Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

martes, 10 de julio de 2012

El fraude electoral en favor del PRI: un monstruo de dinero con mil cabezas- ASTILLERO- El poder del PRI

Elecciones 2012
El fraude electoral en favor del PRI: un monstruo de dinero con mil cabezas
Claudia Sheinbaum Pardo y Carlos Ímaz Gispert
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Andrés Manuel López Obrador, en la conferencia ofrecida este lunesFoto Carlos Ramos Mamahua
       Al momento de escribir estas líneas, miles de ciudadanos han denunciado y documentado las siguientes prácticas de defraudación de nuestra Constitución Política, la ley electoral (Cofipe) y de la soberanía popular expresada en el voto ciudadano y que ocurrieron antes, durante y después de la jornada electoral.
En los meses y semanas previos al 2 de julio, vimos gastos multimillonarios por fuera de la ley electoral, rebasando los topes de campaña y con dinero de procedencia ilícita, en la compra de tiempo en televisión (entrevistas y comentarios pagados), y de encuestas hechas como propaganda (incluso diarias) y difundidas por televisión, radio y periódicos de todo el país, influyendo ilegalmente en la percepción de los ciudadanos e induciendo sin pudor el voto a favor de Enrique Peña Nieto y rematando con ilegales promocionales de televisión en el canal 5 de Televisa, sin firma, en contra de Andrés Manuel López Obrador y sin olvidar el despliegue multimillonario de espectaculares al arranque de las campañas… Todo ello ante la pasividad cómplice del Instituto Federal Electoral (IFE) y del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).

Antes y durante la jornada electoral también vimos la compra masiva de votos con dinero en efectivo, vales de gasolina, despensas, materiales de construcción, electrodomésticos, tarjetas telefónicas prepagadas y para las tiendas Soriana, Aurrerá, Chedraui y Walmart… (con miles de millones de pesos de procedencia ilícita); regresaron las conocidas e ilegales prácticas de la operación tamal (desayunos para acarrear y asegurar votantes); todos votan (casillas donde votó 100 por ciento –o más–, hasta los que no estaban en el lugar o que ya habían muerto); tacos de votos (introducción de varios votos por un mismo votante) realizado con boletas impresas en los Talleres Gráficos de la Nación (2.5 millones) después de que se había terminado oficialmente la impresión y con boletas impresas en Texas (otros 3 millones); decenas de miles de ciudadanos en tránsito que no pudieron votar porque, deliberadamente, el IFE no instaló suficientes casillas especiales (es facultad del IFE definir el número de éstas, y pueden ser hasta cinco por distrito electoral artículo 244 Cofipe); carruseles (gente que vota varias veces en diferentes casillas); casillas zapato (con la modalidad de que se pusieron unos cuantos votos a otros candidatos para que no se identifiquen); acarreo de votantes; coacción de votantes afuera de las casillas; robo de urnas, quema de boletas electorales o tiradas a la basura; amedrentamiento y violencia contra funcionarios y representantes de casillas, incluyendo secuestros y hasta asesinatos, así como agresiones físicas contra observadores electorales ciudadanos. Todo ello ante la pasividad cómplice y generalizada de policías y autoridades electorales.

También fuimos testigos del comportamiento espejo de la gráfica de la captura de los resultados en el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP), que indica que no es el resultado aleatorio de la captura de las actas, sino que hay un factor numérico que pondera y ajusta la captura de los datos.

Al término de la jornada, en los distritales del IFE se han encontrado casillas sin sello, rotas y evidentemente alteradas; boletas sin doblar al interior de las urnas (eso sería imposible si fueron depositadas durante la elección, pues sencillamente no entran); casillas fantasmas (casillas que no se instalaron y que aparecen con datos en el PREP –lo que sería imposible sin una acción deliberada– y casillas instaladas que no aparecen en el PREP); alteración y falsificación de actas o de su captura en el PREP (no coinciden –y por mucho– con las sábanas pegadas fuera de la casillas); las miles de actas en el PREP con inexplicables y enormes diferencias, entre los votos para presidente, senadores y diputados federales (¡las diferencias son de decenas y centenas de votos por casilla!, lo que indica la inexplicable existencia de votos de más y/o de menos), pero más grave aún es el inexplicable porcentaje de participación en muchas zonas rurales (muy por encima de la media), lo cual no coincide con ningún comportamiento electoral en el mundo, salvo con una excepción: en el fraude electoral de 1988 en México. Anomalías todas ellas evidentes, que, sin embargo, el IFE no las ve ni las corrige.

