México tendrá legisladores impresentables, advierte The Washington Post
Mónica Arriola, Manuel Bartlett, Ernesto Cordero,
Carlos Romero y Alonso Lujambio. Fotos: B. Flores, O. Gómez, G. Canseco, M.
Dimayuga
Mónica Arriola, legisladora por el Pana.
Foto: Octavio Gómez
Foto: Octavio Gómez
MÉXICO, D.F., (apro).- El periódico The Washington Post publica este martes
la lista de congresistas que lograron una posición por la vía plurimoninal y sus
nombres están ligados a los peores escándalos de abusos y corrupción.
La lista la encabeza Luisa María Calderón, hermana del presidente Felipe
Calderón, quien perdió cuando contendió por la gubernatura de Michoacán.
El segundo lugar lo ocupa Fernando Bribiesca, hijo de Marta Sahagún, quien
ocupará un escaño mediante las siglas del Partido Nueva Alianza.
Además, en el texto se mencionan a figuras políticas ligadas a Felipe
Calderón que también tendrán acceso al presupuesto mediante la figura de
candidaturas plurinominales: Max Cortázar, Alonso Lujambio y Ernesto
Cordero.
El reportaje también menciona a Manuel Bartlett, a quien se le atribuye ser
el cerebro del fraude electoral de 1988 y quien llega al Congreso gracias al
PT.
También a Carlos Deschamps, la cabeza del sindicato petrolero, quien llega
por el PRI, así como la telebancada encabezada por Ninfa Salinas, la hija de
Ricardo Salinas Pliego y a Mónica Arriola, hija de Elba Esther Gordillo.
De los 500 puestos en la Cámara de Diputados, 200 se obtienen por la vía
plurinominal; son cargos que se reparten los partidos tomando como referencia el
porcentaje de su votación directa.
Amanecimos (Y El Chapo seguía allí)
¿Y El Chapo?
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Hoy hay una elección teñida y un país en compás de
espera. Hoy hay resultados que la izquierda quiere cuestionar y el Tribunal
Electoral tendrá que legitimar. Hoy hay un virtual presidente electo y una parte
de la población que ve su triunfo como una imposición. Pero pasado mañana,
cuando se asiente el polvo postelectoral, México amanecerá con los problemas de
décadas que el país arrastra, con la parálisis de la política pública que el
nuevo Ejecutivo tendrá que remontar, y con una violencia enraizada que Enrique
Peña Nieto tendrá que enfrentar. Al despertar de la anestesia electoral, el reto
central de cómo reducir la violencia y enfrentar el crimen y combatir a los
narcotraficantes seguirá allí.
Y pocos lugares reflejan tan bien este reto como Guadalajara. Una ciudad en
disputa. Una plaza que distintos bandos pelean por controlar. Una zona que los
cárteles se empeñan en disputar. Un microcosmos magistralmente retratado en el
artículo de William Finnegan en The New Yorker titulado Los capos: la pelea por
Guadalajara. Donde, dos días antes de la Feria Internacional del Libro, 26
cuerpos fueron depositados bajo los Arcos del Milenio. Con huellas de tortura,
con narcomantas firmadas por Los Zetas, con todas las señales de ser un reto al
predominio del Cártel de Sinaloa. “Estamos en Jalisco y no nos vamos”,
anunciaron Los Zetas. “Esto es prueba de que estamos metidos hasta la cocina”,
señalaron. Han arribado para disputar el control del mercado, remarcaron con su
atrocidad.
En México –señala Finnegan– con frecuencia es imposible saber quién está
detrás de algo: una masacre, una candidatura, un asesinato, la captura de un
capo, el “descubrimiento” de un acto de corrupción de alto nivel. La verdad
suele ser demasiado difícil, o demasiado fluida, o demasiado compleja para
definir, o permanece en manos de quien está encargado de manipularla. Esto
explica por qué una ciudad en manos de un grupo criminal internacional, como lo
es el Cártel de Sinaloa, sigue siendo un refugio de la alta literatura y la
viabilidad comercial legítima. Ambas descripciones son ciertas y ambas
realidades se encuentran bajo el acoso de Los Zetas. Guadalajara –como muchas
otras zonas del país– es territorio asediado.
