Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

lunes, 24 de octubre de 2011

PRD: la trágica descomposición- Fraude interno, la regla

Astillero
PRD en su laberinto
Fraude interno, la regla
Pavimentan paso al PRI
¿Encarcelar a Fidel Herrera?
Julio Hernández López
Foto
COMICIOS DEL SOL AZTECA. Perredistas de Benito Juárez (Cancún) denunciaron que fueron constantes las irregularidades en las elecciones internas. En Quintana Roo se deben elegir dos consejeros nacionales y 100 estatalesFoto José Luis López Soto
El PRD ha afinado su sistema interno de elecciones: en cada oportunidad produce invariablemente un escándalo, e incluso en los casos en que aparentemente todo transcurre en márgenes aceptables de normalidad (ayer, por ejemplo, fueron mayoría los estados en que no hubo estridencia) los resultados de cara a la sociedad acaban siendo lamentables, pues muestran un partido profesionalmente dedicado a la defraudación en casa, la manipulación clientelar y el oportunismo discursivo, y calculadamente distante de las verdaderas luchas que la izquierda debe dar en general y en especial de las que el grave momento del país reclama.
Ni siquiera queda a algunos de sus militantes sensatos de base la posibilidad de tomar un bando en conflictos específicos, pues suele suceder que los apasionados denunciantes de arbitrariedades y atropellos lo son simplemente porque fueron desplazados o superados por otros ejecutores mejores, metida la gran mayoría de los aparatos operativos de cada corriente o tribu en el mismo perol de la ilegalidad y el pragmatismo extremo.
Lo sucedido ayer es un episodio más de la negra telenovela perredista, a la que hace mucho tiempo le falta el amarillo. El grupo alineado con Marcelo Ebrard (con el delegado Víctor Hugo Lobo y el directivo Jesús Valencia como figuras estelares) impidió el reparto de papelería electoral y la realización de comicios internos en varias entidades, entre ellas la principal del reino del sol azteca, la capital del país. Del otro lado, la dupla que se ha instaurado como representante y defensora del lopezobradorismo en esa demarcación federal, René Bejarano y Dolores Padierna, esta vez asociada con un segmento de la Nueva Izquierda (no necesariamente con los meros Chuchos como partícipes), que prefirió encarecer posteriores ventas de lealtad al ebrardismo pertrechándose coyunturalmente del lado de la pareja rectora de la Izquierda Democrática Nacional.
No hay lugar para la inocencia ni la ingenuidad. Padierna, siempre en sintonía con el emblemático profesor Bejarano, aprovecha la ocasión para lanzarse contra Ebrard en busca de debilitarlo o contraponerlo con las bases de cara a otro proceso crítico, el de las encuestas que habrán de definir el nombre del candidato presidencial del PRD. Asumiéndose como libre de culpa clientelar, el movimiento Padierano o Renodores lanza las primeras despensas de compra de voto contra el edificio central de la administración capitalina, acusándose en el otro, dibujando involuntariamente el mapa real de las navegaciones mercantiles realizadas por una y otra flotas, por los piratas de la izquierda que en pleito por el botín acaban denunciándose.
Los Chuchos, desde luego, son felices tanto en función de ganar expresamente posiciones dignas de posterior mercadeo que perdiendo, desgastando, demeritando la imagen del partido actualmente a su cargo, pues bien pagado será en esta ocasión todo lo que ayude a restar posibilidades de continuidad a las siglas perredistas. Un huipil de tres colores ha sido lanzado oportunamente desde el copete del poder priísta como presunto manto de salvación y a esos propósitos de recuperación de la plaza capitalina mucho ayudará la crisis del PRD que los buenos gerentes de la izquierda dialoguista sabrán convertir en posiciones y avances adjudicables a una personalizada política de acomodos con el adversario fraterno que es el PRI (y más una supuesta representante de su ala izquierda como sería la ex gobernadora de Tlaxcala).
Astillas
Una tentación recorre los pasillos de Los Pinos: la de dar un golpe ejemplar al priísmo en la persona del ex gobernador de Veracruz Fidel Herrera Beltrán, a quien Felipe Calderón personalmente y de manera pública ha hecho cargos dignos de obligada indagación judicial. Según estimaciones del Primer Guía de Turistas del país, Herrera habría abierto a uno de los cárteles del narcotráfico las puertas de la entidad que gobernaba, al grado de ocultar información oficial sobre hechos delictivos e incluso (basándose Calderón para este punto en información publicada en medios de comunicación) negociando directamente rescates de secuestrados. El sometimiento de Veracruz a uno de los grupos delictivos, el de Los Zetas, habría sido roto de manera espectacular a partir de la aparición de cuerpos en Boca del Río, en un paso a desnivel junto a una conocida plaza comercial, momento éste que precipitó una alianza entre el gobierno estatal, ya a cargo de Javier Duarte, y el federal que puso a la Marina al frente de una amplia operación de recomposición con mano dura, dejando asomar incluso la figura de los grupos paramilitares (Los matazetas). En las oficinas centrales del PRI, donde Herrera es uno de los secretarios regionales, se estima que el gobierno federal no tendría los elementos suficientes para sustentar una acusación contra el políticamente longevo veracruzano y que, en caso de decidirse a dar un zarpazo judicial con ánimos mediáticos, la maniobra podría resultarle