Argentina: A debate la relección de Cristina
Cristina Fernandez, presidenta de Argentina.
Foto: AP
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BUENOS AIRES (apro).- El gobierno argentino ha sincerado su deseo de reformar
la Constitución.
La iniciativa se oficializó a través de un ciclo de debates que se lleva a
cabo en la Escuela Nacional de Gobierno (ENG), dependiente de la Jefatura de
Gabinete. El ciclo se denomina “Constitución y Proyecto Nacional”. Comenzó el 3
de julio y se extenderá hasta el 21 de agosto. Su objetivo declarado es
reflexionar sobre el marco constitucional que rige en Argentina.
Los organizadores asocian la Carta Magna, reformada en 1994, con el Consenso
de Washington y el neoliberalismo. Impulsan su adaptación al proyecto de país
inaugurado en 2003 por Néstor Kirchner. Para la oposición, el llamamiento apunta
fundamentalmente a habilitar la posibilidad –hoy vedada– de que la presidenta
Cristina Fernández de Kirchner se postule para un tercer mandato en 2015.
El deseo de continuidad del kirchnerismo se asienta en la popularidad de
Cristina. La mandataria obtuvo el 54% de los votos en las elecciones
presidenciales de octubre de 2011, superando el 45% con que había llegado al
poder por primera vez en 2007, y el magro 24% con que Néstor Kirchner asumió la
presidencia en 2003.
La disputa sucesoria se expresa claramente en el conflicto que el gobierno
mantiene en estos días con sus antiguos aliados Daniel Scioli y Hugo Moyano. El
primero gobierna la provincia de Buenos Aires, el distrito electoral más
importante de Argentina. Moyano es el secretario general de la Confederación
General del Trabajo (CGT). Estos dos políticos son quienes más abiertamente le
disputan a Cristina espacios de poder dentro del peronismo.
Ningún líder opositor ajeno al movimiento político fundado hace 70 años por
Juan Domingo Perón parece contar hoy con posibilidades ciertas de desafiar a la
presidenta. Ni el socialista Hermes Binner, que cosechó el 17% de los votos en
2011, ni el radical Ricardo Alfonsín (11%), ni el conservador Mauricio Macri,
jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, quien declinó participar en la
contienda.
En los últimos diez años, la constelación política que gobierna Argentina se
ha dirimido siempre a partir de la interna peronista.
Si Cristina no pudiera presentarse como candidata en las elecciones
presidenciales de 2015, Daniel Scioli se impondría con el 37% de los votos. Así
lo indica una encuesta de la Consultora MB2 del mes de junio.
Hugo Moyano, líder del sindicato de camioneros transportistas, aspira a ser
el “Lula argentino”. El 27 de junio reunió a 60 mil trabajadores en Plaza de
Mayo para manifestar contra el gobierno.
El diario La Nación, en un artículo publicado el pasado 1 de julio resume de
manera irónica la dificultad de los candidatos que enfrentan a la presidenta,
independientemente de su signo político:
“Existe, en el actual imaginario kirchnerista, una escena inverosímil. Es el
momento en que Cristina Kirchner le entrega la banda presidencial a su sucesor.
Los peronistas también repasan una y otra vez esa secuencia en cámara lenta y no
hay caso: no funciona, no es creíble. No conciben que una Evita rediviva
entregue la banda. Por el simple hecho de que no se entrega la patria. No se le
cede el país a la antipatria, a la oligarquía, a la derecha, a las
corporaciones.”
Liderazgo
“Uno de los grandes desafíos en esta época de la Argentina y de Latinoamérica
es hacer coincidir el momento de la escritura de una nueva Constitución, con la
capacidad del pueblo de hacerse visible en la escena de la política, de los
derechos y las transformaciones”.
Estas fueron las palabras del filósofo Ricardo Forster el pasado 3 de julio,
durante la primera jornada del ciclo “Constitución y Proyecto Nacional”, en la
que se debatió la posibilidad de una reforma de la Carta Magna.
Forster es miembro de Carta Abierta, un grupo de intelectuales que manifiesta
su apoyo crítico al gobierno a través de cartas abiertas dirigidas a la opinión
pública y a la clase política.
“El objetivo es reflexionar sobre el marco constitucional que hoy rige a la
República Argentina, el cual es un producto del Consenso de Washington y el
neoliberalismo”, sostuvo, por su parte, Marcelo Koenig, director de la Escuela
Nacional de Gobierno, ámbito donde se lleva a cabo el ciclo.
El funcionario aludió a la reforma constitucional aprobada en 1994. Gobernaba
por entonces Carlos Menem. Las empresas del Estado eran privatizadas o
desmanteladas en medio de una ola de corrupción. La reforma constitucional le
permitió a Menem ser reelegido para un segundo periodo entre 1995 y 1999.
