Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

domingo, 15 de julio de 2012

Marcha contra Peña Nieto se transforma en fiesta ciudadana- Contubernio y encubrimiento- Balance de la derrota y algunas propuestas


Elecciones 2012
Con ánimo irreverente miles hacen patente su indignación
Marcha contra Peña Nieto se transforma en fiesta ciudadana
Sin líderes, banderas ni referencias a partidos en la concentración
Foto
Miles de jóvenes asisistieron a la segunda marcha contra la imposicionFoto José Carlo González
Arturo García Hernández
Periódico La Jornada
Domingo 15 de julio de 2012, p. 9
Pasadas las tres y media de la tarde arranca del Angel de la Independencia la segunda megamarcha ciudadana contra la impo- sición de Enrique Peña Nieto como Presidente de la República. La lluvia se ha ido, aunque las nubes negras se quedan merodeando sobre la animosa multitud.
Y allá van los caminantes, igual que el sábado anterior, con la dignidad en ristre y el ánimo irreverente. Es de nuevo un reclamo y una fiesta donde cabe el enojo patente y la indignación se mezcla con guasa y risas. Las mantas, las pancartas, los gritos, las caricaturas, los muñecos improvisados de papel y cartón, reiteran las denuncias, las protestas, las consignas que los unen e identifican por encima de cualquier diferencia: Aquí se ve, aquí se ve, que Peña Nieto Presidente no va a ser, Ife, cobarde, corrige el pinche fraude, Peña no ganó, SoPRIana lo apoyó.
Una jovencita lleva una pancarta en la que expresa con lucidez: Gane quien gane, seguiremos cuestionando al sistema polí- tico y su raquítica democracia.
La creatividad y el humor vuelven a estar en el orden del día. Sobre las cabezas de los manifestantes sobresale un matamoscas gigante al que están adheridas las caricaturas de tres cucarachas con rostros identificables: Emilio Azcáraga Jean, dueño de Televisa; Enrique Peña Nieto y Leonardo Valdés, presidente del Instituto Federal Electoral, al que los inconformes han rebautizado como Instituto del Fraude Electoral. En el camino, otra escena llama la atención: Carlos Salinas de Gortari (bueno, alguien disfrazado como tal), manipula una marioneta con el rostro de Peña Nieto.
Hoy se confirma que la marcha es indiscutiblemente ciudadana y plural. No hay banderas o referencias explícitas a partido político alguno. Lo que sí aparece de manera aislada, por aquí o por allá, son imágenes de Andrés Manuel López Obrador o el águila republicana que es emblema del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).
Quizás lo que más abunda son las playeras, carteles y otros distintivos del movimiento #YoSoy132. No es que todos los que los que los portan (incluso niños y ancianos) pertenezcan a la agrupación estudiantil, sino que se han vuelto un símbolo de ciudadanía en resistencia. Sí hay muchos estudiantes: de la UNAM, de la UAM, del Politénico, de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Y llama la atención la cantidad de personas que asisten en grupo, familias como de paseo, pero por una causa bien clara.
De hecho, en la avanzada, sobre los hombres de quien parece ser su padre, va una niña ondeando una bandera de México y repitiendo las consignas que grita la multitud. Unos pasos atrás avanza un monigote con una chamarra de Televisa y el rostro de… Enrique Peña Nieto.
Foto
Camino al ZócaloFoto Carlos Cisneros
Además de mantas, carteles y pancartas, el objeto que más se observa en las manos de los caminantes son las cámaras de video y fotográficas. Independientemente de sus logros políticos y su permanencia, lo que desde ahora se puede asegurar es que será la movilización social más documentada de la historia.
Tal como ocurrió la semana anterior, en el Zócalo no hay templetes ni oradores distinguidos. La multitud se dispersa a lo largo y ancho de la plaza en decenas de grupos que de inmediato se transforman en pequeñas asambleas donde espontáneamente la gente, jóvenes, señoras, hombres, van tomando la palabras, expresando ideas, explicando sus razones con asombrosa claridad y elocuencia. Hay quienes van de un grupo a otro expresándose y escuchando.
Un taxista dice que el pueblo está tomando conciencia, pero que hay que trabajar mucho, como el hace en su taxi, explicándole a sus pasajeros como está la situación; una profesora de primaria, anciana y de apariencia humilde, hace un repaso histórico de los fraudes anteriores: el de 1988, contra Cuauhtémoc Cárdenas, y el de hace seis años, contra López Obrador. Un vendedor de dulces en silla de ruedas agradece las palabras de la profesora y dice que ver tantos jóvenes le da esperanzas, porque ya no hay que dejarnos.
Al centro de uno de los grupos, varias personas desenrrollan papel estraza, sobre el cual piden a la gente que dibuje su mano y sobre la silueta escriba un sueño, un deseo. Las palabras libertad, felicidad, justicia, amor, son las más mencionadas.
En otro grupo, alguien admite que las marchas no cambiarán las cosas por sí solas, pero destacan que ese encuentro multitudinario, esos diálogos cara a cara, ese intercambio de información y conocimiento, forman parte de la necesaria labor de crear conciencia. Expresar inconformidad, dice, nos dignifica.
Al final de la reunión, llegaron seis carros del Ejército que se detuvieron frente a Palacio Nacional. Permanecieron un rato. Algunos manifestantes se acercaron, les sacaron fotos, y les dijero que el pueblo uniformado también es explotado. Después de un rato, los camiones se retiraron. Iban a arriar la bandera que ondeaba en el centro de la plaza como hacen todos los días, pero no pudieron hacerlo por la gente que ahí se encontraba.



