Cuando el Estado incumple...Édgar Téllez
VER articulo completo abriendo link en titulo.
VER articulo completo abriendo link en titulo.
Seis exsecuestrados por la guerrilla de las FARC presentaron demandas en
contra del Estado colombiano por considerar que incumplió, por omisión o
comisión, su responsabilidad de proporcionar información y salvaguardas que
impidieran sus capturas y retenciones. Al mismo tiempo, un tribunal encontró al
gobierno culpable de incurrir en fallas que provocaron la muerte de un soldado y
heridas a otros tres, y le ordenó indemnizar a los familiares. Ambos hechos
–inéditos en Colombia– abren la posibilidad de que tanto secuestrados por las
FARC –30 mil en los últimos 25 años– como policías y militares presenten
demandas millonarias en contra del Estado.
BOGOTÁ.- En julio de 2001, Consuelo González de Perdomo, entonces
representante camaral por el departamento del Huila, ubicado 400 kilómetros al
sur de Bogotá, le envió una carta al comandante regional de la policía para
pedirle que evaluara los riesgos que correría en caso de permanecer en Gen
Neiva, la capital, o desplazarse por esa zona para hacer proselitismo
político.
Esta petición tenía un fundamento: Huila era puerta de entrada a la zona de
distensión de 42 mil kilómetros en la que el gobierno y las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia (FARC) avanzaban en un accidentado proceso de
diálogo que por aquella época estaba en un momento crítico.
Los delegados del presidente Andrés Pastrana y los del secretariado del grupo
insurgente no lograban avanzar en los puntos básicos de la negociación: el cese
al fuego y la deposición de las armas por parte de los rebeldes. A cambio, el
gobierno retiraría los cargos y les permitiría reintegrarse a la vida civil.
Además, Huila, bastión político de la congresista liberal González de
Perdomo, era azotado por las FARC, que continuaban secuestrando y extorsionando
a comerciantes y empresarios de la región; y Neiva era lugar de paso para
quienes viajaban a la zona de despeje (área desmilitarizada) desde otros lugares
del país a fin de negociar las liberaciones con Jorge Suárez Briceño, el Mono
Jojoy, jefe militar del grupo guerrillero.
La congresista no recibió respuesta a su petición. El 10 de septiembre de
2001 fue secuestrada por cinco guerrilleros de la columna móvil “Teófilo
Forero”, de las FARC, que interceptaron el vehículo que la llevaba al aeropuerto
de Neiva para tomar un avión a Bogotá.
Durante los seis años que permaneció en cautiverio, González perdió su curul
y quedó viuda al morir de un infarto su esposo, Jairo Perdomo. El 10 de enero de
2008 recuperó su libertad al ser entregada a una comisión de la Cruz Roja
Internacional y del gobierno venezolano. Volvió a Pitalito, su ciudad natal, no
lejos de Neiva.
Sus familiares le contaron que en diciembre de 2001, tres meses después de
haber sido plagiado, las autoridades respondieron a su petición de analizar los
riesgos a su seguridad. De manera escueta, el documento oficial indicaba que la
entonces congresista no corría peligro alguno en el desempeño de su actividad
pública.
En los meses siguientes a su liberación, la excongresista asistió a numerosos
foros y entrevistas en los que relató el drama que vivió durante su secuestro.
Al mismo tiempo, clamó para que las FARC dejaran en libertad a quienes estaban
en su poder, entre ellos una docena de integrantes del ejército y la
policía.
Las demandas
El 14 julio de 2010, cuando el drama de los exsecuestrados se encontraba en
el olvido, el procurador delegado judicial administrativo de Neiva, Francisco
Lizcano, dio a conocer en conferencia de prensa que los excongresistas Consuelo
González de Perdomo, Gloria Polanco, Orlando Beltrán y Jorge Eduardo Géchem
Turbay, así como Sigifredo López, exdiputado del Valle del Cauca, habían
entablado demandas individuales contra el Estado colombiano por las fallas en
que incurrieron los organismos de seguridad pública para protegerlos.
En esa ocasión, González de Perdomo comentó a los periodistas que acudió al
mecanismo legal de la indemnización y que solicitaba alrededor de 450 mil
dólares. Dijo que los jueces debían determinar si “hubo responsabilidad de las
autoridades de la época”. Apuntó: “Me secuestraron el 10 de septiembre de 2001 y
mi estudio de seguridad llegó en diciembre y afirmaba que no corría
peligro”.
El también excongresista Orlando Beltrán Cuéllar exige una indemnización de 4
millones 200 mil dólares porque asegura que las autoridades no le advirtieron
del peligro que corría en el Huila, su bastión político.
Beltrán Cuéllar fue secuestrado por guerrilleros de las FARC el 28 de agosto
de 2001. Lo sacaron de su finca en el municipio de Gigante, Huila, para llevarlo
a un campamento del Mono Jojoy en la zona desmilitarizada.
“Me notificaron que era un secuestro político, que reclamaban incumplimiento
del gobierno por no liberar a unos guerrilleros presos”, dijo Beltrán a W Radio
al explicar los alcances de su demanda contra el Ministerio de Defensa, el
Ejército, el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), el Departamento
Administrativo de la Presidencia y la Policía Nacional.