Guadalajara evidencia los costos de una estrategia que, en lugar de reducir
la violencia, ha contribuido a exacerbarla. El asesinato en 2010 de Ignacio
Coronel, El Rey del Cristal, trajo consigo el fin de la paz precaria que había
caracterizado a la plaza. Los Zetas han tratado de llenar el vacío aliándose
agresivamente con grupos locales descontentos con el Cártel de Sinaloa. El
número creciente de cuerpos ha sido la forma de mandar mensajes. Si a un cadáver
le falta un dedo, significa que señaló a alguien; si le faltan las piernas,
significa que se cambió de grupo; si le falta la lengua es porque dijo algo que
no debía; si le falta una mano, era ladrón.
Ahora el PRI regresa al poder, en gran medida impulsado por los intereses que
benefició. Pero vuelve a un contexo en el cual no hay sólo unos cuantos cárteles
con los cuales pactar o negociar. La estrategia calderonista de captura de capos
ha llevado a la fragmentación, a la dispersión, al surgimiento de facciones más
pequeñas y más violentas. Y no puede hablarse de un Estado unificado que
persigue consistente y furiosamente a los malosos. La guerra civil de baja
intensidad que el país padece se da entre facciones con lealtades cambiantes, en
pueblos y ciudades con historias imbricadas. Como subraya Finnegan, el
“gobierno” tiene innumerables caras –comenzando por más de 200 mil policías–, y
sus mecanismos para controlar la corrupción son demasiado débiles. Los
narcobillones permean a cada comunidad, a cada oficial, a cada comandante. En la
práctica, a nivel local, muchos no buscan confrontar al crimen organizado, sino
cómo acomodarse frente a él.
Los peores problemas en Guadalajara no están relacionados con la explosiva
producción de metanfetaminas, sino con la violencia entre bandas, el robo, el
crecimiento de las adicciones y el reclutamiento de los jóvenes. Ante eso, la
policía local está demasiado corrompida como para actuar. El Ejército está
demasiado alejado de la realidad local como para contraatacar. Hay pocos
arrestos y pocas condenas. La seguridad local se ha deteriorado desde la llegada
de Los Zetas. Y como lo argumenta un policía local: “Las cosas tienen que
cambiar o acabaremos como Afganistán. El nuevo presidente tiene la obligación de
cambiar las cosas”.
No queda claro exactamente cómo lo hará. El simple hecho de que El Chapo
Guzmán sigue libre después de tantos años revela un cambio en el balance del
poder entre el Estado y el crimen organizado. Bajo el PRI, los grupos criminales
prosperaron, pero al final del día el gobierno federal dictaba los términos de
la convivencia. Había líneas de mando que los cárteles no se atrevían a cruzar.
Hoy lo hacen con impunidad. Nadie en México piensa que el gobierno está en
control de la situación, y los narcobloqueos hace unos meses en Guadalajara
sugieren justamente que no lo está.
Según estimaciones recientes, El Chapo emplea –directa o indirectamente– a
150 mil personas. Su influencia, e incluso su popularidad, han crecido. Bajo el
PAN se ha vuelto un multimillonario que ha aparecido en la lista de la revista
Forbes durante dos años consecutivos, y su captura probablemente no tendría un
gran impacto en el boyante mercado de la drogas. Peor aún, el poder del crimen
organizado en México ha tomado como rehenes a grandes porciones del territorio
nacional, incluyendo las principales ciudades. Aterroriza a las demás con
despliegues de violencia que conmocionan. Los Zetas están activos en 17 y el
Cártel de Sinaloa en 16 de las 32 entidades. Esa es la realidad con la cual
Enrique Peña Nieto tendrá que lidiar. Hoy, mañana y pasado mañana.
El PAN esquizofrénico
La reunión de los panistas en Los Pinos el 3 de
julio de 2012.
Foto: Presidencia
Foto: Presidencia
MÉXICO, D.F. (apro).- Aturdido aún por el desprecio que recibió de los
ciudadanos, que de gobernar la República se hundió en el tercer lugar que no
tenía desde 1988, el Partido Acción Nacional (PAN) no sabe qué hacer consigo
mismo ni con la elección presidencial: Si hubo fraude y, si fue así, cómo
proceder para defender el voto.