Miembros de la oposición declinaron la invitación a participar en el ciclo
por temor a que éste allane el camino hacia una nueva reelección. Los
participantes se redujeron así a funcionarios, legisladores e intelectuales que
se identifican de manera abierta o crítica con el gobierno. Entre ellos se
destacan el director de la Biblioteca Nacional, Horacio González; el secretario
de Cultura de la Nación, Jorge Coscia; el secretario de Derechos Humanos, Martín
Fresneda; el director del diario Tiempo Argentino, Roberto Caballero y el
exdirigente piquetero Luis D’Elía.
El doctor Eduardo Barcesat fue “convencional constituyente” en 1994 y hoy es
profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. No
participa en el ciclo en la Escuela Nacional de Gobierno pero sí cree
conveniente la apertura de un proceso de reforma constitucional. “La reforma del
año 1994 dejó intacta la primera parte de la Carta Magna de 1853, donde se
expresa un proyecto político y económico que hoy es decimonónico”, dice Barcesat
a Apro.
“Los desafíos de este siglo son muy diferentes. Es imprescindible considerar
la crisis mundial que afecta al modelo neoliberal y la necesidad de definir un
nuevo paradigma político económico”, sostiene.
Marcelo Koenig, a cargo de la organización del ciclo, cree que “la idea es
debatir derechos que aún no están contemplados por el cambio de paradigma desde
que asumió Néstor Kirchner”, según declaró al diario La Nación el pasado 3 de
julio.
El funcionario negó que la serie de conferencias sea una plataforma para que
la presidenta pueda ser re-reelecta: “Reducir las ponencias a una sola medida es
empobrecer la discusión”, dijo.
Independientemente de que el proyecto político encarnado por Néstor y
Cristina Kirchner pueda o no impregnar la Carta Magna, su prevalencia actual y
su continuidad futura son difíciles de imaginar sin el liderazgo de
Cristina.
A favor y en contra
El ciclo de debates en favor de la reforma constitucional se articula de
manera orgánica con el pronunciamiento, hasta ahora aislado, de un puñado de
dirigentes.
En 2011, los diputados oficialistas Edgardo Depetri y Diana Conti pidieron la
reelección presidencial indefinida. También en 2011, el presidente de la Cámara
de Diputados, Julián Domínguez, llamó a discutir “constitucionalmente la defensa
de los recursos naturales, que quedaron desprotegidos tras la reforma de 1994”,
según publicó el pasado 8 de julio el diario La Voz del Interior.
El titular de la Confederación de Trabajadores Argentinos (CTA), Hugo Yasky,
es uno de los dirigentes que impulsan el así denominado Movimiento por una Nueva
Constitución Emancipadora. En junio pasado el grupo difundió una declaración
fundacional. Allí se plantea que la Constitución vigente “fue pensada para el
proyecto neoliberal de sumisión de la Nación, de extranjerización (sic) de la
economía, de saqueo de los recursos naturales y de exclusión de millones de
argentinos y argentinas (…) Fue dictada cuando se proclamaba la muerte de las
ideologías y el fin del Estado nación. Se la escribió contra el pueblo y contra
los intereses nacionales. Ese proyecto entró en su crisis profunda en diciembre
de 2001. Y fue Néstor Kirchner quien empezó a escribir su epitafio.”
La idea del incipiente movimiento es impulsar la reforma constitucional a
través de una discusión de base, a nivel nacional, tal como la que dio origen a
la denominada Ley de Medios de Comunicación Audiovisual.
El doctor Barcesat coincide con esta línea de pensamiento: “La reforma no
puede ser el acuerdo de caudillos políticos, sino que tiene que ser obra de todo
el pueblo”, dice a Apro. “Hay que convocar a todo el pueblo, es decir, a las
organizaciones sociales y los partidos políticos, para lograr una amplia
participación en los debates”, sostiene. “Entre la declaración de necesidad de
la reforma que haga el Congreso de la Nación y la reunión de la Asamblea
Constituyente debería mediar un lapso prudencial en el que todos puedan debatir
y ser escuchados.”
Dirigentes kirchneristas ya comenzaron a discutir la reforma constitucional
en distintos puntos del país. La militancia de base, por su parte, ha comenzado
a corear cánticos que directamente piden la reelección de la presidenta. Así
ocurrió el 12 de junio, en el salón del Museo del Bicentenario de la Casa de
Gobierno, cuando la jefa de Estado realizó la presentación de un plan de
créditos hipotecarios para la vivienda: “Bo-rom-bom-bon, bo-rom-bom-bon, para
Cristina, la reelección.”
