Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

domingo, 29 de enero de 2012

Desconfiar de los candidatos de izquierda que den obsequios por votos, pide AMLO- Lo que hay detrás de la ruptura- Cosechar más, comer menos


La presencia de Zambrano en su gira, muestra de que busca la unidad completa, dice
Desconfiar de los candidatos de izquierda que den obsequios por votos, pide AMLO
Critica a quien ofrece en tv mano dura contra el hampa; yo lo haré con mano franca y sin violar derechos
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Andrés Manuel López Obrador, precandidato presidencial de PRD, PT y Movimiento Ciudadano, luego del mitin de ayer en Caborca, Sonora, en el contexto de su gira por esa entidadFoto Carlos Ramos Mamahua
Claudia Herrera Beltrán
Enviada
Periódico La Jornada
Domingo 29 de enero de 2012, p. 7
Empalme, Son., 28 de enero. En una jornada donde se mostró cercano a Jesús Zambrano, líder del PRD y miembro de la corriente de los chuchos, Andrés Manuel López Obrador llamó a desconfiar de candidatos de izquierda que ofrezcan obsequios a cambio de votos, por ser unos reverendos corruptos.
De visita después en Caborca, municipio afectado por la violencia, criticó a quien promete en televisión actuar con mano dura contra la delincuencia. Ofreció que él lo hará, pero con mano franca y sin violar derechos humanos.
Al empezar su segundo día de gira por Sonora, el tabasqueño estuvo con Zambrano en un mitin en el municipio de Empalme, tierra del presidente del PRD, donde ambos resaltaron la unidad en sus filas y descartaron peleas.
Por segundo día, la velocista Ana Gabriela Guevara atrajo la atención en los actos de precampaña del tabasqueño, donde se hacían filas para la firma de autógrafos y las fotografías. Otro atractivo fue Hernán Tyson Márquez, campeón mundial de boxeo, quien dijo haber acudido a apoyar a Benjamín Espiricueta, aspirante del PRD a la alcaldía.
Frente a unas 800 personas reunidas en la plaza de Empalme, López Obrador censuró a quienes pretendan comprar el voto, aunque sean de nosotros.
Aprovecho para decir a los cuatro vientos: si hay candidatos del frente progresista, de nosotros también, que ofrezcan despensas, pollos, patos, borregos, dinero en efectivo, no hay que tenerles confianza. Si ese sistema se arraiga ya nos llevó el tren. El voto es la única arma del pueblo para el cambio, y si se convierte en mercancía, se va a comprar o vender, no habrá cambios, insistió.
Después declaró a la prensa que la presencia de Zambrano en la gira es muestra de su búsqueda de unidad completa.
De hecho, en el siguiente punto del recorrido, en Santa Ana, comió en un restaurante con Zambrano, Alfonso Durazo Montaño y Ana Gabriela Guevara.
En Empalme se le preguntó si llamaría al ex líder perredista Jesús Ortega a que lo acompañe a algún acto, a lo que respondió: desde luego que sí; a todos, y declaró resueltas las diferencias.
Por otra parte, defendió la postulación de candidatos ciudadanos o provenientes de otros partidos. Lo importante es que sean de inobjetable honestidad y tengan buen posicionamiento ante el electorado, resaltó.
Previamente, Zambrano, quien en otras ocasiones se enfrentó a López Obrador, destacó la unidad con el tabasqueño.
De hecho, en el mitin explicó que ahora no les queda duda del triunfo de su precandidato presidencial en julio próximo.
Descartó que haya división por la aprobación de candidaturas de ex militantes de partidos distintos al sol azteca, pero –dijo– tampoco van a recibir a cualquiera.
Señaló que el fin de semana se definirá entre la ex priísta María Elena Orantes o Yassir Vázquez la carta del PRD a la gubernatura de Chiapas, dado que salieron empatados en las encuestas. Prometió que se tomarán en cuenta las opiniones del PRD nacional y local, y de López Obrador.
En el mitin afirmó: no nos van a sacar el aire ni van a llenarnos de desaliento algunas encuestas que interesadamente se han estado presentando en los últimos días, en las que López Obrador aparece en tercer lugar en las preferencias electorales.
Consideró que el priísta Enrique Peña Nieto no necesita mucho para que lo desprestigien. El teflón enorme que traía, que parecía que nadie se lo iba a quitar, él mismo terminó quitándoselo por su incapacidad. Debajo del oropel no hay nada.
Llamado a Sicilia a reflexionar
En declaraciones a reporteros llamó al poeta Javier Sicilia a reflexionar sobre la inconvenienciencia del voto en blanco o nulo. Para que haya cambio en el país no hay que votar por la nada, hay que votar por la izquierda.
