Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

sábado, 3 de agosto de 2013

Apuntes postsoviéticos- Venezuela: conjura oligárquica y retroceso- España a la deriva

Apuntes postsoviéticos
Justicia subordinada
Juan Pablo Duch
Mientras el Kremlin asegura sin sonrojarse que en Rusia se respeta la separación de poderes, cada vez hay más ejemplos que confirman que aquí la justicia se subordina al Ejecutivo.
 
En años recientes la impartición de justicia se ha convertido en un arma tan eficaz como amoral de la élite gobernante para encarcelar a sus adversarios bajo cualquier pretexto y, de unos meses a la fecha –con la promulgación de una polémica ley, inconstitucional según sus críticos–, para inhabilitar políticamente de por vida a figuras de la oposición, condenados también con acusaciones infundadas.

La Oficina de la Presidencia –desde donde se mueven los hilos de la política en Rusia– marca la línea que los operadores políticos locales transmiten a los jueces: quienes cumplen, reciben beneficios económicos y privilegios; quienes se atreven a rechazar la imposición, no duran mucho en el cargo.

El caso del empresario Andrei Shmakov es el episodio más reciente que muestra cómo un mismo artículo del Código Penal –el 190, que penaliza la evasión fiscal en gran escala– se aplica de distinta manera, dependiendo de si hay o no una motivación política adicional en la persecución judicial de un presunto culpable.

La corte del distrito moscovita de Presnia dictaminó que Shmakov no pagó impuestos por una suma equivalente, ni más ni menos, a mil millones de dólares, y por ese motivo lo condenó a dos años y medio de cárcel.
 
Tan leve sanción en relación con el daño causado al presupuesto de Rusia, dicen las malas lenguas, puede deberse a que Shmakov cometió el grave delito cuando su mujer, Kira Lukianova, en 2007 era diputada de una de las bancadas oficialistas en la Duma.
 
Shmakov, en teoría, podría eludir la prisión si, como establece el Código Penal como condición para cerrar un caso como el suyo, repone el dinero evadido, con intereses, y paga una multa.
 
El mismo artículo 190 se menciona en la sentencia del primer caso de la petrolera Yukos y, en contraste, Mijail Jodorkovsky y su socio Platón Levediev llevan 10 años en la cárcel desde su arresto en 2003.
 
Por evasión fiscal en gran escala, pero muy inferior a la de Shmakov, se acaba de condenar en ausencia a 9 años de prisión al presidente del fondo de inversión Hermitage Capital Management, William Browder, otro enemigo jurado del Kremlin.
 
Y por no pagar impuestos se declaró culpable a Serguei Magnitsky, en el surrealista juicio que se siguió contra este jurista fallecido cuatro años antes, sin otro propósito que descalificar sus denuncias de corrupción de altos funcionarios rusos.
FUENTE: LA JORNADA OPINION
 
Venezuela: conjura oligárquica y retroceso
La enredada situación política que ha vivido Venezuela desde la muerte de Hugo Chávez tuvo un nuevo vuelco en las últimas horas, con la revelación de un supuesto plan para asesinar al presidente de ese país, Nicolás Maduro, y al líder de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, en el que estarían involucrados representantes de la oligarquía nacional y actores de la derecha regional, como el ex presidente colombiano Álvaro Uribe y el terrorista cubano-estadunidense Luis Posada Carriles.
 
A reserva de esperar los resultados que arrojen las pesquisas correspondientes, las denuncias referidas tienen como inevitable telón de fondo el persistente acoso, desde tiempos de Hugo Chávez, de una derecha venezolana e internacional que al parecer no está dispuesta a admitir que Venezuela continúe y profundice el proceso de revolución social y de lucha soberanista iniciada por el fallecido mandatario.

Lejos de expresar su descontento por cauces institucionales, democráticos, la oligarquía venezolana ha hecho uso sistemático de la violencia, la ilegalidad y la desestabilización como medios para defender sus intereses e históricos privilegios, y por ello no resulta insensato atribuirle estar involucrada en una conjura para atentar contra la vida de Maduro. De hecho, debe recordarse el precedente de la intentona golpista ocurrida en abril de 2002 –con respaldo mal encubierto de Estados Unidos–, que alejó a Chávez del gobierno por unas horas, así como la campaña de desestabilización política en el contexto del conflicto poselectoral de abril pasado, que se saldó con varios muertos durante las marchas convocadas por el derrotado candidato presidencial, Henrique Capriles, y que tuvo como elemento de contexto la renuencia de la Casa Blanca a reconocer el triunfo de Maduro. Tales consideraciones, en conjunto, dan credibilidad a los señalamientos recopilados en esta edición que colocan a Washington como el poder tras bambalinas de la campaña desestabilizadora en Venezuela, operada por medios de comunicación, grupos de poder económico y actores políticos opositores.
 
