Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

martes, 15 de noviembre de 2011

El declive de Italia- Irán y Occidente: hostilidad y doble rasero

Irán y Occidente: hostilidad y doble rasero
Hace dos días, el gobierno de Estados Unidos subió el tono de sus amenazas contra Irán: la embajadora de Washington ante la ONU, Susan Rice, dijo que una intervención militar es una opción real que está creciendo, y el presidente Barack Obama anticipó sanciones de enorme fuerza contra la república islámica. Ayer, la Unión Europea informó su decisión de recrudecer las medidas de presión económica y política contra el régimen de Teherán, para que vean que hablamos en serio.
El pretexto de esta hostilidad renovada es la publicación, hace una semana, de un informe elaborado por la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) en el que se acusa a Teherán de haber realizado la década pasada actividades de desarrollo de armas nucleares que pueden estar en marcha aún.
Más allá de las simpatías o antipatías que pueda generar el régimen iraní, y sin desconocer que la posesión de armas atómicas por ése o cualquier otro gobierno es peligrosa e indeseable, el hostigamiento de Occidente resulta moralmente insostenible. Aun si fuera cierto que la república islámica decidió sumarse a la carrera armamentista en la que se han involucrado diversas potencias medias y regionales, dicha decisión se explicaría en buena medida como consecuencia del unilateralismo, la arbitrariedad y el carácter depredador y violento de la política exterior de Washington, rasgos que no han sido atenuados pese a las promesas iniciales del actual gobierno. La doctrina de la guerra preventiva acuñada por la administración de George W. Bush, y aplicada con resultados devastadores en Afganistán e Irak, lejos de impedir la proliferación de armas de destrucción masiva la ha fortalecido, y hoy es posible constatar que la guerra de la Casa Blanca contra el segundo de esos países fue posible precisamente porque el régimen de Saddam Hussein carecía de esa clase de armamento, y no, como alegó Washington hace casi una década, porque lo poseyera.
En una circunstancia en la que la mayor potencia militar del orbe se ha concedido la autorización para invadir naciones soberanas sin que exista una agresión previa, es lógico que los países catalogados arbitrariamente de enemigos por la Casa Blanca y el Pentágono se vean forzados a desarrollar medios de disuasión ante posibles agresiones estadunidenses o europeas. Tal es el caso de Corea del Norte –cuyo gobierno ha realizado ensayos atómicos desde hace más de dos años– y podría ser, de ser ciertas las acusaciones de la AIEA, el de Irán.
Por otra parte, la postura de Washington y Bruselas reviste una doble moral inocultable, al condenar y amenazar al régimen de Teherán y no hacer otro tanto con el de Tel Aviv, el aliado estratégico de Washington en la región: es inevitable recordar, a la luz del reciente informe de la AIEA sobre Irán, que Israel ha sido excluido de manera inexplicable del Tratado de no Proliferación Nuclear y que ha logrado evadir las inspecciones de ese organismo, pese a que desde hace décadas posee, de acuerdo con información fundamentada y nunca desmentida por las autoridades israelíes, el único arsenal atómico de Medio Oriente. Por añadidura, en contraste con el historial de Irán –intervenido por Estados Unidos durante las primeras siete décadas del siglo pasado, atacado posteriormente por Irak, entonces con anuencia estadunidense, y hoy de nuevo hostilizado por Washington y sus aliados–, Israel cuenta con amplios antecedentes como potencia agresora y violadora consuetudinaria de la legalidad internacional.
Para que las advertencias formuladas por Estados Unidos y sus aliados occidentales a Irán tuvieran un mínimo sustento, deberían ir acompañadas por las correspondientes inspecciones del organismo atómico de la ONU en territorio israelí y, antes que hostigar a la república islámica por armas atómicas cuya existencia no ha podido probarse –por lo menos hasta ahora–, esas autoridades tendrían que demandar el desmantelamiento de la panoplia atómica del Estado hebreo y de los otros países que –como India y Paquistán– construyeron en su momento arsenales similares sin que Washington y Bruselas movieran un dedo.
En la medida en que esto no ocurra, las posturas referidas constituyen una nueva muestra de hipocresía de los gobiernos occidentales, los cuales auspician con una mano movimientos opositores –así sean armados– contra regímenes como el libio y el sirio, y hostilizan al gobierno de la república islámica, mientras solapan con la otra a dictaduras no menos impresentables, como las que gobiernan Marruecos y Arabia Saudita, y alientan el espíritu depredador e incluso genocida del régimen israelí. Con tal actitud, Washington y sus aliados conseguirán extender y multiplicar en el mundo islámico expresiones de encono antiestadunidense similares a las que se expresaron, en forma particularmente atroz, en los atentados del 11 de septiembre de 2001.