Como remate, la noche misma de la elección, vimos un nuevo despliegue de desinformación de las encuestadoras y las televisoras dando a conocer encuestas de salida manipuladas. Vimos al Ejecutivo Federal y al presidente del IFE, con prisa de ladrones, dar un madruguete, violando la ley electoral y declarando ganador a Peña Nieto, ¡antes de que se capturaran las actas y se hiciera el escrutinio distrital, es decir sin resultados oficiales! Vimos también al presidente del IFE declarar que era la elección más limpia de la historia, ¡cuando aún no concluía la jornada electoral!, y un par de días después llamar a aceptar los resultados ¡sin que se hubiera realizado el recuento oficial de votos y por tanto no hubiera tales resultados! Y por si fuera poco, el presidente del tribunal electoral dio simultáneamente por rechazadas las posibles impugnaciones legales al proceso, ¡sin que éstas se hayan presentado aún!, al declarar que lo que no se gana en la cancha no se puede ganar en la mesa.

Quienes han infringido las leyes electorales y con miles de millones de pesos han corrompido y prostituido nuestra democracia, impulsan una filosofía y una práctica pública inmoral y atroz que profundizan la anomia social y la ilegalidad: la ley está hecha para violarse, con dinero baila el perro y hay que aprender a perder haiga sido como haiga sido, pues el fin justifica los medios.

¡Así no!, dicen millones de ciudadanos. Si el PRI gana derecho, está bien, así es la democracia, pero no a la mala, no con trampas y violando la ley. En verdad que, con tantas y tan voluminosas alteraciones y violaciones a la ley electoral, para muchos resulta imposible reconocer el resultado. El voto no fue libre y la elección fue una farsa, no fue legal ni será legítima.

Oponerse al fraude electoral y defender la legalidad democrática significa rechazar esa inmoral filosofía y sus prácticas. Nuestra Constitución indica (Art. 41) que las elecciones deben ser libres y auténticas, principios rectores que han sido violentados por la simulación democrática de unas elecciones obscenamente compradas. La frágil imposición por la vía de la percepción parece cada vez menos viable con los sectores indignados que marchan y se organizan. Es un asunto de todos y para todos.

Tuiteando-Fisgón
Astillero
AMLO en su laberinto
Atado por el pacto
Deslindes previsibles
FC, el demócrata 0.56
Julio Hernández López
Foto
FRENTE CONTRA LA IMPOSICIÓN. Jóvenes que acamparon la semana pasada afuera del IFE trasladaron su movilización a la sede del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación con la intención de presionar para que las autoridades anulen la elección presidencial 2012, debido al cúmulo de irregularidades denunciadas. Los muchachos que integran el Frente Nacional contra la Imposición señalaron que su movimiento no tiene relación con #YoSoy132
Foto Jesús Villaseca
       Andrés Manuel López Obrador está relativa y circunstancialmente atado de manos. No puede convocar en estos momentos a movilizaciones ni protestas por el evidente fraude electoral en su contra porque fue confinado por presiones de empresarios y televisoras a un espacio de indefensión tramposamente derivado del famoso pacto de civilidad que le arraiga en los procesos jurídicos y le amenaza con guerra propagandística si incumple esos términos y pasa al activismo abierto.
Ese camino de la impugnación institucional llevará tiempo, y en ese proceso podrá suceder que la fuerza de los hechos consolide la instalación ya muy avanzada de Peña Nieto, por encima de lo que sea, o que día a día vayan surgiendo nuevos indicios y pruebas del mencionado fraude y con ello se potencie la protesta social ajena o sin intervención directa del tabasqueño, con desenlaces imprevisibles.