Por lo demás, el persistente acoso de la derecha venezolana en contra del gobierno de Maduro confirma el patrón de desestabilización y golpismo oligárquicos que viene afectando a diversos gobiernos y países latinoamericanos desde 2002, con la referida deposición temporal y secuestro militar del presidente Hugo Chávez. Ese patrón se repitió en escala menor en Bolivia en 2008; logró, un año más tarde, subvertir el orden democrático en Honduras; se reprodujo, sin éxito, en la sublevación policiaca contra Rafael Correa en Ecuador, en 2010, y consiguió, el año pasado, el derrocamiento del gobierno de Fernando Lugo en Paraguay, con un golpe disfrazado de juicio político.
 
Esta tendencia abre una perspectiva por demás desoladora e indeseable: que América Latina vive, en la circunstancia presente, una regresión histórica a los tiempos del golpismo y las conjuras oligárquicas y que esos fenómenos, que hasta hace una década se creían superados, siguen subvirtiendo la institucionalidad democrática y la voluntad de los pueblos de la región.
 
Ante tales consideraciones, es obligado que la comunidad internacional, y particularmente los regímenes latinoamericanos, otorguen su respaldo inequívoco a las instituciones venezolanas y repudien la campaña desestabilizadora que tiene lugar en contra del gobierno legal y democráticamente constituido de Nicolás Maduro.
FUENTE: LA JORNADA OPINION
 
España a la deriva
Marcos Roitman Rosenmann
No tienen perdón. Antes de comenzar los fuegos de artificio parlamentario del debate sobre financiación irregular del Partido Popular, recibí una noticia que deja a las claras como va España en general, la educación y la sanidad en particular. La Universidad Complutense de Madrid cerraba su editorial, despidiendo a toda su plantilla. Al mismo tiempo, en un correo electrónico de la Coordinadora antiprivatización de la Sanidad, me informaban que en los principales hospitales de Madrid, los médicos mayores de 65 años recibían una carta de jubilación obligatoria. Jefes de servicio de cardiología, neurología, siquiatría y cuantas especialidades piensen, quedaban al pairo, pasando a configurar las clases pasivas. Nadie reemplazaba sus saberes.
 
Muchas fueron las expectativas. Algunos esperaban con morbosidad ajena la comparecencia del presidente de gobierno Mariano Rajoy en el Parlamento. Todo parecía estar dispuesto para un enfrentamiento dialéctico entre los portavoces de los grupos parlamentarios, incluido el mixto, cajón de sastre donde cohabitan canarios, navarros, vascos, gallegos y aragoneses, cuyos representantes apenas pueden intervenir con un tiempo asignado menor a cinco minutos. Nadie quiso faltar a la cita. Cámaras de televisión, fotógrafos y prensa. Por cuestión de guión, sus señorías fueron desplazados al Senado. La Cámara de Diputados estaba clausurada por reformas. Además, se televisaba en directo. Pero al decir del portavoz de la derecha catalana, Josep Durán i Lleida, representante de CiU, ojalá los españoles estuviesen todos de vacaciones y no frente al televisor, evitándose el bochornoso espectáculo. La imagen proyectada fue de vergüenza.

Todo lo aborrecible que tiene un debate parlamentario, abucheos de las bancadas, aplausos de acólitos, llamadas al orden, insulto por los bajines, cortes de manga y mucho Twitter, se convirtieron en los verdaderos protagonistas. Nadie, y digo, nadie, estuvo a la altura de lo pedido. Rajoy, más allá de negar todo, mostrarse altanero, vacuo y sin argumentos, pasará a la historia como el primer presidente de gobierno que ignora lo que ocurre en su partido, en el consejo de ministros, en Europa y desde luego en España. Él, habla con Dios, Merkel, la Troika y sus asesores. Gracias a su partido, que lo defiende y vitorea, cual torero en el tercio de banderillas, se gusta, se crece, despreciando todo cuanto huela a crítica política. Repitió hasta el cansancio, no voy a renunciar ni a convocar elecciones anticipadas. Le falto agregar, como la diputada Fabra: jódanse.