En Caborca, López Obrador refirió: quieren que diga: no me va a temblar la mano, como han hecho otros que se ponen frente a una cámara de televisión.
En lo que pareció una alusión al presidente Felipe Calderón, aclaró que él no aplicará medidas coercitivas y resolverá el problema sin autoritarismo ni violar los derechos humanos.
Prometió mando único de seguridad para serenar al país.

Lo que hay detrás de la ruptura
Arnaldo Córdova
  La alianza del PRI con el Panal alegró mucho a Enrique Peña Nieto porque, según confesó a sus allegados, era hora de hacer volver a la Gordillo y sus huestes al antiguo redil. Fue notable, desde luego, el empeño que el entonces presidente del partido, Humberto Moreira, puso en la obra, tanto que se le atribuyó a él la misma idea de la alianza. Peña Nieto, empero, fue el que verdaderamente se encargó de cocinar el acuerdo. En varias ocasiones se le vio en encuentros con la cacique magisterial. El caso fue que la dirigencia priísta parecía estar muy contenta con esa alianza. De repente, el cielo se le vino encima y la coalición se esfumó.
A todos aquellos que prefieren las malas artes en las contiendas electorales, los que buscan ganar a como dé lugar, se les antoja siempre un aliado como la Gordillo y sus mafiosos, sobre todo, como operadores electorales, en lo que se han creado una gran fama, más que por los votos que realmente representen. Moreira tiene fama de ser un cuadro político hechura de la dirigente chiapaneca, pero él no era más que un instrumento en manos del precandidato priísta que hacía todo lo que éste decidía. La alianza fue obra, ante todo, de Peña Nieto. Así lo mostraba él mismo cuando aludía al pacto.
La alianza, sin embargo, resultó muy costosa para el partidazo y aquellos de los suyos que fueron sacrificados en aras de la misma muy pronto comenzaron a respingar y se iniciaron las rebeliones abiertas no sólo contra el acuerdo de cúpula, sino en contra del mismo precandidato priísta, víctima, por lo demás, de sus errores y pifias. La cosa empezó a preocupar a la dirigencia priísta y se hizo evidente el miedo en los círculos allegados a Peña Nieto por la mala fama de la Gordillo (hasta entonces repararon en ella o, cínicamente, hasta entonces empezaron a repudiarla). La aparente tranquilidad con la que ambos aliados han reaccionado después de la ruptura ha sido sólo para enmascarar las decepciones a que ha dado lugar.
No se trató de un rompimiento violento, sino y hasta donde se pudo, negociado y con algunos acuerdos. Algunos de éstos, por cierto, fueron un verdadero tanque de oxígeno para los gordillistas, como, por ejemplo, el mantenimiento de alianzas a nivel local con el PRI. El senador Labastida, uno de los más feroces enemigos de la alianza, aseveró que la misma no era ni podía ser con el grupo dirigente de la Gordillo, sino, dijo, con las bases del magisterio, y agregó que muchos maestros serán candidatos del PRI.
Eso ha dado lugar a que algunos (el precandidato de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador, en primerísimo lugar) piensen, fundadamente, que el drama tiene mucho de comedia y de farsa, y que se hace sólo para descargar a Peña Nieto del oneroso fardo que representa el inconmensurable descrédito de la Gordillo. En todo lo que tenga de real, ello no obstante, quedó claro que fueron los priístas quienes decidieron romper con el Panal, aunque ahora todos, priístas y panaleros, nos vengan con el cuento de que fueron los últimos los que lo acordaron. El mismo Peña Nieto declaró el pasado día 23 que la decisión, en efecto, fue del Panal, dijo el precandidato, en un acuerdo amigable.
Dos días antes, Peña Nieto fue más claro, dejando entrever que la alianza se había vuelto irrealizable e inmanejable para su partido; “lo ocurrido –dijo– fue una falta de conciliación [sic] en los intereses de cada uno y eso nos llevó a definir de manera mutuamente acordada, que cada partido fuera por su cuenta”. El golpe para Gordillo y su grupo, como lo señalara Luis Hernández Navarro, fue seco y demoledor. Porque no se trata solamente de que el Panal ya no pueda tener 24 diputados y cuatro senadores, que era el botín de la alianza, sino un mayor desprestigio y un virtual aislamiento de las huestes gordillistas.