Este jueves deberán completarse los expedientes que llegarán al tribunal federal electoral en espera (poco probable) de que los comicios sean anulados o invalidados. Habrá dos vías de litigio, por si una de ellas falla o es desechada por el tribunal electoral. Una la presentará el equipo de trabajo directamente relacionado con AMLO. Otra la planteará un grupo de abogadas que ha trabajado en el tema de feminicidios juarenses, sobre todo en el caso conocido como Campo Algodonero (por el nombre del paraje donde fueron asesinadas ocho mujeres jóvenes en 2001, http://bit.ly/ceAgme ), lo que les ha dado experiencia en la tramitación de expedientes ante la comisión y la corte interamericanas de derechos humanos.

La sujeción a la maquinaria judicial fue una especie de daño colateral que AMLO debió aceptar, al igual que la conformación de una falsa imagen de unidad con grupos y personajes de la izquierda que ahora han comenzado a tomar distancia de él. A nadie deben sorprender tales reposicionamientos y mucho menos al propio López Obrador. El candado de civilidad le fue impuesto, pero no así la preferencia por la clase política tradicional del PRD, el PT y el Movimiento Ciudadano.

A diferencia de lo que hizo Enrique Alfaro en Jalisco, donde quedó a cuatro puntos de la maquinaria PRI-PRD-UdeG, peleando solamente bajo el membrete del MC, el líder de Morena se apegó a la nomenclatura de Chuchos y Camachos y les dio victorias que para éstos son definitivas y trascendentes, mientras el presunto beneficiado mayor corre el riesgo cierto de quedarse en el camino, junto con sus seguidores personales que en términos generales no alcanzaron ninguna posición de poder: no habrá bancadas legislativas ni siquiera ínfimas de Morena, ni gubernaturas, ni presidencias municipales: todo quedó en las cuentas de los verdaderos triunfadores, los variopintos miembros del camachismo chuchista que sólo espera la conclusión del episodio judicial de AMLO para emprender una labor de remozamiento que podría llevar a la creación de un nuevo partido, tal vez llamado con ironía Movimiento Progresista, cuyo líder real (habrá de verse si también el formal) será Marcelo Ebrard, quien se ha quedado con el dominio casi feudal del Distrito Federal, a través del comisionado Mancera.
Graco Ramírez hizo ayer una demostración tajante de la visión que mantiene ese segmento perredista provisionalmente asociado con AMLO para la contienda presidencial. El virtual gobernador de Morelos no ha sido incongruente ni sorpresivo: siempre ha sostenido una crítica abierta a las maneras políticas de López Obrador, sobre todo en cuanto a la reticencia de éste para aceptar las reglas institucionales y, en especial, para buscar y sostener acuerdos incluso con autoridades emanadas de procesos fraudulentos, como en el caso de Calderón.

Tales acuerdos, sostiene esa izquierda que abrevó en las formas de mercantilización política desarrolladas por Rafael Aguilar Talamantes al frente del Partido Socialista de los Trabajadores, son inteligentemente imprescindibles para darle viabilidad a la fuerza acumulada y evitar que los terceros lugares (el PRI en 2006; el PAN en 2012) ocupen el lugar de los segundos (el PRD en 2006 y, si se confirman los datos oficiales actuales, también en 2012) y hagan alianzas políticas con los ganadores (aunque sean espurios) y así acaben cogobernando.

Esa posición de pragmatismo abierto es compartida por muchos de quienes aparecieron cuando menos en algunos de los templetes de campaña junto a AMLO y ahora no dicen ni una sola palabra sobre lo que está pasando (como los Cárdenas y como el propio Ebrard, afanosamente concentrado en actos y obras de gobierno). Otros, como el mencionado Ramírez Garrido Abreu y el presidente nacional del PRD, Jesús Zambrano, se- ñalan sin ambages que el límite del acompañamiento a la lucha del candidato presidencial de las izquierdas es- tá en los tiempos y las resoluciones judiciales respec- to a las impugnaciones por presentar. Dándose la resolución adversa a AMLO y olvidando cualquier pretensión de lucha alterna. Respeto riguroso al sendero jurídico: hasta allí, no más (y a felicitar a EPN y ponerse a las órdenes).