Mariano Rajoy, con su discurso laudatorio, insultó a la ciudadanía, a los millones de personas que están en paro, a las familias que sufren los desahucios, a los jóvenes afectados por los recortes en educación, a los jubilados que son desatendidos en los centros de salud, a los investigadores que ven cancelar sus proyectos, a los profesionales que emigran y a los cientos de miles de personas que viven gracias a la caridad, albergues y los comedores comunitarios.
Sin embargo, para su señoría, España está en el buen camino. Las cifras y datos, dice, son alentadoras. Nadie tiene derecho a poner en duda su credibilidad, la de sus colaboradores y del equipo que le acompaña. No hay motivo alguno para sospechar de su honorabilidad ni de su honestidad. Su declaración de la renta está en la Web, subraya como acto de trasparencia. Pero olvida decir que su declaración se hace en función de los datos por él aportados. Nada dice de lo ocultado o evadido. Es del género tonto: ¡Para algo están los asesores fiscales! Hace demagogia populista y de paso escupe a la cara de los españoles.
 
En un discurso lleno de citas descontextualizadas, odas a su gobierno y persona, creyó desmantelar las acusaciones de corrupción, lavado de dinero negro, pago de comisiones, sobresueldos y financiación ilegal de su partido. En el momento preciso, con gesto estudiado, hizo una pausa, respiró profundo y de acuerdo con el guión, espetó: me equivoque, haciendo alusión a su relación de amistad y trabajo con el ex gerente del Partido Popular, Bárcenas. Y a cuentagotas fue desgranando: le creí a un delincuente, me engañó. Soy buena gente. Me fío de mis colaboradores. Sus palabras parecían un calco de las pronunciadas por Juan Carlos I, pillado in fraganti cazando elefantes en Botswana. Mientras la opinión pública le recriminaba pasar la crisis con su amante a costa del erario público, el rey salió al paso y dijo: Lo siento mucho. Me he equivocado. No volverá a ocurrir. El escándalo se cerraba con el perdón y sus cortesanos dando vítores al reconocer su metedura de pata. Borrón y cuenta nueva.
 
En el debate parlamentario, Rajoy hizo tres cuartas partes de lo mismo. Nada estaba en su sitio. Atrás quedaban las explicaciones sobre los sobresueldos. Y cuando abordó el tema, dijo, los hay, como en todos los sitios, pero no se paga con cuentas B. Negaba la mayor, el financiamiento ilegal, los 48 millones de euros del ex gerente y tesorero en bancos suizos y otros paraísos fiscales, el pago de comisiones de empresarios al Partido Popular a cambio de concesiones públicas. Lo demás fue irrelevante. El debate transcurrió entre chascarrillos, los SMS de Rajoy a Bárcenas y de Bárcenas a Rajoy. Y cuando alguien pretendía ir al fondo, o lo ignoraba o simplemente obviaba responder. Si se trataba de Rubalcaba, portavoz del PSOE, recurría a la sempiterna cantinela: ¡¡¡Y tú más!!!
 
La cosa quedó encorsetada en una pelea de gallos venidos a menos. Las acusaciones se repartían por igual. Sus señorías, sabedores que eran televisados, se dieron a buscar citas eruditas en la web para solícitos entregarlos a sus relatores. Todos competían trayendo a colación la mejor frase sobre corrupción, justicia, la mentira política, la independencia del Poder Judicial o los valores éticos. Sin lugar a dudas, los diputados manejan Wikipedia.
 
¿Y la ciudadanía?, ¡qué!, eso no existe. Importaba un comino satisfacer los interrogantes del soberano. Se trataba de salir al paso, antes de las vacaciones y tapar los entuertos. Seguro que los delitos prescriben y nadie resulta imputado. O puede ser que trasladen al juez y otra vez, vuelta a empezar. Así pasan los años y el asunto se olvida. Otros escándalos ocuparán su lugar. El colofón: los titulares de la prensa de la derecha proclamando el triunfo de Rajoy. ¿Pero sobre qué o sobre quién? No importa, gano y punto.
 
España perdió el rumbo hace años y la marca que le da crédito fue, como todo, un espejismo en medio del desierto. El epílogo, miles de estudiantes universitarios no podrán pagar la matrícula el curso entrante, por la subida de tasas. El ministro de Educación, apuntilló hace un mes, no se puede estudiar vocacionalmente. Pero no nos quejemos, tenemos a Messi, que defrauda, Neymar, Cristiano Ronaldo y una liga de futbol que da envidia...
FUENTE: LA JORNADA OPINION

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