y a la extorsión.
Ahora actúan como hienas. Son mexicanos y guatemaltecos”.
En 2009, en el departamento de Quiché,
al este de Cobán, el ejército guatemalteco aseguró en una finca uniformes
militares, armas y municiones cuya posesión atribuyeron a Los Zetas. En
noviembre de ese año, El W, a quien los servicios de inteligencia locales
describen como de 27 años, de tez morena clara, 1.78 metros de estatura y el
rostro con cicatrices de acné, logró meter a México 22 toneladas de cocaína.
En su afán de controlar el narcotráfico
en Guatemala, a principios de 2010 El Lazca envió como representante directo de
su organización a un individuo identificado como El Z 200. Según el perfil de
este hombre, elaborado por la inteligencia de México, Estados Unidos y
Guatemala, se trata de un ciudadano mexicano de entre 35 y 37 años de edad,
moreno, originario del estado de Veracruz.
Con la llegada del jefe mexicano a
Cobán arranca también el adiestramiento de los exmilitares y sicarios
guatemaltecos. Los exkaibiles son enviados a Veracruz para entrenar a
mexicanos, mientras que los zetas de este país en Guatemala enseñan a sus
aliados a hablar “en mexicano”. La fuente de inteligencia describió a los
reporteros que en este adiestramiento del lenguaje se hace énfasis en
expresiones como “pinche güey” y “chinga tu madre”, entre otras.
De la relación de Los Zetas con los
exmilitares guatemaltecos, el ministro de Gobernación subraya que en operativos
realizados en 2009 se detuvo a 15 exkaibiles, “sólo uno con rango de oficial”.
Al Z 200, sus jefes le encargaron
incrementar los envíos de droga a la zona de Cobán desde Honduras, por Puerto
Barrios, en el departamento de Izabal. Pero el cabecilla sólo pudo introducir
16 toneladas a un costo muy alto, económico y de personal, pues sufrieron
muchas bajas, en su mayoría exsoldados guatemaltecos, según relataron en entrevista
con Proceso las fuentes de inteligencia que solicitaron el anonimato.
Al disminuir sus ganancias, Los Zetas
incrementaron el nivel de las extorsiones, secuestros, asesinatos y control de
las actividades ilícitas, incluida la piratería y el tráfico de gasolina de
México a Guatemala, que ya habían impuesto desde 2009 como método de
intimidación en una parte del norte de Guatemala.
Una muestra de esa fuerte presencia es
que el pasado 13 de marzo, en la zona de Quiché, las autoridades decomisaron
500 kilos de cocaína, 250 mil dólares y uniformes militares en una finca en
poder de esa organización delictiva. Sin embargo, la masacre de 27 campesinos
en la comunidad de La Libertad, en el departamento del Petén, el 15 de mayo
pasado, es hasta ahora el ataque más violento de Los Zetas que se ha registrado
en Guatemala.
Según las fuentes de inteligencia, el
asesinato de los campesinos, entre ellos mujeres y menores de edad, a quienes
decapitaron con machetes y cuchillos, fue organizado y perpetrado por El Zeta
200 y El W.
Ambos cabecillas, que están al mando de
unas 80 personas, salieron desde Cobán el 11 de mayo y se desplazaron a la zona
del Petén y a varios poblados de Alta y Baja Verapaz e Izabal, en la frontera
con Honduras y El Salvador. Actualmente, el tercero en la estructura de Los
Zetas en Cobán es un guatemalteco apodado El Lombriz, quien resultó herido de
una pierna en la matanza del Petén. Las autoridades guatemaltecas y
estadunidenses sostienen que forman parte de ese grupo agresor unos 25
mexicanos, la mayoría de entre 21 y 25 años, y siete de los cuales ya fueron capturados.
Con base en la descripción de una
persona sobreviviente, el ministro Menocal relata a Proceso que en la masacre
participaron más de 40 hombres bajo las órdenes de un jefe con acento mexicano,
que se refería constantemente a ellos con la expresión “pinche güey”. Este
hombre le daba órdenes directamente a Hugo Álvaro Gómez, Comandante Bruja,
quien de acuerdo con el gobierno guatemalteco es el presunto responsable de
operar la ejecución de los campesinos.
Las autoridades dicen que El W es
“sanguinario” y que ya había cometido asesinatos muy violentos en la frontera
con El Salvador antes de trabajar para Los Zetas. Peor es la definición que
hace Menocal del Comandante Bruja: “Es un soldado exkaibil de unos 37 o 38
años. Es un desalmado que en 2008 estuvo acusado de un cuádruple asesinato,
pero fue absuelto de manera inexplicable de los cargos. Por si fuera poco, es
especialista en guerra urbana”.
Días después de la ejecución de los
campesinos, el 24 de mayo por la noche fue secuestrado el fiscal Allan Stowlinsky
Vidaurra al salir de sus oficinas en Cobán. Al día siguiente, las autoridades
encontraron en bolsas su cuerpo destazado, con un mensaje firmado por El Z 200.
Stowlinsky participó en dos acciones
contra la delincuencia organizada. El 13 de marzo, tras el aseguramiento de
media tonelada de cocaína en Chisec, a dos horas de Cobán, hizo el conteo de la
droga. Según las fuentes gubernamentales, un mexicano le ofreció 250 mil
dólares por dejar pasar el cargamento, pero el fiscal se negó y pidió apoyo de
las fuerzas combinadas del ejército y la Policía Nacional Civil.
