American Curios
Estado de derecho
David Brooks
Este país se congratula de impartir justicia de manera imparcial y transparente donde todos, sin importar origen ni poder, están sujetos al estado de derecho. Aquí hay
justicia igualitaria para todos, como dice una de las frases de los juramentos patrióticos escolares.
De hecho, Innocence Project, organización nacional de litigio y políticas publicas, registra que desde 1989 se ha exculpado a 303 reos al aplicar pruebas de ADN que comprueban su inocencia (después de que pasaron en promedio 14 años tras las rejas). De éstos, 18 estaban en la fila de la muerte para ser ejecutados.
Pero durante la última semana se demostró que el sistema de justicia tiene nuevos problemas, algunos de los cuales ponen en duda eso de un estado de derecho.
Para empezar, el procurador general Eric Holder, quien encabeza el Departamento de Justicia, admitió ante un comité del Senado que hay entes tan poderosos que no pueden ser fiscalizados por sus delitos.
En este caso el delincuente es el banco trasnacional HSBC, que aceptó ser responsable de lavado de dinero procedente de cárteles de narcotráfico mexicanos y colombianos, así como de manejar fondos de regímenes y organizaciones calificados oficialmente de
terroristas.
Cuando el senador republicano Charles Grassley preguntó a Holder por qué el Departamento de Justicia decidió no presentar cargos criminales contra HSBC y sus ejecutivos, el procurador, sin mencionar por nombre al banco, respondió:
me preocupa que el tamaño de algunas de estas instituciones llega a ser tan grande que se vuelve difícil para nosotros fiscalizarlos cuando nos golpean indicaciones de que si procedemos a presentar cargos criminales eso tendrá un impacto negativo en la economía nacional, incluso en la mundial. El banco aceptó pagar una multa de 1.9 mil millones de dólares sin que ninguno de sus ejecutivos fuera sometido a un juicio.
Uno espera problemas para llevar a un criminal ante la justicia cuando huye a un país hostil, pero escandaliza que el Departamento de Justicia no pueda proceder contra una actividad criminal cuando alguien simplemente entra por las puertas de un megabanco de Wall Street, comentó el senador demócrata Sherrod Brown, reportó el Washington Post.
Robert Borosage, codirector de Campaign for America’s Future, comentó que
el procurador general Holder expresó abiertamente lo que ya era evidente: el Departamento de Justicia cree que los bancos demasiado grandes para permitir su colapso son también demasiado grandes para encarcelara sus directivos.
Por otro lado, la semana pasada ocurrió otro intercambio que provocó dudas sobre dónde empieza y termina el estado de derecho. Ante una pregunta del senador republicano ultraconservador Rand Paul sobre si el presidente podía ordenar un ataque de un drone (avión no tripulado) contra un estadunidense en territorio nacional, el procurador Holder primero respondió que podría visualizar
circunstancias extraordinarias donde sería necesario y apropiadoemplear lo que aquí llaman
fuerza letal. Las reglas y justificación legal para el uso de drones por el gobierno de Obama se mantienen como secreto oficial en este país.
Rand Paul, senador republicano de ala ultraconservadora, cuestionó desde el pleno al procurador general Eric Holder respecto de si el gobierno autoriza el uso de drones contra connacionales en territorio estadunidense, lo cual desató un intenso debate en el Congreso en días pasadosFoto Ap
¿Somos tan complacientes con nuestros derechos que permitiríamos a un presidente decir que podría matar a estadunidenses? A ninguna persona, a ningún político debería permitírsele... juzgar la culpabilidad de un individuo y ejecutarlo. Eso va en contra todo lo que fundamentalmente creemos en este país, declaró Paul desde el pleno.
Pocos después, ante el estallido de un debate por lo que dijo, Holder intentó modificar su afirmación y decidió enviar tal vez una de las respuestas legales oficiales más breves de la historia a Paul: “Ha llegado a mi atención que usted ha hecho una pregunta adicional. ‘¿Tiene el presidente la autoridad de usar un drone artillado para matar a un estadunidense que no participa en combate en suelo americano?’ La respuesta a esa pregunta es no”.
Lo que nadie pregunta, tal vez porque la respuesta es obvia, es si el presidente o su gobierno puede ordenar el asesinato de cualquier extranjero en cualquier parte del mundo.