Mauricio Macri, uno de los presidenciables para 2015, descartó la posibilidad
de que Cristina se presente como candidata. “No creo que ella despilfarre su
prestigio en una aventura tan disparatada. No creo que ese tema esté en la
agenda.”, sostuvo.
“Ningún trabajador piensa en la re-relección (sic) de la presidente”, dijo el
sindicalista Pablo Moyano, hijo de Hugo Moyano, y su mano derecha en el
sindicato de camioneros. “Hay mucha bronca con el gobierno, que no atiende los
reclamos sindicales”, sostuvo.
El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, en
declaraciones a Radio Rivadavia hechas en mayo, sostuvo que de haber una reforma
constitucional que habilite la reelección de Cristina, la apoyará y la
acompañará, como lo ha hecho “a lo largo de estos años”.
No obstante Scioli admitió, de no aprobarse la reforma, sus “aspiraciones
presidenciales de cara a 2015”, lo que no cayó nada bien en la Casa de Gobierno.
“Que lo diga el político de mayor popularidad en el país, que además gobierna
nuestra provincia más extensa, significa dos cosas: primera, que Scioli no
quiere que Cristina consiga la re-re, que perjudicaría sus aspiraciones;
segundo, que ello constituye un planteo democrático crítico de la eternización
(sic) en el poder de los jefes políticos. Ambas cosas son pecados para los
cristinistas, que entienden que el poder es indelegable”, sentenció el diario
Perfil el 1 de julio.
La relación entre la presidenta y el gobernador de la provincia de Buenos
Aires se ha resquebrajado en las últimas semanas. Aduciendo que la Nación no le
enviaba a su provincia la cantidad de fondos de coparticipación necesarios,
Scioli desdobló el pago de los aguinaldos y amenazó con aplicar una ley de
emergencia económica. Desde el 10 de julio enfrenta huelgas de docentes,
empleados judiciales, trabajadores del Estado y personal de la salud. Desde la
Nación se le achacó impericia para administrar y gestionar.
La sombra de Menem
De acuerdo con una encuesta de la consultora Management & Fit, de junio
de 2012, el 54% de los consultados se opone a una reforma constitucional, contra
un 36% que se muestra de acuerdo. Cuando se pregunta si esa reforma debería
incluir una cláusula que habilite la re-reelección de Cristina Kirchner, un 60%
se opone, mientras que el 33% está a favor.
En Argentina, el término “re-reelección” trae malos recuerdos. El intento de
aspirar a un tercer mandato fue hecho por Carlos Menem, en el declive de su
segundo gobierno, cuando la recesión dominaba la economía y avanzaba ya la
crisis que desembocaría en el estallido social de 2001.
Finalmente la Corte Suprema de Justicia le negó dicha posibilidad en
1999.
Dos jueces de la actual Corte Suprema de Justicia se han pronunciado sobre la
iniciativa del gobierno. Su titular, Ricardo Lorenzetti, se manifestó en contra.
“Hay muchos derechos declarados en la Constitución con la reforma del 94; el
problema no es agregar más derechos declarados, sino que la gente los disfrute,
que sean efectivos”, dijo a la radio La Red el 4 de julio.
A continuación, puso el dedo en la llaga: “Se dice que debe actualizarse la
Constitución conforme a esta generación, pero los constituyentes del 94 están
todos hoy en funciones de gobierno, en el Ejecutivo, en el legislativo e,
incluso, en la Corte”, dijo. Recordó de este modo, sin mencionarlos, que tanto
Néstor Kirchner como Cristina Fernández figuraban entre los convencionales
constituyentes de 1994.
Otro de los jueces de la Corte Suprema, Eugenio Zaffaroni, promueve una
reforma constitucional, pero para reemplazar el sistema presidencialista por uno
parlamentario. “No creo en las re-reelecciones. Sería un camino equivocado. Una
cosa es pensar en cómo continuar un proyecto, otra es la continuidad de la misma
persona”, afirmó el 17 de mayo, en diálogo con el canal de televisión C5N.
Sostuvo, además, que al gobierno no le sería fácil conseguir el respaldo
necesario de dos tercios de ambas cámaras en el Congreso para aprobar una
reforma constitucional.
“Yo no conozco ninguna dogmática que fundamente el porqué de esa limitación
para la libre elegibilidad del Poder Ejecutivo”, dice por su parte el
constitucionalista Eduardo Barcesat. “Esto no ocurre con los integrantes del
Poder Judicial, que son nombrados a perpetuidad, ni tampoco con los
legisladores, que pueden ser relegidos sin límite”, sostiene. “Para mí hay que
poner el acento en la periodicidad de la convocatoria electoral y en los
organismos de contralor de la gestión gubernamental”.

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