Las fuentes de inteligencia estiman que
después de la masacre El Z 200 y El W se fueron a la zona comprendida entre
Zacapa, Chiquimula y Quezaltepeque, casi en la frontera con Honduras. Los sicarios
se desplazaron al oeste del país.
Nueve días después de la matanza, en la
colonia Cipresales Cambote, Zona 11, en el departamento de Huehuetenango, al
oeste de Cobán, el gobierno guatemalteco capturó a dos presuntos zetas: Ricardo
Hernández Cortesano, de 20 años y originario de Boca del Río, Veracruz, y
Daniel Aguilar Flores, de 18 años, de Tecomán, Colima.
Ese 24 de mayo, en el municipio de San
Cristóbal, del departamento de Totonicapan, también al este de Cobán, a bordo
de un autobús fueron detenidos otros dos mexicanos, ambos de Xalapa, Veracruz:
Jorge Hernández Méndez, de 21 años y apodado Comandante Tripio, y José Luis
Santiago Morales, de 22 años, alias Comandante Popoyo, Furcio o Turcio. Les
encontraron una granada de fragmentación.
El mismo día, en la Primera Calle, Zona
7, colonia Eucaliptos, de Huehuetenango, fueron detenidos otros tres xalapeños:
Luis Arturo Ortiz García, Subcomandante Lobo, de 22 años; Mario Díaz Falfán, de
24; y Víctor González Aburto, Comandante Cholo, de 33.
Datos proporcionados a este semanario
por el Ministerio de Gobernación indican que de 2008 a la fecha han sido
capturados 17 mexicanos por delincuencia organizada, pero sólo dos han sido
sentenciados; el resto sigue en prisión preventiva. Uno de los detenidos es Daniel
Pérez Rojas, El Cachetes, detenido en abril de 2008 y considerado uno de los
fundadores de Los Zetas en Guatemala.
Después de la matanza del Petén, el
gobierno de Álvaro Colom impuso el estado de sitio en Cobán, pero en ese
periodo sólo se detuvo a un mexicano y un guatemalteco. El primero
presuntamente es originario de Veracruz, pero al momento de la entrevista con
Menocal, el 27 de mayo, el gobierno de Guatemala esperaba que el mexicano
confirmara el origen de este detenido.
Por el momento, hasta los fiscales de
la zona han pedido su traslado porque se teme una represalia en Cobán porque
“el grupo del Chapo ya está aquí”, comentan las fuentes de inteligencia a los
reporteros.
Después de la matanza, en la semana del
23 al 28 de mayo aparecieron en las calles de Cobán unos volantes atribuidos a
La Familia Michoacana y al cártel de Sinaloa: “Cobán, La Familia Michoacana
está contigo”.
Circuló otro, muy extraño, que decía:
“El Departamento de control antinarcóticos de los Estados Unidos de América
(DEA) solicita el apoyo de los ciudadanos guatemaltecos para denunciar a las
personas que conforman el grupo denominado Los ‘Z’ (Zetas), proporcionando
nombres a los teléfonos 2311700 y 23117043 o al correo electrónico
usnasled@yahoo.com”.
Los reporteros llamaron a dichos
números y no funcionaron. La fuente de inteligencia guatemalteca dice que la
referencia a la DEA es porque la gente le tiene confianza, ya que hace todos
los arrestos, aunque aclara que en El Petén los agentes estadunidenses sólo
sobrevuelan en helicópteros.
En general, el terror impuesto por Los
Zetas resultó contraproducente para el negocio. Los traficantes locales están
haciendo ahora los trasiegos directamente desde Costa Rica y Honduras, vía
marítima, y no a través de Guatemala.
Miguel Castillo, profesor de análisis
político de la Universidad Francisco Marroquí y consultor en análisis de
riesgo, explica que Los Zetas no tienen las características tradicionales de
los narcos guatemaltecos: el apoyo social en su avance territorial. Asegura que
en algunas zonas tienen que cargar sus propias plantas de luz, comida y
transporte.
“Los Zetas quieren ser los
intermediarios con los grupos locales para tener el control de las actividades
de delincuencia organizada en Guatemala: droga, armas, personas y gasolina. Se
quieren apoderar de zonas a través de la intimidación, como la decapitación,
secuestro y extorsión”, añade.
Ante la falta de apoyo social, dice el
especialista, Los Zetas han recurrido al reclutamiento de kaibiles y sicarios.
La inteligencia civil confirma esto e indica que los exsoldados de élite
guatemaltecos son fácilmente reclutados por los narcos mexicanos por una simple
razón: en el ejército guatemalteco sólo ganan 3 mil quetzales al mes (unos 500
dólares), mientras que en las filas de la delincuencia organizada perciben
entre mil 500 y 2 mil dólares.
Menocal detalla que el curso de las
fuerzas especiales kaibiles en el ejército guatemalteco dura seis meses e
incluye tácticas de supervivencia en la selva durante tres o cuatro meses;
además se les capacita en el manejo de todo tipo de armas y se pone énfasis en
la pelea cuerpo a cuerpo, con cuchillo y machete. Acabado el curso, el ejército
emplea a los kaibiles unos cuantos meses y los da de baja. “Son máquinas de
matar”, asegura el ministro. l

No hay comentarios:
Publicar un comentario