Contubernio y encubrimiento
Irma Eréndira Sandoval
       El contubernio de las instituciones electorales con Enrique Peña Nieto, para encubrir las graves irregularidades cometidas durante el proceso electoral y para descalificar a los denunciantes ciudadanos, deja ver ya el tinte simulador que podría caracterizar la eventual gestión federal priísta en materia de combate a la corrupción. En lugar de rendir cuentas y garantizar la transparencia, EPN busca cualquier coartada para distraer la atención y rehuir la responsabilidad de haber erogado hasta 4 mil millones adicionales a los 336 millones de pesos permitidos.
Todo parece indicar que ni el IFE, ni la Fepade actuarán a tiempo para esclarecer los gastos y sancionar los delitos antes de la calificación de la elección por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF). Por su parte, el mismo TEPJF también se prepara para cerrarle el paso a las peticiones del Movimiento Progresista, quien le requirió las pruebas y la información necesarias para resolver sobre la validez de la elección.
Una vez más privarán los pactos políticos y la indolencia burocrática por sobre la rendición de cuentas y la participación ciudadana. En aquellos excepcionales casos en los que se logre aplicar sanciones en materia electoral, ellas serán seguramente muy menores y llegarán muy tarde. Quizás en algún momento, en los próximos años, el IFE se anime a castigar a PRI y PVEM con una multa simbólica. Pero, tal y como ocurrió en el caso de Amigos de Fox, el agravio contra la voluntad popular ya habrá sido consumado.

Lo más preocupante de este panorama es que una Presidencia de la República ganada a la mala solamente puede augurar un gobierno capturado por los poderes fácticos y entregado a la corrupción. Los nuevos nombramientos de los mismos personajes de siempre (Videgaray, Osorio Chong y Murillo Karam) demuestran que un eventual gobierno de EPN seguiría exactamente el mismo guión que su campaña, apostándole a la compra de voluntades por sobre el convencimiento y el diálogo.

En este contexto, las propuestas de EPN en materia de transparencia y combate a la corrupción (su Comisión Nacional Anticorrupción, el fortalecimiento al Instituto Federal de Acceso a la Información Pública y Protección de Datos (Ifai) y la instancia para vigilar los contratos entre el gobierno y los medios de comunicación) son meras coartadas para distraer la atención del verdadero Tsunami de corrupción que envuelve la elección presidencial. El candidato que de forma irresponsable se ha autodenominado presidente electo de los mexicanos, mandando con ello al diablo al TEPJF, busca proyectar la imagen de ser alguien preocupado por la probidad y la honradez, aun cuando se encuentra sumido en el total descrédito público.