El declive de Italia
José Blanco
Ojalá sea éste un título involuntariamente catastrofista. Pero no estoy muy lejos de afirmar que ello ocurrirá casi ineluctablemente. Revise usted los siguientes datos.
Es el turno de Italia; no le toca en lugar de Grecia, sino sumándose a ella, a Portugal y a Irlanda. El declive de Italia significa que se acerca a un punto sin retorno, traspasado el cual sufrirá mucho con los cambios monumentales que la harán otra, y que, por si fuera poco, no serán los propios italianos quienes van a decidir su nuevo destino, a menos que una sacudida social de gran envergadura en Europa llevara a Italia a un rumbo distinto del que configuraría la ausencia de esa sacudida (la que, por lo demás, parece anunciarse, en múltiples lugares, aunque muy pálidamente para la magnitud de la empresa).
Dando una muestra más de los profundos cambios que la globalización está operando en las relaciones entre el Estado y las clases dominantes en un número creciente de países, Grecia e Italia han designado a sendos tecnócratas como cabezas políticas de esos países. Más claramente en Italia, un comité conformado por el Banco Central Europeo y por el FMI, supervisarán (léase tomarán) en adelante las decisiones fundamentales de gobierno.
La relación deuda soberana/PIB de Italia es la tercera mayor del mundo, después de Japón y Grecia. La deuda italiana, sin embargo, no se creó con la crisis financiera mundial iniciada en 2007, se agravó con ella, y no en exceso. La deuda italiana viene de mucho más atrás de la crisis financiera y en ella contribuyeron los ayuntamientos de todo el país que se endeudaron con la banca, cuya libérrima operación facilitó ese endeudamiento. El problema principal es que desde 1980 la tasa de crecimiento del PIB italiano ha venido disminuyendo consistentemente. En 1980 creció 4 por ciento y después vino una baja permanente. En la última década ha sido inferior al uno por ciento anual. En 2009 creció 0.8 por ciento.
La semana pasada los mercados instauraron una prima de riesgo de los bonos públicos italianos de 574 puntos básicos, muy superior a la que impusieron a Grecia (500 puntos), Portugal (517) o Irlanda (544). Al llegar a esos niveles de riesgo país, se armaron los planes de rescate por la UE, para esos países. 574 puntos básicos para Italia significa 5.74 por ciento más de interés sobre la tasa que paga Alemania. Con ello los títulos italianos deben pagar 7.4 por ciento de interés. En los países mencionados el punto de no retorno ocurrió cuando las tasas de interés que debían pagar llegó a 7 por ciento. A partir de ese momento se armaron los planes multimillonaria de rescate.
A Italia se le había impuesto un plan de ajuste rudísimo con anterioridad a los sucesos que he referido. El plan, una ambiciosa reducción del gasto: 79 mil millones de euros entre 2011 y 2014. El recorte sería progresivo, pero acelerándose: 3 mil millones de euros para 2011, 6 mil millones para 2012, 25 mil millones para 2013 y 45 mil millones para 2014, más otras medidas como el aumento de la edad de jubilación que entrará en vigor en 2013, antes de lo previsto, y la edad estará vinculada a la expectativa de vida. Además habrá nuevas tasas para depósitos bancarios.
Hace unos días todo empeoró con el aumento de su riesgo país (en 574 puntos). Italia, una economía en declive, estará imposibilitada de pagar sus vencimientos y al mismo tiempo reducir su déficit. Puede decirse que ha llegado ya al punto de no retorno. Pero Italia no es Grecia ni Portugal, sino la tercera economía de Europa, es decir, la eurozona está en la absoluta imposibilidad de armarle un plan de rescate, en cuanto entre en situación de insolvencia. Acaso, antes que Grecia o Portugal, la de Italia sea la primera economía en salir de la eurozona.
Ahora se habla en Europa de que quien manda ahí es Merkozy, y que la lengua coficial pronto será germaropa. De otra parte tiene un gran sustento el rumor a gritos de que Merkozy estaría trabajando en la conformación de una Europa a dos velocidades. La de los países que en el curso de las últimas cuatro décadas de libertinaje y rapiña financiera cuidaron sus sistemas bancarios, pero sobre todo fortalecieron a fondo sus espacios de ciencia y tecnología, en la investigación y en la formación de recursos humanos y que, por tanto, conservan y continúan aumentando sus niveles de productividad social y económica, y los países más dados al dolce far niente.
La escritora española Carmen Ferreras anota: “Estoy descubriendo estos días lo agradable que resulta la práctica de lo que los italianos denominan ‘dolce far niente’…, algo así como ‘refinada holgazanería’. No estoy del todo holgazana…; pero, créame, es una gozada tratar de hacer lo menos posible, porque el niente no es absoluto…; cambiar el bélico trajín cotidiano por la contemplación, la lectura, el baño, el relajo, el buceo, el paseo y el balancín donde acuno algunos ratos tiene sus ventajas”. Una parte no menor de las explicaciones que necesitamos podemos hallarla en esta gozosa mentalidad de los pueblos latinos y su mayor cercanía o lejanía de la ciencia y la tecnología.

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