Desde el 1 de julio, día de la elección, el PAN está extraviado, a menudo
actúa de manera bipolar, pero observa algo más grave: La esquizofrenia, que
entre otros síntomas hace parecer a las personas distantes, indiferentes y
preocupadas, pero también frenéticas y alertas de quienes creen que conspiran
para hacerles daño.
De su apresurada capitulación del mismo 1 de julio, cuando todavía miles de
panistas vigilaban en muchas partes del país cómo se contaban los votos, el PAN,
Felipe Calderón y de Josefina Vázquez Mota pasaron –en cuestión de horas– a una
fase de reproche a Enrique Peña Nieto por la inequidad en la contienda, la
compra de votos y la manipulación informativa.
Por separado, Vázquez Mota, Calderón y el PAN aclararon que estas
irregularidades no implicaban que Peña Nieto no hubiera ganado y sólo ponían en
riesgo su legitimidad, un déficit que se resolvería con la aprobación de las
reformas que comparten con el PRI, del que volverían a ser oposición leal.
Eso sí, mientras que internamente todos se culpan por el nuevo desastre
electoral, los panistas de la cúpula pusieron distancia de Andrés Manuel López
Obrador, el candidato de la izquierda al que llaman mal perdedor, muy predecible
y que sigue siendo un peligro para México.
Pero ayer domingo, a tres semanas de la elección –y a tres días de la demanda
de la izquierda de solicitar al Tribunal Electoral la anulación de la elección–,
el PAN vuelve a insistir en que hubo fraude, pero poquito, reitera que hubo
inequidad –una condición para que haya elecciones auténticas–, pero se niega a
ir a las instancias jurisdiccionales.
El comunicado del PAN de este domingo 15, firmado por el presidente y la
secretaria general, Gustavo Madero, y Cecilia Romero, resume la esquizofrenia
del PAN:
“El cómputo oficial de la elección arroja resultados precisos, pero no
refleja la falta de equidad que hubo en la contienda. Por eso, aun y cuando
hemos decidido no solicitar legalmente la nulidad de la elección por la falta de
pruebas suficientes y determinantes para ello, advertimos que tenemos la
obligación legal y moral de oponernos enérgica y específicamente a prácticas
fraudulentas”.
Y las enumera enseguida: “1.- El evidente rebase de los topes de gastos en
campaña. 2.- El rebase de los topes para las aportaciones privadas a partidos.
3.- El empleo de mecanismos paralelos de financiamiento. 4.- La compra directa
de votos. 5.- La participación indebida de gobiernos estatales y municipales en
la elección. 6.- La promoción de candidatos fuera de los tiempos establecidos.
7.- El uso de ‘paquetes integrados’ o convenios de publicidad-cobertura en
medios de comunicación, como instrumentos para evadir las normas electorales
sobre gasto y difusión. 8.- El manejo de algunas encuestas de opinión como
propaganda electoral.”
En el comunicado el PAN afirma que se ha presentado ante las autoridades la
evidencia de estos hechos ilegales, y añade: “Hemos señalado que corresponde a
la autoridad determinar si esas violaciones a la equidad de la competencia son
suficientes y determinantes para afectar la validez del proceso”.
El problema es que la autoridad que define si las pruebas presentadas son
“determinantes para afectar la validez de un proceso” es el Tribunal Electoral
del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), y a esa instancia el PAN no
recurrió para defender el voto libre de los ciudadanos ni el conseguido
fraudulentamente.
¿Por qué no lo hizo? Porque no cree ni en sus propias pruebas, como lo dice
en el primer párrafo del comunicado: “…aun y cuando hemos decidido no solicitar
legalmente la nulidad de la elección por la falta de pruebas suficientes y
determinantes para ello…” ¡Vaya congruencia!
Y hoy mismo, lunes 16, Madero regatea a Peña Nieto la asistencia de los
diputados y senadores del PAN a la toma de posesión, el 1 de diciembre, se
decidirá en agosto, y “en todo caso”, aclaró, sería por la responsabilidad
legislativa, compromiso y respeto a las instituciones, “y no tanto a un acto de
respaldo”.
Remató: “Como ya expusimos, no pagaremos al PRI con la misma moneda de la
obstrucción legislativa que ellos usaron, porque el pueblo de México sería el
mayor perdedor”.