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El presidente del Panal, Luis Castro, y la diputada Mónica Arriola Gordillo, anuncian la ruptura con el PRIFoto Marco Peláez
El presidente panalero, Luis Castro Obregón, le echó la culpa de la ruptura a la parte conservadora del PRI, a “los labastidas, los augustos santiago… que representan el pasado”. Exonera a Peña Nieto, con quien hablamos siempre. Pero luego se sacó un conejo de la chistera al denunciar, según él, que fueron aquellos mismos priístas tradicionales y conservadores los que echaron a pique la alianza, al intentar modificar el convenio de la coalición. De acuerdo con Castro, esos priístas habrían exigido del Panal que aceptara ir en más estados, cosa que no aclaró en qué podría consistir. Que el PRI le soltara más puestos de elección es absolutamente improbable. En todo caso, esas entidades serían Campeche, Sonora, Chihuahua, Aguascalientes, Baja California y el DF.
Sea como fuere, parece claro que los que faltaron a la palabra empeñada fueron los priístas, que ni siquiera se preocuparon de guardar las formas. Pudieron haber dejado la cosa en la simple petición de que los panaleros aceptaran que los diputados (24) y senadores (4) fueran menos de lo que se acordó. Según una nota de Andrea Becerril (22 de enero), el argumento de inconformidad de los priístas fue por la postulación de los familiares de Gordillo (su hija y su yerno), lo que estaba provocando la rebelión de las bases partidarias. Después de varias horas de negociaciones telefónicas con la Gordillo, los priístas se decidieron por la ruptura.
Tal parece que en esta contienda hubo ganadores y perdedores. El primer perdedor de todos, por lo menos en el tiempo, fue Humberto Moreira y no tanto por sus malos manejos financieros en el gobierno de Coahuila, como por su responsabilidad en el acuerdo de alianza con su maestra y por el costo para el PRI. Todo mundo pudo ver que el bailarín fue obligado a renunciar a su cargo y todavía no está claro cómo podrá pagar sus yerros. Para la Gordillo, desde luego, el golpe fue seco y, para algunos, definitivo. Los panaleros alardean, dándose valor, de su fuerza electoral que, afirman, les bastará y les sobrará para seguir vivos. Eso, por supuesto, está por verse. Si bien los priístas, a nivel local, pudieran ayudarlos.
Distinguir a los ganadores resulta harto difícil. Peña Nieto no ganó nada, excepto, tal vez, que, no teniendo otra opción, el Panal lo haga su candidato presidencial. Él fue el verdadero promotor de la alianza y Moreira su mandadero. Ahora fue él mismo quien torpedeo esa alianza porque no pudo resistir la presión que subía desde las bases priístas. Y el país entero se pregunta cómo fue capaz de aliarse con semejantes bichos y, luego, por el modo en que se resolvió la ruptura. El baldón está ahí. Se suele decir que, con tal de ganar, se debe hacer alianzas hasta con el diablo. Eso está bien, empero, para quienes acostumbran vivir en los estercoleros de la política y son muy dados a no respetar leyes ni lealtades.
La verdad es que, tanto en el acuerdo de la coalición como en su ruptura, pudimos ver en acción a dos rufianes listos para degollarse a la primera ocasión. En el PRI son muchos los que se alegran del desenlace y hay muchos más que le están echando medidas al otro aliado, el PVEM, al que Moreira (con el aval cierto de Peña Nieto) también le hizo concesiones muy gravosas para el tricolor. Eso ha puesto a temblar a los verdes que se desviven gritando a los cuatro vientos su adhesión al futuro candidato priísta y su confianza en que los priístas respetarán sus acuerdos con ellos.
Cosechar más, comer menos
Gustavo Duch Guillot*
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Mujeres somalíes esperan pacientemente recibir productos alimenticios básicos en un centro de distribución instalado en Mogadiscio para los desplazados por el hambre en vastas regiones del país africano o por el conflicto armado entre diferentes etnias
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   En cuestión de comer, poco o mucho, una cosa está clara; cada vez todo es más homogéneo. Hemos perdido sabores y saberes paralelamente al desarrollo de una agricultura intensificada centrada en muy pocos cultivos. Lo que ahora llamamos así, agricultura intensificada, es el resultado de la llamada revolución verde que en los años 60 –y con financiación de la Fundación Rockefeller– introdujo cultivos por casi todo el mundo en base a semillas mejoradas que crecían rápido en suelos tratados con fertilizantes minerales.
África quedó excluida de este modelo agrícola hasta que, primero en 2003 con el Programa Detallado para el Desarrollo de la Agricultura Africana, después en 2006 con la Declaración de Abuja en el marco de la Cumbre de África sobre fertilizantes, y finalmente ese mismo año con la creación del AGRA (Alianza para una Revolución Verde en África) por parte de la Fundación Rockefeller (otra vez) y la Fundación Bill y Melinda Gates, llega la hora –dicen que verde y revolucionaria– para el continente.
