Los banqueros, los dictadores de Occidente
Robert Fisk
Una indignada afirma en un cartel que
las ideas no pueden ser desalojadas, fuera del campamento Ocupa en San Francisco, clausurado por las autoridades de la ciudadFoto Ap
Debido a que debo escribir desde la región que produce más frases hechas por metro cuadrado que cualquier otro
tema, quizá debería hacer una pausa antes de lamentarme por toda la basura y estupideces que he leído sobre la crisis financiera mundial. Pero voy a abrir fuego. Opino que los reportes sobre el colapso han caído más bajo que nunca, al grado de que ni la información de Medio Oriente se difunde con la clara obediencia que se rinde a las mismas instituciones y a los
expertosde Harvard que colaboraron para crear este desastre criminal mundial.
Iniciemos con la llamada
primavera árabe, que es en sí una grotesca distorsión verbal de lo que en realidad es un despertar árabe-musulmán que está sacudiendo a Medio Oriente; y los sucios paralelismos que se establecen entre estos movimientos y las protestas sociales en las capitales occidentales. Se nos ha engañado con los reportes de los pobres y los que no tienen que
han tomado una páginadel libro de la
primavera árabe, sobre la forma en que fueron derrocados los regímenes de Egipto, Túnez y, hasta cierto punto, Libia, y de cómo esto
inspiróa estadunidenses, canadienses, británicos, españoles y griegos a manifestarse masivamente. Pero todo esto es absurdo.
La verdadera comparación ha sido inventada por los periodistas occidentales, siempre ansiosos por exaltar las rebeliones contra los dictadores árabes mientras ignoran las protestas contra los gobiernos
democráticosde Occidente. Siempre desesperados por sacar de contexto las manifestaciones para sugerir que simplemente se deben a una moda originada en el mundo árabe. La verdad es algo distinta.
Lo que llevó a decenas de miles de árabes a las calles, y que después se volvieron millones en las capitales de Medio Oriente, fue la demanda de dignidad y la negativa a aceptar a las dictaduras de familias locales que son, de hecho, dueñas de estos países. Los Mubarak, los Ben Alí, los Kadafi, los reyes y emires del golfo y Jordania, y los Assad, todos ellos creían tener derecho de propiedad sobre naciones enteras. Egipto pertenecía a Mubarak Inc., Túnez a Bel Alí Inc. (y a la familia Traboulsi), Libia a Kadafi Inc. Los mártires de las dictaduras murieron para constatar que sus países pertenecían a los pueblos.
Este es el verdadero paralelismo con Occidente. Ciertamente los movimientos de protesta son contra las grandes corporaciones, en una causa perfectamente justificada, y contra los gobiernos. Lo que han descubierto los manifestantes, de manera algo tardía, es que durante décadas han sido engañados por democracias fraudulentas, que votan abnegadamente por partidos políticos que, después de triunfar en las urnas, entregan el mandato democrático y el poder popular a bancos, comerciantes y agencias calificadoras, todas ellas respaldadas por un coto de negligentes y deshonestos
expertosde las más costosas universidades estadunidenses y think-tanks, que mantienen la ficción de que existe una crisis globalizada, en vez de una treta masiva contra los electores.
Los bancos y agencias calificadoras se han vuelto los dictadores de Occidente. Igual que los Mubarak y los Ben Alí, los bancos creyeron –y siguen creyendo– que son dueños de sus países. Las elecciones que les han dado poder, gracias a la cobardía y complicidad de los gobiernos, se vuelven tan falsas como los comicios en los que los árabes eran obligados a participar, década tras década, para ungir como gobernantes a los propietarios de sus países.
Goldman Sachs y el Banco Real de Escocia son los Mubarak y Ben Alí de Estados Unidos y Gran Bretaña, que devoraron la riqueza de los pueblos mediante tramposas recompensas y bonos para sus jefes sin escrúpulos a una dimensión infinitamente más rapaz que la pudieron imaginar los codiciosos dictadores árabes.
No fue necesario, aunque me fue útil, ver el programa Inside Job de Charles Ferguson transmitido esta semana por la BBC para demostrarme que las agencias calificadoras y los bancos estadunidenses son intercambiables, que el personal de ambas instituciones se mueve sin trámites entre las agencias, los bancos y el gobierno de Estados Unidos. Los mismos muchachos calificadores (casi siempre varones, claro) que calificaron con triple A préstamos devaluados y sus derivados en Estados Unidos ahora atacan a zarpazos a los pueblos de Europa –mediante su venenosa influencia en los mercados– y los amenazan con disminuir o retirar las mismas calificaciones a naciones europeas, que alguna vez otorgaron a criminales, antes del colapso financiero estadunidense.