Al día siguiente de que se dio a conocer el caso de las demandas, el ministro
del Interior, Germán Vargas Lleras, manifestó que el gobierno estaba en
desacuerdo con los reclamos y consideró que eran exagerados. Precisó: “A estas
personas no las secuestró el Estado colombiano ni la nación, y poner a todos los
colombianos a indemnizarlos en los montos de las pretensiones que están
sugiriendo me parece no procedente”.
El funcionario sugirió a los exlegisladores que esperen la aprobación de la
Ley de Víctimas que se encuentra en el Congreso y que prevé la reparación
económica a los afectados por el conflicto interno.
Durante los siguientes meses los demandantes fueron citados a audiencias de
conciliación en la Procuraduría General de la Nación; sin embargo, esta
dependencia les indicó que sus reclamos económicos eran improcedentes en virtud
de que fueron las FARC las que los secuestraron.
Una vez agotada esta instancia, las querellas pasaron al Tribunal
Administrativo del Huila, que recopilará pruebas y testimonios para emitir un
fallo final, lo que podría demorar entre tres y cuatro años.
Desdén
Proceso entrevistó a González de Perdomo, quien dice que a su audiencia de
conciliación sólo asistieron dos delegados de la policía y del DAS, que
acudieron sin ninguna propuesta de indemnización. Por parte de las demás
entidades demandadas, la Presidencia de la República y el Ejército, no acudió
ningún representante. “Hay que tener paciencia. La demanda ahora está en el
tribunal”, comenta la exlegisladora.
Quien no quiso esperar tanto tiempo fue Alan Jara, exgobernador del
departamento del Meta. El 15 de abril de 2011 se desistió de la demanda de
indemnización que había presentado en marzo último ante el Tribunal Contencioso
Administrativo del Meta por alrededor de 4 millones 300 mil dólares. Exigía esta
reparación por los daños morales que él, su esposa, su hijo y su cuñada
sufrieron durante los siete años y medio que permaneció retenido por las
FARC.
En su querella, Jara argumentó que el Estado fue responsable, por acción y
por omisión, de su secuestro, ocurrido el 15 de julio de 2001 cuando viajaba en
un vehículo de las Naciones Unidas por una carretera del sur del Meta. Además,
alegó que durante el tiempo que permaneció secuestrado su familia no recibió
ayuda alguna del Estado. El 3 de febrero de 2009 Jara fue liberado de manera
unilateral junto con Sigifredo López, tres policías y un militar.
Esta demanda suscitó un intenso debate para dirimir si el Estado debe
responder por los secuestros perpetrados por las FARC. La suma global de las
pretensiones de estos seis exsecuestrados asciende a más de 15 millones de
dólares.
El ministro del Interior, Vargas Lleras, reiteró que las solicitudes de
dinero le parecían “muy exageradas”. Durante un debate en la Comisión Primera de
la Cámara de Representantes, en septiembre de 2010, manifestó que las
autoridades no pueden impedir que las personas presenten demandas porque al
hacerlo ejercen un derecho constitucional de acceso a la justicia, pero recalcó
que hará todo lo posible para impedir que al Estado se le condene a pagar esas
indemnizaciones.
Los argumentos del ministro encontraron respuesta en el exsenador Luis Eladio
Pérez, quien permaneció secuestrado por las FARC durante siete años y hasta
ahora no ha presentado ninguna demanda por su plagio.
“El Estado falló de alguna manera: a Gloria Polanco la sacaron de su casa, a
Jorge Eduardo Géchem lo bajaron de un avión y con Alan Jara no respetaron que
iba en un vehículo de Naciones Unidas. El Estado falló, las demandas son
justas”, dijo Pérez a El Tiempo.com.
El desistimiento de Jara se sumó al de la excandidata presidencial Ingrid
Betancourt, quien el 30 de junio de 2010 demandó al Estado por 8 millones de
dólares por “la tristeza, enfermedad, el fallecimiento de su padre y el salario
que dejó de percibir” durante los seis años que permaneció en manos del grupo
guerrillero.
En un documento de 55 páginas, la dirigente política sostuvo que el día de su
secuestro, el 23 de febrero de 2002, varios oficiales del Ejército le
garantizaron que no sucedería nada y que no corría peligro durante la travesía
que se proponía realizar entre Florencia, la capital de Caquetá, y San Vicente
del Caguán, localidad donde se realizaban los diálogos de paz del gobierno con
el grupo guerrillero, y que tres días antes fueron suspendidos de manera
definitiva por el presidente Andrés Pastrana.
En respuesta a las pretensiones de Betancourt, el Ministerio de Defensa dijo
en un comunicado que ella “desatendió las insistentes recomendaciones de la
fuerza pública y otras autoridades de no proseguir en su intención de viajar al
municipio de San Vicente del Caguán, Caquetá, a un acto de su campaña
política”.
La querella de Betancourt contra el Estado desató una ola de rechazo en
Colombia y en el exterior. El 5 de agosto de 2010, cuando fue citada a la
audiencia de conciliación en la Procuraduría, Betancourt, por medio de su
abogado, Ernesto Devis Morales, presentó el desistimiento definitivo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario