¿Por qué tantas deportaciones?
Ana María Aragonés
El gobierno de Barack Obama ha endurecido la política migratoria en
contra de los indocumentados al promover la deportación de gran cantidad de
trabajadores, muchos de los cuales son mexicanos, sin importar que lleven años
en Estados Unidos, que hayan pagado impuestos y tengan hijos nacidos en aquel
país y, por tanto, sean ciudadanos estadunidenses.
Se trata de expulsiones que por supuesto están violando los más elementales
derechos humanos pues, además, muchos fueron detenidos en compañía de sus
familiares, pero devueltos a México sin ellos. Esta estrategia se encuentra en
medio de un gravísimo problema económico en el que los partidos Demócrata y
Republicano se enfrascaron en un terrible debate, que al final llevó a la
calificadora Standard & Poor’s (S&P) a rebajar la calificación
crediticia de Estados Unidos de AAA a AA+, poniendo en duda su capacidad para el
pago de su deuda. De acuerdo con Paul Krugman, lo que demostró es que Barack
Obama se rindió y el resultado será que dañará aún más una economía deprimida,
así como que
la extorsión cruda de los republicanos funciona y no lleva ningún costo político.
Uno debería preguntarse a qué se debe que en el contexto de tan graves
problemas se añada uno más, que es la expulsión de migrantes que no han cometido
ningún delito y que, tal como señala el alcalde de Nueva York, Michael
Bloomberg,
esto es un suicidio nacional, estamos deliberadamente enviando a nuestro futuro fuera del país(La Jornada, 9 de agosto). Tal como señala el alcalde,
lo que el país necesita en momentos de dificultades económicas son más migrantes... que crean más empleos de los que toman. Sobre todo si los flujos de migración indocumentada hacia Estados Unidos han disminuido en forma importante como resultado de la crisis en ese país y de las propias dificultades que presenta México para que estos trabajadores puedan transitar de forma segura hacia la frontera. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) y con base en los resultados preliminares al primer trimestre de 2011, por cada 10 mil habitantes en México hay 36 que emigran al extranjero y 31 migrantes provenientes de otros países. Este comportamiento, señala el Inegi, en combinación con la tendencia del monto de inmigrantes internacionales tiene como resultado en términos relativos un saldo migratorio casi nulo.
Mantener a un conjunto laboral con salarios más bajos que los de los nativos
y que se encuentran en sectores necesarios para relanzar la economía, como es el
sector agrícola, entre otros, tiene la ventaja de ofrecer precios más bajos y
con ello incrementar el consumo, lo que es una absoluta necesidad. Por otro
lado, es una falacia sostener que se trata de combatir a la migración
indocumentada por estar compuesta por
criminales, lo cual se ha demostrado que no es así. Las supuestas
feloníasque pueden presentar algunos de estos trabajadores tienen que ver con pasarse un alto o conducir en estado de ebriedad.
Por tanto, una posible explicación del incremento de las deportaciones es que
Barack Obama, en su afán por buscar la relección, responde así a criterios
antinmigrantes extendidos por los ultraconservadores de la sociedad
estadunidense, sector formado en gran parte por los miembros del llamado Tea
Party, quienes tal parece están teniendo cada vez mayor fuerza, lo cual
representa un enorme peligro.
Dar rienda suelta a este tipo de grupos lleva a tragedias como la vivida hace
sólo unos días en Noruega, y habría que recordar el ataque a la senadora
demócrata Gabrielle Giffords, acontecimientos que deberían ser un foco de
alerta, sobre todo en momentos de crisis, pues es el contexto en el que van
escalando posiciones electorales al encontrar apoyo en personas afectadas por
las dificultades económicas. Y los gobiernos tendrían que evitar todas aquellas
actitudes que promueven discursos xenófobos y racistas que favorecen la
intolerancia.
Sin embargo, que Barack Obama esté incrementando las deportaciones responde a
una estrategia que se aleja totalmente de las propuestas enarboladas en su
campaña y se pone en juego la convivencia en una sociedad democrática. Pero
parece que le interesa tener contenta a esa parte ultraconservadora de la
sociedad política con un propósito: su relección.
Parafraseando a Krugman, la extorsión de los ultraconservadores funciona en
este caso, aunque de ninguna manera será suficiente para asegurarle buenos
resultados políticos.

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