Siempre he creído que los argumentos mesurados tienden a ganar las discusiones. Pero perdónenme, ¿quiénes son estas criaturas cuyas agencias calificadoras ahora espantan más a Francia de lo que Rommel lo hizo en 1940?
¿Por qué no me lo dicen mis colegas periodistas en Wall Street? ¿Por qué la BBC, CNN y –ay, Dios– hasta Al Jazeera, tratan a estas comunidades criminales como incuestionables instituciones de poder? ¿Por qué nadie investiga, como ha comenzado a hacerlo Inside Job, estos escandalosos tratos sucios? Todo esto me recuerda la manera igualmente cobarde en que los reporteros estadunidenses cubren Medio Oriente, la forma tenebrosa en que siempre evitan hacer críticas directas a Israel, siempre bajo el poder de un ejército de cabildos pro Likud que explican a los televidentes que la
labor de pazde Estados Unidos en el conflicto israelí-palestino merece nuestra confianza; y por qué los buenos son los
moderadosy los malos son los
terroristas.
Al menos los árabes han empezado a ignorar estas tonterías. Pero cuando los que protestan contra Wall Street hagan lo mismo, se convertirán en
anarquistas,
terroristassociales en las calles de Estados Unidos que exigen que los Bernanke y Gethner enfrenten un juicio como al que se ha sometido a Hosni Mubarak. Nosotros, en Occidente, hemos creado a nuestros propios dictadores, pero a diferencia de los árabes los volvimos intocables.
El primer ministro de Irlanda, Enda Kenny, informó solemnemente a sus compatriotas esta semana que ellos no son responsables de la crisis en la que se encuentran. Ellos ya lo sabían, desde luego. ¿Por qué no les dijo de quién es la culpa? ¿No va siendo hora de que él y los otros primeros ministros europeos nos lo digan, y también de que los reporteros nos lo informen?
© The Independent
Traducción: Gabriela Fonseca
Rusia: lecciones e hipocresía de Occidente
Una semana después de las polémicas elecciones legislativas en Rusia, en las que el partido gobernante se alzó con la mayoría de los escaños en la Duma (Cámara Baja del Parlamento), el creciente descontento social por denuncias de fraude electoral configura un escenario de crispación política sin precedentes en la historia post soviética de ese país. Ayer, decenas de miles de personas volvieron a salir a las calles moscovitas –y a las de casi un centenar de ciudades más– para protestar contra el control político ejercido desde hace más de una década por el primer ministro Vladimir Putin, para denunciar la anulación de los comicios y la liberación de los
A juzgar por los elementos de juicio disponibles, la inconformidad de los rusos no es infundada: de acuerdo con versiones de representantes de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa y la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, las referidas elecciones legislativas fueron un ejemplo de vicios antidemocráticos de sobra conocidos en nuestro país. Tales organismos han asentado, en sendos informes, que los comicios se caracterizaron por la presos políticos–en alusión a los cientos de detenidos en protestas de días pasados– y para pedir la destitución de las autoridades electorales.
falta de imparcialidady por una
convergencia entre el Estado y el partido gobernante, que derivó en
frecuentes violaciones de procedimiento y en casos de aparente manipulación, incluidos indicios graves de introducción masiva de papeletas en las urnas. Ciertamente, esas acusaciones no debieran resultar extrañas ni novedosas en la Rusia contemporánea, cuyas profundas raíces antidemocráticas datan de tiempos de los zares, se rearticularon rápidamente en la URSS pocos años después de las revoluciones de 1917 y, tras verse interrumpidas brevemente en los años de la perestroika (1985-1990), fueron retomadas por los gobiernos de Boris Yeltsin y del propio Putin, ambos asociados a las elites político-económicas que se beneficiaron con el desmantelamiento del Estado realizado a partir de 1991.
Lo que llama la atención, en todo caso, es la actitud hipócrita asumida por las naciones occidentales, con Washington a la cabeza, ante la crisis que enfrenta el Kremlin. El pasado lunes, la secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, dijo que el proceso electoral ruso no había sido
ni libre ni justo, y ello obliga a recordar que fueron precisamente Washington y sus aliados occidentales los que, tras la caída de la llamada Cortina de Hierro, se empeñaron en reconocer en Rusia una democracia inexistente, con el fin de vincular a ese enorme país al mercado mundial y a las tendencias económicas definidas en el Consenso de Washington y convertirlo en un conjunto de oportunidades de negocio para compañías trasnacionales.