En el revoltijo político, hasta a Felipe Calderón le ha apetecido mostrarse democrático e incluso impugnador. Es probable que hayan surgido obstáculos en el proceso de entendimiento con Peña Nieto, que viene de meses atrás, o que el panista encopetado desee encarecer tales arreglos, así que desde su origen 0.56 se ha considerado con valía para criticar la compra de votos y pedir indagación y castigo, si a éste hubiera lugar.

Y, mientras algunos jóvenes mexicanos pretenden solicitar asilo político simbólico en embajadas, argumentando el temor que les causa la posibilidad de un gobierno presidido por Enrique Peña Nieto, y escuchando por allí que el PRI y el Verde están trabajando en la posibilidad de crear un Partido de los Migrantes, como nueva vertiente de simulación que desemboque en manos mexiquenses... ¡hasta mañana, con la reanudación de la normalidad criminal en Sinaloa, Morelos, Guerrero, Michoacán y Coahuila!
Twitter: @julioastillero
Facebook: Julio Astillero
El poder del PRI
Marcos Roitman Rosenmann
       Han sido dos elecciones presidenciales, los periodos 2000-2006 y 2006-2012, en que el candidato proclamado vencedor no procedía de las filas del PRI. Otra cosa es que hubiese ganado legítimamente en las urnas. ¿Error político, cansancio, vacuidad programática, deterioro institucional, corrupción, nuevos actores políticos, pérdida de credibilidad, rupturas internas? Todo suma. En 2000, Vicente Fox, rompía la hegemonía del PRI. El voto útil, la presencia del EZLN, y un sinnúmero de frustraciones, llevaron al candidato del PAN, Vicente Fox, ex gerente de la Coca Cola, a Los Pinos. La candidatura del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, levantada por el PRD y aliados, a todas luces, por esos años, representante de una izquierda política institucional fuerte, no sumó voluntades. No hizo falta que se cayese el sistema, como sí ocurrió en las elecciones de 1988. En 2000 primó el eslogan ¡¡que se vayan!! La losa del PRI, 70 años apoltronados en el sillón presidencial, decantó a los electores hacia la derecha como una opción de alternancia. Poco duró la alegría. Transcurrido un año, cundió la decepción y todo parecía seguir la misma ruta que los gobiernos del PRI. ¿Simple coincidencia? Las reformas neoliberales apuntaladas durante los tres últimos mandatos del Revolucionario Institucional –Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo– continuaron, esta vez implementadas por el PAN. La traición de los partidos para incumplir los acuerdos de San Andrés con el EZLN, las políticas desreguladoras y privatizaciones, fueron más de lo mismo. Los deseos de democratización se esfumaron; a cambio hubo continuidad.
Si en 2000 las elecciones no se tiñeron de acusaciones de fraude fue, entre otros motivos, porque ganó quien debía hacerlo. El PRI asumió su derrota electoral como un traspié, reversible a mediano plazo, como ha sido. El PAN no era su enemigo real; más bien constituía una retaguardia, un aliado estratégico y un colchón para canalizar el descontento hacia la derecha. La alternancia se bautizó al poco tiempo como PRIAN. Nada más cierto. Señal inequívoca de que el PRI controla las mareas profundas que mueven el sistema político mediante una élite que atraviesa todos los partidos y en la que es hegemónico. En origen, el PRI no sólo constituyó una organización catalizadora de ideologías revolucionarias y antioligárquicas durante el ciclo revolucionario; además formalizó un orden social y una cultura política, de la cual son herederos el PAN y el resto de partidos políticos, incluido el PRD. Cuando se caracteriza al PRI como partido de Estado se apunta a dicha especificidad histórica y a una manera de ejercer el poder con mano de hierro, pero con guante blanco. Control político, cooptación, represión, chantaje y un lenguaje seudorrevolucionario, democrático, progresista e integrador. A mi entender, para un no mexicano, tres textos radiografían el proceso: Adolfo Gilly: La revolución interrumpida; Pablo González Casanova: La democracia en México, y Enrique Florescano: Imágenes de la patria. Sin duda hay otros, pero los señalados marcan tendencia.