Mientras tanto, a pesar de los balazos en las calles de este país todos los días, que perturban la paz y orden público que se supone existen en un estado de derecho, por ley se garantiza el derecho a un arma. Mientras se debate este derecho sagrado después de la matanza de tantos niños en la primaria de Newtown en Connecticut con armas obtenidas legalmente, desde ese 14 de diciembre sangriento en este país 2 mil 574 personas más han muerto a causa de armas de fuego, según un cálculo de la revista cibernética Slate. En este contexto, fue notable la noticia de que el estado de Dakota del Sur se ha convertido en el primero de la unión en promulgar una ley que explícitamente autoriza a todo empleado escolar, incluidos maestros, a portar armas en la chamba. Claro, para proteger a los alumnos y a sí mismos de tantos locos con tantas armas.
A todo esto le dicen estado de derecho.
Como decía el gran historiador Howard Zinn al intentar dilucidar por dónde tiene uno que empezar a ver a este país (y al mundo): “Yo parto de la suposición de que el mundo está al revés, que las cosas están mal, de que en la cárcel están quienes no deben estar y fuera de la cárcel hay gente que debería estar dentro, que en el poder hay personas que no deberían estar allí y quienes deberían estar en el poder no están…”
Malvinas: colonización y soberanía
El gobierno británico inició ayer un ejercicio de referendo entre los colonos de las islas Malvinas con el propósito de anteponer una supuesta expresión de
autodeterminación, a fin de neutralizar el histórico reclamo de soberanía de Argentina sobre ese archipiélago del Atlántico sur. Se da por hecho que la gran mayoría, si no es que la totalidad, de los habitantes de las islas votarán por seguir perteneciendo a Gran Bretaña, habida cuenta de que son descendientes de la población inglesa asentada por Londres a lo largo de muchas décadas.
intento encaminado a quebrantar total o parcialmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país,
incompatible con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas.
Cabe recordar que la presencia colonial británica en las islas derivó ya en una guerra (abril-junio de 1982) en la que murieron unos 650 argentinos y unos 275 británicos y que provocó, además, ingentes pérdidas materiales para ambos bandos. Años después de la guerra, la Asamblea General de la ONU, en su resolución 2065, exhortó a ambas partes a “proseguir las negociaciones (…), a fin de encontrar una solución pacífica al problema, teniendo debidamente en cuenta las disposiciones y los objetivos de la Carta de Naciones Unidas y de la resolución 1514, así como los intereses de la población de las islas”.
A más de 30 años de aquella conflagración se mantiene la indefinición del futuro de esa colonia: mientras que Londres sigue alegando el supuesto derecho a la
autodeterminaciónde una población que ha sido en su mayor parte sembrada por el propio gobierno británico, Argentina mantiene sus reivindicaciones de soberanía territorial sobre las Malvinas.
El conflicto se ha agudizado en tiempos recientes por el descubrimiento de ricos yacimientos petrolíferos –con potencial para producir unos 500 mil barriles diarios de petróleo– y de otros recursos minerales, lo cual ha robustecido el interés de Gran Bretaña en mantener su dominio colonial sobre el archipiélago y el afán argentino en recuperar la soberanía territorial de él.
El impasse en que se encuentra el estatuto de las Malvinas es ilustrativo de la clase de problemas que generan los procesos de colonización y las alteraciones demográficas inducidas por medio de decisiones gubernamentales, y remite obligadamente a casos como el de Cisjordania y la Jerusalén oriental –territorios palestinos que están siendo sometidos a intensa colonización con israelíes a fin de hacer inviables ulteriores reclamos de sus pobladores originales– o el del Sahara occidental, perteneciente a la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) y ocupado en su mayor parte por la monarquía marroquí, la cual ha enviado a la zona miles de colonos de esa nacionalidad a fin de escamotear los legítimos derechos históricos de los saharauis.
La conclusión, si alguna, es que la deliberada alteración demográfica de un territorio no puede invocarse para legitimar a posteriori una ocupación militar, y que las poblaciones resultantes de procesos de colonización terminan por quedar atrapadas en conflictos que no habrían debido tener origen.
El mensaje del Papa
Bernardo Bátiz V.
Me separo de los temas que habitualmente toco, relacionados casi siempre con la democracia, la defensa de la soberanía nacional y opiniones sobre los criterios para combatir la inseguridad y la delincuencia. Incursiono en un tópico que no ha sido el mío, pero que he seguido siempre con interés y que especialmente hoy no puedo soslayar.