Apuntes
Apuntes
Implacable, el senador Ricardo García Cervantes afirma, en entrevista que
tuve con él y que publica Proceso 1863, que la corrupción hundió al PAN y que
valora renunciar a 35 años de militancia, “para no ser cómplice de estos pillos”
que controlan su partido, cuyas facciones corruptas, como la que encabeza
Calderón, hicieron una mala copia del PRI: “Perdimos no nada más la manera de
andar, y de andar entre perros no sólo aprendimos a ladrar, sino a orinarnos
levantando la patita. ¡Es que somos igual!”
Comentarios: delgado@proceso.com.mx y Twitter: @alvaro_delgado
La petición de Peña Nieto
El aspirante presidencial priista, Enrique Peña
Nieto.
Foto: Germán Canseco
Foto: Germán Canseco
El periodista inglés, treinteañero, la corbata floja, como para marcar su
diferencia con el político que entrevista, de corbata, traje y peinado
calculados por expertos, Enrique Peña Nieto, le suelta la pregunta,
diabólicamente bien formulada.
“¿Metería usted en el fuego las manos para asegurar que ni un solo voto por
el PRI fue comprado?”
La pregunta no quiere indagar en el montón de irregularidades que alega la
oposición, no quiere indagar en las minucias de la defensa que emprenderá el
PRI, no se interesa en los aspectos legales, o legaloides, de la elección.
Apunta al pecho del virtual presidente electo.
Le estoy preguntando si usted es capaz de formular una respuesta verdadera:
si es capaz de ajustar su lenguaje a los hechos que todos hemos atestiguado, ya
sea en los Sorianas más próximos a nuestro domicilio o a través de los videos
que recorren la internet.
Peña Nieto viene preparado para el tema de la pregunta, probablemente un
comité calculó cada palabra de su respuesta, pero no para una formulación
colocada en el terreno de la sinceridad personal, así que su respuesta suena
desencajada.
“La vasta mayoría de los mexicanos me favoreció con su voto… Hay más de 3
millones de votos entre el segundo lugar y yo”. El reportero revira: “¿Y qué
piensa de los videos que corren por la red de personas demandando el pago de las
tarjetas en Soriana?”. Peña Nieto replica: “Podrían ser montajes de nuestros
adversarios”.
La BBC va a un corte de anuncios y al regresar muestra uno de esos videos.
Una mujer reclama su pago en Soriana, a su espalda más mujeres haciendo lo
propio. Una mujer despeinada, mal vestida, indignada, pobre, con lonjas bajo el
suéter raído, con los ojos llorosos, una mujer golpeada por la enésima decepción
de su vida. Una mujer creíble como lo real.
En tres minutos los 10, 15 o 20 millones de televidentes de la BBC,
diseminados alrededor del mundo, han catalogado al virtual presidente electo de
ese lejano país llamado México como alguien que no habla con la verdad, y han
catalogado a ese lejano país como uno del Tercer Mundo, que asomó la cabeza
hacia mejores tiempos de democracia, pero regresa a las penumbras de la política
mafiosa.
No otra cosa nos sucede a los mexicanos ante la afirmación de Peña Nieto,
secundada por las autoridades del PRI, en el sentido de que no se compró un solo
voto. Aun quien tachó en una casilla su logo, registra la imposibilidad de
seguirlo con los ojos abiertos y la conciencia encendida. La compra de votos fue
tan vasta, que aparecen testigos en cada quicio.
La recamarera que cobró en su pueblo 500 pesos. El operador que es vecino del
barrio y se sentó en la casa a discutir tarifas. El estudiante que aún hoy usa
su tarjeta de prepago telefónico con la foto del candidato llenando el
cuadro.
¿Qué hacer con la evidencia? Peña y el PRI nos piden lo mismo que a los
televidentes de la BBC, que la descreamos en aras de un bien mayor. La adhesión
a su Presidencia. ¿Qué hacer con las instituciones que pagamos precisamente para
vigilar la elección y ahora deben cuantificar y catalogar los delitos
electorales? Peña nos pide que de antemano las mandemos al diablo.
Esa es la petición tácita de Peña. Volvamos al tiempo en que lo fingíamos
todo. Restauremos el idioma de las medias verdades y las mentiras lujosas.
Reinstalemos las estrategias lingüísticas de la dictablanda. Rompamos con la
realidad y adentrémonos en el maravilloso e interminable planeta de la
simulación.

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