La corrupción estructural que corroe las fibras de la institucionalidad democrática del país no se resolverá con promesas huecas, compromisos demagógicos y más comisiones que terminarán siendo nuevos elefantes blancos. El país ya vivió el fracaso de estas estrategias de simulación institucional con la renovación moral de Miguel de la Madrid entre 1982 y 1988. El principal legado de ésta fue una inservible Secretaría de la Función Pública (antes Secretaría de la Contraloría y Desarrollo Administrativo) tan inútil que hasta el mismo Felipe Calderón se atrevió a proponer su desaparición.
EPN al parecer también contará con el apoyo de la mayoría de los ministros de la Suprema Corte para su estrategia de encubrimiento. A pesar de los mejores esfuerzos del ministro Arturo Zaldívar, la semana pasada la Corte decidió garantizar la total opacidad de los nombres de los recipiendarios, montos y motivos de los millonarios créditos fiscales otorgados por el Servicio de Administración Tributaria (SAT). Estos regalos del sector público a los amigos del sector privado son el lubricante que engrasa las relaciones de complicidad que hoy tienen postrada a la nación. Muy probablemente Soriana, Walmart y Monex figuran en esa lista secreta.

Si no se limpia la elección hoy que todavía hay una oportunidad histórica, las autoridades electorales nos conducirán directamente a la antesala de una crisis institucional de grandes proporciones.

El Consejo General del IFE debe sacudirse inmediatamente su lógica de simulación burocrática y abrir inmediatamente procesos fiscalizadores extraordinarios que esclarezcan tanto el Sorianagate como el Monexgate. El artículo 85 del Cofipe permite adelantar los tiempos de fiscalización. Además, el Consejo General ya realizó un proceso de fiscalización expedita para revisar los informes de gastos de precampaña. No existe razón, motivo o pretexto alguno para que en un momento tan delicado como el actual no se repita este mismo ejercicio para las campañas presidenciales.

Asimismo, a partir de la reforma electoral de 2007 los secretos fiscal, bancario o fiduciario ya no son oponibles a la autoridad electoral. El IFE tuvo que haber frenado y prevenido hace mucho el grosero rebase de topes de campaña y el vergonzante operativo de compra y coacción del voto.

Sin embargo, frente a la exigencia ciudadana para que se investiguen y se sancionen las violaciones de la ley, los conductores del IFE se preguntan con desidia, muy probablemente inspirados por el presidente que primero prometió sacar y después invitó a meter a las víboras prietas a Los Pinos: ¿y nosotros por qué?.

Ya han sido ampliamente documentados los casos de compra y coacción del voto, las violaciones a la secrecía electoral, el multimillonario rebase de topes de campaña, y la desenfrenada e insultante utilización de recursos públicos, así como la muy probable intervención de financiamientos de origen ilegal provenientes del extranjero y hasta del crimen organizado en la campaña de EPN. La sociedad no está dispuesta a consentir que las autoridades electorales extiendan el manto de impunidad que Peña Nieto y sus huestes acarician. Permitirlo condenaría a la nación a otros seis años de un Ejecutivo federal ilegítimo y corrupto.

Investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales y Coordinadora del Laboratorio de Documentación y Análisis de la Corrupción y la Transparencia de la UNAM
Confusión-Hernández
Balance de la derrota y algunas propuestas
Guillermo Almeyra
      El prolongado esfuerzo electoral fue muy grande, y su resultado en votos importante. Pero en los países dependientes, a diferencia de los europeos, un triunfo electoral capaz de modificar el sistema político sólo es posible como consecuencia y subproducto de movilizaciones extraelectorales de masas, como la propia Revolución Mexicana de 1910, las huelgas que derribaron a la dictadura brasileña, el 2001 argentino, las luchas del agua y del gas en Bolivia, las luchas venezolanas que hicieron posible a Chávez.
Las elecciones, en nuestros países, no son, además, sólo una disputa entre sectores de las clases dominantes y de sus aparatos políticos con una intervención indirecta o pasiva de las masas populares. En ellas pesa –¡y cómo!– la dependencia de la dominación imperialista, que se ejerce indirectamente mediante sus marionetas en los partidos e instituciones capitalistas, profundamente ligados al capital financiero internacional, y directamente mediante la embajada y todas las agencias con ésta relacionadas. Reitero que no se puede ver lo que sucede en México como si el país estuviera en Marte, cuando es un problema interior de Estados Unidos y como tal es tratado por Washington dentro de su estrategia para todo el continente. Los golpes blancos parlamentarios al estilo hondureño o paraguayo asumen, por eso, en México la forma de la cláusula no escrita que veta un gobierno de izquierda o de centroizquierda en Los Pinos. Los nacionalistas no ven, absurdamente, la presencia del imperialismo en su frontera; los internacionalistas, en cambio, comprenden que sin alianzas con los oprimidos dentro de Estados Unidos y en toda América Latina las posibilidades de liberación nacional serán muy reducidas. Recordemos que Argelia, en los años 60, consiguió su liberación gracias a su insurrección popular pero también a la movilización solidaria de la izquierda en Francia y a la de los pueblos árabes, y Cuba sobrevivió por los trabajadores cubanos, pero también por el apoyo internacional…