Las elecciones de 2006, a diferencia de 2000, fueron muy diferentes. El marco era distinto y el triunfo de Felipe Calderón no estaba garantizado y fue necesario acudir al fraude. Aunque el IFE decidiera, en complicidad con los poderes fácticos, zanjar el tema proclamando vencedor al candidato del PAN y desestimar las alegaciones de Andrés Manuel López Obrador. El fraude dejó al descubierto un pacto secreto entre PRI y PAN, cuya artífice fue la sempiterna maestra Elba Esther Gordillo. Así, el descrédito fue el sino de estos seis años de mandato de Calderón, un sexenio infame. El crimen organizado ocupa un papel relevante, donde el poder político sucumbe a los intereses mafiosos. A escala internacional, México sufre una pérdida de credibilidad y en el escenario latinoamericano su perfil es menos relevante. Otros actores regionales toman el relevo. La idea de una colombianización ronda la mente de muchos mexicanos.
En este periodo, el PRIAN se fortaleció. Nunca el PRI dejó el poder real. Perdió alcaldes, gobernadores, diputados y senadores, y seguramente poder formal. Pero en las redes, los mecanismos y estructuras que articulan el sistema, no sufrió pérdidas. La organización que montó durante 70 años sigue funcionando, sólo que adaptada a los nuevos tiempos de la alternancia. Su poder se ha visto reforzado y sus prácticas corruptas y antidemocráticas no han sido abandonadas, siguen dando réditos políticos. ¿Cómo, de otra manera, podríamos explicar la compraventa de votos?

Si estuviésemos en presencia de una nueva cultura política democrática, nacida de la alternancia, el primer impulso hubiese sido rechazar tal práctica miserable. Los ciudadanos alzarían su voz, no aceptarían caer en sus redes y la denuncia inhabilitaría al partido que lo aplicase. No digo que la compraventa de votos no tuviese lugar; no olvidemos que es una práctica enraizada difícil de eliminar, pero al menos no constituiría un factor determinante ocuparía un lugar marginal, propio de la casuística que suele acompañar los procesos electorales. Sin embargo, su éxito, la capacidad para decantar las elecciones –hablamos de la compra, por parte del PRI, de millones de papeletas en favor de su candidato, Peña Nieto–, habla de la fortaleza de un sistema perverso que pervive, falto de legitimidad democrática, que utiliza el miedo y el dinero para corromper la voluntad general, amén de manejar los grandes medios de comunicación social, otra manera de comprar votos.

La alternancia, en estos 12 años de panismo, no supuso la destrucción del orden priísta; simplemente modificó sus prácticas, abriéndose paso en medio de una crisis global de confianza y gubernamentalidad, donde el PRD entró al trapo de alianzas contra natura. El resultado no puede ser más desalentador. Los problemas de desempleo, el aumento de la pobreza y las desigualdades se tornan endémicos y las políticas para enfrentarlos son del todo ineficaces. El PRI aplicará la quinta marcha, sin cambiar de rumbo. Vuelve a Los Pinos con un presidente cuyas manos están manchadas de sangre: Atenco. Hipotecado por una campaña millonaria y la compra de votos –cuya financiación, no hay que ser un lumbreras, proviene en parte, de las mafias empresariales y el crimen organizado–, su margen de maniobra será escaso. Su triunfo fraudulento se enquista en la más vieja tradición priísta que nunca perdió comba y se presenta como renovado y moderno, efectivamente en el fraude, la mentira y la corrupción.

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