En consecuencia con ese propósito, Estados Unidos y Europa occidental soslayaron durante mucho tiempo la escandalosa ausencia de un estado de derecho en la nación euroasiática; los violentos métodos empleados por el gobierno y por las mafias privadas para eliminar opositores y competidores; las violaciones a los derechos humanos y las manipulaciones electorales realizadas desde el Kremlin para perpetuar al grupo en el poder. Durante la presidencia de George W. Bush la Casa Blanca reactivó sus posturas críticas hacia el Kremlin, pero lo hizo más por intereses geopolíticos que por motivaciones democráticas. Con tales antecedentes, resultará arduo para los funcionarios y políticos europeos y estadunidenses convencer a la opinión pública rusa e internacional de su disgusto por el desaseo que caracterizó las elecciones legislativas.
Por último, los señalamientos de observadores internacionales y opositores políticos sobre la falta de separación real de poderes en Rusia, la fusión del Estado con las fuerzas políticas y la parcialidad del conjunto de los medios informativos en favor de los candidatos oficialistas, motiva a reflexionar sobre la persistencia, en México, de esos mismos vicios que reflejan atraso en la institucionalidad democrática. Si en las elecciones de 2006 la aparición de esos rasgos provocó una de las movilizaciones cívicas más intensas en la historia de nuestro país y una fractura nacional que hasta la fecha no ha sido subsanada, ahora, en el contexto de una institucionalidad aún más debilitada, la persistencia de esos elementos tendría que ser un llamado de alerta para las autoridades políticas y electorales sobre la necesidad de tener unos comicios aseados e incuestionables en 2012. De lo contrario, podría alimentarse el riesgo de conducir el país a escenarios indeseables.
Bajo la Lupa
Celac: agonía de la OEA y segunda muerte de la Doctrina Monroe y el ALCA
Alfredo Jalife-Rahme
Antecedentes: son tiempos del lulismo en América Latina (AL). Desde 2002, había vaticinado lo que a mi juicio representa(ba) el lulismo:
Tras el triangulado golpe de Estado presuntamente promovido por EU en Honduras, con el propósito avieso de torpedear la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba) –ahora constituido por ocho países de los 33 de AL–, pareciera que Washington sea más tolerante a la ola del lulismo en la región, en la fase del incipiente orden multipolar.Salvación de Brasil y AL(
Incandescencia neoliberal y esperanza con Lula; revista Vértigo, 8/12/02).
Una ex guerrillera, Dilma Rousseff, gobierna el principal polo de poder de AL, mientras el presidente peruano de corte nacionalista-socialista, Ollanta Humala (ollanta en quechua significa:
el guerrero que desde su atalaya todo lo ve) ha confesado tener como referente a Lula:
Si algún modelo tiene éxito es el brasileño(larepublica.pe, 26/4/11).
Hace un mes estuve en Bogotá, donde viví el inesperado ascenso de un ex guerrillero, Gustavo Petro, como alcalde de la capital colombiana y presenciar la debacle del modelo neoliberal- facistoide del ex presidente Uribe (el sosias de Calderón).
En Paraguay, el presidente Fernando Lugo no se encuentra nada distante del lulismo del que la asombrosa presidenta de Argentina, Cristina Fernández, es una de las principales aliadas geoeconómicas.
En entrevista reciente con el muy solvente conductor de televisión y radio en Estados Unidos (EU) Rubén Luengas, me atreví a formular que AMLO representa el estereotipo feliz del
Lula mexicano.
El lulismo se ha impuesto como una de las corrientes principales de AL –cuando EU ha hecho lo imposible tanto por la vía militar como por el método subversivo (que incluye la propaganda negra) para detener el ascenso del Alba–, no seré cruel en hacer leña de los árboles caídos del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) ni del difunto Plan Puebla-Panamá, el demencial plan bushiano-foxiano-castañedista.
Hechos: el presidente de Venezuela, Hugo Chávez –quien exhibe una fortaleza titánica pese a su cuarta sesión de quimioterapia debido a su lamentable enfermedad– convocó a una reunión antigravitatoria para dar nacimiento a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), a la que concurrieron hasta algunos latinófobos
caballos de Troya, quienes prefieren ser esclavos de Estados Unidos (EU) y Canadá, en lugar de estar en la primera fila del futuro halagüeño que se presagia para AL como uno de los principales polos del incipiente orden multipolar (
Hacia el bloque transregional de Latinoamérica y los países árabes, Bajo la Lupa, 7/12/11)
Chávez, quien guste o no –quizá debido a su formación militar estratégica–, posee un profundo conocimiento de la geopolítica, aseveró que la cumbre fundacional de la Celac representó
en 100 años lo más importante en este continente. Chávez entendió perfectamente que la Celac
no hubiese sido posiblede
no haber cambiado el mapa geopolítico en la regióny avizora que
es el tiempo de América Latina y el Caribepara construir
un espacio geopolítico tal cual era el proyecto de Bolívar.