Las derrotas electorales de 1988, 2006 y 2012 se originan, sobre todo, en la persecución de la falaz utopía del cambio por la mera vía electoral y en la fe religiosa en un fetichismo particular: el del pedacito de papel depositado en una urna que, supuestamente, los impecables suecos o suizos que nos gobiernan reconocerán en nombre de la democracia. En un país donde la abstención es grande o incluso enorme, donde los más pobres, para comer, están dispuestos a vender su voto pues no esperan nada de nadie ni de nada, y tampoco de sí mismos, donde hay cientos de miles de jóvenes que entran en los ejércitos del narco, donde –si sumamos los votos del PRI, los del PAN, los del Panal y buena parte de los del PRD– es mayoritario el pensamiento conservador y reaccionario, lo esencial, en cambio, es luchar por construir conciencia social y organización que la exprese.

El voto es sólo un mal termómetro de la temperatura social. No cambia nada ni otorga fuerza organizativa. Por el contrario, incluso para conseguir votos hay que promover en las luchas la conciencia de la propia dignidad, la capacidad de medir la relación de fuerzas entre el gobierno y el pueblo y entre las diversas clases sociales, la seguridad y autoconfianza que sólo una organización puede dar. Eso no se logra sólo con campañas electorales sino partiendo de las luchas concretas de los trabajadores de todo tipo, por sus problemas reales, y del nivel de conciencia de quienes participan en ellas, para unificar los movimientos, para educar en la solidaridad, para demostrar cuáles son las causas de fondo, en el sistema, de los efectos del mismo contra los cuales esos asalariados se alzan. La vida y las luchas, la gente real, deben ser el eje de los esfuerzos en pro del cambio social, no las urnas, que otros controlan y manipulan.

Un movimiento que no acompaña a los trabajadores en sus luchas, las socializa y extiende, no consigue ni siquiera suficientes votos y no cambia nada. Mucho menos aún si para lograr votos más que moderados acepta acuerdos con gente repudiada, no habla de lo que debe hablar y no se reúne, por temor, con quienes –como los indocumentados de Estados Unidos o los progresistas latinoamericanos– debería reunirse y coordinar sus acciones.

Si se quiere cambiar socialmente el país, es necesario un instrumento adecuado para ello, no una montaña de papel. La Organización Política de los Trabajadores (OPT) fue subordinada a Morena, no un eje a reforzar y construir. Ahora la lucha de los #YoSoy132, que no reconocen la imposición de un gobierno ilegítimo e ilegal, está en segundo plano para Morena, frente a la campaña jurídica por la impugnación de las elecciones.

Lo que hay que organizar, por supuesto, no es una rebelión inmediata, porque ni existen las fuerzas para ello ni los que se sienten burlados y robados tampoco la desean. El Rubicón que hay que pasar es la ruptura con el tabú institucionalista impuesto por los senadores romanos que padecemos. O sea, organizar la solidaridad con los gérmenes de autogestión y de autonomía que surgen en el territorio, hacer pactos de gobernabilidad en cada población, aplicar directamente todos los derechos que sea posible, organizar la defensa de los dirigentes populares y la autodefensa de las organizaciones de masas.

La resistencia civil no significa cesar de trabajar y morirse de hambre en señal de protesta, sino comenzar a crear las condiciones para una huelga general nacional con apoyo popular, por un programa obrero y popular de transformación del país redactado y elaborado en la lucha (y no sólo por un programa desarrollista sin garra redactado entre cuatro paredes, por más que pueda tener puntos rescatables).

Se ha cerrado la etapa que comenzó en 1910 y se arrastró hasta ahora. Entramos, y no sólo en México, en la fase de la lucha anticapitalista. En la lucha, como la de los #YoSoy132, están surgiendo dirigentes naturales. A sus preocupaciones hay que responder.

No hay comentarios:

Publicar un comentario