El primer país africano en involucrarse es Ruanda. Como mandan los cánones del régimen de Kagame (uno de los principales actores de desestabilización y promotores de violencia en la región de los grandes lagos, que ha sabido silenciar sus crímenes contra la humanidad liquidando la oposición en el interior del país, y en el exterior con un gran despliegue mediático y con importantes alianzas occidentales) instaura en 2007 un nuevo régimen agrícola sin ningún tipo de debate o consulta con la población. Queda bautizado como Programa de Intensificación de Cultivos (CIP) y pretende transformar la agricultura de autosuficiencia en una agricultura comercial orientada hacia el mercado, en base a la especialización de cultivos por regiones; la propagación de monocultivos; las semillas comerciales, los fertilizantes minerales y los pesticidas químicos.
La consigna de la revolución atravesó todo el país, tanto si se quería como si no. Se decidió qué y cómo se cultivaría en cada región en un despacho de Kigali con un mapa y un marcador. Las autoridades locales fueron presionadas para alcanzar records en cada cosecha, y en la siguiente. Se forzó a las y los campesinos a agruparse en sociedades bajo control de las autoridades administrativas. Y se prohibieron prácticas habituales como la siembra de cultivos diversificados –que alimentan mejor, pero se venden peor. Una revolución que dictaminó el monocultivo infinito y obligatorio. En Gitamara, un agricultor cuenta que las autoridades nos exigieron volvernos productores de maíz con semillas comerciales, mientras que las mujeres querían seguir cultivando camote, col y otras legumbres en los humedales. Como ellas no cedieron, las autoridades terminaron enviando a los militares para destruir nuestros campos.
Los resultados han sido los esperados, y a corto plazo pueden parecer positivos en un país con problemas de hambruna. Según las estadísticas nacionales, desde el inicio del CIP y con un presupuesto anual de 22.8 millones de dólares, la producción agrícola creció 14 por ciento al año, triplicándose las cosechas de maíz, trigo y mandioca. Un aumento proporcional a unas inversiones nunca vistas en ese país. Pero como destaca la organización GRAIN, recientemente premiada con el Nobel Alternativo, tras el innegable aumento en la producción nacional se esconden otros aspectos mucho menos positivos para la población ruandesa y para la campesina en particular.
Impactos negativos porque esta agricultura intensificada e impuesta atenta contra la soberanía de la persona productora a la hora de decidir y definir su agricultura y sus formas de practicarla, y que hace a todo el país muy vulnerable y dependiente de pocos cultivos y su valor comercial. Las semillas híbridas utilizadas para el milagro de la productividad no pueden volver a sembrarse después de la cosecha y su precio es 30 por ciento más caro que las semillas locales; los fertilizantes minerales son imprescindibles, cuando su precio está en constante escalada. En varios años la pérdida de variedades de cada cultivo (biodiversidad) será como vaciar el baúl de las soluciones ante cambios climáticos, erosión, etcétera; y, como sabemos por experiencia, esta agricultura de trabajos forzados acaba con la fertilidad de la tierra. Monocultivos por todas partes provocan una disminución en la disponibilidad de productos locales, y la alimentación de las familias ahora dedicadas en exclusiva a un único cultivo, pasa a depender totalmente de los vaivenes comerciales (el precio medio anual de los productos alimenticios básicos en Ruanda subió 24 por ciento entre 2006 y 2008, cuando la tasa de inflación media en este periodo era de 9.8 por ciento).
Hay que hacer una denuncia con mayúsculas: 80 por ciento de las inversiones del CIP se han dedicado a la compra de abonos químicos de multinacionales especializadas. Esa es su verdadera revolución: favorecer a las grandes corporaciones y servirles un nuevo mercado. Mientras en el centro Gako Organic Farming de Kabuga, cerca de Kigali, Richard Munyerango explica sus resultados:
–Con la agricultura orgánica, podemos producir alimentos sanos y diversos en cantidades suficientes, y protegemos los suelos. No dependemos de los costosos fertilizantes, los elaboramos con los residuos de la cría de ganado y de las cosechas. Usando técnicas como el compost y las asociaciones de cultivos, incluso las familias muy pobres pueden mejorar su autonomía alimentaria de manera sustentable y recobrar su dignidad de personas campesinas.
Efectivamente, en la lucha contra la pobreza necesitamos revoluciones, pero de mentalidades
* Coordinador de la revista Soberanía alimentaria, biodiversidad y culturas

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