El Papa, todavía en el ejercicio de su cargo y a pocos días de separarse de él, en una de sus últimas intervenciones públicas, señaló como una debilidad o un vicio que agobia al mundo, pero también a la Iglesia, el de la hipocresía; en mi opinión, mostró con su advertencia la razón profunda de su determinación, dio una pista y abrió una rendija a la inquietud generalizada.
La hipocresía es el fingimiento de cualidades o sentimientos; en el fondo se trata de una falsedad. Consiste en aparentar lo que no se es, en ostentar alguna virtud o cualidad que no se tiene pero que se pretende como propia.
La Iglesia pretende como algo esencial en su presencia y acción en la historia; seguir las enseñanzas de su fundador, que resumió para sus discípulos, que fueron sus contemporáneos y amigos, y para sus seguidores a través de los tiempos, en dos mandamientos, que son amar a Dios y al prójimo, Esta última exigencia se multiplica en todas las acciones posibles de nuestra vida de relación con los demás; sea lo que sea lo que hagamos o sea cual sea nuestro papel en la sociedad, estamos permanentemente ante la disyuntiva de cumplir o de incumplir el mandato.
Esta constante exigencia de actuar en favor y servicio de nuestros semejantes es individual, pero se refiere también a las instituciones de la que formamos parte. Cada una de ellas, la familia, la ciudad, el Estado, las asociaciones profesionales, las económicas, todas están frente a la disyuntiva de servir o de servirse, de cumplir con el precepto que exige amor a los demás o poner por encima el interés individual y el egoísmo.
La Iglesia misma tiene constantemente frente a sí esa exigencia y con más razón que las demás organizaciones, porque se asume como la heredera directa de Cristo y más aún, como parte de Él mismo por la convicción según la cual la Iglesia constituye el cuerpo místico de Jesús; la verdad es que por lo general, y a través de los siglos, su papel ha pretendido ser fiel al mandamiento. Hillaire Belloc, en su libro Europa y la fe, afirma que con el credo se extendieron por toda Europa la civilización romana, las artes, las técnicas, la cocina, la pintura, la escritura, la arquitectura, pero principalmente, agrega,
la capacidad de pensar con claridad mayor.
Esto ha sido así, en efecto durante mucho tiempo la Iglesia enseñó a pensar; lamentablemente, la modernidad, la vida globalizada, el abandono y el desprecio generalizados a las virtudes cristianas –la modestia, la humildad, la pobreza de espíritu, el amor al prójimo, consideradas por Federico Nietzsche como contrarias al modelo de superhombre que se impuso, ser fuerte, implacable, poderoso y triunfador– han hecho que la Iglesia aparezca como fuera de lugar y anacrónica.
Para responder a esa exigencia del pensamiento actual, algunos han pretendido compaginar y combinar las virtudes cristianas con el hedonismo, con el éxito y el triunfo sobre los demás, y el fracaso no se ha hecho esperar; es evidente el declive por el que pasa esta institución formadora de culturas y de naciones, que recorre hoy un camino oscuro y cuesta abajo.
El llamado de Joseph Ratzinger todavía desde la cátedra de San Pedro adquiere importancia capital; la Iglesia, y con ella cada uno de nosotros, debe revisar el papel jugado en el mundo actual y hacer lo que ya ha hecho en otros momentos y en otras tempestades: casar su actitud externa y sus convicciones, liturgia y dogma, con una conducta social congruente; entonces, las ceremonias no parecerán fingidas ni las creencias explicaciones huecas; se compaginará la fe y la actitud externa con una conducta más allá de la apariencia y tocará el fondo de las comunidades y de las personas que las integran. Revisar con humildad y corregir, corregirnos, ése me parece que es el llamado que debemos entender.
Lo que según Belloc llevó a la Iglesia a los confines del mundo,
la capacidad de pensar con claridad, puede ser otra vez la oportunidad de la humanidad para salir del caos moral en que se encuentra, en el que prevalece por todas partes la ambición, la competencia desmedida, el egoísmo y el desprecio por los demás; pensar y actuar serán acciones congruentes, y el llamado del Papa que renunció a su cargo puede tener el valor de una campanada que nos avisa de un cambio de fondo.

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