tan contraproducente como en el caso de Jorge Hank Rhon en Tijuana. La tentación de ir contra Herrera, a quien el vocero extraoficial del calderonismo para golpes políticos difíciles o improbables, Miguel Ángel Yunes, ha llenado de acusaciones graves, tiene como telón de fondo la misma obsesión de uso de lo judicial para proyectos electorales que se ha visto en otras entidades. Veracruz es el tercer sitio de aprovisionamiento para los comicios venideros, después del estado de México y el Distrito Federal, y el panismo yunista fue declarado perdedor por unos cuantos puntos porcentuales de diferencia en la pasada contienda por la gubernatura... Y, mientras Calderón ha firmado el decreto correspondiente a la llamada ley 5 de junio, con la que se imponen normas jurídicas que pretenden reducir las posibilidades de repetición de desgracias como la de la guardería ABC en un país donde lo que faltan no son letras normativas sino voluntad y capacidad para aplicarlas, ¡hasta mañana, con un interesante triunfo de Cristina Kirchner!
Twitter: @julioastillero
Facebook: Julio Astillero
Revolución antidemocrática-Helguera
PRD: la trágica descomposición
Las elecciones para consejeros realizadas ayer entre los integrantes del Partido de la Revolución Democrática (PRD) exhibieron, de nueva cuenta, los añejos conflictos entre corrientes que imperan en ese instituto político. Los comicios fueron suspendidos en siete entidades (Zacatecas, Chiapas, Nuevo León, Campeche, Veracruz, Oaxaca y el Distrito Federal) entre señalamientos cruzados de los distintos grupos por reparto de despensas a cambio de votos, alteración de los listados, intromisiones del gobierno capitalino e intentos por descarrilar el proceso.
El jefe delegacional en Gustavo A. Madero, Víctor Hugo Lobo, impidió, al frente de sus simpatizantes, la distribución de la papelería electoral en el la capital, en Veracruz y en Oaxaca. En Durango se presentaron conatos de violencia, en tanto en la ciudad de México Izquierda Democrática Nacional (IDN), que preside Dolores Padierna, protagonizó una manifestación frente a las puertas del ayuntamiento para exigir que el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, saque las manos de la elección.
Tales hechos remiten, inevitablemente, al desaseado proceso de renovación de la dirigencia perredista que tuvo lugar entre el 16 de marzo y el 12 de noviembre, y que culminó con la designación, por parte del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), de Jesús Ortega Martínez como nuevo presidente nacional del partido. De entonces a la fecha el partido del sol azteca ha sido incapaz de subsanar las prácticas clientelares de sus diversas corrientes y de emanciparse de las burocracias incrustadas en su aparato institucional. Ello le ha impedido presentar a la sociedad un proyecto político coherente y proyectar una imagen atractiva al electorado, como quedó de manifiesto en los malos resultados obtenidos por esa formación política en los comicios de 2009. Con las gravísimas distorsiones que padece su estructura, el PRD no ha sido capaz de operar democráticamente en su vida interna.
A estas alturas, la organización fundada en 1989 por la más importante confluencia de las izquierdas nacionales no es capaz de ofrecer un funcionamiento institucional mínimamente correcto ni siquiera a sus propios militantes ni a los bastiones electorales tradicionales –el voto duro– de la izquierda.
Tal circunstancia es trágica para las causas y los movimientos sociales que dieron origen al partido del sol azteca, en la medida en que ese instituto político estaba llamado a ser la instancia democrática más importante para defender la soberanía nacional, propugnar la justicia social, impulsar una institucionalidad participativa y realmente representativa, rencauzar el manejo económico con un sentido social y promover y ampliar los derechos y libertades individuales y colectivos.
En momentos en que el avance del proyecto depredador neoliberal impone a la población niveles casi delirantes de desigualdad, pobreza, opresión, corrupción, atropello, violencia y sometimiento al extranjero, la ausencia de las dirigencias perredistas, ensimismadas en sus disputas internas y en el aprovechamiento de privilegios jerárquicos y de posiciones de poder alcanzadas mediante el sufragio, constituye una dolorosa y exasperante defección.
No debe perderse de vista, por otra parte, que tras las organizaciones y los movimientos que confluyeron en la fundación del PRD hay abundantes historias de entrega, sacrificio y sufrimiento, así como ejemplares gestas populares y ciudadanas, un capital histórico y humano que las tribus del sol azteca han venido dilapidando en forma progresiva y, al parecer, irreversible.
Por último, aunque no menos importante, la descomposición perredista –que es, a fin de cuentas, parte de un proceso más amplio de putrefacción que afecta al conjunto de las instituciones políticas del país– no sólo es negativa para el ámbito de la izquierda, sino para el conjunto de la vida republicana, en la medida en que socava al que debería ser el principal contrapeso legislativo y electoral a los partidos de la derecha, desdibuja un punto de referencia necesario para todo el espectro político y angosta los de por sí enrarecidos cauces de solución legal para las reivindicaciones sociales, las propuestas progresistas y los impulsos de cambio verdadero, tan necesario en México.

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