Chávez parece haber hecho caso de mis prudentes advertencias durante la conferencia que impartí en Caracas, de no seguir el modelo monetarista y fiscalista de la Unión Europea (UE), hoy en desasosiego:
La Celac nunca (sic) caminará por el rumbo de la UE, donde no hubo liderazgos capaces (sic) ni fuerzas populares (sic) que obligaran a cambios profundos(La Jornada, 9/12/11). Altos funcionarios del gobierno venezolano me comentaron que Chávez estuvo atento a mi ponencia desde un hospital.
Dilma Rousseff, presidenta de BrasilFoto Xinhua
Se aprobó la histórica Declaración de Caracas y, en forma deportiva y nada ideologizada, recayó la presidencia pro témpore en el chileno Sebastián Piñera, quien ha manifestado tener un enfoque geoeconómico más que pinochetista. En forma lúcida, Piñera invitó a
mirar hacia el futuro(elmundo.es, 9/12/11). Queda atrás totalmente derrotada la aciaga fase de los estériles ejes antagónicos en el hemisferio que impulsó la dupla bushiana de Fox-Castañeda.
La transversalidad de la Celac es azorante cuando Cuba, expulsada de la OEA en 1962 por encargo de EU, acogerá su próxima cumbre el año entrante. La custodia del tesoro promisorio de la Celac está en manos de una troika: Venezuela, Chile y Cuba.
La Celac conjunta a los 33 países de AL y nace con el legado político del Grupo de Río y la Cumbre de América Latina y el Caribe sobre Integración y Desarrollo (CALC). En forma significativa y por razones culturales evidentes, EU y Canadá, dos países de la anglósfera con poderosas minorías
latinas, no forman parte del nuevo bloque.
El presidente ecuatoriano, Rafael Correa, puso el dedo en la llaga sobre el papel entreguista de la OEA a la agenda unilateral de EU:
Es claro que necesitamos un nuevo sistema latinoamericano. Sus sesgos y atavismos acumulados la vuelven ineficiente y poco confiable para los nuevos tiempos(Yahoo, 9/12/11). ¡De acuerdo!
La Doctrina Monroe de 1823 –que no era
América para los americanos, sino
América para EU– degeneró en la demolición de la integración sudamericana de Simón Bolívar, fallecido siete años más tarde. La eyección del ALCA, enterrada en Mar del Plata en 2005, significó la primera muerte de la Doctrina Monroe. Hoy la resurrección del sueño bolivariano de la Celac aniquila por segunda vez el irredentismo unilateral de la Doctrina Monroe.
No encontré nota relevante alguna en la prensa pro anglosajona sobre la génesis de la Celac, salvo notas de sus palafreneros regionales como lanación.com (8/12/11) que fustiga a Celac como
otro proyecto aislacionista. ¡Cómo les dolió!
No faltan análisis de relieve quienes no soslayan la afectación a los intereses hegemónicos de EU y Gran Bretaña (v. gr. el contencioso de Las Malvinas y el boicot a Cuba).
Es interesante contemplar la percepción tanto de China –que saludó la creación de la Celac, a diferencia del estruendoso silencio de la anglósfera, la OTAN y la UE– como de Rusia, uno de cuyos órganos, Russia Today (4/12/11) sopesa su loable asunción en medio de los desafíos
a su unidad e integración.
Russia Today pone de relieve la opinión de
políticos, analistas y expertos internacionalesquienes consideran que la Celac
podría remplazar a la obsoleta OEA de la que forman parte EU y Canadá. La OEA, cuya sede se ubica en Washington,
es incurable porque sufre de metástasis imperial. ¡Olé!
Conclusión: existe el peligro de que EU vaya a sabotear y balcanizar el nuevo bloque (que tiene en su seno a varios caballos de Troya). Se espera que el revire de EU y GB contra la Celac sea brutal, cual su costumbre.
La OEA, instrumento del caduco orden unipolar, opera en sentido contrario a la Celac –joya de la incipiente multipolaridad– y hoy son incompatibles y mutuamente excluyentes.

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